Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Eva Higueras

“La relación entre un actor de teatro y su personaje es efímera. Ha de serlo por necesidad, como escape a la locura. Por eso es extraordinario el caso de Cosme Pérez, cómico genial del más prolífico periodo teatral que se ha conocido en España: el siglo XVII.”

Juan Rana, caracterizado de alcalde villano

El Corral de comedias de Almagro, uno de
los escenarios más concurridos en el Siglo
de Oro

Retrato de Mariana de Austria, de
Velázquez.La soberana fue gran
admiradora de Cosme Pérez

Plano del coliseo del Buen Retiro,
donde tuvo lugar la última
representación de Juan Rana

Creó la máscara escénica denominada Juan Rana, y llegó a fundirse con ella en una única entidad, hasta el punto de que se empleó ese nombre para denominar a Pérez, incluso en documentos legales durante toda su vida. Pero esta relación simbiótica, además de cubrir de gloria a nuestro cómico, se cobró también su precio… Para el actor, supuso el verse obligado a encarnar de por vida el mismo personaje. Para el personaje, significó su sentencia de muerte a medio plazo, pues el público ya no aceptaría que ningún otro intentara dar vida a Juan Rana.

Cosme Pérez nació en la villa vallisoletana de Tudela de Duero a comienzos del mes de abril de 1593. Numerosos datos apuntan a que procedía de una familia pobre, probablemente de labradores, criados o ganaderos. Nada se sabe acerca de su infancia ni primera juventud, ni sobre la fecha de su llegada a Madrid. Sí hay constancia documental de que ya desde 1579 existía en Tudela de Duero una cierta actividad de carácter teatral, que pudo significar su primer contacto con el mundo de la farándula.

No hay noticia de Pérez hasta el año de 1617, en que le encontramos formando parte de la compañía dirigida por el autor Juan Bautista Valenciano. El asesinato de Valenciano en febrero de 1624 debió decidir a Cosme a buscar fortuna en otra compañía. Así, entró en la de otro autor de comedias: Antonio de Prado, que se comprometía con las autoridades de la villa a representar en las fiestas del Corpus de ese año. Sería formando parte de esta compañía cuando el destino le deparó el papel que cambiaría para siempre su carrera como actor… y su vida.

Amanece la máscara…

Fue Lope de Vega el primer dramaturgo que imaginó un papel para Juan Rana y decidió incluirlo en una de sus obras: Lo que ha de ser. En ella la intervención del personaje es muy pequeña pero ya aparecen bien definidos sus pilares fundamentales.

En el lustro comprendido entre 1625 y 1630 aparece en El segundo Séneca de España, don Felipe II, de Juan Pérez de Montalbán, discípulo y buen amigo de Lope. Aquí el papel de Juan Rana es de mayor relevancia, tanto en extensión como en su implicación en la trama. También interviene en el anónimo entremés El casamentero, donde era el protagonista absoluto.

En torno a 1630 se casó nuestro protagonista con la también actriz María de Acosta, con quien tuvo dos hijos: Francisca María Pérez y un varón que vivió poco tiempo. Entró a formar parte de la cofradía de la Novena –con sede en la iglesia parroquial de San Sebastián en Madrid– mientras pertenecía a la compañía de Tomás Fernández Cabredo.

La década de 1630 supuso su espaldarazo definitivo. La asociación profesional –y seguramente de amistad– que estableció con el sobresaliente autor de entremeses Luis Quiñones de Benavente, lanzó al estrellato al actor y a la máscara teatral que había creado.

Hacia 1634 el personaje que interpretaba Pérez ya era unánimemente reconocido como el alcalde entremesil por antonomasia. Al año siguiente, el actor continuaba unido profesionalmente con Fernández Cabredo, con quien parece ser que perfeccionó su técnica interpretativa debido a que también estuvo especializado en papeles de gracioso. Con ellos pudo hacer gala de su amplio repertorio de movimientos bufonescos, canturreos y jocosidades. Poseía además muchísimo ingenio y tremenda agilidad mental a la hora de improvisar en escena.

