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“El alumno ha perdido la vergüenza, el sentido del ridículo.
Y eso es un gran cambio”

Izaskun Azurmendi

Maestro de actores, de bailarines y coreógrafo, Arnold Taraborrelli ha enriquecido nuestra profesión y nuestras vidas durante treinta años. Él se mantiene incólume a los estragos de tiempo, siempre con su piel resplandeciente y sus manos elegantes y vertiginosas. Porque los verdaderos maestros, además de enseñar, siempre están aprendiendo.

Actores.- Siempre me he preguntado qué hace un italoamericano aquí, en España. ¿Desde cuándo estás?

Arnold Taraborrelli.- Bueno, vine aquí la primera vez en el año 60, de visita. Me llevaron a un hotel de la Gran Vía y tengo un recuerdo muy claro de que toda la Gran Vía olía a “Varón Dandy”, y ese olor ya no existe. Como han cambiado mucho las cosas, ha cambiado también el olor… Luego vine otra vez en el 61. Entonces estaba trabajando en Londres, para la televisión, pero antes había vivido cinco años en Puerto Rico y allí conocí mucha gente del teatro, de España, que fueron a trabajar a la misma televisión en la que yo estaba. Mucha gente: Lola Flores, Carmen Amaya, muchos cantantes y bailarines. También a Mercedes y a Albano Zúñiga, que entonces estaban bailando.

Estando en Londres, pensé en venir a España para visitar a Mercedes y Albano, que tenían una escuela de flamenco. Cuando terminé los trabajos que estaba haciendo en Londres tenía que ir a algún sitio y dije: “Pues voy a España”.

En el año 63 cogí el apartamento en el que estoy ahora, en la calle Prim, y empecé a estudiar flamenco, a pintar y a hacer otras cosas. De vez en cuando volvía a Londres para hacer otras series y así estuve durante mucho tiempo: Londres-España, España-Londres.

A.- ¿Qué hacías en esos trabajos para la televisión? ¿Trabajabas como actor, como bailarín, como coreógrafo?

AT.- Como coreógrafo, sí. Hice unas series de musicales sobre bailes latinoamericanos con Xavier Cugat y Edmundo Ros. Se llamaba “Broadway goes Latin” y era para Estados Unidos.

A.- ¿Y en Puerto Rico?

AT.- En Puerto Rico hice mucha televisión como coreógrafo. Bueno, primero bailando y poco a poco… Mis primeras coreografías fueron para el Ballet de San Juan en los festivales de Casals que se celebraban todos los años. Fueron cinco años muy bonitos. Estaba también pintando y tuve dos exposiciones y mucha televisión.

Ahí aprendí a montar cosas rápido: cinco bailes a la semana. Montar, montar, montar. Fue un entrenamiento formidable. Un día suena el teléfono… bueno, yo ya estaba pensando “Arnold, eres un artista. Tienes que ir a Europa. Tienes que dejar esta isla, tan bonita, tan azul, tan verde”, entonces suena el teléfono y me ofrecen un trabajo en Londres y dije “Sí, voy”.

A.- ¿Para la BBC?

AT.- No, para la ITV, pero era una producción norteamericana, si no el sindicato no me hubiera dejado. Hice también una serie para niños que se llamó “Double deckers” y tuvo mucho éxito. Fueron trabajos muy agradables.

A.- ¿Qué te hizo, entonces, quedarte en España?

AT.- Bueno la cosa empezó a ponerse seria cuando conocí a Miguel Narros. Estábamos los dos trabajando en la misma película y hablábamos y hablábamos. Un día me dice: “esta noche va a venir un paisano tuyo a hablar de teatro a mi casa. ¿Por qué no vienes a escucharle?”…Y era el sr. Layton, William Layton.

A.-¿Qué año era, si lo recuerdas?

