Artistas y memoria: El señor Rajoy y las mujeres

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Mujeres trabajadoras en los años 40.

En la Segunda República, la mujer española vivió una auténtica revolución. Por primera vez en la historia de España, se la consideró una persona y no un ciudadano de segunda. Durante un breve lapso de tiempo tuvo derecho a voto, pudo acceder a trabajos cualificados y su voz se escuchó le pesase a quien le pesase. La República le concedió a la mujer el derecho a poder madurar en sociedad. Dejó de ser la costilla de Adán y se convirtió en persona. Después llegó el Franquismo y devolvió a la mujer a casa: a la cocina y al silencio. La amordazó y la subyugó a fuerza de palizas, de violaciones y de aceite de ricino. Las mujeres se habían liberado durante la República y Franco estaba dispuesto a hacérselo pagar con sangre. Así que durante casi cincuenta años, la mujer española vivió en la sombra, dependiente siempre del varón, sin poder expresarse ni valerse ni defenderse. Así, Franco fue el gran enemigo de la mujer. Hasta tal punto las odió, las agredió y las despreció, que para buscar un referente actual de su conducta no queda más remedio que pensar en los islamistas.

Peligros reales

Eso fue en el Franquismo. En ese Franquismo que dejó tantas heridas abiertas y que ahora la derecha española nos dice que hay que olvidar, negándose a aceptar que el germen de las políticas actuales se encuentra, muchas veces, enraizado en el pasado.

Franco dijo que la culpa del estado de la economía, después de la guerra, la tenían los socialistas; Rajoy responsabiliza de todos los recortes que aprueba a la herencia que le dejaron Zapatero y el PSOE. Franco creó dos Españas, una de señoritos, que era la suya, y otra de esclavos, que era la del trabajador; Rajoy está dando los primeros pasos para que vuelva a haber dos Españas, la de los banqueros y sus amigos, y la de los trabajadores y sus deudas.

Franco hizo imposible el acceso de la mujer al ámbito laboral; el gobierno de Rajoy está haciendo lo mismo, pero con más sutileza. No tiene la excusa de una guerra, pero tiene la de una crisis. Y de esta manera está terminando con todas la políticas de conciliación, que hacían posible que las mujeres se realizasen como personas en el mundo laboral. Ya no hay ayudas para guarderías ni para comedores, ni una madre puede acompañar a su hijo al médico si no es porque tenga un cáncer. Y la gente no va a dejar de tener hijos, claro está. Así que habrá que decidir: él o ella se queda en casa.

Tremendas decisiones

La equiparación salarial entre hombres y mujeres es ciencia ficción en España, así que se quedará ella al cuidado de los niños. Y al quedarse en casa, la mujer del siglo XXI perderá el único garante real de libertad en nuestra sociedad: la independencia económica. El gobierno de Rajoy prepara un futuro en el que la mujer sea, principalmente, ama de casa.

Representación de la mujer como heroína, en épocas pasadas.

Y mientras el ministro Wert –impresionante paradoja que este señor pueda ser ministro de educación y cultura en un país europeo– apoya la segregación en los colegios, el ministro Gallardón vulnera el derecho de la mujer a decidir si desea ser madre o no. Y aunque esta nueva ley del aborto es un ataque también a cualquier pareja española, es la mujer –en pareja o en solitario– quien lo sufre en sus propias carnes, nunca mejor dicho. Este gobierno, que ha demostrado una ausencia total de sensibilidad, se niega a comprender que el tener que abortar ya es un problema en sí mismo como para que, encima, el Estado se atreva a criminalizarlo. Los anti-aborto, o anti-libertad, confunden potencia y acto, y no entienden que un feto no es una persona, igual que una semilla no es un árbol, ni un huevo, un pollito. En lo que respecta al gobierno, la mujer no puede terminar un embarazo no deseado y, si continúa con él y después nace un niño, tampoco podrá ejercer más profesión que la de ama de casa.

Una mujer puede ser arquitecto, puede ser bombero, jueza, policía, cirujana, filósofa, madre, ama de casa, actriz, profesora… puede ser lo que le dé la gana, dependiendo de sus capacidades, no de su sexo… igual que un hombre. Y este hecho nunca debería olvidarse, porque los derechos de otro ser humano no son opinables. A Franco le pareció que no era así y, a golpes, convirtió a la mujer en lo que él, desde su enfermiza perspectiva, consideraba que debía ser. Ahora es el gobierno de Rajoy el que quiere moldearla, pero en lugar de palos, utiliza palabras, palabras como crisis, recortes, ERE o paro.

Consecuencias y elecciones

Franco solucionó el problema del paro en España matando a la mitad de los españoles y echándole la culpa de todo a la izquierda. Y Rajoy lo pretende solucionar dejando a la mitad del país, a las mujeres, sin acceso al mundo laboral, y echándole la culpa a la izquierda. Es cierto que hay una diferencia fundamental entre Franco y Rajoy. Franco fue un golpista que derrocó un gobierno legítimo. Y, en cambio, Rajoy es un líder democrático elegido por todos los españoles –hombres y mujeres– dentro de un marco legal. De lo de Franco, no tuvimos la culpa. Fue una agresión. De lo de Rajoy tenemos toda la culpa. Fueron unas elecciones. Y ahora, ha llegado el momento de reconocer que pertenecer a una minoría social –ser mujer, negro, homosexual, judío, gitano o árabe– y confiar en las intenciones del gobierno de Mariano Rajoy es, como mínimo, peligroso.

Autor: Ramón Paso

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