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Pliar Ordoñez

Cuando me fui a vivir a 40 km de Madrid, entendí que todos los días no podía estar bajando y subiendo a la gran ciudad, así que decidí tener una rutina más relajada y empezar a buscarme la vida en Valdemorillo que es donde pensé poder permanecer los próximos años.

Una de las primeras cosas que hice fue apuntarme a clases de Pilates en el polideportivo municipal. En cuanto empecé, me di cuenta que eran unos movimientos muy visuales y a través del espejo descubrí toda una coreografía digna del mejor espectáculo. Allí conocí a mis compañeras, me llamó la atención que al ser clases municipales, la gente que se apuntaba era de lo más variopinta, y pensé que ninguna de estas personas nos habríamos conocido de no haber sido por el Pilates, ya que era lo único que nos unía.

Las protagonistas de esta aventura.

Un par de arquitectas, la dueña del bar del pueblo, una enfermera de psiquiátrico y una funcionaria de ayuntamiento me hicieron sospechar que la amistad entre mujeres podría darse, aunque no se tuviera nada en común. Un día decidimos ir a cenar juntas y eso me hizo conocer la vida personal de todas ellas. La profe tenía problemas con su pareja, a la del bar se le acababa de morir su padre, la que trabajaba en el psiquiátrico tenía un hijo enfermo y la arquitecta acababa de tener un aborto involuntario.

A partir de entonces empecé a pensar en cuantas ocasiones habría asistido a un montón de clases de distintas materias, sin percatarme lo que les podía estar sucediendo a las personas que en ese momento estaban más cerca de mí. Y sin embargo mis ansias de solidaridad me habían llevado hasta Bagdad, Sahara, Palestina… en busca de vidas diferentes a la mía en las que poder ejercer mi cuota de concordia y apoyo. Resulta que aquello también era real y ni siquiera me había dado cuenta que la gente más cercana a mí, necesitaba una ayuda que no pensaban pedir.

Con todas estas ideas, concluí en hacer una obra de teatro. Hablé con un guionista y algunas compañeras, intentando crear un guión que pudiera recoger el sentir de estas tipologías de mujer.

La verdad es que no me fue nada fácil y mucho menos rápido, no nos pusimos de acuerdo y opté por llamar a algunas de las artistas con las que había colaborado en un espectáculo anterior, les expliqué mi idea y les encantó. Quizá porque en otras disciplinas están más acostumbradas a hacer de todo, o quizá porque confiaban más en mí. El hecho es que en cuanto hablé con mis compañeras actuales todo surgió como la seda.

Entendieron perfectamente el proyecto y me asocié con ellas en una cooperativa de la que todo está todavía por ver. Y así de una función de teatro pasó a convertirse en un espectáculo multidisciplinar llamado “Pilates, 4 mujeres, 4 causas”.

En marcha

Esmeralda Grao (cantante), Judith Mateo (violinista), Alma Sanz (bailarina), y yo misma, Pilar Ordoñez (actriz), formamos un elenco de lo más disparatado y versátil, pero quizá por eso más entendible entre nosotras. Al ser las cuatro autoras, propuse que cada una se encargara de un apartado dentro del espectáculo para que este dividiera en cuatro partes los derechos de autor y de esta manera todas fuéramos iguales.

Dicho y hecho, empezamos los ensayos. El mayor reto era escribir y dirigir a mujeres que no eran actrices. Alguna ya había hecho sus pinitos como actriz pero otras era lo primero que hacían. Utilicé al principio los ensayos como tormentas de ideas, dándome cuenta que al ser todas ellas muy creativas, de ahí iban saliendo muchas impresiones con lo que conformar el guión. Eso y un contenido social importante con los temas de mujer como nexo de todas las historias, y utilizando las clases de Pilates como hilo conductor, hicieron de este espectáculo un homenaje a todas aquellas mujeres que luchan diariamente por la supervivencia, en las diferentes sociedades en las que nos ha tocado vivir.

