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“Se deja llevar pero con los pies en la tierra”

Bernar Caldevilla

Gloria nos recibe en el Teatro Español, en su camerino, y la entrevistamos mientras se maquilla y la van peinando.

Gloria Muñoz.- Empecé en el año 65 en la compañía de Amelia de la Torre y Enrique Diosdado, una compañía convencional, una buena casa, como se decía antes. Nos dejaban libres el miércoles por la noche porque entonces se hacían 14 funciones por semana.

Actores.- Desde entonces has combinado televisión, cine y teatro. Destaco algunos títulos en cine y televisión como La flor de mi
secreto,
Hermanos y detectives, El síndrome de Ulises, Manolito Gafotas, 7 vidas, Los jinetes del Alba, El jardín de los cerezos… en Estudio 1 y en teatro desde
los primeros montajes como Castañuela 70 con el Grupo Tábano a Las troyanas, hasta Homebody Kabul o ahora lo último del Español, Todos eran mis hijos. ¿Tienes tiempo para proyectos nuevos?

G.M.- Me gusta tener siempre algún proyecto mío. Últimamente no he podido por trabajos como “contratada”, pero tengo algunas cosas que no te puedo contar todavía porque estoy esperando a estar libre para ponerme con ellas.

A.- ¿Por qué actriz?

G.M.- Mi padre era del cuadro de actores de Radio Madrid y desde muy niña veía cómo se hacían las radionovelas, que entonces se llamaban seriales. También había otro programa que se llamaba Estampas y sainetes y los dos se hacían en teatro en verano, un mes, en el Teatro de la comedia, y otro de gira. Yo lo veía desde muy niña entre bastidores y mi abuela, que había sido actriz, cantaba zarzuela a todas horas. Hice mucho teatro amateur y luego, sin dudarlo, me lancé. Mi padre quería que fuera escritora, pero a los 14 años le dije que quería ser actriz. Me pidió que estudiara una carrera “como Dios manda” y eso que él era actor. A mi hijo el pequeño, que también lo es, le pedí que estudiara arte dramático. Quieres que se ganen la vida de otra manera porque esta maravillosa profesión si tiene un problema grave es la inestabilidad. Aunque hoy en día todas las profesiones son más inestables que antes. Y que tu hijo hoy estudie una carrera no es garantía de que trabaje después.

A.- ¿Cómo fue tu formación?

G.M.- Empecé a estudiar en la escuela de Pepe Franco, que era un magnifico actor, y recuerdo que mi padre le dijo: “Dime si tiene talento”. No quería que fuera una actriz frustrada llorando por los rincones. Estudié ahí 5 años y después hice cantidad de cursos con gente “del método” porque entonces la academia de arte dramático se suponía que no estaba muy bien. Combinaba cursos de actuación con cuerpo, a la vez que filología, que tiene que ver con esta profesión. A mi madre, como empecé a trabajar muy jovencita, le daba miedo que anduviera por ahí de gira, pero lo tomaron bien pues era una profesión que querían mucho en casa.

A.- ¿Cuál es tu función en el mundo?

G.M.- Estar bien, ser feliz, procurar que los que estén a mi lado también lo sean; no tengo una aspiración, nunca he tenido una ambición de dejar ningún tipo de huella, siempre he procurado estar a gusto y pasarlo muy bien en el mundo, pero siempre he querido aportar un granito de arena para que el mundo siga mejor de lo que está.

A.-Has trabajado con Calixto Bieito, con Mario Gas, Almodóvar… ¿Con quién más te gustaría hacerlo?

G.M.- Me lo pones difícil. Plaza, Narros y Chávarri son gente que se me han quedado en el tintero y me gustan mucho. Me gusta mucho la gente joven, las personas que tienen ideas nuevas, que sugieren cosas que no se te habían ocurrido. Por ejemplo, cuando vi La omisión de la familia Coleman, pensé: “Quiero trabajar con Claudio Tolcachir”. Y aquí estoy. Lo que me gusta más de esta profesión es ensayar y el trabajo con el director. Ahora pienso en argentinos como Bartís o Veronese, pero hay tanta gente…

A.- ¿Autores que te gustaría trabajar?