En febrero del 35 la compañía de Cabredo fue designada para llevar a cabo los autos en las fiestas del Corpus de Madrid y en marzo la contrató la Cofradía de San José de Valladolid.

En enero de 1636 los comisarios de comedias de la corte obligaron a Cabredo a firmar un documento en el que se comprometía a no abandonar la ciudad con su compañía ante la eventualidad de que fueran requeridos sus servicios en ella.

Y de nuevo salta el actor a otra compañía, pues fue contratado por el que llegara a ser famoso autor de comedias Pedro de la Rosa… Con él protagonizó en El Retiro un entremés de Quiñones de Benavente: El mago. Ésta fue posiblemente su primera actuación dentro del ámbito cortesano. Pero su enorme éxito profesional a lo largo de este decenio quedaría ensombrecido por una serie de desgracias personales.

En torno a 1632 falleció María de Acosta, puesto que el libro de cuentas de la Cofradía de la Novena da noticia en 1636 de las “honras de la mujer de Juan Rana”. Poco después, en septiembre del 34 moría también un hijo suyo, en el domicilio que por entonces tenía el actor en la calle del Niño.

Por otro lado –y a raíz de una reyerta– se inició en la villa y corte una auténtica caza de brujas contra los homosexuales. Cosme Pérez se vio involucrado en este proceso aunque, finalmente, se le eximió de culpa y fue liberado. Esta acusación influyó para siempre en su carrera como actor. El incidente se convirtió en uno de los temas más explotados por los autores que le escribieron piezas. Sobre este tema ha habido muy diversas interpretaciones; algunos críticos afirman que el actor aprovechó para reivindicar su homosexualidad desde las tablas…

En 1641 continuaba en la compañía de Pedro de la Rosa, que debía estar de gira por algunas provincias. Durante un par de años fue el encargado de traer a Madrid la limosna ordinaria que los autores estaban obligados a entregar a la Cofradía de la Novena.

Por entonces nos llega constancia de que Pérez quería abandonar las tablas, aunque los motivos han permanecido siempre ocultos y abiertos a la especulación. La hipótesis que plantea Sanchís Sinisterra en su obra El canto de la rana es la de un actor tremendamente frustrado por la imposibilidad de interpretar otros personajes que no fueran el de Rana; el público le había ya encasillado de por vida.

Cosme Pérez (1593-1672)


– La crítica ha fijado en torno a cincuenta las piezas que fueron escritas expresamente para ser protagonizadas por Juan Rana (el llamado corpus juanranesco).

– El cómico vivió en la calle de Cantarranas (actualmente de Lope de Vega).

– Pérez mantuvo una estrecha amistad con la famosa actriz María Calderón, llamada “La Calderona”, y actuó de mediador en los amores extraconyugales que el rey Felipe IV mantuvo con ella (de esta relación nació el bastardo infante don Juan de Austria).

– Pidió ser enterrado sin ataúd junto al cuerpo de su hija Francisca María. Descansa en el convento de los Trinitarios Descalzos que está en la calle donde vivía y en el que, curiosamente, también fueron enterrados Miguel de Cervantes y Sor Marcela de San Félix, hija de Lope de Vega, que profesó allí como religiosa de dicha orden.

– Escribieron para él autores como Quiñones de Benavente, Calderón, Lope de Vega, Agustín Moreto, Francisco de Avellaneda y un largo etcétera.

– La cofradía de la Virgen de la Novena, la primera ayuda para actores que existió, continúa en activo en la misa iglesia de San Sebastián y presidida por Eduardo Moreno.

