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Miss Julia

Miss Julia

Ya son casi treinta años que voy y no me hace daño. Esta era la edición veinte y nueve, para ser más exactos. Doce países han acudido este año a la cita. A los asistentes habituales y al público que repite, estos años de festival nos han dado tiempo a que algunas ideas se hayan ido afianzando y algunas otras casi evaporando; hay un desarrollo en el festival y en sus asiduos. Lo que sigue siendo rasgo característico de este certamen, es la magia y el rigor que aportan los grupos participantes. Variadas formas de hacer en la misma lengua con distintos acentos.

Tanta creatividad, tanto talento, tanta genta trabajando con tanta dedicación, en estos tiempos de dificultades, han acabado por hacerme cómplice. Esto no quiere decir que no vea cosas que se podrían mejorar, eso siempre; pero comprendo también los procesos, los obstáculos y los medios de producción de que dispone tanto el FIT como las compañías que participan. Claro, no se puede analizar y opinar del FIT con el mismo baremo con que se opina de festivales de presupuesto astronómico; cantidades que al lado de las cifras que maneja el FIT y la mayoría de las compañías que allí se presentan resultan apabullantes. Cádiz y las compañías suplen la falta de recursos, lo que no puede hacer a golpe de talonario, lo hacen a golpe de talento, imaginación y compromiso.

Los organizadores y las gentes de teatro que lo hacen posible, un poco por necesidad y un mucho por vocación comparten la certeza de que con pocos medios, pero muy bien elaborados y felizmente combinados se pueden lograr imágenes extraordinarias, efectos maravillosos en la imaginación de los espectadores. Pero no podemos generalizar, por que el teatro produce obras, no fórmulas. Lo otro; es decir, un mayor presupuesto, un mayor andamiaje técnico y publicitario, tampoco garantiza automáticamente la calidad, el milagro de las emociones y fantasías que el espectáculo puede suscitar en el alma del espectador.

De ésta y de ediciones anteriores de este festival conservo recuerdos imborrables, imágenes del escenario y la tras escena: obras y conversaciones con gentes que aunque estén lejos me ayudan a caminar y a inventar, a resistir aún en contra de los envites de la avaricia depredadora y el “aquí te pillo aquí te mato” de los tiempos que nos han tocado vivir. Actualmente existe una tendencia casi generalizada consistente en blindar las obras de una gran parafernalia que impide llegar a su esencia, ver cómo es el corazón de ese gran cuerpo que respira y se agita en el escenario; alguien mal pensado podría sospechar que a veces a este tipo de propuestas les conviene que uno no pueda llegar hasta a su fondo, porque a, lo mejor en el fondo hay poco y el viajero podría sentirse defraudado. Tanto para tan poco.

No quiere el cronista decir que todo lo que viene de Latinoamérica o de las compañías españolas que se presentan en el FIT, sean obras redondas, pero sí que muchas veces llegan propuestas tan competentes, con tanto acierto y tanta fertilidad creativa, como las de los “macro-festivales” o de los directores estrella, hoy tan en boga y que a veces nos han producido tanto placer. Parecería como si muchas de las gentes que tienen poder para difundir y apoyar el hecho teatral no quisieran reflexionar sobre este asunto, no lo conocen o no les interesa, piensan que es más rentable política y económicamente difundir un teatro que imite al que está de moda en las grandes metrópolis. La disyuntiva tanto para los políticos como para los creadores es o copiar o inventar.

A los grupos que vienen desde tan lejos y al público español, necesitado de sensaciones positivas y urgido de noticias buenas, les vendría a muy bien un apoyo institucional que combinado con los programadores, las salas independientes, los teatros del estado, los centros culturales de los barrios, facilitara el encuentro de los unos con los otros, en todo caso sería para la gracia, para el goce y las culturas; para reconocerse mutuamente.

Llegaron obras de teatro de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El salvador, España, Estados Unidos, México, República Dominicana y Uruguay; Veinticinco compañías ofrecieron treinta y ocho representaciones en teatros, calles y espacios no habituales.

Pez Limbo

Pez Limbo

Por motivos de espacio y por no haber podido ver todos las funciones (por ejemplo, “NIDOS” de Teloncillo Teatro o “AL PIE DEL TÁMESIS” del Teatro Avante de Estados Unidos, de los cuales escuché muy buenos comentarios, lo mismo que del Teatro del Azoro de El salvador con LOS MAS SOLOS y de “MISS JULIA “de los colombianos de Vueltas Bravas Producciones ) citaré solo unas cuantas, aquellas que, más inquietaron mi gusto y mis sentidos:

B. FLOWERS, de la Compañía de Marta Carrasco. Esta coreógrafa y bailarina, combina muy bien dos elementos que me parecen importantes a la hora de plantearse una función: un toque de rebeldía y un muy buen manejo de las técnicas; es decir, visión de espectáculo, en este caso danza-teatro. Era muy difícil separar qué era danza y qué era teatro, qué era bailado y qué actuado, y de este mestizaje resultaban beneficiarios el teatro y la danza pero sobre todo, los espectadores. Veteranía y frescura en cada paso. Muchos colores, ironía y ritmo templado. Divertido y “atravesado”, vanguardia de la buena.

ESPINAZO O CALLOS, también españoles. Si una de las cosas que más importa en el arte teatral es el juego: cómo son las reglas, cómo se nos permite jugar a imaginar, jugar a acercar lo que está pasando en el escenario a nuestras vidas o las vidas de nuestros vecinos, esta función lo jugaba con creces. Además, si está servida con buen “hacer teatral” y una imaginación desbordante sobre todo, en su acertada economía de medios, lo más seguro es que produzca de esos placeres fantásticos que podemos encontrar en el teatro. Un ama de casa y un carnicero, plantean situaciones hilarantes que consiguen mostrar lo terriblemente absurdo de la pobreza, lo disparatado y cruel de ciertas asuntos con los que convivimos día a día y nos parecen normales. La risa subversiva: un gol de La compañía Pez Limbo.

MENDOZA. De la compañía mexicana Los Colochos Teatro, fue a mí parecer, uno de los puntos álgidos del festival. Es cuando el teatro se pone tierno y muy serio a la vez: Su adaptación de Macbeth, traslada ese espacio de pesadilla que es Escocia en la obra de Shakespeare al mundo rural mexicano. Las predicciones de la hechicera campesina se cumplen rápidamente y con fidelidad a lo que plantea el dramaturgo inglés. Buenas la adaptación y la puesta en escena; mucha sangre, codicia y barbarie, nos obliga a reconocer que esas inclinaciones bajas y traicioneras todavía están a flor de piel en los seres humanos y campean a sus anchas, sobre todo entre aquellos que tienen un amor desmedido por el poder y sus fastos. Puro teatro y la respuesta del público lo confirmó. Tengo que confesarles que uno de los momentos más reveladores en esta edición del festival fue escuchar a una actriz de este colectivo decir “me gustaría hablar de otras cosas, pero de momento tengo que hablar desde la rabia y desde el dolor.”

OTELO. Otra versión de Shakespeare traducida a la poética y la carpintería teatral de los latinoamericanos, chilenos con muñecos. Normalmente fusionan el trabajo actoral con la manipulación de marionetas y objetos animados, bastante acertadamente. Esta compañía con talento y tenacidad ha conseguido un lenguaje muy propio, lleno de fantasía y humor y en este caso de tragedia antigua y actual. En su OTELO el tema no son los celos del guerrero, es el feminicidio. Piensan que creer lo primero es endulzar la obra, “reducirla a una tragicomedia de buenos y malos”. La compañía Viaje Inmóvil, aportó este delirante montaje, que combinaba muy efectivamente “lo divino y lo humano”.