AT.- El 69. Yo debo mucho a Miguel porque gracias a esa invitación me metió en un mundo totalmente nuevo para mí. El sr. Layton y Miguel empezaron a dar clases y Miguel me propuso que yo también enseñara. Algo totalmente nuevo para mí, encantado, maravilloso. Mis primeras clases fueron en la propia casa de Miguel, en la calle Barquillo. Y de ahí, creció, creció, creció y luego nacieron el TEI, el TEM, el TEC, y el Pequeño Teatro…luego vino mi propio Estudio, todo para arriba.

A.- Siendo como eres tú, muy intuitivo y con las cosas claras, ¿qué viste en España que te atrajera tanto como para quedarte?

AT.- Problemas.

A.- ¿Problemas que te atrajeron?

AT.- Bueno, creo que fui consciente de encontrarme en un sitio en el que podía hacer algo, en el que algo faltaba y me necesitaba. Hay algo de esto. Y también yo les necesitaba a ellos y así es como se hacen cosas. Juntos. Porque el trabajo que hago yo es siempre entre yo y la otra persona. No es que yo enseñe lo que yo sé, porque no sé qué sé. No sé nada. Lo que sé, si se algo, nace y crece de las necesidades de aquellos a los que enseño, entonces trabajamos juntos y algo aparece en el medio y ¡cógelo!. Y ya está.

Es así. Yo prefiero pensar que enseño lo que soy, quien soy. No enseño lo que aprendí. Porque lo que aprendí, es lo que me hace a mí. Entonces está olvidado porque si no, es pedante. No se puede enseñar lo que has aprendido y forzarlo encima de otra persona. Hay que mirar las necesidades de la otra persona y cambiar un poco la manera de enseñar de uno para que sirva para esa persona. No se puede enseñar la misma cosa a todo el mundo, no es justo. Y eso pasa mucho en las Escuelas de Arte Dramático hoy en día. No se puede plantear lo mismo a todas las personas. Hay que mirar a los ojos del alumno porque los ojos te lo dicen todo. Y trabajar con eso. No con lo que sabes tú y ponerlo encima. No funciona.

Mmm, hay tantos talentos… Bueno, parte de mi trabajo ahora es deshacer los nudos que hacen algunos profesores con los alumnos. Por favor, ¿qué están haciendo?, quitando su creatividad, su imaginación, su intuición…Tú te has levantado un día diciendo “yo quiero ser actor”, pues sigue, sigue desde ahí. Es ahí cuando empieza y los profesores tienen que escuchar esto y verlo y ayudarte. No decir “ No, está mal, está mal. Hay que hacerlo así”. ¡No!

Hay mucho talento, a lo mejor es otra razón por la que estoy aquí, un material maravilloso y muy flexible. Mira la historia que tiene España. Mira el folclore, la música folclórica. La música, la comida. Cada parte de España es distinta en esto…

A.- Pero con lo que tú amas el teatro, si hubieras regresado a Londres, habrías podido hacer un montón de cosas, con lo bueno que es el teatro allí…

AT.- Ya, pero no sé. Es el destino, supongo. En mi vida privada también, mi pareja, quien fue mi pareja durante treinta y cinco años, estaba totalmente enamorado de España. Él quería estar aquí y eso también fue parte de la decisión, supongo.

A.- Arnold, después de tantas generaciones de actores y actrices con los que has trabajado, ¿encuentras cambios? ¿qué tipo de cambios?

AT.- Sí, sí, sí. Hay muchos cambios. Primero, el alumno ahora ha perdido bastante la vergüenza, el sentido del ridículo. Siempre ha sido un problema gordo. Al principio era terrible, lograr que se quitaran los calcetines y los zapatos, ¡uff!, ya era algo. Ponerse un traje de baño o mallas, ¡eso fue un milagro!, después de años. Claro, eso ha cambiado totalmente.

Los alumnos son mucho más abiertos. Viajan, van a Londres, a París, Estados Unidos, trabajan como camareros. Cuando yo empecé, no viajaban porque no podían, no había cine, no había libros. La censura y todo eso, era muy duro. Hay cambios, hay cambios.