G.M.- Sobre todo gente joven. Recuerdo los primeros montajes con el Grupo Tábano, los textos de creación colectiva… Fermín Cabal les daba forma, los unificaba. También me gustaría hacer a Tenesse Williams, a Camus, a Sanchís y Mayorga…

A.- ¿Y personajes?

G.M.- Me queda por hacer la “madre” de Largo viaje, la “madre” de Bodas de sangre, o Lady Macbeth porque me gusta mucho… y descubrir los que no están escritos.

A.- ¿Qué tiene que tener un texto para que digas “quiero hacerlo”?

G.M.- Algún tipo de compromiso con la vida, con la sociedad, que despierte interés, que toque a la gente. Y, unido a eso, que el personaje sea bonito y mejor si es complicado.

A.- ¿Quiénes son tus referencias en la interpretación?

G.M.- Juana Ginzo de Radio Madrid, Berta Riaza, Mari Carrillo, Montserrat Carulla, Amelia de la Torre…son actrices extraordinarias y siempre quise ser como ellas. En el caso de Berta es gracioso porque después de decir: “Quiero ser como Berta Riaza”, llevo tiempo haciendo personajes que ella ha hecho en Las bicicletas son para el verano o La Orestiada… es más, cuando hice Las bicicletas, estuve charlando mucho con ella sobre el personaje. Luego aprendo mucho de compañeras que tengo al lado como Vicky Peña y me gusta mucho fijarme y aprender de la gente que empieza, como Manuela Velasco, María Isasi, Pilar Alonso a quien he visto varias veces en la Escalera de Jacob, María pastor que viene de La Guindalera…actrices con mucha frescura que te hacen ver cosas que no te has planteado cuando trabajabas.

A.- ¿Qué te ha dado la actuación que no te ha dado la vida?

G.M.- La posibilidad de superar la timidez; soy muy tímida y poco sociable y en el escenario, puedo ser “tantas” y expresar facetas difíciles de ver y que aparecen ocultas tras un velo de difusa simpatía.

A.- ¿Qué te ha dado la vida que no te ha dado la actuación?

G.M.- Sobre todo, dos hijos y dos nietos maravillosos, Martín y Lara. Es lo mejor que hice en la vida. Es muy bonito verles crecer y tener una ilusión por algo, y ahora veo a los nietos y es muy divertido porque veo cómo van aprendiendo y descubriendo el mundo y eso es algo que no me dio tiempo a ver con mis hijos.

A.- ¿Una ceremonia o superstición antes de entrar a escena?

G.M.- Calentar voz y cuerpo y maquillarme. Me gusta maquillarme; al principio fue una cosa de necesidad porque no te quedaba otro remedio y se convierte en una forma de concentración…También beber, beber muchísima agua, pero no hay ninguna cosa concreta salvo la llegada de una rosa, que llega siempre desde mi primer estreno. Ha pasado de ser una alegría a ser una superstición, cuando llega el estreno y no ha llegado aún la rosa, me entra ansiedad. Y fotos de mi padre o de mi nieto, que si no están se echan de menos. Hay algo que hacemos a nivel energético, antes de la función, que es conectar un poco con las miradas, con las voces, y otra cosa que hacemos es estar siempre en el escenario, salvo cuando me cambio pero vuelvo rápido, para ver lo que está pasando, no me gusta perderme la obra.

A.- ¿Qué lees?

G.M.- Todo lo que viene a mis manos, soy lectora voraz. Últimamente leo poco ensayo porque me aburro… el otro día me he leído un libro de Sánchez Ferlosio, Guapo y sus isótopos, pero lo que más me gusta es la novela. Ahora me he puesto a releer Los episodios nacionales, no sé si seré capaz, pero lo intento. También he descubierto que los libros que uno leyó a los 20 años, cuando los relees a los 60 son otra cosa. También leo mucha poesía, me gusta mucho, y el periódico, sobre todo, es como un rito.

A.- Max de las artes escénicas y Unión de Actores ¿Es bonito que te nominen y te premien?

G.M.- Si me lo dan me pongo muy contenta, si no me lo dan, no me importa,; te dan un poquito más de seguridad pero poca. Yo sigo siendo bastante insegura, llego a los estrenos con mucho miedo, pero creo que los premios son una cosa como muy aleatoria que dependen de cantidad de circunstancias. Me alegran mucho, pero tampoco me hacen creer que he conseguido nada.

A.- ¿Qué consejo das a los actores que empiezan?

