Bandeja de entrada : ¡Basta Ya!

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stopNaiara Murguialday

Como viene sucediendo hace ya algunos años, me despierto y quiero ser actriz. Voy al teatro todo lo que puedo, represento obras con amigos y debato sobre la situación laboral. Por la noche, vuelvo a la cama para soñar que pago las facturas siendo actriz. A mí me gusta el escenario, pero trabajaría detrás de las cámaras, con un guión o anunciando una marca de chicles. Todo entra en mis posibilidades: cambiar de residencia, cortarme el pelo, cantar, bailar, incluso ser figuración especial. Todo por sentir que mi esfuerzo tiene cosecha. Que, bueno o malo, todo se devuelve en esta vida.

De repente me doy cuenta de que hay personas que hacen lo mismo. Tienen inquietudes similares, pero las llevan a cabo de otro modo. Para actuar, trabajan GRATIS. Así es. Hay personas que aceptan trabajar en proyectos sin contrato y sin cobrar ni un céntimo. Todos se hacen llamar actores y todas nos hacemos llamar actrices, pero yo me pregunto: ¿Es necesario jugar en la misma liga? ¿Hasta qué punto somos responsables de convertir esta profesión en un hobby? No sé por qué me da, pero creo que actores y actrices, jóvenes o medianamente adultos, somos responsables de esta situación.

Estamos permitiendo, con nuestro ideal de querer actuar, destruir la profesionalización de nuestro gremio y nos estamos convirtiendo en el cliente. No nos engañemos, nos la están pegando y nosotros como si nada.

Nosotros como si nada

He encontrado en internet la posibilidad de estudiar en decenas de escuelas de teatro donde sus “profesores” por la mañana reciben las clases que por la tarde instruirán a sus alumnos. Un plan académico interesante. Además, ya no sirve de nada recorrer calles y llamar puerta por puerta. Para no recibir a la gente y que el anonimato continúe es obligatorio enviar por correo las fotos actualizadas, el currículum engordado de mentiras y el enlace para ver el videobook, que con suerte te ha costado 200 euros. Dentro de poco sólo ofrecerán trabajo a aquéllos que tengan una web, así que ya puedes ir ahorrando. Parece ser que en las agencias no escogen por preparación y currículum, sino por cuánto dinero te gastas en ti mismo. ¿Entre un jugador que estudia y se renueva y otro que quiere entrar en la disco de moda, no hay ninguna diferencia? Para llenar la agenda de audiciones masivas y no remuneradas, acudimos a una web que no filtra los anuncios de tarados que sufren de perversión. Ni informa sobre el remitente y llama “trabajo remunerado” a la repartición de taquilla entre veinte trabajadores. Fe ciega para enviar nuestro número de teléfono, medidas y dirección de residencia a quién sabe dónde.

Pero podemos desprestigiar más nuestro esfuerzo por trabajar. Desde hace unos años tenemos la opción de “invertir” en cursos de dos días con directores de casting, que mientras alardean de “sus” series y de la importancia de hacer una buena audición, se llenan los bolsillos de dinero sin facturar. Talleres donde podemos realizar nuestra mejor actuación y autoconvencernos de que merece la pena, que recordarán nuestro nombre. Pero, ¿qué imagen estamos pagando? ¿La de no tengo trabajo y soy capaz de hacer un monólogo delante de treinta personas que compiten por quién hace mejor la pelota? ¿Y qué pretendemos conseguir? ¿Más material? Lo dudo. Al final siempre hay algún problema con el audio.

No pretendo escandalizar, también “los otros” son responsables. Me refiero a las agencias, productoras, salas de teatro, ayuntamientos, programadores… Además de las piedras que nos tiramos a nuestro propio tejado, es muy difícil exigir calidad en nuestros contratos cuando muchos ayuntamientos ofrecen el espacio reservado para compañías profesionales a grupos amateurs. O cuando sólo se organizan festivales en los que tu grupo no tiene cabida porque ya eres profesional, y así el teatrito sale más barato. O cuando las salas, y Madrid está plagada, te ofrecen actuar según el número de amigos que traigas cada día. O con un Gobierno que piensa que el artista paga su hipoteca con los aplausos. Y lo más difícil de todo, cuando hoy en día ser actor y no salir en la tele es sinónimo de camarero.

El asunto es que nosotros lo permitimos. Ya está bien. Si el equipo técnico cobra por su trabajo, basta ya de actuar de gratis para conseguir material. Basta ya de cobrar por debajo del convenio. Basta ya de dejarnos manipular por un grupo de profesionales sin escrúpulos que te agotan la cuenta bancaria y las ganas de trabajar. Está claro que en todas las profesiones hay intrusismo y nosotros no somos menos. El límite entre el trabajo remunerado y voluntario lo ponemos cada uno de nosotros. Y tú… ¿qué haces para trabajar de actor o actriz no sólo mañana, sino el resto de tu vida?

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