Bandeja de entrada: Una mirada al cine

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band_108¿Por qué te pierdes, mirada? Y más cuando te pierdes en la realidad y repasas en cuatro líneas el año 2012, que vino a deparar una crudeza donde hoy la cosa está que hierve. Uno habla y escribe de cine, por ello no conviene confundir el cine con la realidad, mas hay telediarios que vienen a ficcionar la realidad, así un locutor afirmaba sin rubor que con la subida del IVA íbamos a pagar 470 euros más al año, y la realidad dice que no, que no porque si iba 30 veces al cine al año, ahora iré 10; si iba 20 veces al teatro, ahora cinco; si iba a cinco conciertos, ahora a dos; si iba a restaurantes, ahora como en casa, y si iba… Sí, iba, porque tengo que ahorrar 470 euros para la luz, el agua, el teléfono, la casa, el transporte, la comida, el ecopago… Economía de racionamiento, economía de raciocinio.

Por junio habían cerrado el cine Luchana y habían subido el Metro (¿recuerdas a la jefa diciendo “el billete sencillo no ha subido”? Y cuando pasabas de la quinta estación eran diez céntimos más por parada y así hasta los dos euros, y con tonillo acentuado decía –sin que la esperanza ya te agarre– “el billete sencillo no ha subido?”. He aquí una realidad sin ficcionar). Si antes compraba 40 libros, ahora 20; si antes iba el niño al comedor del colegio, ahora estoy pensando darle el tupper… Economía de posguerra.

Mira lo que dice la realidad: la realidad dice que el cine Lido está cerrado, la realidad dice que el cine Roxy A está cerrado por reforma (tapiado, ¡qué imagen!), pero qué conlleva la reforma, ¿un estudio de grabación de José Luis Moreno o un Mercadona donde echarían el cierre los cines Roxy B y el Paz? ¡Qué imagen reformada! La realidad dice que fueron a la huelga los trabajadores de los cines Yelmo y la realidad dice que el cine Palafox cerró en agosto para abrir en septiembre porque perdía menos cerrado que abierto. ¡Qué cosas dice la realidad!

“Cuando la mierda sea valiosa los pobres no tendrán culo”

Quisiera que la realidad se perdiera, mas la realidad dice que hoy vale “x” y mañana “x” vale un 10% más, para pasado mañana “x” perder un 22%, así es la realidad de la Bolsa, que no sabe lo que valen las cosas (a la mente acude la película Entre pillos anda el juego, de John Landis, pero bien sabemos que el cine es ficción, ¡qué ficción!). Esta es la realidad: vuelta al colegio en septiembre con un 21% de IVA, vuelta a la cultura en septiembre con un 21% de IVA (iba al cine, iba al teatro, iba a conciertos, iba…). Y uno viene a decir ¡Qué bello es vivir! Al momento sobrevuela el diálogo de la película de Capra:

“-¿Ha presionado como es debido sobre ellos para que paguen las hipotecas?
-La vida está muy difícil, mucha gente está en paro.
-¡Embárguelos!
-No tengo valor, son familias con hijos.
-Los hijos no son míos. ¿Regenta usted un negocio o una institución de caridad?”.

Lionel Barrymore haciendo de malo frente al bueno de James Stewart, pero esto es ficción, es cine, la realidad es distinta, ¿o no?

Las uvas de la ira sobrevuelan, bien sabemos que el mundo no es nuestro, mas Alfonso Sánchez encontró desparpajo e irreverencia en El mundo es nuestro (2012) para gritar al viento “¡contra el terrorismo financiero, expropiación bancaria!”. Recordad que esto es cine y el cine es mentira, ¡qué mentira! Visos buñuelianos-azconianos, sin olvidar a Berlanga, conforman esta vida esperpéntica, una película española a reivindicar.

Perdiéndome en la realidad me topé con la ficción, y si veo la realidad veo que el cine Luna se ha convertido en un gimnasio, he aquí el momento para lanzar una “boutade”, pero la realidad no te lo permite, así que doy la palabra a Godard que era/es muy suyo en estas cosas: “Cuando la mierda sea valiosa los pobres no tendrán culo”. Frase de la película Nombre: Carmen.

