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Fernando Marín

En la reunión de Junta General del 11 de mayo, Fernando Marín, vocal de esta Junta, primer secretario general del sindicato y vicepresidente de AISGE, presentó un informe sobre la crisis mundial a la consideración de todos sus miembros. Era un informe que quería someter a la opinión de la Junta General para ver si lo asumía colectivamente o aportaba sus propias conclusiones antes de darlo a conocer a los afiliados de esta Unión. El Informe, decía Fernando, era el resultado de reflexiones que había escrito unos días antes sobre cómo esta crisis mundial afectaba a los españoles en general y, en particular, a nuestro colectivo. Lamentablemente, resultó premonitorio, ya que al día siguiente el gobierno español anunciaba las medidas más drásticas con respecto a trabajadores y pensionistas que se conocen en la historia de la democracia y que afectan al Estado del Bienestar que desde nuestro sector tanto defendemos.

La Junta General ha decidido por unanimidad publicar las reflexiones siguientes en esta revista.

La rebaja del salario a los funcionarios afecta a las personas que velan por nosotros, policías, guardias civiles, militares o los que cuidan o enseñan a nuestros hijos, profesores, médicos, enfermeras, etc., o sea los que ejercen una “función pública”; en segundo lugar el no aplicar el IPC a las pensiones, pobres pensiones las de este país, nos afecta directamente a todos los españoles/as, y en particular a nuestro colectivo que es a quien va dirigido este escrito. No quiero ser agorero pero creo que todos somos conscientes que estas medidas no van a ser las únicas.

La crisis financiera mundial no nace en el 2008, es en ese año cuando eclosiona y produce el efecto catastrófico que venimos sufriendo, unos más que otros. Desde el boom de la construcción hace mas de diez años se venía gestando un proceso de enriquecimiento desmesurado para el capital financiero, fundamentalmente en el sector de la construcción, nunca visto hasta el momento.

Si la rentabilidad de la bolsa y de algunos productos financieros llegaba al 8% en algunos casos, en el sector de la construcción se duplicaba. Un piso comprado hoy, al día siguiente valía un 16% más, muchas veces la propia empresa promotora compraba el piso para volver a sacarle beneficio de manera inmediata.

El afán de ganancias especuladoras en los bancos permitía obtener créditos rápidos, se facilitaba el dinero de una manera inaudita, las hipotecas y los préstamos personales a la vez se revendían en productos “seguros” a sus propios clientes a cuenta de ganancias inverosímiles, con la complicidad de los mecanismos reguladores de la banca, el Fondo Monetario Internacional, El Banco Mundial y los distintos gobiernos de todos los países del mundo.

¡Qué fácil resultaba la riqueza fácil! Era la “Pirámide”.

Esta es la crisis de un sistema basado en el dinero ficticio, en una ambición desmedida de “todos”, en un ocultamiento de la verdad y en el “yo me llevo todo lo que pueda en el menor tiempo posible”.

Se ha constatado que dejar libertad plena al capital financiero y que los mercados sean los que se regulen a sí mismos lleva a la especulación, a la inestabilidad y a la falta de recursos en inversión productiva para crear empleo y riqueza.

Dejar que el capital financiero y especulador, con el concurso de los gobiernos, se dedique con la mayor libertad e impunidad a incrementar ficticiamente la deuda con tal de tener más beneficios es lo que ha traído esta crisis.

Crisis a todos los niveles

La crisis no es solo económica, sino política y cultural. El negocio se supedita a cualquier consideración humana.

Los límites entre lo público y lo privado se diluyen de manera artera con la complicidad de los gobiernos, ya habíamos hablado de ello en los documentos aprobados en el Congreso Federal de nuestra Federación de Artistas, en el 2008.

El Estado del Bienestar se tambalea en nuestra Unión Europea, pionera en la lucha trabajadora para conseguirlo. Y se tambalea presionado por los mismos que nos han llevado a la crisis y que se han beneficiado del dinero público, de nuestro dinero a través de los impuestos que pagamos los trabajadores. Para seguir teniendo beneficios, para enjugar la mala gestión y el déficit de las grandes corporaciones financieras, bien vale el dinero público, el dinero de nuestros impuestos, pero cuando se emplea en ayudar de manera precaria a los trabajadores en paro, paro creado por ellos mismos, ponen el grito en el cielo y toda la parafernalia que los defiende y los protege; el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, las agencias de calificación financiera, que señalaban con fervor lo bien que iban los bancos, son ahora los que recomiendan, los que exigen la contención del gasto y la reducción drástica de las pensiones y del seguro de desempleo y atacan de manera despiadada “El Estado del Bienestar” en sus cuatro pilares básicos: la educación, la sanidad, la cultura y los gastos sociales.

Se efectúan verdaderos acosos a los propios gobiernos de la Unión Europea por parte del capital especulador, atacando su deuda pública, con dos objetivos: seguir especulando de manera delictiva para ganar más dinero y, por supuesto, para que quienes se aprieten el cinturón sean los mismos, los trabajadores. Despido libre, rebajas en las pensiones, recorte del desempleo, aumento en la edad de jubilación, etc. Son las recetas de aquéllos que recibieron miles de millones de euros para salvar los resultados de “sus beneficios”.

Este análisis es aplicable a cualquier sector productivo de la sociedad, también la cultura.

Como decíamos en documentos aprobados por unanimidad, “la cultura es el eje fundamental de la transformación de la sociedad”, la cultura es un bien público y también un servicio público. Hemos visto con estupor que desde hace muchos años, en el sector de la cultura en general y en particular el que nosotros representamos, se ha ido privatizando la gestión cultural. Los teatros públicos producen con cuentagotas, se encarga a las compañías privadas las producciones que debían ser de los organismos públicos correspondientes y en el ámbito de las Comunidades Autónomas, unas más que otras, su papel en el desarrollo de la cultura pública deja mucho que desear.

Las compañías privadas reciben cada vez menos ayudas y mas precarias para la producción; la distribución es caótica, indiscriminada y sin sentido; cada comunidad, cada ayuntamiento, es una red en sí misma. Las comunidades aportan pocas ayudas a las artes escénicas, los ayuntamientos pagan con retrasos de meses; esta situación en el teatro se está haciendo insostenible.

Necesitamos una política de las artes escénicas con mayúsculas, una política coordinada que desarrolle de una vez el Plan General de Teatro y si es necesario, una Ley de Teatro con el concurso indispensable de todo el sector teatral. La situación en el audiovisual es cada vez más preocupante. La Ley del Audiovisual, la Ley del Cine y las medidas tomadas por la Administración Pública, son insuficientes. UTECA, patronal de las televisiones privadas, tenía cuatro objetivos prioritarios: eliminar la publicidad en TVE, reduciendo su capacidad de producción audiovisual; no contribuir con el 5% de sus ingresos, como dice la Ley TV sin Fronteras, a la producción independiente; rebajar las tarifas sobre la propiedad intelectual, cosa que todavía no ha conseguido pero sigue en el intento y, por último, la apertura del accionariado a otras televisiones privadas. Vamos a asistir, por lo tanto, a una desprotección del cine independiente y a concentrar el 90% de la producción en dos manos, las productoras creadas por las mismas cadenas privadas, además de la concentración del mercado audiovisual en Antena 3 y Tele 5.

Duopolio y otros errores

Esto nos llevaría a un duopolio jamás conocido en España. Esta sí que es una posición de dominio del mercado. Si la situación actual es mala en el cumplimiento de las normas laborales: pago por debajo del convenio, horarios de esclavitud, miedo a perder el puesto de trabajo, nuestra actuación ha sido débil, supeditada a una serie de condicionantes; tenemos que revertir esta situación.

Para ello debemos armarnos de razones, de explicaciones, de información y trazar una estrategia que nos lleve a implicar a los trabajadores, actores actrices, bailarines y bailarinas en una movilización amplia como ya hicimos en la huelga de la cultura. No podemos ser tan torpes que creamos que la situación actual nos permite ir a acciones inmediatas, salvo en situaciones urgentes como la de Grecia, pero sí debemos, es nuestra obligación, la obligación de la dirección del sindicato y la de “todos los afiliados y afiliadas”, prepararnos para movilizarnos, con precaución pero sin pausa. Nos atañe a todos, actores/es, bailarines/as, directores/as, autores/as, técnicos/as, e incluso productores, reivindicar puestos de trabajo dignos, salarios dignos, seguridad social y jubilaciones dignas y que el Estado del Bienestar no se desmantele. Aquí todos estamos implicados, afiliados/as y la Junta General. Una superestructura, sin que la base se implique, es un fracaso cierto y yo todavía confío en la base.

Hemos cometido errores, sobre todo en la información, en la burocratización del sindicato, en el rigor del trabajo, en haber dado cierta prioridad a la parte del sindicato de servicios, premios, bolsa de trabajo, etc., que son imprescindibles sin duda, sobre la reivindicación. Aún es tiempo de rectificar, no será fácil pero será apropiado y apasionante. Para el que no lo sepa hay mucha gente joven, afortunadamente, sindicada en la Unión de Actores. Desorientada a veces, otras con miedo a perder su puesto de trabajo, pero seria y responsable. Y debemos ser capaces de transmitirles lo que significa su sindicato, lo que se puede conseguir con él y como se puede revertir la situación.

Es verdad que han cambiado las formas de producción para peor, pero lo que no ha cambiado es la forma de explotación, que sigue siendo la misma corregida y aumentada.

Significado de la Unión de Actores

Es fundamental que la gente sepa lo que es la Unión de Actores, lo que ha significado en la vida de esta profesión durante veinticinco años. Hay que borrar esa expresión de algunos jóvenes y otros mayores: “el sindicato no ha hecho nada”. Durante sus veinticinco años se han hecho muchas cosas en beneficio de los actores. La primera constituirse, es obvio, aunque no fue fácil, pero nos constituimos con una primera victoria: no permitir que nos hicieran autónomos. La segunda revindicar de donde veníamos, no nacimos de la nada. Nacimos de las luchas en la dictadura, de la afiliación masiva en los primeros momentos a CCOO, o sea que tenemos pedigrí. Nos organizamos, cosa nada fácil, conseguimos local, dirección política-sindical, establecimos cuotas, no fue sencillo aunque en la lejanía lo parezca. Casi al nacer propusimos el primer convenio con TVE, tuvimos que ir a una huelga y lo conseguimos, ese convenio es el origen del convenio del audiovisual, que tampoco fue tan fácil conseguir.

Seguimos con el de teatro, lo conseguimos, negociamos con la Seguridad Social nuestros derechos. Tuvimos que movilizarnos, logramos un acuerdo, que no es el mejor pero que nos reconocía muchas cosas por las que llevábamos luchando desde la dictadura. Fueron movilizaciones amplísimas y participativas. Promovimos y fundamos la Federación de la Unión de Actores del Estado Español. Tampoco fue fácil y desgraciadamente se escindió en el tercer congreso, la culpa fue de todos, pero ahora tenemos la Federación de Artistas, en donde también están integradas las organizaciones de bailarines.

No debemos olvidar que la Unión de Actores, a través de la Federación, promovió y organizó la constitución de AISGE, uno de nuestros mejores logros, por el que luchamos y por el que hay que seguir peleando en su defensa siempre.

Entramos en la Federación Internacional de Actores (FIA) en contra de la Federación del Espectáculo de CCOO y de UGT, que en aquellos tiempos eran los únicos reconocidos internacionalmente. Pero, a pesar de todo, entramos por nuestros propios méritos. Hoy día tenemos acuerdos importantísimos con CCOO y esperamos lo mismo con UGT.

Convocamos dos huelgas generales a la par que CCOO y UGT con nuestras propias reivindicaciones, además de las generales que compartíamos totalmente. Como sería nuestra actuación en la huelga, que la dirección de CCOO con su secretario general, Marcelino Camacho, nos ofrecieron un homenaje en la sala Capital. ¿Quién movió, propuso, activó, ante la situación en la que se encontraba la cultura, la huelga general por la cultura? La Unión de Actores y la Federación. Más de cinco mil profesionales en la calle reivindicando sus derechos.

Es necesario saber, conocer todo esto, pero también conocer los errores, a veces la apatía que nos embarga y otras los tropiezos internos, las deslealtades. Hay que supeditar el sindicato de servicios al sindicato reivindicativo, sin olvidar ni abandonar los servicios de la Unión. Porque es otro bagaje en nuestra historia: cursos, servicios jurídicos, premios, bolsa de trabajo, relaciones nacionales e internacionales, etc.

Hay que conciliar nuestras dos almas, no olvidemos ninguna. Debemos saber que el sindicato es luchar, luchar y luchar por nuestros derechos, pero todos, dirección y afiliados, porque nadie regala nada.

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