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Fernando Delgado (Porcuna, Jaén, 1930 – Madrid, 2009) era de esos actores que están en el imaginario colectivo de varias generaciones de españoles. Sobre todo de aquellas que seguían fielmente TVE (llegó a tener casi dos mil intervenciones) y especialmente el programa Estudio 1, que dirigió durante años, y que aún hoy la profesión teatral y muchos espectadores tanto añoran.

Delgado falleció el 15 de junio a la una del mediodía en Madrid, a los 79 años, a consecuencia de un EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) que padecía hace años y que le fue retirando poco a poco de los escenarios y las pantallas. Su última intervención en cine fue como padre de Elsa Pataky en Ninette (2006) de José Luis Garci. En teatro a duras penas pudo finalizar las representaciones de La vida de Juan Ramón Jiménez, bajo la dirección de Salvador Collado y con la gran María Jesús Valdés como compañera de reparto, ya que en las últimas funciones salía al escenario con una bombona de oxígeno que precisaba para respirar. Delgado pertenecía a una saga de actores (era hijo de Luis Martínez Tovar y de Julia Delgado Caro) que continúa tras él con sus hijos mellizos Alberto, actor de cine, teatro y televisión y Fernando, que tiene una compañía de clowns. Su hija Julia es la única de la familia que no continúa la tradición.

Delgado, que nació en Porcuna (Jaén) durante una gira de sus padres, quizá sea uno de los actores que más tiempo ha ejercido su oficio, debutando en teatro con seis meses de edad en la compañía de su madre cuando necesitaban un bebé y, ya a tan corta edad, hizo varias funciones. Pero ahí no queda todo ya que también tuvo papel a los cuatro años en Numancia, de Cervantes en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. En la década de los años cuarenta empezó a incorporarse a muchos montajes y es en 1949, con el estreno de Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, cuando se convierte en un reconocido actor a pesar de su juventud. Aunque su carrera cinematográfica no fue tan rotunda como la teatral, participó en varios filmes bajo las órdenes de directores como Romero Marchent, José Antonio Nieves Conde, Pedro Lazaga, Mariano Ozores, José María Forqué, Carlos Saura, Pilar Miró, Juan Caño, José Luis Garci y Agustín Díaz Yanes.

Fernando Delgado y su madre,
la gran actriz Julia Delgado
Caro.

Entre sus trabajos teatrales destacan Caimán, Velada en Benicarló, El jardín de los cerezos, Materia reservada y Hazme de la noche un cuento, aunque participó en muchos montajes basados en textos clásicos y autores contemporáneos. Uno de los grandes éxitos de su carrera teatral fue Una jornada particular de Ettore Scola con Esperanza Roy y bajo la dirección de José Carlos Plaza, con quien también trabajó en otras ocasiones. Plaza comentó ayer nada más conocer la noticia que era un gran compañero: “Tuve la suerte de trabajar con él y tratarle personalmente; ahora me viene muy intenso su recuerdo, el de un hombre muy tranquilo, muy profundo, y que en su trabajo le gustaba ahondar y hacer las cosas con lentitud, sin duda como contraste a su trabajo en televisión”, y añadió “era fantástico y un ser humano muy divertido, marcado por un irónico y maravilloso cinismo que le proporcionaba haber vivido y trabajado tanto”.

Pionero de TVE y maestro

Su hijo Alberto comentó: “Es uno de los últimos maestros de esta profesión ya que pertenecía a una generación asombrosa, con Rodero, Fernán-Gómez, Bódalo, Irene Gutiérrez Caba y otros que tuvieron que inventar la televisión”. Tanto Alberto como otros compañeros del actor que se pasaron por el Tanatorio madrileño de la M-30, donde estuvo instalada la capilla ardiente, comentaron que fue uno de los últimos exponentes de maestros autodidactas y además grandes vividores. Desde que se instalara en el Tanatorio de la M-30 de Madrid la capilla ardiente con los restos mortales del gran actor, no cesó un permanente desfile de amigos y compañeros de trabajo. Ese mediodía Delgado fue incinerado en el crematorio del Cementerio de la Almudena. No faltó la representación del Ministerio de Cultura con la presencia de Félix Palomero, director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, que excusaba la ausencia de la ministra Ángeles González-Sinde, quien hasta el último momento quiso acudir a despedir al actor, al que conocía personalmente, aunque su trabajo se lo impidió.

Manolo Collado, quien tuvo la dolorosa circunstancia de despedirse de dos personas queridas de la profesión fue la familia Gutiérrez Caba. Emilio se pasó por la capilla ardiente de Fernando Delgado, la numero tres, y todos creyeron que se había desplazado hasta allí para despedir a su amigo, cuando en realidad él estaba en la capilla ardiente número trece velando el cuerpo de su cuñado el productor, actor y director Manuel Collado Álvarez, marido de la inmensa Julia Gutiérez Caba, dato que tuvo que ocultar ya que Collado pidió expresamente en vida que no se diera a conocer su fallecimiento hasta que no fuera incinerado, algo que se ha hecho a las cuatro de la tarde de hoy. “Fue un monstruo total, y yo le he vivido de monstruo, sobretodo cuando trabajamos juntos en Los viejos no deben enamorarse, de Castelao, compartimos camerino y le ayudaba incluso a ponerse las botas, aquel camerino era un desfile continuo porque Fernando era un gran seductor, de hombres y de mujeres, tenía un encanto especial, toda nuestra profesión tiene anécdotas con él porque fue un hombre que nunca pasó desapercibido por nuestra vidas tanto artísticas como personales”, comentaba el actor Fernando Chinarro, quien destacaba de Delgado, al igual que otros compañeros, la gran memoria que tenía, capaz de memorizar en tres días una obra de 80 folios de los que 50 los tenía que decir él. “Eran unos monstruos gente como Paco Morán, Pablo Sanz, Jesús Puente y él”, dice Chinarro a lo que añadió su compañero Pepe Sacristán: “Y encima lo hacían bien, tenía una maestría impresionante, Fernando era la leche, y la época en la que eran pioneros de televisión había que tener unos reflejos inimaginables, en aquellos tiempos de los inicios Delgado fue fundamental en nuestra profesión”, comentaba Sacristán junto con otros compañeros que recordaban el permanente buen humor de Delgado y las bromas que gastaba. Comentaron como una vez que llegó al edificio de Televisión Española y el guarda de la puerta no le dejaba acceder porque se le había olvidado el documento de identidad, el actor tuvo la ocurrencia de decirle que tenía que dejarle pasar porque era el violador oficial de RTVE. Finalmente pasó con el realizador que se lo encontró en la puerta discutiendo con el guarda. Muy cercano a la familia estuvo Salvador Collado quien trabajó en varias ocasiones con Delgado y con quien mantenía una especial amistad que se remonta a décadas atrás. Collado recordaba ayer los trabajos que hizo con él y su hermano Manuel y, sobre todo, el que terminó siendo el último de Delgado: La vida de Juan Ramón Jiménez. Su última representación en la Universidad Carlos III y junto a María Jesús Valdés, la tuvo que hacer enganchado a una pequeña bombona portátil de oxígeno que le ayudara a respirar. “Ahí se dio cuenta de que no podía continuar y fue muy duro, ha sido una gran pérdida para el teatro”, comentó Collado, su último director escénico.
“Pertenecía a una generación excepcional”, señalaba su compañera Gemma Cuervo, con quien trabajó en varias ocasiones, “era inteligente, divertido, un encanto de persona, se están yendo los grandes de una generación irrepetible, tengo un dolor tremendo porque se va extinguiendo una escuela irrepetible, vocacionales empedernidos, sin fisuras y todos nos hemos respetado, querido y amado”.

La gran familia del teatro

La actriz Ángeles Martín, muy relacionada con toda la familia de Fernando Delgado, hasta el punto de ser la madrina de su sobrina nieta, señalaba: “Era mi sangre, mi tío, porque los actores la suerte que tenemos es que somos una gran familia en la que todos nos apoyamos y nos queremos, además Fernando es de los que más ha dado muestra de un gran corazón, porque yo no concibo un actor tan grande como él, sino le saliera desde las entrañas toda su maestría, es imposible que un trabajo así lo pueda hacer alguien que no tenga una vida tan plena y excepcional como la de él”, comentaba la actriz que empezó con él y Amparo Baró en La opinión de Amy, de David Hare, “es el que me ha enseñado a estar en el escenario y me repetía una y otra vez: “aquí estas en casa, no se te olvide’”. Otros compañeros de oficio como Ana María Ventura, Mariano Barroso, Joaquín Notario y Manolo Zarzo, y amigos como el pintor el Hortelano, que acudieron a despedirle, sólo tenían palabras elogiosas para describir a su amigo desaparecido.

Su hijo Alberto comentaba: “Es uno de los últimos maestros de esta profesión ya que pertenecía a una generación asombrosa, con Rodero, Fernán-Gómez, Bódalo, Irene Gutiérrez Caba y otros que tuvieron que inventar la televisión”. Tanto Alberto como otros compañeros del actor que se pasaron por el tanatorio comentaron que fue uno de los últimos exponentes de maestros autodidactas y además grandes vividores. “Tenía un gran amor por la vida, de hecho le dijeron que se tendría que haber muerto hace dos años, pero esta gente son grandes guerreros de la vida y del arte, es una generación maravillosa”, señaló su hijo, perteneciente a la quinta generación de cómicos de su familia.

Rosana Torres, artículo

cedido por la autora y publicado
en El País el 15/06/2009

 

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