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Todas las imágenes pertenecen a Fair Play, la obra con la que han estado en la Cuarta Pared.

Juan Vinuesa

El coraje de arriesgar ya supone todo un éxito. Sin duda, correr un riesgo es fusionar disciplinas como el teatro y la danza, investigar las inquietudes de las generaciones potencialmente perdidas por las circunstancias o volcarse en un proyecto que gira sobre un tema tan denostado artísticamente como el fútbol; enseñanzas y temas materializados en la trayectoria de Rajatabla Teatro.

La compañía nació en 2007 para dar rienda suelta a la experimentación y crecimiento artístico de sus fundadores: la coreógrafa Esther Tablas y el director de escena Antonio C. Guijosa. Su primer montaje, Enfermedades del Silencio, abordó, a través de la danza y la interpretación dramática, una dura reflexión: el entorno de las personas que padecen alguna enfermedad mental y cuya calidad de vida depende de un despiadado péndulo, la aceptación de la sociedad. Este montaje, premiado en el Certamen de Coreografía y Danza Española y Flamenco en su edición de 2007, supuso el primer espolón en su filosofía: la consideración del intérprete como creador integral.

Esther Tablas,  titulada en Danza Española por el Real Conservatorio Superior de Danza de Madrid y en Coreografía e Interpretación por el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila, se estrenó como directora con este montaje e inició así una carrera en constante ascenso. Además del trabajo con su compañía, Tablas ha participado en proyectos teatrales de gran éxito como El perro del hortelano de Laurence Boswell.

La vertiente más dramática de la danza ha sido el telón de fondo de otras dos funciones de Rajatabla Teatro: Desnuda y Juntas: El mismo camino. Por otro lado, el aspecto puramente teatral de la compañía lo dirige Antonio C. Guijosa. Licenciado en Dirección Escénica en la RESAD de Madrid, ha trabajado regularmente como ayudante de dirección de Ernesto Caballero en montajes como Presas, Morir pensando matar, Hedda Gabler o La colmena científica. Guijosa desempeñó el mismo cargo en obras como Juego de 2 o En la roca y, recientemente, ha colaborado con la sala Cuarta Pared en los proyectos de Espacio Teatro Contemporáneo (En Blanco 2009, Otras Voces y En Blanco 2010).

La primera creación puramente actoral de la compañía fue Entre bobos anda el juego, texto en el que Rojas Zorrilla introdujo una extraña paradoja: el desprecio al dinero contrapuesto al sometimiento de las reglas que éste impone. “El montaje se distanció un poco de la línea de la compañía, pero recorrer varios caminos te hace afianzarte en el que uno cree”, confiesa Guijosa. Camino en el que decidieron dar un intrépido paso con su próximo montaje: Fair Play.

Acuerdo entre fútbol y arte

La llegada de Fair Play, donde el fútbol no es más que el subterfugio para adentrarse en el ser humano y sus ahogos internos, surgió “por azar, como casi todas las cosas buenas en la vida”, confiesa Guijosa. El montaje hace así válida aquella sentencia de Albert Camus: “aprendí del fútbol lo que sé del hombre” pues, en él, el poder, la venganza, e incluso la acusación de asesinato utilizan al deporte rey como pretexto para presentar las tinieblas del comportamiento.

La obra nace del laboratorio, centrada en dramaturgias innovadoras, En Blanco de la Sala Cuarta Pared, donde estuvo programada el pasado mes de octubre con casi un 80% de ocupación de público. El autor del texto es Antonio Rojano, un cordobés que, a pesar de sus 29 años, ha adquirido una experiencia y reconocimiento profesional no acorde con su edad. No en vano, posee galardones como el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca por Sueños de Arena. Su texto La decadencia en Varsovia recibió dos premios: el Marqués de Bradomín y el Romero Esteo. Además, el Caja España de Teatro reconoció su talento en El cementerio de neón y formó parte de la Residencia Internacional en el Royal Court Theatre de Londres de 2010.

“No hay textos de algo tan presente en nuestra sociedad como el fútbol”, subraya Rojano, y recuerda que el tema “no se suele afrontar directamente y parece que hay cierto temor a dar con él”. Sin embargo, el autor no duda en confesar que para nosotros el fútbol es una excusa para hablar de las personas y sus conflictos.

Fair Play pasó de ser un borrador de cinco páginas en un encuentro de jóvenes dramaturgos británicos y españoles en el Royal Court Theatre de Londres,  a los casi noventa minutos de función actuales, trabajados en el taller de la Sala Cuarta Pared, y dirigidos por Laila Ripoll. Tanto la sala como Ripoll son, según Rojano y Guijosa, las dos responsables de que Fair Play se transformara en una realidad escénica.

Un elenco consistente

El reparto está formado por una serie de actores que, a pesar de mezclar juventud y veteranía, comparten una sólida trayectoria y entrega a la profesión: el actor Roberto Saiz ha tomado parte en el último proyecto de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, así como en los repartos de El burlador, el perro y la vida o Peter Pan. Fael García ya colaboró con Rajatabla en Entre bobos anda el juego y, entre otros, ha trabajado en In nomine Dei o Bodas de Sangre de la mano de José Carlos Plaza. El veterano del grupo, Juanma Navas, y al que los demás llaman cariñosamente “el maestro”, cuenta en su dilatada trayectoria con éxitos teatrales como Las Aventuras de Tirante el Blanco, Te quiero Zorra, No es verdad o Flor de otoño. Por su parte, Samuel Señas ha participado en los trabajos de Pérez de la Fuente: Angelina o el honor de un brigadier o La vida es sueño, además de en Volvió una noche de José Luis Alonso de Santos. Finalmente, el nigeriano Esosa Omo formó parte de los elencos Asamblea de mujeres de Laila Ripoll y Transit, o Lamar; mientras que Maya Reyes afianza su trayectoria con montajes como Un bobo hace ciento para la Compañía Nacional de Teatro Clásico o La bella Aurora.

Según revela el reparto, “el trabajo empezó como un proceso que no sabíamos dónde iba a llegar pero ha sido tan especial que ahora queremos más”, cuentan mientras no dudan en señalar al director como uno de los causantes: “gracias a su saber hacer, en este vestuario hay muy pocos trapos sucios”.

El fútbol sufre de una hostil ingratitud, en la que una sola derrota hace olvidar el sabor de un conjunto de victorias. Sin embargo, el teatro y esta compañía obsequian al espectador con algo que no perece: un punzante espejo para revisar su conciencia.

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