El gran teatro del mundo : ‘Hay que recordar…’

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Fernando Fernán Gómez recibe un nuevo homenaje a título póstumo

A continuación reproducimos varios fragmentos del discurso del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el homenaje a Fernando Fernán Gómez del pasado 27 de mayo, cuando se le concedió a título póstumo la Medalla de Alfonso X El Sabio.

Fernán Gómez y Fernando Trueba en el
rodaje de El embrujo de Shanghai

Alguien ha dicho que un país que no crea su propio cine y su propio teatro es como una casa sin espejos: todo son sombras engañosas en las que ningún cuerpo vivo ni ningún sueño encuentra su lugar. Tal vez por eso queríamos tanto a Fernando Fernán Gómez, porque en su obra hallábamos reflejadas las grandezas y las miserias de nuestra historia, y porque en su manera inteligente y poética de enfrentarse a la vida teníamos la posibilidad de ver con qué noble actitud recorrimos los ciudadanos de España el arduo camino que nos llevaba desde una posguerra triste y oscura hasta la democracia de las ilusiones cumplidas. (…)

Por eso, una vez más, y nunca mejor que en este momento de homenaje al que sería con justo título el patriarca de los cómicos, toda la sociedad española tiene que rendirle en su figura la gratitud que les debemos y de la que esta medalla, la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio, quiere ser testimonio.

Fernando Fernán-Gómez mostró, en el escenario de la ciudadanía, el esfuerzo y generosidad de un país capaz de renacer sin renegar de su pasado, sin olvidarlo. Eso hace a Fernán Gómez tan universalmente español: su compromiso con un patrimonio vital, cultural, social, el nuestro, ahormado en siglos de tradición teatral y literaria; su compromiso con nuestra memoria más brillante y más dolorosa, como él mismo escribió en el inicio de El viaje a ninguna parte: “Hay que recordar…”.

Sabio del arte antiguo de la actuación, como los que ya han pasado a ser acervo de una indispensable grandeza cultural, su lucidez hablando del ser humano sólo es comparable con su lucidez a la hora de hablar de España. (…)

Además de sentirse un cómico de la legua, Fernán Gómez se convirtió en un intelectual respetado en todos los ámbitos. Fue el primer actor y cineasta de la Historia elegido miembro de la Real Academia Española. De su mano entraron, al tiempo, la modernidad y la memoria en la institución que vela por el lenguaje, porque no en vano los cómicos siempre han sido la punta de lanza de nuestra sociedad, la vanguardia, los “inventores” de esos espacios de convivencia y dignidad que las palabras construyen, cuando son usadas para el diálogo y no para la afrenta.

Este “obrero de las palabras”, como se describía con modestia, representaba la sabiduría de siglos de actores, directores y escritores que han enriquecido nuestro país desde los tiempos de Lope y Calderón. Fernán Gómez era uno de los depositarios de ese legado, enriquecido luego por las aportaciones de nuestro gran cine, que tanto nos ha enseñado a mirarnos, a entendernos, a respetarnos, a crecer como sociedad y como pueblo, a estar más cerca de todos nosotros, a ser más libres.

Cómicos libres. Estas dos palabras van unidas en el caso de Fernán Gómez de manera indisoluble. Por eso, reivindicar y recordar a Fernando es también reivindicar a los cómicos y reivindicar la libertad, como hizo Fernán Gómez a lo largo de toda su obra, pero especialmente en El viaje a ninguna parte, o en su discurso de entrada a la Real Academia Española…

Después de Fernán Gómez, después de la labor que llevan a cabo diariamente los creadores en nuestro país, nadie puede utilizar la palabra “cómico” con un tono ligero; el cómico, como alguien que se arriesga en el ejercicio de la libertad, para provocarnos o emocionarnos, para mediar entre el público y sus conflictos, entre la sociedad y sus tensiones, y que, a veces, por ello, recibe también las críticas y hasta los menosprecios con mayor facilidad”.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn