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La Fundación AISGE reivindica la figura del dramaturgo y poeta almeriense, casi desconocido en España

De izda. a dcha.: los actores Charo Soriano y Antonio Luque, Miguel Naveros (director del Instituto de Estudios Almerienses), los actores Fernando Marín y María José Alfonso, y Miguel Lázaro, editor de Cabaret Voltaire.

El nombre del dramaturgo, novelista y poeta almeriense Agustín Gómez Arcos es mucho más familiar en Francia que en su España natal. En su París adoptivo, donde falleció en 1998 a la temprana edad de 55 años, obtuvo la Legión de Honor y alcanzó la final del premio Goncourt en dos ocasiones; además, fue amigo del presidente François Miterrand y su obra se estudia en los libros de texto. En España fue represaliado por el franquismo y repudiado por su condición de rojo y homosexual.

“No podemos permitirnos que se pierdan la cultura y la inteligencia”, exclama el vicepresidente de AISGE Fernando Marín. “Quizás a los poderes públicos no les importe que figuras como la de Arcos sigan olvidadas por el resto de los tiempos, pero en la Fundación AISGE haremos cuanto sea necesario para reivindicar un bagaje tan imprescindible para nuestro país”. Por eso la sede madrileña de esta entidad acogió, el pasado 8 de junio, la publicación del primer libro de poemas de este literato republicano, publicado por la pequeña editorial Cabaret Voltaire y auspiciado por el Instituto de Estudios Almerienses.

Gómez Arcos cultivó el arte de la poesía, pero sus estrofas estaban diseminadas hasta ahora por cuartillas y cuadernos en poder de sus familiares. En la presentación de sus Poemas estuvieron presentes algunos de los actores y actrices que disfrutaron de la amistad de Gómez Arcos, como Antonio Duque, Charo Soriano o María José Alfonso (Julieta Serrano y Manuel de Blas tuvieron que excusar en último momento su presencia). El almeriense, insistió Fernando Marín, “fue un indignado comprometido con su época y contra el franquismo”.

Antonio Duque recordó al literato como “un lobo solitario, con alma de anarquista, cuya ternura le concernía al silencio antes que a la palabra”. Un hombre reservado que, en cambio, “se desnuda a través de la poesía, desahoga mediante los versos los secretos más íntimos de su alma desolada”. Y que, insistió Duque, “llegó a hacer alarde de erotismo, a transgredir todos los prejuicios, gritar su placer y pregonar su deseo por la persona a la que ama”.

Por su parte, el responsable de la editorial Cabaret Voltaire, Miguel López, se felicitó de que los libros de Arcos vayan prendiendo entre los amantes de la literatura. “Nos decían que su narrativa estaba desfasada o que su temática, como todo lo relativo a la guerra, ya no interesa. Sin embargo, el resultado de nuestro empeño está siendo muy positivo”.

Por su parte, María José Alfonso destacó que obras teatrales como Balada matrimonial “se adelantaron a Virginia Woolf, y por eso los censores nunca las consintieron”. Fue esa censura la que, según Fernando Marín, “perturbaba a Gómez Arcos, que por dos veces obtuvo el premio Lope de Vega y por dos se lo quitaron”. Sucedió en 1962, con Diálogos de la herejía, y en 1966, gracias a Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas, y los guardianes de la moral denegaron el permiso para ambas representaciones.

Agustín Gómez Arcos, el menor de siete hermanos, era natural de Enix, donde su padre había sido alcalde republicano. De niño trabajó como espartero y pastor de cabras, una infancia que recuerda a la de Miguel Hernández. Hoy da nombre a una calle y a un premio de novela en Enix, pero su figura todavía sigue siendo, tantos años después, objeto de polémicas. Cuando en 2007 se tradujo, por fin, su primera novela al castellano (El cordero carnívoro), algunos vecinos se sintieron escandalizados por su truculenta historia de amor incestuoso entre dos hermanos. Reclamaron al Ayuntamiento que el autor dejara de ser hijo ilustre, pero no lo consiguieron.

Héctor Álvarez Jiménez

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