Los personajes los fui acercando a la personalidad de cada una de ellas sin perder en ningún momento el contenido que quería difundir. Y conseguí que todo aquello sonara natural y llegara al espectador. Tras un ensayo que hicimos con público surgieron unos cuantos comentarios distintos y la conclusión de que el espectáculo pedía más texto, en contra de lo que yo había planificado desde el principio, más como un concierto pop que como una función de teatro.

Tras añadir unas cuantas escenas de texto y dejando bien definidos cada uno de los personajes, este espectáculo se ha convertido en una comedia musical moderna, donde los diferentes números no aparecen sin sentido alguno, sino que tienen un porqué. Quizá sea un nuevo concepto de comedia musical.

Al vender el espectáculo a los diferentes ayuntamientos o intentar conseguir ayudas y patrocinadores, todos coincidían en lo mismo, necesitan un DVD, para poder ver el espectáculo antes de comprometerse a nada. Eso nos ha llevado a preparar un estreno oficial en Madrid, donde mientras grabamos la función invitamos a personalidades de la cultura para darnos mayor difusión. Elegimos la sala de conciertos Galileo Galilei, porque nos pareció que si la gente se estaba tomando una copa mientras lo veían, seguramente saldrían más contentos.

Pero claro, no es el lugar más adecuado para tener todo el juego de luces que requiere cualquier función de teatro, así que para suplirlo pensé en incorporar unos visuales que nos sirvieran de decorado a la vez que nos arropaban en las diferentes coreografías de las clases de Pilates, entendiendo que aunque todas nos movemos, solamente una de la nuestras es bailarina.

Dificultades y triunfos

Me habían hablado de una chica mexicana que hacía vídeo creación, lo que se conoce habitualmente como visual jey, VJ. Enseguida me puse en contacto con ella y llegamos a un acuerdo, tanto económico como creativo, ya que los técnicos no son solidarios por definición ni crean cooperativas, te cobran lo mismo que si del musical de Mecano se tratara.

Como cada una teníamos nuestros propios bolos y clases, se hacía muy difícil coordinar a todas para los ensayos. Así que fijamos un día a la semana en un horario que a todas nos venía bien, y empezamos a ensayar en una casa que tiene una de las compañeras en Madrid. Lo difícil fue poner el espectáculo en pie, ya que había que encontrar un teatro que nos cedieran gratuitamente pues hasta ese momento todo lo que habíamos ido comprando lo fuimos pagando entre las cuatro ya que no teníamos una producción a quien poder pedirle nuestras necesidades como si de los padres se tratara.

Alma Sanz, la bailarina de nuestro elenco, habló con su concejala de cultura y consiguió que nos dejaran el teatro de Yuncos completamente gratis para ensayar. Pero como cada una vivimos muy alejadas de las otras, es decir, una vive en Cuenca, otra en Yuncos (Toledo), otra en Alcobendas y yo en Valdemorillo; para más inri la VJ mexicana vive en Salamanca. Así que incluso en el mejor de los casos, ensayar constituía un doble esfuerzo de kilómetros, gasolina y tiempo.

Salvadas todas esas vicisitudes, todavía teníamos que hacer la comunicación para que el día del estreno, la Galileo estuviera llena de gente y todo nuestro sacrificio no hubiera sido en vano. Y aquí me tenéis hablando con unos y con otros, mandando e-mails, sms y creando un evento en Facebook. En fin, que para que algo salga bien, el sacrificio es brutal. Una vez pasado el estreno y esperando que guste la obra, todavía me queda inscribirme en las diferentes redes de teatro, e intentar vender bolos como sea.

Hoy en día, si no te generas tu propio trabajo, no hay manera de hacer nada. Hasta el punto que incluso las entrevistas te las tienes que escribir tu sola.

Para que luego digan que las mujeres de este país no trabajan.

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