Miguel Rellán “Esta profesión es un barco donde remamos todos a la vez porque lo importante es que salga bien la función”

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Miguel Rellán “Esta profesión es un barco donde remamos todos a la vez porque lo importante es que salga bien la función”

Premio Ceres al Mejor Actor por su triple interpretación en Luces de Bohemia. Premio Aisge a “Toda una Vida”. Incansable, polifacético (médico, mago, músico, escritor…) es una de las figuras de nuestra escena con una trayectoria más sólida. Comenzó su andadura en Esperpento en Sevilla, de eso hace más de cuarenta años.

Actores: ¿Qué te parece la evolución del teatro desde sus comienzos en grupos independientes al momento actual: teatros oficiales, microteatros?

Miguel Rellán: Todo se hace mejor ahora… y el teatro, por supuesto. Y es fantástico que, aunque sea a trancas y barrancas y casi de milagro, se hagan desde grandes musicales a monólogos en pisos o en librerías.

A.: Pero hay más paro que nunca.

M.R.: En este momento a la famosa crisis hay que añadir la política del gobierno, que parece empeñado –y a lo mejor lo está– en liquidar la cultura. Está dejando en el dique seco a un montón de profesionales, desde eléctricos a maquilladoras pasando por conductores o sastras. Terrible. En cuanto a los actores siempre habrá más oferta que demanda. Y es –y será– una profesión profundamente injusta. Supongo que existen razones por las que buenos actores apenas trabajan y otros, mediocres o malos, casi no conocen el paro. En ciertos casos, las razones por las que ocurre tal cosa pueden ser más o menos lógicas, pero en otros muchos me parecen absolutamente incomprensibles. Y, como digo, injustas. Pero me temo que es algo inherente al arte. Mozart se moría de hambre y de frío. Tiene castaña.

A.: ¿Y la evolución de la TV desde los estudios 1 a las series costumbristas actuales?

M.R.: La evolución de la televisión, como la del cine, ha ido de la mano de la revolución de la técnica. Que un chaval pueda rodar una película con el móvil es definitivo para el desarrollo de todo lo que llamamos “audiovisual”. Ahora se rueda muy bien, otra cosa es que lo que se cuente tenga interés o no. Gran culpa de eso la tienen el mercado, las modas, las audiencias y, en definitiva, la cuenta de resultados. Se trata de vender todo lo posible. Las minorías y sus preferencias se han ido a freír espárragos.

A.: ¿Cuáles son tus personajes preferidos: los genéricos, los históricos, los dramáticos, los cómicos?

M.R.: Como espectador, la lista sería inacabable. Como actor nunca he tenido personajes preferidos. Quizás es que enseguida me di cuenta de que nunca me iban a dar Hamlet o Ricardo III y decidí conformarme.

A.: ¿Y de los personajes que has interpretado?

M.R.: Les tengo más cariño a los que me han costado más trabajo, que son muchos: el emperador de Amadeus, el pianista de Al final del arco iris y un buen montón más. Tiene cierto mérito lo que hago porque es a base de trabajar como un animal aunque después intente disimularlo.

A.: ¿Y de Luces de Bohemia?

M.R.: Si tengo que elegir me quedo con el Marqués de Bradomín, más por tratarse del alter ego de Valle Inclán porque no tiene conflicto ni desarrollo. Don Filiberto es un idiota que me hace mucha gracia.

A.: ¿Cómo te parece que recoge el sistema educativo la importancia del cine y el teatro?

M.R.: Al parecer el sistema educativo actual opina que Macbeth, La bodas de Fígaro y Muerte en Venecia son entretenimiento ergo…

A.: ¿Qué personas destacarías de la interpretación actual o en general?

M.R.: Hay una ecuación muy sencilla: de la cantidad sale la calidad. Ahora hay muchos más aspirantes a actores y mucho mejor preparados, en consecuencia, hay muchos buenísimos.

A.: ¿Hay más vocaciones o es que ahora hay más gente que con el caramelo de la TV, de salir en TV, se inclinan más por esta profesión?

M.R.: Supongo que hay de todo. El afán de salir en televisión y hacerse famoso o popular me parece perfectamente lícito. Pero a mí me interesan esos locos maravillosos obsesionados con este oficio que son capaces de trabajar toda la noche para pagarse los estudios.

A.: ¿Qué destacarías de la producción de este año de cine, teatro y TV?

M.R.: En teatro, por ejemplo, De ratones y hombres, dirigida por Miguel del Arco. Del cine más reciente Blancanieves, de Pablo Berger y El artista y la modelo, de Fernando Trueba. De las series de televisión no puedo ni debo opinar porque lo cierto es que apenas las veo.

