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La semana pasada tuve la fortuna de poder asistir al “Encuentro profesional con Will Keen”, organizado por la Unión de Actores. Tener la oportunidad de charlar con un actor de la categoría de Keen es realmente un lujo. Tras su paso por Eton College, se licenció summa cum laude en literatura inglesa en la Universidad de Oxford. Especializado en Shakesperare, Will Keen es hoy en día uno de los actores de teatro británicos más reputados. Actualmente protagoniza el Macbeth de la compañía Ckeck by Jowl, dirigido por Declan Donnellan.

En la charla Will empezó diciendo que no podía definir lo que es ser un actor. Él lo concibe como un puente entre el autor y el público. Para él, el trabajo del actor debe hacerse desde una “estupidez elegida”, desde el no saber para dejarnos sorprender continuamente. En el trabajo del actor hay mucho de niño y hay que dejar jugar al personaje, no a la percepción que tenemos de él. Hablando del proceso de la creación del personaje, ha comentado que a él le gusta hacerlo desde lo que no sabemos de él y considera que lo importante es escuchar sin prejuicios y huir del producto final, centrarse en el proceso, en el vivir momento a momento. No hay que juzgar las emociones, sino vivir el proceso, porque eso ayuda a llegar al “no saber”, a la estupidez elegida que nos permitirá sorprendernos en cada función. Considera que el personaje nace de nuestras contradicciones y el momento mágico de la creación del personaje es cuando le siente por primera vez, como cuando era un niño. A partir de ahí investiga sobre pequeñas modificaciones corporales para sentirse como personaje y en los puntos del cuerpo donde cada personaje centra la energía.

Confianza en uno mismo

Para Keen la confianza en uno mismo es el 99% de las herramientas del actor. Sin esa confianza no puede arriesgar, el miedo le bloquea y no puede “relajarse” para vivir de verdad la escena. Defiende que una de las claves de la interpretación es perder el miedo a perder el control. Hay que atreverse a relajar el control sobre uno mismo para llegar a tenerlo de verdad. Sorprenderte cada día en escena te da el verdadero control y la seguridad, aunque pueda parecer lo contrario.

Para Keen, como para Donnellan, la palabra es acción porque los personajes no hablan para exponer o describir, sino para conseguir algo del otro. En sus talleres trabaja sobre ésta y otras dos premisas muy claras: la primera consiste en conseguir que hablar en verso no sea “decir poesía”, sino hablar con las tripas y con el corazón. Y la segunda, para el teatro del Siglo de Oro, hacer del espectador un personaje más al que se le quiere comunicar para obtener algo. En este sentido Keen comenta que cuando actúas en el Shakespeare´s Globe Theatre te das cuenta, por la disposición del público en la sala, de que es materialmente imposible ignorarlo, de que Shakespeare escribía considerando al público como un personaje más de sus obras. Incluso sus monólogos están escritos para ser dichos como diálogos con el público. Para Keen, el actor debe definir desde el personaje quién es su público. El público de cada función es absolutamente diferente para cada personaje. Según Keen, en Shakespeare, el público siempre pertenece al estrato social inmediatamente superior al de cada personaje.

Con respecto al público que asiste a ver las obras de Shakespeare, Keen considera que hay que enfrentarse a él. Por eso, al interpretar Shakespeare, no existe la cuarta pared. La única manera de vencer al miedo es enfrentándote a él. “Si no te enfrentas al público cara a cara, te pasarás toda la función escondiéndote de él, huyéndole, y así es imposible vivir la verdad de lo que está pasando”. Keen recuerda que lo peor que puedes hacer como actor cuando tienes un monólogo de Shakespeare es ir al proscenio y tratar de ser interno: lo que hay que hacer es hablar de verdad con el público. Esto, sin embargo, no sirve para otro tipo de teatro, como el de Chéjov, por ejemplo.

Keen nos ha explicado las diferencias entre el mundo teatral británico y el nuestro, que son muchas, desde que allí se pagan por igual los días de ensayo y los de función, a otras diferencias mucho más importantes como es el papel de los directores. En la cultura teatral británica los artistas son los autores y los actores y los directores están para facilitar su trabajo. Para Keen, dar el poder que se les da a los directores aquí supone una dificultad añadida al trabajo del actor ya que, en lugar de proponer y tener libertad para poder arriesgar sin miedo a equivocarse, muchas veces el actor tiene que acatar las directrices que le da el director, lo que le lleva incluso a extremos de autocensura, renunciando a proponer las propuestas que de verdad considera mejores y sobre las que querría investigar (en la compañía Check by Jowl, de Donnellan, lo normal es que hasta el escenógrafo plantee la escenografía a partir de las recomendaciones del actor).

Keen es una persona que se interesa por todo lo que le rodea (el actor debe ser un observador minucioso, nos dice), por llegar a la verdad (es el objetivo de todo actor) y, sobre todo, por intentar hacer que éste sea un mundo mejor (que es la responsabilidad de todo ser humano) porque, recordándonos lo que dice Judy Dench, es de los que cree que un actor jamás podrá ser mejor como actor que como persona.

Carlos Olalla

Extracto del blog
www.clandestinodeactores.com/laplacenta




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