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E. Fernández-Santos/R. Torres

Nunca se interpretó a sí mismo ni dejó de ser él. Ahí residía el talento de sutil observador cuya sensibilidad hacía infinitos sus ojos y cargaba su voz de los más insospechados matices: desde la ternura, el miedo o el esperpento a la más austera de las parquedades. José Luis López Vázquez, un hombre discreto y especial que vivió con intensidad y supo compartir su corazón, será por siempre un genio que nos pertenece un poco a todos.


El pisito, de Marco Ferreri, película en la que actuó
junto a Mari Carrillo.

Atraco a las tres, dirigida por José María Forqué,
y en la que también actuaban Cassen, Gracita
Morales, Manuel Alexandre y Alfredo Landa,
entre otros.

El escalofriante corto La cabina, de Antonio

Mercero.

Fue durante décadas el rostro de lo que se llamaba “el españolito medio”, ese hombre desbordado por la vida o por una sueca despampanante. José Luis López Vázquez pertenecía a esa casta de actores atípicos cuya sola presencia evocaba todo un mundo de frustraciones, miserias y también esperanzas. Lo abarcó todo y trascendió su máscara de hombre bajito, calvo y con bigote para convertirse en uno de los mejores tragicómicos de la historia del cine español. José Luis López Vázquez falleció el 2 de noviembre en su domicilio de Madrid, a los 87 años. Con más de 250 películas a sus espaldas, su filmografía y su figura forman parte de nuestro patrimonio nacional. La capilla ardiente fue instalada en el Teatro María Guerrero el 3 de noviembre a partir de las 15 horas.

Nacido en Madrid en 1922, vivió una infancia mísera que le marcó de por vida. Le hizo fatalista y también desconfiado. “Fui un niño muy desarraigado”, aseguró una vez. “Mi padre se largó de casa cuando yo apenas tenía uso de razón. Me crié con mi madre, que ganaba tres pesetas al día, con mi abuelo y con un tío soltero. Vivíamos en una indigencia espantosa, pero no conocí el resentimiento. Era un niño muy independiente”.

Dejó los estudios en el Bachillerato para buscarse la vida como mecanógrafo. Poco después empezó a dedicarse a la que fue su primera vocación: la pintura. Se ganó la vida como figurinista de escenarios y así empezó su contacto con el teatro. Eran ya los años cuarenta cuando empezó a combinar sus trabajos como dibujante y cartelista con los de actor en la compañía del teatro María Guerrero. Como ocurre en las películas, tuvo su primera oportunidad sobre un escenario gracias a un contratiempo. Cubrió una vacante, un papel de periodista que, según él mismo recordaba, provocaba grandes risas en el patio de butacas. “Fernando Rey, Paco Rabal y Manolo Alexandre interrumpían su tertulia en el Gijón sólo para ir a verme”, solía recordar.

Lo mejor del cine español

Desde que en 1957 rodó Los jueves, milagro, de Berlanga y, sobre todo, un año después, El pisito, de Marco Ferreri, su popularidad no cesó. Consciente de los límites de su físico –”Era una persona insignificante, y lo sigo siendo, mínimo”– supo convertirlos en virtud. En su filmografía se encuentra gran parte de lo mejor del cine español. Trabajó en El cochecito, Plácido, El verdugo (tanto Azcona como Berlanga pensaron en él para el papel protagonista pero la productora italiana impuso a Nino Manfredi); en La prima Angélica y en Peppermint frappé (Saura) y Atraco a las tres (Forqué).

Hasta Hollywood (y pese a ese nombre tan de antiestrella) intentó incluirle en su nómina de actores. En 1972 (el mismo año de la célebre y aterradora La cabina de Antonio Mercero) aquel hombre canijo y miope rodaba para George Cukor Viajes con mi tía. “A Cukor se le caía la baba, tengo entendido que cuando Dustin Hoffman hizo Tootsie dijo en alguna ocasión que le había inspirado López Vázquez en Mi querida señorita”, recordaba Concha Velasco.

