Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Vanesa Espín

“Nuestro trabajo nos exige dos cosas, la primera hacerlo de la mejor manera posible, y la segunda, la conciencia de que es un compromiso para luchar contra todo aquello, que de una manera u otra, pone en peligro la cultura, es decir, el conocimiento. Sea diciendo no a la guerra, sea diciendo no a la crisis, que ellos han provocado, sea diciendo, sobre todo, NO AL RECORTE DE PRESUPUESTO DE CULTURA”.

En enero de este año, nuestro compañero Jordi Dauder recogió el premio Gaudí de Honor y, en su discurso de agradecimiento, nos dejó estas palabras. Visionario siempre y lúcido pensador de la realidad política, no sé si se imaginaba hasta dónde íbamos a llegar.

La idea de hacer de la cultura una mercancía sujeta a las leyes del mercado es tratar a los bienes culturales como un producto más, sin entender que es la cultura lo que define nuestra identidad. La cultura es un bien social no un simple entretenimiento. Y no es que los poderosos no lo entiendan, al contrario, es que saben demasiado bien que un pueblo culto es más difícil de domesticar.

¿Se imaginan una ciudad sin cine, sin teatro, sin museos, sin libros, sin fotos, sin exposiciones, sin cuadros, sin esculturas, sin poesía, sin música, sin actores, sin directores, sin escritores, sin pintores, sin fotógrafos, sin nada de cultura en ningún rincón de la ciudad? ¿Podría el ser humano vivir ahí?

La situación hoy por hoy es crítica. El recorte de las subvenciones a la cultura es cada año mayor, parece ser que es lo que menos importa a una sociedad civil que está a un paso de ser despojada de derechos sociales fundamentales como son la sanidad y la educación públicas.

Recientemente se realizaron asambleas de manera simultánea en 13 ciudades de España para tratar el asunto. En la Sala Cuarta Pared de Madrid se reunieron más de 150 profesionales del sector de las artes escénicas; el diagnóstico resultó desolador: al recorte de subvenciones y el paro endémico de los actores y actrices se sumaban los impagos de muchos ayuntamientos e instituciones públicas que estaban obligando a un montón de compañías a echar el cierre. Sin embargo, un atisbo de esperanza se vislumbra en el horizonte: la posibilidad de unirnos para luchar contra aquello que se presenta como irremediable.

Nuestro sector es complejo, pero esta debacle institucional está consiguiendo germinar un movimiento de lucha. Los profesionales del sector estamos cada vez más cerca y hablamos mucho últimamente. En nuestra mano está conseguir que la victoria de los poderosos no sea tan arrolladora. No queremos limosnas ni apelamos a la caridad, el acceso a la cultura es un derecho constitucional que debe estar garantizado; no sólo porque la Constitución Española así lo recoja en el artículo 4, sino porque la cultura nos permite ser quienes somos, porque nos constituye como personas y como pueblo.

Jordi Dauder, allá donde esté, estará celebrando que digamos que no a los recortes en la cultura.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn