Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

José Gamo

El pasado lunes 10 de octubre de 2011 la Asamblea General de la Unión de Actores de Madrid aprobó por amplísima mayoría la propuesta de inclusión del sindicato como querellante en la causa contra los crímenes del franquismo que a día de hoy tiene lugar en los tribunales argentinos.

Esta querella fue planteada en abril de 2010 y recoge los delitos de: “homicidio, homicidio agravado, privación ilegal de la libertad calificada por la aplicación de torturas y demás delitos que resulten de la investigación, cometidos en España en el período comprendido entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977, fecha de las primeras elecciones parlamentarias libres y pluralistas desde las de 16 de febrero de 1936”.

El fundamento principal de la acusación es la aplicación de los principios de Justicia Universal en relación a los delitos de lesa Humanidad y, específicamente, al delito de genocidio, cometidos en España por el general Franco y sus cómplices. Esos principios jurídicos preconizan la continuidad de la comisión del delito mientras no se investiguen efectivamente los hechos. No existe la posibilidad de prescripción y el ámbito geográfico es cualquier país desde el que se quiera establecer acusación, ya que la víctima primordial es la Humanidad en su conjunto, al haber sido vulnerados los derechos básicos de vida y libertad de civiles por causas religiosas, raciales o ideológicas.

Que se llene de pueblo

Es fundamental que la querella “se llene de pueblo”, como transmitieron sus redactores en abril de 2010. Entonces contó con el apoyo de miles de hombres y mujeres en ciudades y pueblos de todo el mundo. El compromiso de la sociedad civil es imprescindible para que la iniciativa no sea acallada por medio de bloqueos, dilaciones y ocultamientos, como la última comunicación de la fiscalía española, que ha respondido a la comisión rogatoria enviada desde Buenos Aires que estos delitos están siendo investigados por los tribunales provinciales a los que fueron desviados tras el apartamiento del juez Garzón de la causa que seguía por este motivo en la Audiencia Nacional.

La afirmación de que los crímenes franquistas están siendo investigados en los tribunales provinciales es absolutamente falsa. La autoridad judicial supuestamente competente ni siquiera se persona para el levantamiento de los cadáveres. A lo largo y ancho del Estado español asistimos cada semana a la violación de los derechos de las víctimas y sus familiares. El Estado español será en última instancia el responsable por su inacción y su actitud claramente obstruccionista hacia un procedimiento judicial que no hace otra cosa que responder al justo anhelo de los pueblos a juzgar a sus tiranos.

Ha llegado el momento de romper el silencio, de denunciar la tácita complicidad con la impunidad decretada por agentes no explícitos de la vida pública en el Estado español. Los ciudadanos, y especialmente los trabajadores del espectáculo, tenemos la oportunidad de ayudar a acabar con este estado de cosas apoyando esta querella, cuya dimensión y consecuencias para nuestra democracia no pueden ser otras que su profundización y nuestro crecimiento como sociedad libre. Invitamos a todos los agentes sociales del sector a que unan su voz y den su apoyo a este procedimiento, que más allá de cuestiones simbólicas, sitúa la cuestión en el lugar que le corresponde: los tribunales de justicia, el lugar en el que se juzga a los criminales.

Se ha establecido un grupo de trabajo para la aportación e investigación de datos referentes a víctimas del gremio del espectáculo (actores, directores, dramaturgos, guionistas, técnicos, etc…). El contacto se puede realizar a través de la Secretaría de Cultura de la Unión de Actores de Madrid y mediante el siguiente e-mail:

artistasymemoria@gmail.com


Ramón Paso

En el año 2005, Ediciones Barataria publicó Otra Colina, un libro autobiográfico en el que Milton Wolff, último comandante del Batallón Lincoln, cuenta sus experiencias en la Guerra Civil Española. Se trata de un libro muy bien editado, de lectura sencilla, riguroso y, sobre todo, emocionante. Emocionante porque cuenta la historia de un montón de muchachos –la media de edad de los brigadistas norteamericanos no superaba los veinticinco años– que lo dejaron todo para luchar por la República, por la libertad y por la legalidad. Madrid iba a ser la tumba del fascismo y, al final, por culpa de los gobiernos mundiales, España se convirtió en la tumba de la razón. A lo largo de las batallas de Brunete, Teruel, Belchite o el Ebro, Milton Wolff, a través de su alter ego, Mitch Castle, nos cuenta la odisea del Batallón Lincoln, integrado principalmente por norteamericanos, la mayoría comunistas, judíos, escritores, actores, músicos, marineros… Todos ellos hicieron frente con su valor y sus ideales a los tanques italianos, a los aviones alemanes y a las tropas regulares nacionales. Se trata, además, de un libro sincero, donde el autor no tiene reparos en reconocer sus errores, sus momentos de pánico o sus dudas. Escrito en un estilo amable y sencillo, sin falsas pretensiones literarias, se trata de la obra de un soldado que, mientras cruzaba los Pirineos, como él mismo cuenta, soñaba con ser D’Artagnan.