A.- La gente va a tus clases muy motivada, aún así, ¿tienen más sed de aprender que antes ¿menos? ¿igual?

AT.- El Estudio tiene una reputación muy especial. Es un sitio muy especial para gente muy especial. Lo pasamos bomba. Vienen porque quieren venir. A veces surge algún problema con gente que estudia teatro en un mismo sitio y se comportan en mis clases como un grupo de amiguetes, y eso no funciona. Si funcionan como un grupo cerrado, yo no encuentro sitio para trabajar. Se hace muy difícil hasta que comprenden que no vienen para fomentar ese tipo de relación, vienen para hacer algo conmigo y yo con ellos. Es un juego de ping-pong. Si yo tiro la pelota y tú no me la devuelves…

A.- Quizá ese es el problema de la enseñanza siempre…

AT.- Sí, sí, seguro. Los cambios han sido muy agradables, con mis alumnos es… maravilloso. Es un amor, sí. Es una manera de hacer el amor con ellos y ellos conmigo, en el mejor sentido de la palabra…digo…

A.- Sí, yo lo sé, lo he vivido.

AT.- Ja, ja…Muy productivo, muy bien, muy bien. Muchos están trabajando, aunque claro ahora mismo hay falta de trabajo pero también están aprendiendo a no esperar, a hacer cosas. Y yo, cuando tengo tiempo, en vez de ir a los teatros nacionales voy a ver las obras que hacen mis alumnos, especialmente a La Guindalera donde están haciendo un trabajo que me parece una maravilla.

A.- La pregunta es obvia, pero ¿por qué es tan importante el trabajo del cuerpo y del movimiento?

AT.- Bueno porque todas las emociones y todo, empiezan por la columna vertebral y si no sabes dónde está, si no la conoces, va a ser un problema. La contracción de abdominales es también muy importante y hay que saber cómo utilizarla. Lo que produce el sonido, también, entonces si tu estás a cargo de tu cuerpo todo va a cambiar, la voz también. Si sabes cómo apretar, saldrán distintos sonidos…

A.- Y a nivel interpretativo, ¿cómo influye el trabajo corporal?

AT.- Ese es otro aspecto porque, claro, además de “estar en” y conocer tu propio cuerpo, tienes que conocer los cuerpos de los demás. Un actor tiene que estar estudiando todo el día, tienes que estar mirando a la gente todo el rato, recibiendo y guardando toda la información para luego poder pedírsela a tu cuerpo en determinadas interpretaciones. También el cuerpo puede ser la primera base para montar un personaje, cómo se mueve, cómo se sienta, y luego eso va a influir en cómo suena, en qué dice…

A.- ¿Ayuda al actor a liberarse de ciertas presiones que encuentra en la interpretación?

AT.- Sí, sí, sí. Porque es una limpieza de alma y cada clase puede ser una catarsis emocional que también provoca una gran limpieza. Entonces el cuerpo está más libre, más abierto para recibir a esos personajes…Nosotros tenemos que recordar que somos doctores. Los primeros actores eran los chamanes, los “witch doctors”, los vudús, etc. porque tenían la capacidad de crear unos ambientes y de hacer creer a la gente en cosas que no existen. Y ese es el trabajo de un actor: tiene que estar muy bien preparado para que el público que va al teatro tenga una catarsis emocional y pueda curarse. Por eso va la gente al teatro, si no, no vale para nada. Y estoy hablando también de los musicales, que también es un arte del actor, no está separado del teatro como antes.

A.- ¿Estás teniendo alumnos que trabajen en musicales?

AT.- No, aquí no. Parece que es un mundo aparte. No sé quiénes son. De dónde salen. Es curioso.