Con la muerte del heredero al trono y único hijo varón de Felipe IV, a finales de 1646, se suspendieron las representaciones teatrales, lo que supuso un duro golpe para las compañías de actores, que debían ingeniárselas para poder subsistir. Pero las fuertes presiones sociales facilitaron que la prohibición se fuera suavizando. Así, al año siguiente se empezaron a representar autos sacramentales bajo el argumento de que se trataba de funciones de carácter religioso y no profanas. Después se hicieron representaciones privadas en casas de los nobles…

En 1649 Felipe IV se desposó en segundas nupcias con su sobrina Mariana de Austria. La enorme afición al teatro de la nueva reina supuso la restauración de las representaciones, que no harían ya sino aumentar en magnificencia y grandiosidad. A partir de este momento, Cosme se dedicó, prácticamente en exclusiva, a todas las importantes celebraciones cortesanas.

En 1650 abandonó nuestro cómico la compañía de Pedro de la Rosa y regresó a la de Antonio de Prado. También se produjo en esta época la asociación escénica entre Pérez y la actriz Bernarda Ramírez, que solía interpretar el papel de esposa de Juan Rana. Tan intensa fue la relación artística que muchos críticos llegaron a creer que ambos actores estuvieron casados en la vida real.

Cosme había causado en la reina una excelente impresión, por lo que la soberana le otorgó en 1651 una asignación económica de carácter vitalicio en agradecimiento “de lo que la hace reír”. Francisco de Avellaneda, en su entremés titulado La portería de las damas, hacía referencia a la debilidad que toda la familia real sentía por el actor. Es en estos años cuando se crea el personaje de Juan Ranilla, que será en escena el alter ego de Juan Rana. En unas ocasiones era un personaje adulto antagónico a él, y en otras un niño que representaba su remedo infantil.

La década de los 50 está plagada de actuaciones en todas las festividades de la villa… entre ellas interpretó Pérez el único auto sacramental del que tenemos constancia: El laberinto del mundo, de Calderón. En el 56 se volvió a enrolar en la compañía dirigida por Pedro de la Rosa.

Embocadura y telón del Coliseo del Buen Retiro, diseño de benjamín Buendía.

El ocaso…

La década de 1660 marca el momento de senectud del actor y el inicio del declive de su carrera. Sus apariciones escénicas serán ya escasas hasta el final de su vida, aunque las veces que actuó, siguió haciéndolo de la mano de los más ilustres dramaturgos del momento: Moreto y Calderón.

Hacia 1665 el anciano Pérez se encontraba en un lamentable estado físico. Parece que su última aparición en escena tuvo lugar el 29 de enero de 1672 en el coliseo del Buen Retiro, con motivo de la celebración del cumpleaños de la reina. Cosme fue el protagonista del fin de fiesta, actuando en el calderoniano entremés El triunfo de Juan Rana. El propósito de la pieza era rendir un merecido homenaje final al cómico que fue paradigma de la graciosidad durante cuatro décadas. Cosme Pérez, convertido en su propia estatua (seguramente porque ya no podría caminar), salió a escena en un carro triunfal en el que se le transportaba rodeado de un gran acompañamiento.

El actor hacía su definitivo mutis en el mundo el 20 de abril de 1672 para ocupar el lugar que le corresponde dentro del Olimpo de los comediantes. Dejó un currículo de más de ochenta piezas teatrales y –dispersas por el viento– multitud de carcajadas…

Juan Rana sobrevivió a Pérez constituyendo un caso absolutamente excepcional en la historia del teatro. El personaje –gracias al genio del actor– consiguió ganarse un hueco en la posteridad, pero a la vez, no ha podido renovarse y seguir viviendo en la piel de otro intérprete. Nadie se ha atrevido a intentarlo por miedo a no salir airoso.

En su última voluntad dejó la petición de que se hicieran tres mil cuatrocientas misas destinadas a asegurar su descanso eterno.

Pero estamos seguros de que alguien que se esforzó toda su vida por hacer felices a los demás, alguien que “con sólo salir a las tablas y sin hablar provocaba la risa y el aplauso”, no necesitaba de esas misas para reposar en paz.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn