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R.A

La noticia de su muerte en una intensa semana de junio, para la Unión de Actores, nos afectó no sólo por saber de quién se trataba, del escritor portugués José Saramago, sino también porque contábamos con su concurso para el comienzo de nuestros homenajes al poeta Miguel Hernández, en el mes de octubre de este año 2010. Sabíamos de su enfermedad, pero también conociendo su compromiso, contábamos con la complicidad de una amiga de su mujer, Pilar del Río. Nuestra amiga y entusiasta colaboradora de la Unión es Asunción Balaguer, la actriz viuda de otro ilustre comunista hasta el final, inmenso actor y poeta terráqueo y celestial a la vez por inspiración natural, muy cercano a nuestra Unión de Actores, como era Paco Rabal.

José Saramago, que nació en 1922 en el pueblo portugués de Azinhaga, en un entorno campesino y como decía él analfabeto, comenzó a conocer el mundo a través de la literatura y así, siendo un escritor tardío, llegó a hacerse conocido por el mundo a través de su obra literaria. En 1998 se convirtió en el primer escritor de lengua portuguesa en recibir el Premio Nobel. Tenía entonces 76 años, vivía en ese paraíso de escenografía lunar, como es el Lanzarote español, y estaba casado también tardíamente con la española Pilar con quien que más allá de su exponente pesimisismo sobre el mundo actual, vivía un romance de aparente felicidad.

El Premio Nobel no sólo significa notoriedad mundial sino también un considerable ingreso económico que puede inducir a que el año sabático que siga se convierta en un plácido retiro contemplativo muy cercano a la jubilación. En lugar de adentrarse en esa experiencia, Saramago escribió entonces La caverna, una parábola descriptiva, como las que tanto le atraían (había escrito El Evangelio según Jesucristo), en la que escribió acerca de la jubilación y el retiro que te puede imponer la vida, sobre el miedo a la tercera edad, que con el devastador consumismo que imponen los centros comerciales, se convierte en pánico a la prejubilación obligada, a la pérdida del trabajo, a no poder hacer frente a las obligaciones que este mundo de mercado libre te somete. Se adelantó en 10 años a describir lo que ocurriría con la caída del Gran Imperio financiero. La derecha le criticaba porque anunciaba desastres en sus intervenciones públicas. De alguna manera devolvía la pelota, dejando bien claro que él era de izquierdas como había tantos escritores de derecha que anunciaban también su posición más allá de sus excelencias literarias.

Después de varias comparecencias anteriores coincidentes, tanto en presencia como con su posición política frente al mundo en que vivimos, lo tuvimos muy cerca apoyando la reciente movilización en apoyo al juez Garzón, que también acarreó críticas a esta Unión de Actores. ¿Es que no puede haber también actores de derecha? Pues sí, siempre lo hemos aceptado, como aceptaba Saramago que su compromiso con la lucha reivindicativa por la libertad y la concienciación que pretendía sobre su idea de un Rey Mercado que nos está ahogando, le acarreara críticas de sus colegas de derecha. Con José Luis Sampedro acuñó la frase “cuanto más viejo, más radical”. Y los dos no sólo lo dijeron, también lo comprobaron. Y eso es un logro muy difícil de obtener para el resto de los mortales. Sólo lo consiguen un puñado de privilegiados en esto de la vida y la obra, en la coherencia entre lo que se hace y lo que se dice.

Por eso reconocemos que, además de señalar su obra, que en muchos casos da ganas de contar en género teatral, queremos destacar las opiniones de José Saramago en esta revista Actores, a la cuál desde el año 2000 debía un artículo firmado por él. Es decir, todo lo que expresaba en sus innumerables entrevistas y declaraciones, en las que pretendía indudablemente agitar y despertar hasta a sus propios lectores sobre el mundo, la naturaleza, la vida. Dijo en alguna ocasión que “su narrativa era poesía en expansión”; nosotros queremos decir que su narrativa y su poesía eran también su gran contribución ya inmortalizada en la literatura al Gran Teatro del Mundo.

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