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Héctor Melgares

 

Bruce Myers, junto a los alumnos/as del curso.

Myers y los alumnos observan la intervención de un
compañero durante la clase.

Cuando me enteré de que la Unión de Actores organizaba un curso con Bruce Myers inmediatamente quise participar en él. Tener la oportunidad de trabajar con uno de los actores más importantes de la escena a nivel internacional, miembro de la Royal Shakespeare Academy, era un lujo que no quería perderme.El primer día, tras la presentación, Bruce nos habló de lo que íbamos a hacer y de lo que esperaba del curso. Alumnos y oyentes fuimos conociéndonos poco a poco, y nos pusimos a trabajar a lo largo de ocho días.

Para participar en este curso era imprescindible tener un alto nivel de inglés, y prepararse algún texto que el alumno podía elegir, no teniendo que ser necesariamente clásico, pero sí llevarlo memorizado. A primera hora de la mañana, trabajo de improvisación, voz, movimiento, sonidos, etc. Una lectura rápida de cada uno de los textos daba paso a juegos para calentar e interpretar.

El tiempo pasaba volando

Sonetos de Shakespeare, risas y carcajadas. Así comenzó nuestra semana. Las clases “a su marcha” fluían como el viento, daba gusto estar allí, el tiempo pasaba volando. Pero sin duda alguna, uno de los mejores momentos llegaba cuando Bruce en medio del silencio recitaba los versos de Shakespeare. Entonces se producía una emoción general de reconocimiento de un gran actor.

Tanto para los actores que estamos empezando en este mundo de la interpretación, como para los que ya llevan muchas tablas a sus espaldas, este curso sirvió para “volver a empezar”. Cada uno teníamos nuestro nivel de inglés, unos pronunciaban mejor, otros memorizaban peor… pero el entusiasmo era el mismo en todos.
Este curso, sin duda alguna, no hubiera sido igual sin mis compañeros, buena gente y grandes profesionales, que con una gran dosis de humildad hicieron que todo fuese más fácil.

Llegó el último día y sabíamos que esto se acababa, y entre abrazos, nos dijimos “hasta pronto”.


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