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Fernando Neira

Pepe Isbert escribió ‘Mi vida artística’ durante sus últimos años, pero el libro llevaba más de cuatro décadas en el olvido.

María Isbert junto a su hijo,
Tony Isbert, en la presentación
de las memorias de su padre.

El emblemático Pepe Isbert (1886-1966), uno de los rostros y voces más inconfundibles del cine español, revive en la memoria de los cinéfilos a partir de sus propias palabras. La Fundación AISGE ha conseguido recuperar, en colaboración con la Filmoteca de Albacete, las memorias que el inolvidable protagonista de Bienvenido Mr. Marshall, Historias de la radio, La gran familia o El verdugo escribió en los últimos compases de su vida. Mi vida artística, que vio la luz en 1967 con una difusión breve y modesta en la editorial Bruguera, renace ahora en una versión corregida y puesta al día que presentó, a sus 91 años, su propia hija: una emocionadísima María Isbert.

Isbert es uno de los grandes patrimonios del cine español y sus memorias, escritas cuando ya se sabía gravemente enfermo, constituyen un relato de primera mano de medio siglo largo de nuestra historia. El artista de Tarazona de la Mancha relata desde su infancia –cuando le decían “Obispillo” y el padre del dramaturgo Jacinto Benavente le salvó de morir por meningitis– hasta sus años de gloria tras la Guerra Civil, en que participó en muchos de los grandes títulos de nuestra cinematografía.

Su hija María Isbert y cuatro de sus siete retoños (todos varones) participaron el 23 de marzo de forma activa en la presentación de esta nueva edición de Mi vida artística, celebrada en la sede central de AISGE en Madrid. Acompañaban a esta mítica saga de cómicos la presidenta de la Fundación AISGE, Pilar Bardem, y el director de la Filmoteca de Albacete, Jesús Antonio López, así como la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Albacete, Rosario Gualda, el actor y consejero de AISGE Emilio Gutiérrez Caba (impulsor de la recuperación de este libro) y otros muchos amigos del mundo de la interpretación.

“Estamos toda la familia llorando, como es natural”, confesó, hondamente emocionada, María Isbert. Ella, también actriz, fue la que en 1966 transcribió las memorias que le iba dictando su padre, haciendo gala de una prodigiosa memoria que nunca le abandonó. “Hoy me acuerdo mucho de los que faltan”, admitió María: “De papá, del tío Marcelino, de mis primas y hermanas. La culpable de todo, quien lo empezó todo fue mi abuela, con esos 22 hijos que tuvo. Llegamos a ser 91 primos hermanos y siempre nos hemos querido muchísimo”.

La noche fue, inevitablemente, rica en emociones. “Se lo debemos todo a este santo carcamal que es mamá; ya no las fabrican así”, resumió con legítimo orgullo Tony Isbert. El nieto del homenajeado subrayó que Mi vida artística “es un libro de historia que no debería faltar en ninguna biblioteca de nuestra gran familia del cine y el teatro”.

Pilar Bardem se congratuló de poder recordar “a don José, ese gran genio al que amamos profundísimamente”, y animó a leer sus memorias “porque son una lección de historia: en chiquitito pero como Dios, igual que era él”. La concejal albaceteña de Cultura invitó a conocer la filmoteca de la ciudad, “una de las dos únicas municipales de España, junto a la de Zaragoza”. Un espacio, dijo, “sencillo y generoso, con ganas de dar mucho; igual que Pepe”. 

Prólogo de Javier Cámara

El volumen, que sale a la venta con un precio de 18,50 euros, cuenta con un prólogo especial de Javier Cámara, gran admirador de Isbert. “El señor Isbert era católico y sentimental. No diré que era feo, porque no puede ser feo alguien que inspira tanta ternura”, escribe el actor de Hable con ella o Los girasoles ciegos.

Pepe Isbert dividió el repaso de su vida en dieciocho capítulos. En ellos da cuenta de los primeros grandes clásicos del cine español sonoro (como Aventura o El bailarín y el trabajador) y asume su posicionamiento político en los peores días de la contienda civil: “Yo, personalmente, me adhiero a cualquier régimen que significa orden, trabajo y respeto a mi religión”. A Bienvenido Mr. Marshall le dedica un capítulo completo, y asume con resignación y buen humor la decadencia final, “aunque echo mucho de menos mi trabajo, mi libertad, mis paseos al aire libre, mis tres o cuatro cajetillas de cigarrillos y mis puros”. Su religiosidad y bonhomía le permiten bromear ante las visitas que le preguntan por su salud. “¿Mi salud? No está. Ha salido”.

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