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Bernar Caldevilla

Aurora Bautista, mujer de rompe y rasga, con una carrera de más de 60 años, es reconocida internacionalmente por papeles como Agustina de Aragón o Santa Teresa de Jesús. Supo aprovechar la repercusión de su trabajo en pleno régimen franquista y su talento viajó, desde España, a Argentina y Méjico.

Actores.- ¿Cuándo empezaste con la interpretación?

Aurora Bautista.- En el antiguo Instituto de Teatro de Barcelona, estaba dando clases un catedrático muy prestigioso, Díaz Plaza, y él era el director. Había un ambiente muy especial porque en Barcelona no eran muy afines al régimen, solicité la admisión y me la concedieron. El primer año vino a dar una conferencia don Cayetano Luca de Tena, por entonces director del Teatro Español, que iba a hacer Eco y Narciso de Calderón; todo el mundo vino a verlo. Como era un tema mitológico, tenía que interpretar a una bestia del bosque y la profesora no quería, porque tenía que enseñar las piernas y enfundarse en un disfraz. Como mi padre era peletero, fue él quien me hizo el traje, precioso, y allí salí yo como bestia soltando la parrafada, que la gente agradeció mucho por el matiz que le di para entender bien el verso. Después de eso me pidieron que le recitara a Lorca y él dijo que me llevaría a Madrid. Al acabar el curso recibí un telegrama diciendo que me querían para hacer repertorio en el Teatro Español. Recuerdo que me ofrecieron un sueldo mísero, pero con todo y eso llegué a un acuerdo con ellos y empecé haciendo La conjuración de Fiesco. Una vez vino a vernos Juan de Orduña y al acabar me dijo: “¿Te gustaría hacer cine?” Y yo le dije: “¡Sí!”, aunque no sabía, y él dijo: “No te preocupes, te voy a enseñar”. Me hizo una prueba con una de las escenas más difíciles y se fue con la prueba a CIFESA y allí dijo: “Ya tengo a la actriz.” Dijeron que no. Pero entonces les propuso: “Pues pago yo los primeros 15 días de la película y si no vale, le hacemos un regalito y que se vaya a su casa”. Y me aceptaron. Todo esto que te cuento, lo supe después. La película, la primera que yo hacía, era Locura de amor. Esta fue la primera vez que se hizo el personaje de “Juana la Loca” en cine. ¡Me llevé unas críticas fabulosas, estuvo un año programada en Rialto, en la Gran Vía, mi padre estaba encantado!

A.- Pero vivías con la familia en Madrid, ¿por qué Barcelona?

AB.- Mi padre era demócrata. En aquella época fue condenado a muerte, aunque después le conmutaron la pena a 30 años, luego a doce, de doce a seis, de seis a tres… Fue un suplicio, no podía vivir en Madrid. Era peletero. Así que con algunas máquinas que teníamos montó un taller en la casa de Barcelona y con mucho apuro y ayuda salimos adelante. Fue en ese momento cuando empecé a estudiar teatro y entonces me hice actriz.

A.- ¿Qué echas de menos de entonces?

AB.- Escritores de la talla de Benavente o de Lorca, la pasión por el teatro.

A.- ¿A quién tenías como referencia en aquella época?

AB.- A personas como Adolfo Marsillach o Amparito Rivelles. ¡Y a Lola Membrives, que actuaba con mucha verdad! Recuerdo un día, cuando yo estaba estudiando, que ella tenía que hacer un estreno en Barcelona y me eligieron a mí para ser la partener, era una historia bastante dura y había que echarlo todo en escena. Cuando ensayábamos, Lola no me decía nada, sólo me marcaba las salidas. Otra actriz ya me había advertido que ella gritaba mucho en escena y que ponía en apuros. “No te va a dejar hablar, ten cuidado”, me dijo. Y así, entre aquella maestra por un lado y la actriz que ya la había sufrido en escena por otro, yo me había preparado bien. El día del estreno fue tal cual, pero cuando ella gritaba yo gritaba más. Fue una lucha en el escenario. Luego la oí decirle a la profesora: “¡Oiga, cómo se imponía esta chica! Menudo susto que nos ha dado a todos. ¡Muy bien, eh!”.

A.- ¿Y hasta Méjico, por qué?

AB.- La primera vez fui a hacer teatro, La educación de Helen Keller. Yo allí era muy conocida por mis películas y me llamaban para todo. Un día en un cóctel, una señora me dijo: “¿Qué te gustaría llevarte de Méjico?”, Yo le contesté: “no es posible, porque casi todo son murales, pero me gustaría llevarme algo de Diego Rivera.” A la mañana siguiente en el hotel tenía un Diego Rivera, ése que está allí… (me señala un cuadro chiquitito en el salón. Advierto que al lado de este, hay un Miró, también un Picasso de la época azul y un Dalí, dedicado). Mis cositas de toda la vida (prosigue Aurora con una chispa de felicidad en los ojos) y la suerte de haber vivido ésa época, fíjate: el ochenta cumpleaños de Picasso lo pasé con él, en Niza, recitándole a Lorca. Pues en esos días en Méjico, una poetisa me dijo: “Te voy a ir a ver al teatro mañana con unos amigos”. Entre esos chicos estaba el que después sería mi marido, que era médico y había traído flores para todas las que estábamos allí. Pero él y yo nos gustamos mucho y nos hicimos novios. Era un tío estupendo (se ríe divertida) y en mi familia, claro, ¡querían verlo! “Que dé la cara, ¿no?” me decían. Y vino, a decirles que se quería casar, pero la lucha era que él quería vivir en Méjico y yo no, yo quería vivir en España. Luego tuve que volver a trabajar y nos casamos allí, en Méjico. Asistieron Chicote y todos los españoles del momento. Luego casi en seguida vino mi hijo, Hernán, e hice La tía Tula y a los cuatro años nos separamos.

A.- ¿Cómo ha cambiado la televisión el cine y el teatro?

AB.- Faltan dramaturgos, grandes escritores. Creo que por causa de la televisión todo se ha vuelto muy cotidiano; ya es tan fácil entretenerse en casa que eso ha influido en la calidad del escritor, olvidándose del teatro.

A.- ¿De qué eres más espectadora?

AB.- Del cine, no sólo de cine español, veo de todo. Me gusta ver el buen cine del mundo, da igual que sea de Hollywood o de Lavapiés, aunque por supuesto el teatro también me gusta mucho.

A.- Hace tiempo dijiste “me retiro”, pero si algún director de cine te dice: “Aurora, este papelito es muy entrañable y sólo lo puedes hacer tú, lo escribí para ti, ¿qué dirías?

AB.- Pues que lo hago, encantadísima, mira, le hice un personaje muy lindo a Garci en la película Tiovivo c.1950.

A.- Retirada sí, pero me ha dicho un pajarito que no paras…

AB.- Tengo muchos amigos relacionados con diferentes ámbitos artísticos y siempre estoy viendo cosas. Mira, con Elvira González, galerista con gran sensibilidad y amiga desde los 14 años; con ella comparto teatro, exposiciones y buen flamenco, pero del de verdad…

A.- ¿Aurora, qué cambios notas en la profesión?

AB.- Creo que ha bajado mucho el nivel, pero no por las personas que la ejercen. Pienso que la televisión ha sido una de las armas que ha hecho que caiga el nivel de demanda de teatro, es un medio que ve mucha gente y va formando opinión, de mala manera… También hay que decir que hay buena televisión, cuando se sabe hacer.

A.- ¿De quién conservas un recuerdo especial?

AB.- De los profesores, de mi familia; de mi padre, que fue un hombre muy abierto a la vida y a la manera de pensar actual: eso me ayudó mucho a ser como soy.

A.- ¿Qué personaje se te quedó en el tintero?

AB.- Por ejemplo, Rosalía de Castro, que era poetisa e hija de un cura, con lo que allí habría un personaje precioso; o Santa Teresa de Jesús.

A.- Pero tú sí interpretaste a “Santa Teresa”…

AB.- Lo que pasa es que Carlos Blanco, gran guionista, nos dijo: “Tenéis que dejarme que la describa como ser humano, no como santa”. No iba a hablar de la predestinación de la iglesia, sino de que a Santa Teresa le gustaban los chicos y que la cortejaran; era un ser humano, y de cómo por una serie de circunstancias iba viendo –por ella misma, no porque Dios se lo dijera– lo bueno y lo malo de las cosas, y además rompiendo en esa época; fundando la orden de las Carmelitas Descalzas. Una película sensacional. Y aquí no era cuestión de frases sino de conceptos y Carlos, el guionista mismo, fue al Vaticano y allí la comisión que existe para eso, la autorizó; le pusieron el sello de aprobación pero aquí… la censura la rechazó. Y no se hizo.

A.- Entonces, más papistas que el Papa, ¿pero tú hiciste una Santa Teresa?

AB.- Sí, antes, con Juan de Orduña. Luego ya no tenía la edad para el otro guión. Una pena.

A.-¿De cuál de tus trabajos conservas mejor recuerdo?

AB.- Interpretar una obra de Lorca en plena dictadura fue maravilloso. La familia Lorca estaba muy herida y no quería que se hicieran obras de su pariente mientras viviera Franco. Nosotros deseábamos hacerla y les decíamos: “el pueblo español qué culpa tiene” ¿no?, entonces quedaron un poco más convencidos y dijeron que si se hacía “una Yerma”, que la hiciera yo. La realizamos primero en Italia de la mano de Menotti que organizaba el Festival de Ambos Mundos y después la estrenamos en Madrid en el Teatro Eslava. Fue tan emocionante, con cestas de claveles en el escenario y todo el mundo cantando: “¡Federico!, ¡Federico!”, fue un gran acontecimiento, los guardias estaban todos en la puerta del teatro, debían pensar que íbamos a hacer una revolución, y adentro ya no cabía nadie, estaban llenas hasta las escaleras. Aquel fue el momento más intenso de mi carrera.

A.- Consejo que darías a los actores que empiezan…

AB.- Tened siempre ganas de aportar algo nuevo, maneras nuevas, innovad. Siempre he creído que se debe avanzar en formas de expresión, y se puede hacer cuando se tiene una educación cultural. Definitivamente, hay que innovar.

A.- ¿Anécdotas?

AB.- Una vez, estando en El Paular, en la sierra, donde fui a estudiar el guión de Santa Teresa, pedí las llaves de la cartuja y me puse a recitar el papel: “¡Marchaos, esto no es de buenos cristianos, no queréis a Dios!…”. Había unos albañiles que estaban allí arreglando alguna cosa y al oírme, salieron corriendo despavoridos al Parador de al lado, y decían: “¡Uy, cómo nos ha puesto!” También otra vez, en una función, después de unas doscientas actuaciones, se me fue el texto y, mientras seguía improvisando, le cogí el libreto al apuntador que estaba despistado en su concha con un partido, busqué la página y seguí. O cuando nos reíamos en un drama y sin poder ni hablar, claro, rompíamos el clímax, era horroroso, y los actores mayores se ponían tensos.

A.- ¿Qué te preocupa?

AB.- La importancia de España, quiero que sea mayor. Creo que el nivel cultural de la Generación del 27, aquella calidad de escritores y de artistas se podría volver a dar. Eso se puede, aquí hay materia prima, se puede conseguir.

A.- ¿Con qué te deleitas?

AB.- Con la lectura, aunque me falta mucho por leer, no leo todo lo que quisiera.

A.- ¿Con qué aprendes?

AB.- Yo tuve la posibilidad de acceder a la cultura. Estamos pasando un bache y seguimos sufriendo las consecuencias de las situaciones desagradables que han ocurrido en este país y eso está destruyendo nuestra cultura. No deberíamos permitir que ocurra.

DE CERCA

Una virtud Pues no sé… cocino muy bien.

Una vergüenza Que haya existido Hitler, el holocausto, las guerras.

Un capricho He conseguido hacer todo lo que quise en la vida, lo he tenido todo; he tenido mucha suerte.

Un lamento ¡Aaaaay! (grita ella y nos reímos de su ocurrencia).

Tu ilusión está…
En mis nietos, son guapísimos, mi nuera es inglesa y muy guapa. Y el nene, cuando tenga 18, ¡va a arrasar!

Un anhelo Saber en qué se van a especializar mis nietos en la universidad, tengo mis años y no sé si lo veré. Ellos me quitan las penas: son la continuación de mi vida.

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