A.- Recuerdo hace mucho tiempo estar en tu clase y a mi lado nada menos que ¡Nacho Duato!!. Sé que no es tu tema favorito pero me gustaría que mencionaras alguna de las personas conocidas que han estudiado contigo…

AT.- ¡Sí! Nacho…Recuerdo que yo mandé a Nacho a Londres para que estudiara ballet contemporáneo. Le dije “mira, chico, tú tienes unas piernas…” (ja, ja) y era muy joven… Eso fue durante los años del Pequeño Teatro. Y Miguel Bosé y sus hermanas. Y bueno, últimamente, Carmen Machi. Carmen estuvo conmigo muchos años. ¡Me pone tan contento ver cómo está reconduciendo su carrera!. Ella ha dicho cuando lo ha creído “No” y sigue adelante, me parece maravilloso. También Ana Belén y Luz Casal, que cuando tenía trece años se me acerca y me dice “¡yo soy cantante!”. Y Carmen Maura…Y mucha gente que me encuentro y me dice: “Estudiar contigo ha cambiado mi vida” y yo les digo “¿Cuándo?”, “Hace veinticinco años”, ¡uh!. Esto es maravilloso.

A.- Arnold, en tus clases no sólo se aprende movimiento, tú te compartes…

AT.- Yo estoy totalmente enamorado de la vida y la vida es mi trabajo. No tengo separación. Toooodo está incluído, la cocina también. Es una labor manual, un ritmo, un estudio del ritmo. Cortar verduras… es música. La manera de coger un vaso… es importantísimo para los personajes. No sólo cómo se llora, recordando a tu abuela para llorar. ¡Anda!

A.- Y ¿qué hay de tu pintura?

AT.- Bueno, yo empecé a pintar con diez años y luego hice la carrera de Bellas Artes en Estados Unidos pero fue también allí cuando empecé a estudiar baile en la Universidad y para mí no hay ninguna separación entre todo ello. En España no he expuesto y ahora mismo no estoy pintando. He hecho ilustraciones de algunos libros… A lo mejor vuelvo, no sé, no sé. La cosa es que estoy pintando todos los días pero en el aire, con mis alumnos. Todo es lo mismo. De vez en cuando siento nostalgia del olor de los materiales, óleos, papel, pinceles…Pero tengo gente maravillosa a la que puedo tocar, encima. (ja, ja, ja)

Ahora mismo voy a dar un curso intensivo en Vigo y trabajaremos el cuerpo pero también con música, papel, colores…como he hecho de vez en cuando.

A.- ¿Qué te cuentan últimamente tus alumnos jóvenes y no tan jóvenes de la profesión?

AT.- De vez en cuando alguno viene muy decaído por lo mal que lo ha pasado en una prueba, del mal trato en ciertas audiciones o entrevistas con productores o agencias y me pone muy triste la falta de educación. Se trata mal a la gente y eso no es justo. Gente que se prepara y es seria. También situaciones de falta de pagos… A lo mejor el sindicato tiene que ayudar más en el sentido de que no existan chantajes en los trabajos.

A.- El sindicato lo intenta pero a veces la gente, por trabajar, está dispuesta a muchas cosas…

AT.- Claro, eso también, desde luego. Hay un equilibrio ahí…Hay que respetar el trabajo de todo el mundo y así podemos hacer cosas juntos. Luego tú te vas a tu casa y yo a la mía.

A.- ¿Sabes lo que tienen de especial tus clases?

AT.- ¿?

A.- Magia.

AT.- ¡Ah!…Ja, ja, ja…pues…sí. Eso me dicen. Pues me alegro. Tiene que ser así porque muchas veces voy a clase y pienso “¿qué voy a hacer?, ¿qué vamos a hacer? no tengo ni idea…” y veo a alguien rascarse la cabeza y ¡ya está! empezamos con esto y desde ahí…¡¡Dos palmas!! ¡¡Anda, vamos, otro, ya!!

Quiero decir a todo el mundo, de todos estos años…es mucha, mucha gente, quiero decirles: MIL GRACIAS, Y GRACIAS, Y GRACIAS POR HABER JUGADO CONMIGO y por dejarme entrar en sus vidas y por haber entrado en mi vida tan gloriosamente. Por haberme dado vida, que eso es lo que es. Os quiero mucho, a todos.

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