G.M.- Que abran las antenas y estudien todo, que no se dediquen a un solo método de trabajo y que estén muy al día de lo que pasa en el mundo. Hay gente que tiende a meterse para adentro y yo creo que el actor tiene que estar muy pendiente de lo que pasa en el mundo para elegir qué obra haces e incidir en las personas y hacerlas reflexionar.

A VUELA PLUMA

Un dolor:

El abandono.


Una esperanza:

El buen reparto de la vida.


Una pasión:

Mi marido.


No soporto:

Las personas como Aznar o Rouco Varela.


Un capricho:

Un viaje a un sitio con mar, para bucear.


Cambiaria del mundo:

Todo, dejaría el mundo como debe estar, no así.


Una virtud a destacar:

De los otros, el buen humor, y de mi, la paciencia.


Una pesadilla:

Que no llego al escenario.


Un refugio:

Mi terraza.


¿Qué te gustaría ser de mayor?

Actriz.


Un sueño:

Estar en una casita con mar al lado y con mis nietos e hijos y seguir trabajando en teatro (se ríe). Eso sí es un sueño.


A.- ¿Qué ves en la tele?

G.M.- La veo poco, me gustan los informativos y no suelo ver las series porque me aburren. Veo a veces algún trozo porque sale algún compañero o me engancho como hace poco con Los Tudor, pero dos capítulos y, al tercero, ya no puedo más; no soy capaz de ir a una hora a ver la televisión. Luego, cuando pongo alguna vez la tele, me quedo pasmada por los gritos que dan y de las cosas que se dicen en televisión. Soy poco televisiva. ¡Ah!, a veces cuando estoy con mi nieto veo Bob Esponja, me pongo con él y me engancho porque es divertido, como hace años a los Simpson; aunque soy más de radio.

A.- ¿Y en el cine?

G.M.- Mi ideal de película es Casablanca. Como aquel cine no se hace ahora. Ahora al estar en el teatro no puedo ir, pero busco que cuenten una historia, que sea bonita o que te impacte por lo que denuncia como Buda exploto por vergüenza. Cuando hice Homebody Kabul contacte con asociaciones para defensa de la mujer afgana. También me gusta mucho el cine español que cuenta cosas y el cine argentino como El secreto de sus ojos me parece una maravilla.

A.- ¿Cuál ha sido tu mayor reto en la vida?

G.M.- Compaginar la crianza de mis hijos con no perder comba en esta profesión que tanto absorbe.

A.- ¿Cómo te influyen las críticas?

G.M.- En el primer momento si son buenas me da mucha alegría y, si son malas, me jode, pero poco; me influyen más las reacciones del público, la relación con los compañeros, lo que me dice el director, eso me toca más, porque me influye la buena relación que pueda tener con ellos; pero el día que ha habido una buena crítica, he pensado que el crítico ha venido de muy buen humor y le he caído bien, no pienso que esté todo hecho. Y me afectan mucho las de los compañeros; cuando un amigo actor dice que no le ha gustado mi trabajo, me es durísimo.

A.- ¿Cuál es la ventaja de ser actriz?

G.M.- La mayor ventaja es que haces un trabajo que te gusta mucho. Estás todo el día jugando, tu vida consiste en jugar para que los demás se entretengan y te diviertes y diviertes a los otros. También los horarios y que puedes expresar lo que en la vida diaria no expresas, la ventaja en sí, es ser actriz.

A.- ¿Y el inconveniente?

G.M.- Para mí, que hay mucha vida social que yo no disfruto, me cuesta muchísimo. Otra de las cosas que llevo fatal son las fotos y no me gusta nada la tremebunda inestabilidad de esta profesión; es un problema que a medida que te vas haciendo mayor es más peligroso. La situación laboral es uno de los inconvenientes de ser actor.

A.- ¿Tu último momento de felicidad.

G.M.- El sábado pasado leyéndole un cuento a mi nieto. ¡Nos reímos tanto! Esos son los momentos más grandes. Vino a ver la función y, al salir, le dije: ¿No te dio pena cuando yo lloro? Y dijo: “No, porque sabía que era mentira”

A.- ¿Qué te hubiera gustado ser si no hubieras sido actriz?

G.M.- De niña, bailarina. Y me hubiera gustado mucho ser bióloga marina, me apasiona el mar.

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