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“Nos cuesta mucho envejecer bien”

Bernar Caldevilla

Su sola presencia es cabeza de cartel. Eterna referencia de belleza magnética, su mirada es fuerte, sabia y curiosa a la vez. Actriz sólida que elige sus trabajos con mimo, se ha ganado el respeto con interpretaciones inolvidables en Los gozos y las sombras, Fortunata y Jacinta, La colmena, Plenilunio o Secretos del corazón.

Después de estudiar Filosofía y Filología en Salamanca, Charo se matriculó en la Escuela Oficial de Cinematografia de Madrid para estudiar interpretación. Se hizo popular en la serie de televisión Los gozos y las sombras (1981), basada en la novela de Torrente Ballester. En los 70 y los 80 desarrolló una intensa carrera participando en numerosas producciones de cine y televisión. En teatro ha cosechado grandes críticas con Tengamos el sexo en paz, un monólogo escrito por Darío Fo, Las memorias de Sarah Bernhardt junto a Emilio Gutiérrez Caba o El otro lado.

Actores.- ¿Cómo llegaste al mundo de la interpretación?

Charo López.- Empezé en el colegio y después seguí en la universidad: siempre me metía en estos tinglados. Luego estudié para dar clases de teatro y lo hice durante mucho tiempo, me encantaba. Después me encontré con Gonzalo Suárez, que me ofreció hacer Ditirambo. Nunca he sentido que tuviera que dar el paso, era como si la interpretación hubiera estado siempre en mi vida, como si un día me hubiesen instalado suavemente en la profesión.

A.- ¿Tuviste el apoyo familiar?

CL.- Mis padres han sido muy generosos y respetuosos, tenían sus temores y me protegieron como pudieron. Al principio de Los gozos y las sombras me mandaron una carta que me ha ayudado mucho y que todavía conservo.

A.- ¿Cómo se siente uno cuando recibe el trato de mito?

CL.- Pues desconcertada… si vieras lo poco mito que me siento cuando me estoy dando el rímel y estornudo, llenándome toda la cara de manchas… Me da risa pensarme como mito, es una carga que se me pone en la espalda porque no puedo decepcionar pero, claro, decepciono. Entiendo que, a través de la televisión, he entrado en muchas casas y la gente necesita creer, pero prefiero que me traten como a una amiga y no como a un mito. La gente que tiene trabajos normales tiende a la mitificación. A mí me pasaba con Marisa Paredes, empezó antes que yo y para mí era lo más. Ahora lo sigue siendo, pero es diferente, es amiga y compañera. La admiro y entiendo su trabajo.

A.- ¿Cómo definirías el éxito?

CL.- El éxito llega cuando el público empieza a quererte y a desearte a través de un personaje que les ha gustado; tanto, que hasta te confunden con él. Para mí fue “Clara Aldán”, para Ferrandis fue “Chanquete” y así en mil casos. Que te sigan viendo en ese personaje es un éxito; lo otro, es salir en la tele y que te conozcan porque sí. Es como anunciar tomate, cuanto más lo anuncias, más se conoce, eso es famoseo y es indigno. El éxito es muy injusto, pues hay actores buenísimos que llevan toda la vida sin que les haya llegado nunca ese personaje. Tiene mucho de azar. Pero debes trabajar duro para encontrar ese papel inolvidable que deje huella en el público. Debes pelear por encontrar ese personaje.

A.- ¿Las comparaciones son odiosas pero… Ava Gardner?

CL.- La belleza por la belleza no me dice nada. Así que, por más que me comparen con ella, no me parece importante. Me interesa más la vida de Liv Ullmann, Jane Fonda o Glenda Jackson. Reconozco que la belleza me ha ayudado mucho pero, sin fondo, la belleza sola no es nada. (Entonces Charo se vuelve hacia Helena Amado, fotógrafa de Actores, y le dice: “No me retoques después, que bastante me ha costado tener estas arrugas”).

A.- ¿Es difícil cumplir las expectativas del público?

CL.- No, si sabes lo que ha gustado de ti. Lo que pasa que no puedes hacer una carrera de concesiones. Hay muchos tipos de público y, cuando ocurre el milagro del éxito, es porque se ha producido un enganche contigo. No puedes decepcionar. Al público hay que darle cosas, no trabajar en solitario. No existe la cuarta pared, así que trato de trabajar con lo que soy, con mis armas; enseñar lo bonito y lo feo, la debilidad y la fuerza; no estafarles, ser honesta y utilizar lo que hay y lo que tengo en vez de ocultarme.

A.- ¿Qué tiene que tener un texto para que quieras hacerlo?