En definitiva (en realidad): Rajoy luce barba blanca, Mariano muestra un cabello azabache inmaculado y Cristiano Ronaldo está triste (este en definitiva queda dedicado a Juan Luis Galiardo).

Autor: El Josito Audaz

www.sombrasrecobradas.com

11263944¡Abran los ojos y los oídos!

Hace unos años escribí un artículo en la revista Actores sobre la situación de los actores extranjeros y de los actores regionales en las producciones audiovisuales españolas (hechas principalmente en Madrid para las televisiones de ámbito nacional y para los cines de toda España). A pesar de una lenta pero positiva evolución, nuestra situación sigue mal. En un país turístico como España, que recibe unos 60 millones de turistas al año y donde unos 6 millones de extranjeros tienen su residencia, donde aman, donde trabajan, donde pagan sus impuestos… su presencia es casi nula en las producciones televisivas y cinematográficas.

En mi país de origen (Francia) donde conviven vascos, catalanes, bretones, alsacianos, corsos… donde estos últimos años se ha incrementado la población de personas venidas de los países árabes, de África subsahariana, de Asia, además de todas las inmigraciones pasadas de españoles, italianos, portugueses, rusos, polacos etc., no es raro ver personajes de series o de películas con estos distintos rasgos y acentos. Y no solamente la presencia de estos nuevos franceses se nota en las producciones audiovisuales, sino también en la política donde hemos visto estos últimos años, un presidente de la República hijo de la emigración del este, una ministra marroquí o una primera dama italiana, o, como en el fútbol, un equipo nacional de piel morena, sin que por eso se haya caído la bandera tricolor o el gallo de las camisetas deportivas. No es casualidad que en España seamos invisibles, hay una voluntad política de no integrar.

Todo esto va en contra del buen funcionamiento de la sociedad y de la buena convivencia. Si la gente de las autonomías se hubiera visto representada a los largo de todos estos años de televisión, a través de programas y de series de ficción, quizás el problema de secesión no sería tan grave…

El poder de las televisiones puede abundar en el buen desarrollo cultural, económico y social de un país o, al contrario, abundar en el subdesarrollo nacional e intelectual. Como se suele hacer en algunos países sudamericanos.

Tras ver la excelente película argentina Tesis sobre un homicidio, me llamó la atención una frase que dice Alberto Ammann: “Soy argentino con acento” (una manera inteligente de justificar su falta de acento porteño).

Hay españoles con acento francés, los he conocido. El mismísimo Rey de España, Borbón de esos de Francia, habla de una manera poco ortodoxa sin que eso afecte a su posición. Y no hablamos de su mujer. ¿Qué importancia tiene que un personaje de una ficción hable con un acento ‘x’, cuando vivimos en una sociedad cosmopolita y abierta al mundo? ¿Por qué este empeño en negar la existencia de estos acentos catalanes, vascos, gallegos, andaluces o canarios?

“El poder de las televisiones puede abundar en el buen desarrollo cultural, económico y social de un país o, al contrario, abundar en el subdesarrollo nacional e intelectual”

Los francófonos de Canadá piensan que los franceses tienen acentos y viceversa…

Lo que es cierto es que si estos productores de Madrid, estos guionistas, estos directores de casting salen a la calle, en los restaurantes, en el metro o donde sea, se encontrarán con una comunidad de vecinos muy distinta a la que nos quieren vender en estas series muy españolas-españolistas que recuerdan una realidad de hace más de 37 años, cuando las ficciones se llenaban de monjas, militares y personajes bobos del campo (otra caricatura). Pido desde aquí, a todos estos profesionales que nos leen, que se atrevan a cambiar el chip, que sean más valientes, que se pregunten por qué los jóvenes prefieren las películas americanas…

Hace poco estuve en la première de Alacrán Enamorado de Santiago Zannou (novela y guión de mi amigo Carlos Bardem), a la que acudieron un montón de jóvenes a ver un film de un negro español y a escuchar la excelente música de su hermano, también negro y español, película que trata del racismo, entre otras cosas.

Se lo pido con cariño, “abran sus ojos, sus oídos y, ¿por qué no? Sus corazones”.

Autor: Didier Rousse

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