En el olimpo José Bódalo: la grandeza de la intuición

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Tres sombreros de copa

Haro Tecglen escribió una vez de él: “Desde que pisaba el escenario en el primer ensayo, era el que tenía que ser”.

Bódalo interpretaba sus personajes de manera interior, no gustaba demasiado de la caracterización externa ni del disfraz, era él, pero al mismo tiempo era completamente el personaje. Su cuerpo y su alma poseían la sabiduría de los grandes.

Como actor intuitivo había ido asimilando cultura y conocimientos artísticos a través de la experiencia y de la práctica. Experiencia en la vida y experiencia en las tablas. Transmitía una humanidad inmensa y desbordante y no necesitaba de ningún efecto para llegar al corazón del público. Provocaba la empatía desde el primer instante, y sólo con sencillez, con extrema sencillez.

José Bódalo nació en Córdoba (Argentina) el 24 de marzo de 1916, durante una gira teatral de sus padres: el actor y empresario José Bódalo y la inmensa actriz Eugenia Zúffoli. No podría correr más sangre artística por sus venas, y a pesar de ello, su inclinación no fue hacia las tablas sino hacia la medicina: “Quería ser médico. Aprobé el tercer año de carrera. De cuarto no llegué a examinarme”.

Al estallar la Guerra Civil, la familia se trasladó de Madrid a Venezuela: “En Caracas empecé a trabajar en la radio y me olvidé de los deseos de ser médico”. Allí aprendió a modular, a hablar, a medir la voz… Estudió declamación y todo ello le serviría luego para el teatro y para el cine.

Desde 1939 hasta 1946 fue director artístico de Radio Caracas, donde interpretó más de ocho mil programas. Poco después debutó en la compañía de sus padres con la obra Madres frente a la guerra. “Casi siempre que trabajé con mi madre hice de hijo, salvo en La dama de las camelias. Mi madre era muy guapa, pero a mí me resultó difícil interpretar el papel de Armando”.

En 1947 los Bódalo-Zúffoli vuelven a España, y en seguida López Rubio le ofrece un papel en el film Alhucemas. Durante años rodaría multitud de películas con grandes directores como Juan de Orduña, José Antonio Nieves Conde, Sáenz de Heredia, Rafael Gil… “Terminé por cansarme del cine (…) porque empezaron a darme papeles de malo y a mí eso del encasillamiento me cansaba, me quitaba ilusión”.

Estuvo contratado como galán en la compañía Tina Gascó-Fernando Granada y más tarde en la de Amparo Rivelles.

En 1961 entró en la compañía de Teatro María Guerrero. Allí estrenó, como primer actor y bajo la dirección de José Luis Alonso, obras de Gala, Valle-Inclán, Galdós, Bertolt Brecht, Arthur Miller (soberbio en Panorama desde el puente), Buero Vallejo, Chéjov, Ionesco (su trabajo en El rey se muere fue antológico), Arniches… y un largo etcétera.

En la temporada 1960-61 obtuvo el Premio Nacional de Teatro. Bódalo se convirtió en un actor muy popular, pues además de en teatro y cine, aparecía con mucha frecuencia en los programas dramáticos de Televisión Española (los famosos Estudios 1).

Su mayor pasión, después del teatro, era el fútbol y su equipo el Real Madrid: cuando había algún partido importante, acudía al Santiago Bernabéu, aunque fuera sólo para presenciar medio encuentro. Se ha dicho que a veces salía al escenario con una pequeña radio por la que oía los partidos, pero él siempre lo desmintió.

En 1963 se casó con Alicia Fernández y tuvo dos hijas. Madrid y su familia eran el alimento del actor, por eso salía raramente de gira e incluso se contrataba con esa condición. Aunque a primera vista podía parecer hombre de mal genio, rebosaba humanidad: sincero, extrovertido, natural, nada callado… Hablaba con todo aquel que se le acercara por la calle.

En la década de los 60 y 70 rodó películas bastante malas, incluyendo co-producciones hispano-italianas, hasta que llegó José Luis Garci, que le dio en los años 80 la oportunidad de desplegar su talento en El crack, Sesión continua y Volver a empezar (obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa). A esta última pertenece una escena memorable que ha pasado a la historia del cine como magistral lección interpretativa: en una corta secuencia con Antonio Ferrandis demuestra Bódalo la grandeza de lo sencillo. En las más de cincuenta películas en las que trabajó, rara vez fue protagonista pero dejó siempre en gran lugar la categoría de secundario.

Su último trabajo fue en Televisión Española, en la comedia musical Luna de miel en El Cairo. Poco después murió en Madrid el 24 de julio de 1985.

Siempre pareció que a Bódalo lo de actuar le salía solo, que no le costaba ningún esfuerzo, y era imposible detectar lo que hoy llamamos técnica. Todo en él era creíble, humano, directo, visceral, intuitivo y fácil.

Una vez contó a un periodista que al irse de este mundo le gustaría que sus amigos y admiradores comentaran de él: “Fue un hombre honrado, que cumplió con su profesión e hizo todo lo posible por no hacer daño”. Pero sus amigos y admiradores, incluso aquéllos que no le conocieron y no pudieron disfrutar en directo de su talento, dicen mucho más de él. Yo al menos siento, que viéndolo y escuchándolo en aquellas grabaciones de Estudio 1 me hago mejor actriz y, seguramente, mejor persona.

Eva Higueras

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