CL.- Antes hubiera contestado de otra manera, pero ahora… me muero por hacer comedia. A lo largo de mi vida privada me he reído mucho y me lo he pasado en grande. Sin embargo, como actriz he hecho muchos papeles solemnes y dramáticos. Esta industria asocia la belleza a los papeles eróticos, de glamour, de seducción, y la fealdad a la comedia. Y como ya no soy guapa, no soy joven, pues ya, ahora sí, voy a hacer comedia porque quiero. Además, acabo de venir de Méjico, de hacer una película con Fernando Guillén en la cual hago de señora mayor. Ha sido la segunda oportunidad que me dan, después de Secretos del corazón de Montxo Armendáriz. Estoy contentísima de haber salido con la cara lavada. Es una experiencia nueva que asumo y disfruto. Estoy haciendo el cine que siempre deseé hacer.

A.- Te costará mucho componer los personajes…

CL.- No, porque muchos los he vivido en mi propia carne. Tengo mucha memoria emotiva, siempre hay algo en lo vivido que puedo aprovechar y si no, quedan las novelas y los amigos. Es prácticamente imposible que te ofrezcan un guión donde no hayas visto, leído o saboreado al personaje en algún momento y si no, te lo tienes que inventar.

A.- ¿Tienes un personaje favorito?

CL.- Tengo mucho cariño a “Clara Aldán” de Los gozos y las sombras; a “Mauricia”, la dura de Fortunata y Jacinta; a Nati de “La colmena” y a la mujer de Secretos del corazón. Es muy dificil, en el cambio de edad, que no te tengan aparcada en el garaje entre diez y doce años, si es que vuelves a salir. La suerte es que no paro en el teatro. Estoy muy contenta con mis últimas producciones que me compensan de muchas maneras, aunque económicamente quizá, las que menos. Hacer la función que te gusta, elegir vestuario y escenógrafo es bellísimo y durísimo a la vez. Ya he producido nueve o diez. Y luego, está el teatro en el que te “llaman”, que también me gusta porque no tienes que estar tan preocupada.

A.- ¿Te ves como directora?

CL.- No. Me siento recipiente. No sé de dónde les aprieta el zapato a los demás, y me da mucho respeto.

A.- ¿Qué disfrutas y qué sufres como espectadora?

CL.- Lo peor es el aburrimiento. Disfruto mucho cuando hay un texto y unos actores buenos que son capaces de pasar la barrera y te llegan.

A.- ¿Qué está pasando con el cine español?

CL.- Lo único que te voy a decir es que está enfermo. Y no digo más. Ya me pillas mayor.

A.- ¿Cuáles son tus maestros y referentes actuales?

CL.- Muchos. Con Carlos Gandolfo hice dos comedias, aprendí mucho con él y fui muy feliz en Buenos Aires. José Carlos Plaza y Miguel Narros son importantísimos para mí y, últimamente, he tenido la suerte de trabajar con Eusebio Lázaro, que es escenógrafo, director y actor de El otro lado, mi última obra, con la que he podido disfrutar y aprender durante dos años junto a José Luis Torrijos. Son tantos que no puedo nombrarlos a todos. A quien sí me permito nombrar –le tengo profundo respeto y admiración– es a Vicky Peña: una actriz total, pero hay muchas más.

A.- Estuviste en Méjico haciendo una pelicula, ¿cuál es la diferencia?

CL.- Ahí me has tocado el corazón… conocer un país a través del trabajo es maravilloso. Fue un rodaje muy intenso en alta mar. No voy a olvidar nunca el amor que sienten en Méjico por los actores, es como en Argentina. Amo a mi país y casi todo mi trabajo lo he hecho aquí, pero allí te miman. Decía Ravelais: “A los actores hay que tratarlos como a madres que estan a punto de parir”. Y parecerá exagerado, pero cuando tienes que estar delante de una cámara y emocionarte, debes estar relajado y sereno. Tienes que darlo todo para que una escena sea sublime.

A.- ¿Crees que debemos dejar el sexo en paz?

CL.- (Risas). Bueno, esto lo tengo que contar: Me fui hasta Bolonia a la casa de Dario Fo y Francesca Rame y tuve la suerte de que ese día ella hacía una función al aire libre. A los veinte minutos de la representación, me dije: “Voy a luchar por conseguir esta obra”. Me entusiasmó. Se titulaba Grazie tanto per piacere, (algo así como: “gracias, lo justo para probar”). Aquí le cambiamos el titulo por Tengamos el sexo en paz y después pensé: “Eres una lista, cómo vas a decir ‘prepucio’ en escena, cómo vas a decir ‘escroto” y lloré, pero tuve la suerte de contar con José Carlos Plaza, que me dirigió de una manera muy precisa. Tan divertido fue, que allí mis arrugas tomaron el carácter de fijas. Fue un idilio inolvidable, ya van trece años y seguimos, porque vuelvo en abril.

U.- ¿Seguimos viviendo entre gozos y sombras?

CL.- En España estamos viviendo como en el resto de Europa, hay un problema enorme. Tres cuartas partes del mundo pasan hambre y antes de la crisis también lo pasaban. En España saldremos de la crisis como hemos salido de otras, pero también las pasaremos canutas al igual que Francia, Grecia, Inglaterra e Italia.

A.- ¿Qué te ha dado la vida que no te ha dado la actuación?

CL.- Para mí es lo mismo, no lo sé distinguir, no sé separar trabajo y vida, porque si el trabajo va mal, mi vida va mal. Pero la vida me ha dado el amor y me ha dado la familia.

A.- ¿Por qué no fuiste la virgen de Buñuel?

CL.- Pues no lo fui porque era muy joven y desconocida. Pero cuando bajé a la gruta vestida de virgen, don Luis dijo: “Esa es la virgen que yo quiero”. Le pregunté: “¿Qué virgen quiere, don Luis? y me respondió: “Quiero una virgen puta…”. “¡Ah!, pues muy bien…”. Me dejó sorprendida.

A.- ¿Qué es el infierno para ti? (Charo hizo para el CDN la obra Infierno dirigida por Tomaz Pandur)

CL.- El infierno son los otros. O no, claramente el infierno para mí es no sentirme a gusto dentro de un papel, por la razón que sea.

A.- Proyectos de los que puedas hablar…

CL.- Una pelicula en Alemania que se rueda dentro de un año en alemán, idioma que no hablo nada y del que hoy tengo mi primera clase. Es un papel maravilloso y me hace mucha ilusión, igual que la promoción de mi película mejicana Ventanas al mar donde trabajo con Fernando Guillén. Y en teatro, una comedia, cómica de verdad, que me apetece muchísimo.

A.- ¿Cómo se pasa por la madurez?

CL.- Poco a poco. Tuve la suerte, con 38 años, de que un noviete me dijera: “Te estás haciendo vieja”. También por entonces un director muy conocido me comentó: “Te iba a dar este papel, pero te veo mayor y se lo voy a dar a tal actriz, ¿qué te parece?”. “Pues que a ella y a ti, si pudiera, os ahorcaría…”. No estaba tan mayor para hacer aquel papel, pero han empezado a molestar con lo de la edad tan pronto… Envejecer es parte de la vida, la gente valora el dinero hasta el punto de la corrupción, en cambio detesta la vejez.

A.- ¿Qué harías ahora, que de joven no te hubieras atrevido?

CL.- De joven he sido un caso, estaba muy limitada y asustada por lo de la belleza. Ser actriz joven y guapa me ha mediatizado para hacer comedia, cosa que ahora busco y disfruto. Siempre he tenido mucho humor, pero he pasado miedo… hasta que un día decidí romper amarras e irme a Bolonia a buscar Dejemos el sexo en paz, cosa que cuando tenía 21 años no hubiera hecho ni muerta.

A.- ¿Te influyen las críticas?

CL.- Me influyen, me duelen, me molestan cuando son horrendas. Si son buenas, me encantan.

A.- ¿Qué te ayuda a crecer?

CL.- Como decía Gil de Biedma: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde…”. Lo que me ayuda a crecer es la esperanza de seguir buscando y aprendiendo, pero ¡ojo!, también te das cuenta de que cada vez te queda menos tiempo y el paso del tiempo me asusta. Siempre he vivido con prisa, eso ayuda a crecer. Y ya que son dos días, como dicen, vamos a vivirlos como Dios manda; yo quiero pasarlos con toda la plenitud, con toda la lucidez y con toda la verdad que pueda.

A.- ¿Qué te llevarías a una isla desierta?

CL.- Me llevaría a mi chico, una sombrilla por si el sol me da alergia y… somníferos por si un ratón no me dejase dormir.

A.- ¿Qué le pides al futuro?

CL.- Que no me alteren las cosas, que me dejen vivir a gusto, que me dejen en paz.

A.- ¿Te permites alguna locura?

CL.- Lo que no me permito es casi ninguna sensatez.

DE CERCA

¿Dónde encuentras la felicidad?

En el amor, y en el trabajo.

¿A qué tienes miedo?

A la enfermedad, al dinero, a cosas que debiera saber y desconozco, a no valorar lo que la gente me da y a no darle la importancia suficiente.

¿Virtudes de los demás?

Me gusta la gente lista, inteligente, que me hace reír y que es tolerante.

Y defectos…

La intolerancia, el puritanismo, la corrupción… Iba a decir la mentira, pero no, la mentira me encanta. No me gusta la impostura, la ambición desmedida ni todas esas poquerías.

¿Qué te conmueve?

Por ejemplo, si estoy sentada entre el público y un actor se equivoca, podría subir y comérmelo a besos. Me conmueve la inseguridad que siente alguien delante de la gente.

¿Un capricho?

Pues tenía uno muy bonito, pero no me lo he permitido. Como estamos en crisis, hay que ser coherentes con el momento.

¿Qué cambiarías del mundo?

Mejor pregunta qué es lo que no cambiaría del mundo y terminamos antes.

No aguantas…

Muchas de las cosas que nos rodean. Quizá la televisión es quien mejor nos lo enseña: a través de ella podemos ver qué tipo de país somos, cómo tratamos las noticias, a la vida y a los demás.

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