B.Flowers

B.Flowers

Además de los anteriormente citados, pudimos disfrutar del buen hacer de los “Kiknteatr” de Bolivia con su “ROMEO Y JULIETA DE ARAMBURO”, El Grupo de Dança Primeiro Ato (de Brasil) con “PEQUENOS ATOS DE RUA”. De Chile aparte del arriba citado, el Tryo Teatro Banda con “AFROCHILENO” y la compañía Nuestra que hizo “MARIA TERESA Y DANILO”. De Costa Rica “EL PATIO” del Teatro Abya Yala. De España :La Compañía de Antonio Canales con ANTONIO CANALES UNA MONEDA DE DOS CARAS, Los Macbez con “LOS MACBEZ”, Ángel Corella y Ara Malikian con Corella Ballet y La Orquesta en el Tejado y su “ A + A “, El espejo Negro con “LA CABRA”, Ron Lalá en coproducción con La Compañía Nacional de Teatro Clásico “EN UN LUGAR DEL QUIJOTE”, Laurentzi Producciones con “CUARTETO DEL ALBA”, La compañía Teatrapo con “SFERA” y los “BIG DANCERS” por El carromato. De Uruguay Complot con “TEBASLAND” (a partir de Edipo Rey) y por último, La Compañía Nacional de Danza Contemporánea de República Dominicana con “CARIBE DE LUXE.

En la agenda de actividades paralelas habría que destacar por justo y emotivo el Premio otorgado esta vez al “Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá”, un “acto de fe en Colombia”. Muy importantes también, el “Encuentro de Mujeres de Iberoamérica en Las Artes escénicas”, “El Foro de Creadores” donde los participantes hablan de los espectáculos vistos y el “ Encuentro de Investigación Teatral Cruce de Criterios” espacio para la reflexión y las propuestas de futuro. Podemos decir que este año fue notoria la calidad y diversidad de los espectáculos programados, acierto que comparten Pepe Bable, director del Festival y el conjunto de mujeres y hombres de su equipo y de las compañías que lo hacen posible.

La diversidad potencia el mestizaje, no solo de las personas sino también de las diferentes ramas del arte. Veamos, mezcla muy afortunada y placentera de teatro, literatura y música la conseguida por los Ron Lalá en su “En Algún Lugar del Quijote”; o la calidad y emoción que conseguían las notas intrépidas de Ara Malikian mezcladas con el Ballet Clásico de Ángel Corella. Interesante también la combinación de teatro y video de “Tebasland”.

Otra seña de identidad del FIT desde sus inicios y que resulta de vital importancia es la convivencia, posibilita el diálogo y el encuentro. Vivir todos en el mismo Hotel durante nueve días permite que se hable de las funciones y de otras cosas, por ejemplo, permite que a la hora de la comida se encuentre “Don Quijote” con la “Hechicera Mexicana” y hablen de sus papeles; o que por la noche en el Bar veas conversar interesadísimamente a “Macbez” con “Othello” el chileno… Una vez esperábamos el ascensor Carmiña Martínez, actriz de La Candelaria, y yo, se abrió la puerta y salió “Sancho Panza”, que le conozco de Madrid y me dijo, “Hombre, Bernal, cuánto tiempo…“ y yo le respondí “Ancha es Castilla.”, él, sonrisa en ristre se alejó diciendo “Esta noche cabalgo mi jumento en El Teatro Falla a las diez, vais a venir?” Y ella y yo: “Cómo, no.”

Se acaba el asunto y viajando de regreso a casa, recuerdo cuan cuerdo me resultaba Juan Manuel Múnera, un payaso de “Mediclaun” de Medellín y lo esperanzadoras que brotaban sus palabras cuando nos contaba lo que ellos hacen con su arte en hospitales, barrios y ciudades para gentes castigadas por la pobreza o la enfermedad. Y es que, para bien o para menos mal, una maravilla del teatro es que nos permita ver cómo en el escenario los pájaros pueden meterle miedo a las escopetas.

Entonces, con más preguntas que respuestas allí mismo, en el tren, escribo el primer párrafo para este artículo: “Curioso invento este del teatro que cuando uno ve sobre el escenario a Julieta o a Othello está viendo al mismo tiempo a unos contemporáneos”.

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