A.: ¿Cómo nos podrías valorar tu carrera?

M.R.: Creo que en la vida lo primero que hace falta es tener algo de suerte. En mi caso si miro la botella medio llena, me doy cuenta de que he tenido, y tengo, mucha suerte. Trabajo mucho, que es lo más importante y lo difícil y, además, en proyectos maravillosos con gentes maravillosas.

A.: ¿Y si miras la media botella vacía?

M.R.: Pues entonces resulta que he hecho un montón de trabajos mediocres o francamente malos con directores estúpidos o ineptos… no me han ofrecido ningún protagonista (que parece el equivalente al éxito en este oficio)… me han pagado mal mientras trabajaba como una bestia porque el dinero se lo llevaba la estrella de turno… en fin, un desastre. Pero, como comprenderás, estas cosas no se me ocurre pensarlas ni aunque tenga el ánimo en el subsuelo. Sería un idiota.

A.: Estarás conmigo en que hay secundarios que se pueden cambiar perfectamente por un protagonista.

M.R.: En algunos casos, desde luego. A mí me gusta más Yago que Otelo.

A.: ¿Te queda algo del espíritu de los grupos independientes en que empezaste?

M.R.: De aquella época se me ha quedado un profundo sentido colectivo de este oficio. No me gusta ni en los demás ni en mí eso de “voy a salvarme”. Este es un barco en el que remamos todos a la vez porque lo importante es que salga bien la función.

A.: ¿Qué consejos darías a los que empiezan?

M.R.: Dios me libre de dar consejos. Aquí nos equivocamos nosotros solitos. En todo caso aquello que decía Nureyev cuando algún bailarín joven le pedía consejo: “Que lo dejes ahora mismo”, les decía. “Que lo dejes ahora mismo, a no ser que te sea imposible vivir sin bailar”. Pues eso.

A.: ¿Cuál es tu opinión de los premios?

M.R.: Para empezar no hay que perder de vista que la mayoría de los premios –no todos– se conceden para promocionar algo. Los Oscar para publicitar el cine norteamericano y el premio de poesía de Villaboquetillo del Trabuco para dar a conocer el chorizo de la comarca. A partir de ahí hay que relativizarlos todos. Además, es relativamente fácil que, si eres actor, te acaben dando un premio. Lo difícil es merecérselo.

A.: ¿Qué otras pasiones tienes además del cine y el teatro?

M.R.: Demasiadas. El día debería tener 60 horas. Me interesa casi todo.

A.: Has escrito varios libros.

M.R.: Bueno, es cuestión de ponerse.

A.: Una cosa es escribirlos y otra que te los publiquen.

M.R.: Se publican con mucha más facilidad ahora, tampoco tiene mucho mérito. Aquí, en cuanto alguien sale dos días en televisión escribe un libro. O se lo escriben. Los políticos son muy aficionados.

A.: ¿Tienes pensado publicar alguno?

M.R.: Tengo mucho material acumulado, pero ahora no tengo demasiado interés en publicar nada.

A.: ¿Y estrenar alguna de las obras de teatro que tienes escritas?

M.R.: No, porque la mayoría se han quedado antiguas. Están muy bien en el cajón.

A.: ¿Has dejado la magia?

M.R.: Pues es recurrente. La abandono durante un tiempo y, de pronto, la vuelvo a retomar. No se puede atender a tantas cosas. Soy aprendiz de todo y maestro de nada. Pero me lo paso mejor. No sirvo para dedicar mi vida a una sola cosa.

A.: ¿Qué personaje te gustaría interpretar, en teatro, cine o TV y que nunca te han ofrecido?

M.R.: ¿Te acuerdas de cuando empezamos juntos llevando fotos a las productoras? Ni se nos ocurría optar a un personaje concreto, queríamos trabajo sin más. Que yo recuerde solamente dos veces me he atrevido a pedir a dos directores interpretar un papel determinado: a Vicente Aranda para hacer de Pedro, el médico de Tiempo de Silencio y a Gonzalo Suárez para a hacer El Doctor Jekyll y Mister Hyde. Como es lógico ninguno de los dos me hizo el menor caso.

A.: ¿Qué piensas de la crisis?

M.R.: Pues que no sé cuando han pasado a mandar directamente los del dinero. Siempre han mandado, pero ahora lo hacen con una desfachatez enorme. Ni los más enterados saben cómo va a terminar esto. Lo único que sé es que cada vez hay más gente al borde de la miseria. Por cierto, ¿quiénes son las agencias de calificación y quién les ha dicho que pueden calificar?

José Ramón Pardo

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn