El cine interminable

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enfoques_cine_2Mal que bien las cosas están como están. Quizá empezó porque un día el cine Chamartín no estaba ya allí… Simplemente había desaparecido. No había nada y la nada no se parece a nada, como si uno se quedara ciego al mirar ese lugar. ¿Qué lugar? El lugar de la Nada.

Imponente resonaba su embestida: Aquí el Tetuán, allá el Savoy; aquí el Carolinas, allá el Versalles; aquí el Murillo, allá el Europa; aquí el Montija, allá el Metropolitano, y aquí el Cristal y allá el Lido. Porque aquí y allá la calle Bravo Murillo, de Cuatro Caminos a Plaza de Castilla, se quedó sin cines (hoy el cine Renoir Cuatro Caminos está más allá que acá). Uno vivía Madrid en los cines.

Kilómetros y kilómetros devastados: Novedades, Benlliure, Apolo, España, Magallanes, Quevedo, Emperador, Florida, París, Dúplex, Goya, Río, Falla, Los Ángeles, Fantasio, Bogart, Cid Campeador, Tívoli… Porque la Nada avanzaba y lo llamaban, no Trinidad sino “el cambio de los tiempos”, porque ahora se veía el cine de otra manera, pero no se veía para nada en esos cines que habían cerrado. Y se cerró los ojos.

Febril seguía durmiendo cuando la Nada alcanzó la Gran Vía y para qué te quiero ver si ya no veo el Coliseum, ni el Lope de Vega, ni el Rialto, ni el Gran Vía (colonización de musicales a una raíz cultural que se llena de lágrimas sin sonrisas). Avenida azul donde el Imperial Pompeya inmortalizó el Palacio de la Música Rex. Y la Nada seguía borrando la memoria, me moría.

enfoques_cine_1Justo en el momento de “anadar” un penúltimo valuarte alzó la voz: Salvemos los cines de la calle Fuencarral… Minicines, Roxys, Bilbao y Fuencarral decapitados. El Paz sin paz y el Proyecciones sin proyectar porque ahora “la cosa” va digitalizada, ya no habrá películas porque devendrá en “disqueteras”. Adiós, fotogramas, adiós. Hola píxeles. Y se alzó la voz: “Salvemos los cines”.

Hacia el cielo volaba el grito, un grito que el 2 de abril de 1997 lanzaba el añorado Juan Luis Galiardo: “El cine USA, según su diseño mental de todo lo audiovisual, es una industria SUYA, todos los mercados son suyos (…), por las Navidades, Dumbo, pasan las Navidades y entonces una de excombatientes y luego los Oscars. Llega el verano y Dos tontos muy tontos. Y es la misma cartelera en Madrid, Roma y Berlín. No hay más distribuidora española que Alta Films, el problema es que no quedan distribuidoras de colegas de guateque, vamos al guateque, estamos en la misma historia, estamos tomando la misma sangría; bueno me tocarás a la novia, pero algo de sangría nos llevamos juntos. El problema es que la gente del guateque viene a llevárselo todo y no a compartir el rock and roll. Abruma la vigencia de las palabras, mira las “tropecientas” copias de Iron man 3 o El hombre de acero, he aquí unos “supermanes” que vienen a “salvar la taquilla” (que vienen a llevárselo todo).

Recia y pesadamente los cines desaparecen de las calles (el telón cayó para el Madrid, Luna, Luchana o Cervantes), para esconderse en los centros comerciales, la invasión cultural USA es un hecho (pues Eurovegas), configurar el cine como mero entretenimiento para que no llegue a concebirse la capacidad de pensamiento, cine para mentes “quinceañeras”, pues toma Marea letal, de John Stockwell, una cosa de tiburones que pegan mordiscos, tan banal que los actores pasaron de la película para encontrar lo sustancial de la vida, ¡qué bonito es el amor!, ¡qué película más mala! En definitiva, que Halle Berry y Olivier Martínez ya están esperando descendencia. ¡Qué bonito es el amor!

Los aludes se precipitaban, solo cabe combatir a la Nada con la Fantasía, buscar nuevas maneras de ver y a ello nos conminan el Pequeño Cinestudio Magallanes, la Sala Berlanga o la reciente inauguración del cine Artistic Metropol. Cine de resistencia y cine para sentir la fuerza del paisaje y la naturaleza humana nos propone Chaika, de Miguel Ángel Jiménez, aquí el corazón late porque hay vida en la desolación, hay poesía en la mirada, hay un misterio susurrante, hay personajes que sangran y, por encima de todo, hay cine. Buen cine español.

Purpúrea caía la luz proyectando cine de reestreno a precios módicos en oferta veraniega, crisis presente en el espectador, crisis presente en el cine. Ante ello bien cabría aunar voluntades con 500 butacas para un cine de sesión continua a cinco euros. Programas dobles: Somos gente honrada, de Alejandro Marzoa, que retrata una sociedad (donde no hay ladrones porque ahora bien cabe “robar” legalmente) imbuida en la crisis del paro, una desintegración paliada por el seno familiar y un golpe de ¿fortuna? que sitúa a los protagonistas en la tesitura moral, comedia agridulce donde destaca Marisol Membrillo aportando una personalidad incólume, reseñar la verdad que transmite esa vivienda de 60 metros cuadrados, e Hijo de Caín, de Jesús Monllaó Plana, habita en la alta burguesía de chalet de lujo con piscina incorporada donde los secretos y las mentiras fluyen en este thriller hierático al amparo del ajedrez, puntualizar la notable adaptación del libro de Ignacio García-Valiño (Querido Caín) aportando el fuera de plano y la mágica atmósfera de la escuela de ajedrez con un Jack Taylor derrochando maestría, amén de la revelación de David Solans y su mirada perturbadoramente gélida.

Cuando el ruido dinamita estos “cinema paradiso”, la Nada se agiganta, más bien cabe vivir en las barricadas del séptimo arte, la mente se retrotrae a aquellas luces que eran los cinestudios, clases magistrales de cine, con el añorado Griffith (aquel 25 de febrero de 1985, con el extraordinario programa doble: Cristo se paró en Eboli, de Francesco Rosi, y El árbol de los zuecos, de Ermanno Olmi). Como madre protectora se puede señalar a la Filmoteca Española con su denuedo por la conservación y restauración de esas latas que contienen la vida de los fotogramas, amén de ese cine Doré que proyecta las imágenes de nuestra savia, véase los recientes ciclos (“La subversión de la moral del deseo en la Transición” o “Centenario de Rafael Gil”); ahí queda la sede de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas con su cine multicolor que gratuitamente ilumina las escenas de nuestro ser (ya con el ciclo homenaje a Concha Velasco por su Goya de Honor, ya la III Muestra de Cine Indie Español, donde se rescató a Orson West o Tan antiguo como el mundo), y ahí el reciente alumbramiento de la Cineteca para ser una tangente dando asilo al arma verídica del documental como ente cinematográfico donde vibran los estrenos (véase La piedra, de Víctor Moreno).

Sesgadamente caían las visiones y me aferraba a su oxígeno porque el cine me ha dado luz para sonreír y llorar, ¡cine! Cine de aventuras, cine de terror, cine social, cine musical (cántame “Moon river”). Cine, ¿de verdad llega la Nada total? Que no nos roben la imaginación, aquí empiezo a dibujar una serpiente que se ha comido a un elefante…

Autor: José María Ruiz

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