En 2005 recibió el Goya honorífico a toda su carrera. El encargado de entregarle el galardón fue José Sacristán, actor heredero de esa estirpe de españolitos que hoy parece aún más huérfana. “Era un referente, como lo fue Fernán-Gómez, como los grandes. Su amplitud de registros era inimaginable”, decía Sacristán. “Le pasaba lo mejor que le puede pasar a un actor: la cámara siempre se interesaba por lo que le ocurría. Era un gran actor cómico, y dramático, pero sobre todo transmitía como nadie algo inquietante. Mi querida señorita, El bosque del lobo… allí estaba ese lado tenebroso y perverso. Pero luego estaba ese padrino de La gran familia, con toda su ternura”.

Todos sus colegas coinciden en que era un actor de técnica prodigiosa, y en que esa técnica tenía mucho de misterio, de algo que nació con él y muere con él. Cuando a López Vázquez le preguntaban por su método no tenía respuesta. Se limitaba a decir que sólo era un perfeccionista, un esclavo de un orden incierto.

No tuvo hijos con su primera mujer, la actriz Ana María Ventura. De la relación con su segunda compañera, Catherine Magerus, nacieron José Luis y Virginia, fallecida en 1994. Y con la periodista Flor Aguilar tuvo dos hijas. En los últimos años, y sobre todo en los últimos meses, compartió su vida con la actriz Carmen de la Maza. La última película que rodó fue ¿Y tú quién eres?, de Mercero. Álvaro de Luna fue entonces uno de sus compañeros de reparto: “Inventó un personaje que no era el que estaba escrito. Era un actor de tripas pero su precisión era sorprendente. Componía los personajes hasta en los mínimos detalles, en su forma de andar, de ponerse la chaqueta… Se pueden contar con los dedos de una mano los que son capaces de eso”.

Crisálida en una cabina

Pepe Viyuela*


Dicen que la vida cabe en un cuaderno, pero la del señor López Vázquez, hecha de celuloide y genialidad, ocupa vastísimas extensiones de nuestro imaginario y es pura historia interminable del cine español, de lo que somos. Convivimos con él de pensión en un pisito; nos hizo sentir una gran familia y algo más; tramamos juntos atracos a las tres y nos invitó a pasear plácidamente, con sor Citroën, en un cochecito por las calles del Madrid de los cincuenta; hasta nos llevó de farra por aquel cortijo con suecas, desarrollismo y tardofranquismo de alcanfor, que hoy nos parece mentira.

Encontramos también con él millones de talento en la basura; bebimos juntos el peppermint frappé de un país partido en dos; nos llevó a bosques de hombres lobo donde crece la superstición y habita la España negra y profunda; nos presentó a queridas señoritas nacidas de los rincones más ocultos de su talento bueno para todo. Su vida tuvo lugar también en una colmena de abejas gigantes e irrepetibles, llena de premios Nobel y bohemios, de cómicos sin fecha de caducidad ni camposanto capaz de albergar tanto talento, de monstruos hermosos que habitarán nuestros sueños.

Hay quien dice que el señor López Vázquez fue una crisálida encerrada en una cabina de la que brotaron mariposas que nos poblaron el corazón, y nos fueron construyendo hasta hacernos como somos. Hoy, cuando parece que el tiempo haya pisado un bache y, de pronto, nos damos cuenta de que nos falta alguien, nos preguntamos: “Y José Luis, ¿dónde está? Nos ha engañado tantas veces haciéndonos creer que era otro, que ahora puede que sólo esté interpretando, de nuevo de forma genial, su ausencia”. Su aparente ausencia, porque de López Vázquez siempre hablaremos en presente. Siempre será patrimonio nacional, o será todos nosotros encerrados en un cine de sesión continua, sin querer salir jamás, soñando la vida, permitiéndonos sobrevivir.

Si me permite una confesión pública, señor López Vázquez, le diré que desde que supe de usted, quise ser calvo y tener bigote, y anhelé bailar de forma triste con Mari Carrillo en un bar en blanco y negro (me falta el bigote y saber bailar, también Mari Carrillo…).

Hoy, en nuestro traqueteo de cómicos de la legua, todos somos López Vázquez trashumando por una España de mil caras, de señores de negro con corazón de espejo, capaces de reflejar lo mejor y lo peor de lo que somos.

Y usted será siempre la tragedia y la comedia unidas, mezcladas; porque igual que cada día ambas nacen juntas y a veces resulta imposible distinguirlas, en su rostro siempre vimos la verdad del hombre que es capaz de hacer reír mientras bebe una vida que no acaba de saberle bien.

*Pepe Viyuela encarna en la obra El pisito el papel que hizo famoso a López Vázquez en el cine.

Texto cedido por
El País, 3 de noviembre de 2009.

Reacciones

Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura

“Era uno de los actores más grandes que ha dado el teatro y el cine español. José Luis López Vázquez fue un actor muy carismático y versátil que dedicó más de 50 años de su vida a la gran pantalla, a las tablas y a la televisión. Su legado artístico es un regalo imborrable que perdurará en la retina de los españoles: hay papeles interpretados por López Vázquez que no se conciben en nuestra memoria colectiva sin el rostro y la voz de este maravilloso actor”.

Pilar Bardem, actriz

“Era un actor inconmensurable al que admiraba muchísimo. Creo que en España aún no hemos reparado en el tipo de genio que era este hombre. Su versatilidad era total: tan pronto era capaz de hacer del típico gracioso como de firmar aquellos trabajos complejos y fascinantes junto a Carlos Saura. Le recordaremos siempre como un hombre entrañable”.

Álvaro de Luna, actor

“Ahora, cuando las veo –sus películas–, me parece imposible que un actor pueda tener tanta precisión. También estaba genial en todas las que hizo con Ozores y su gente, nos dejaba anonadados preguntándonos como podía inventarse todo eso. Se decía que tenía algo que ver con Groucho Marx. Se acercaba a esa figura en muchas cosas, y viendo el cine cómico que hizo al final de la dictadura, simultáneamente al de Carlos Saura, o a La cabina de Mercero, se comprende que era tan grande como aquellos cómicos italianos, tipo Tognazzi, Manfredi, Sordi, Mastroiani…”.

Concha Velasco, actriz

“Fernando era otra cosa; pero como actor José Luis era el mejor, él no quería escribir ni dirigir. Todo el cine español importante está en la filmografía de José Luis: Saura, Armiñán, Berlanga, Olea y su manera de trabajar era exquisita en todo. Para él era lo mismo trabajar con los grandes, que en pelis más frivolonas que hemos hecho juntos, aunque no hay que poner etiquetas de ninguna índole a ninguna porque se ha demostrado que todas son importantes. Cuando aparecía en los rodajes con su guión nos daba vergüenza. Lo traía escrito, preparado, anotado y estudiado todo, era un prodigio y claro, nos avergonzaba”. “A José Luis le gustaba mucho besar, y también fuera del plató, porque era muy coqueto y enamoradizo, pero encontró el gran amor de su vida al final. Han tenido mucha suerte, los dos, porque han vivido una historia de amor que para mí la quisiera, el amor puro, de compañeros, es el más grande”.

Santiago Segura, actor y director

Respecto a su experiencia profesional con López Vázquez, al que dirigió en un pequeño papel en Torrente 2: “Estar con un actor al que admiras tanto es realmente increíble. Me sobrecogió el hecho de estar ante una leyenda viva y me chocó el trato personal de López Vázquez: muy educado, muy agradable, muy cordial y tranquilo, que no tenía nada que ver con esos papeles en los que hacía de señor castizo, bajito y cabreado”.

Gerardo Vera, director del Centro Dramático Nacional

“Ha sido uno de los grandes del cine y del teatro, perdemos a uno de los creadores de la comedia española”.

Manuel Gutiérrez Aragón, director de cine y guionista

“Nos presentó Elías Querejeta en Madrid, en un momento en el que José Luis López Vázquez estaba en la cumbre y no dudó en decir que sí a mi película. Me preguntó que qué tal lo hacía y yo le contesté que teníamos que comprobarlo juntos. Era un actor de los que se formaron haciendo de todo, de esos que hicieron de lo peor y lo mejor del cine español, miembro de una generación que ya no existe”.

Álex de la Iglesia, cineasta y director de la Academia de Cine

“Su trabajo es una de las patas en las que se sustenta el cine de nuestro país. Se han ido Pepe Isbert, Fernán Gómez y ahora José Luis López Vázquez. Estamos perdiendo a los más grandes. Era, y eso lo resume todo, una parte fundamental del cine español”.

Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes

“Fue capaz de interpretar con altas dosis de genialidad los más diversos papeles de la mano de los directores de mayor relieve y reconocimiento del cine español”.

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