Para entender la importancia de lo que hicieron personas como Milton Wolff hay que tener presente el contexto de la época. El ejército español, en su mayoría, había traicionado al gobierno electo y se había levantado en armas. Eso dejaba a la República en una difícil situación: carecía de fuerzas armadas y las pocas que se mantuvieron fieles no gozaban de la confianza general. Había que organizar nuevas defensas. Y, entonces, empezaron a llegar los brigadistas; personas de casi todo el mundo se volcaron con España y vinieron a pararle los pies al fascismo. Así fue como se empezaron a formar las primeras unidades internacionales, mientras la República, a marchas forzadas, creaba su propio ejército regular. Para ese momento, los gobiernos mundiales ya habían cerrado las fronteras declarándose neutrales, pero dio igual, jugándose su libertad, para poder después jugarse la vida, muchachos de todo el mundo siguieron viniendo. Los gobiernos se acobardaron, pero las personas, no. En los años treinta y cuarenta, los gobiernos claudicaron ante el fascismo, por miedo a que se extendiese el comunismo, y así le dejaron la puerta abierta al nazismo.

Entre todos estos internacionales, el Batallón Lincoln resultó especialmente importante. Fue de los que más bajas sufrieron, ya que en la mayoría de sus intervenciones funcionaron como tropas de choque. Además, su composición –principalmente intelectuales– facilitó que, a día de hoy, sea uno de los batallones con más libros escritos por supervivientes. Otro dato fundamental fue que se instituyó una verdadera igualdad entre las personas: muchos brigadistas negros dijeron que luchando en España fue la primera vez que se sintieron hombres libres de verdad. Y por último, los lincolns estuvieron en algunos de los momentos más cruentos de la guerra. En el libro de Milton Wolff resultan escalofriantes los capítulos en los que cuentan las retiradas después de que se rompiese el frente de Aragón, y cómo la caballería de Franco cargó en muchas ocasiones contra hombres vencidos y desarmados que, incluso, se rendían. Igualmente impresionantes resultan los capítulos dedicados a la batalla del Ebro, por ejemplo. Hay que tener en cuenta algo muy importante: el brigadista norteamericano no era un héroe rubio, alto y aguerrido, se trataba de un hombrecillo delgaducho, muchas veces con gafitas de alambre, que no hablaba apenas el idioma, muerto de hambre y armado con armas obsoletas, que eran las únicas que la República podía comprar y, normalmente, a precios astronómicos. Los lincolns son héroes porque, a pesar de tenerlo todo en contra, se quedaron en España y lucharon.

Milton Wolff, el noveno y último comandante del Batallón Lincoln, murió en enero de 2008 en California. Había nacido en Nueva Jersey en 1915 y vino a luchar en España en 1937. Cuando dejó nuestro país, se alistó en el ejército estadounidense para luchar en la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo de nuevo. Una vez en casa, sufrió la caza de brujas del gobierno norteamericano contra los comunistas, luchó contra el Apartheid en Sudáfrica, se solidarizó con la causa sandinista… Cuando la democracia llegó a España, Milton Wolff empezó a viajar a nuestro país con asiduidad, visitando los lugares donde luchó y perdió a tantos compañeros.

Otra colina es un libro imprescindible para comprender por qué un montón de personas decidieron que valía la pena venir a combatir por la República española. En el 36, aquí, en esta tierra nuestra, se dio uno de esos momentos estelares de la Humanidad de los que habla Stefan Zweig, uno de esos momentos en los que se podría haber cambiado el curso de la historia, porque si la razón y la libertad hubiesen ganado esa guerra, hoy el mundo sería un sitio mucho mejor de lo que es. La República, los brigadistas, los lincolns, el señor Wolff, los españoles, todos, perdieron la guerra, pero los fascistas, los gobiernos de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, ellos, perdieron la dignidad. Otra colina no es un libro sobre el pasado, es un recuerdo de que siempre hay otra colina que tomar, otra batalla que luchar y el día en el que creamos, o nos dejemos convencer, de que ya no hay más colinas, entonces, sólo entonces, será cuando hayamos perdido de verdad.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn