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Bernar Caldevilla

Lola Dueñas es una actriz que siempre sorprende, por lo convincente de sus interpretaciones. Dentro del cine español ya es memorable y, entre su larga lista de trabajos destacan: Mensaka, Lo que sé de Lola, Marta y alrededores, Piedras, Mar adentro, Volver y Yo también, estrella del Festival de San Sebastián, por su historia y su elenco protagonista donde destacan Lola y Pablo Pineda que se han llevado la Concha de Plata a la mejor actriz y al mejor actor.

Actores.- Hiciste Lo que sé de Lola… ¿Pero qué es lo que la gente no sabe de Lola, la mujer real?

Lola Dueñas.- Me gusta que no se sepa nada, cuanto menos se sepa de un actor mejor, pero hay una cosa muy importante: hay gente que no sabe que soy madrileña de pura cepa y es que en Internet pone que soy de Barcelona y no, nada que ver.

A.- ¿Dónde estudiaste interpretación?

LD.- Esto también es importante porque en Internet se dice que estudié en el Institut en Barcelona, pero no, yo estudié con José Luis Gómez en La Abadía, que ahora creo que ya no es escuela, sólo teatro, y tiene su compañía propia.

A.- ¿Personas clave que te hayan traído hasta donde estás ahora mismo?

LD.- Bueno, desde el principio, mis padres, porque los dos se dedicaban al teatro; Alberto de Miguel, Ángel de Andrés López, Esperanza Roy… Después, cuando decidí ser actriz, José Luis Gómez, mi tía Isabel Navarro –que es mi madrina–, Luis San Narciso y todos los directores, por supuesto. Y Almodóvar, que es un dios en Europa y sobre todo en París; te abre mil puertas, haber trabajado con él te cambia la vida.

A.- ¿Qué recuerdos tienes de tu primera vez en el mundo interpretativo?

L.D.- Pues cómo las demás eran mucho más guapas y estupendas, me recuerdo vestida de monaguillo, en La Corrala, haciendo una zarzuela que dirigía Víctor Andrés Catena. Salía, tocaba una campana y ya, para casa (risas). Bueno, al final hacía un poco de chulapa.

A.- ¿Qué es lo que no te pierdes por nada del mundo?

LD.- Un concierto de Sabina.

A.- ¿Un momento de felicidad?

LD.- Ver a Pablo Pineda recogiendo la Concha de Plata.

A.- ¿Por qué está París en tu vida?

LD.- Pues no lo sé, era como una obsesión, siempre me gustó, acabé estudiando en la escuela de Jacques Lecoq, él ya había fallecido pero me quedé allí un invierno sola. Después fui otra vez, ahora estoy desde junio y ya me llaman, fue todo un empeño y ahora ya me quedo.

A.- Un consejo para los actores que empiezan y… ¿qué piensas de la formación actoral?

LD.- Les diría que tiene que ser lo que más les guste del mundo, porque es una profesión difícil y muchas veces injusta, pero muy bonita. Creo que hay que enseñar el valor de la palabra y no comerse tanto la cabeza: pienso que todo es mucho más artesano. Por otro lado, también hay actores malos que son profesores y me parece injusto, aunque igual son buenos docentes.

A.- ¿Quiénes son tus referentes?

DE CERCA


Un dolor

No tener equilibrio entre la vida personal y la profesional.

Una esperanza

Que todos los directores con talento puedan rodar lo que les dé la gana.

Un capricho

Pues no sé… un ordenador de esos chiquitos…

Una pasión

Las plantas, se me dan muy bien. Si me como una cereza, planto la pepita y acabo teniendo un cerezo.

No soportas…

La gente que grita o que se acerca mucho.

Una virtud a destacar de los demás

La bondad.

Un defecto

Los que se creen mejor de lo que son.

Ahora, un defecto tuyo

La duda, me come viva.

Y una virtud…

Cocino fenomenal. Las plantas, los niños y la cocina se me dan de lujo y además, soy divertida.

Una pesadilla

Que se me olvida el texto o que voy a estrenar y no me sé la función.

Un sueño

Ser una gran actriz.

LD.- Las buenas de este país: La Maura, Victoria Abril, Marisa Paredes y Esperanza Roy. Gena Rowlands, que es la mejor actriz del mundo, y también Bette Davis, por supuesto. Ah, y Juliette Binoche es genial.

A.- ¿Por dónde buscas los personajes, qué técnica utilizas?

LD.- No tengo ninguna técnica, pero me divierto mucho sola estudiando en casa, dándole vueltas y trabajando el texto, analizando de dónde sale cada cosita, el porqué se dice esto, si es verdad o mentira y luego en los ensayos con los directores y “palante”. Ah, y luego viene el disfraz, el pelo, la ropa… me encanta ese momento, ver que el personaje ya esta ahí, completo, me entusiasma. También dibujo todos los personajes, si me gustan mucho los dibujo de una manera surrealista, con su pelo y con todo.

A.- ¿Con qué personaje te has sentido mejor, o a cuál tienes más cariño?

LD.- A “Rosa”, de Mar adentro; “Sole”, … “Elisa” de Marta y alrededores; “Daniela”, “Cristina” de Mensaka, a todas.

A.- ¿Tienes alguna ceremonia o superstición antes de entrar a escena?

LD.- Las que me han metido mis padres desde pequeña, que hacían teatro; el amarillo, un sombrero encima de la cama, un espejo roto, un paraguas abierto en casa… son tonterías que poco a poco me voy quitando.

A.- ¿Qué es lo peor de la profesión?

LD.- Para mí lo peor es que la gente hable de los demás, es algo que me aburre profundamente.

A.- ¿Lo último que estás leyendo?

LD.- Un guión en francés en el que hago de española.

A.- ¿Qué le pides a la vida?

LD.- Le pido seguir siendo actriz, un amor buenísimo y largo y una casa en el campo.

A.- ¿Qué cosas te inspiran?

LD.- La pintura, la música, cualquier persona que me encuentro por la calle, algo que veo en el periódico, una frase que escucho, una mirada, un gesto de alguien para llevármelo, teatro, películas… todo, la vida entera.

A.- Anécdotas que te hayan ocurrido.

LD.- En la última película, los directores daban secretos a los actores para sorprender a los compañeros actuando, era divertidísimo; pero Pablo, que no sabe guardar secretos, me los contaba todos, así que no tuve ni una sorpresa. En otra ocasión, cuando nos dieron el premio de Cannes nos avisaron de madrugada y tuvimos que coger un avión enseguida, sin llevar ropa. Llegamos allí Blanca Portillo, Johana y yo, entramos a oscuras y me calzaron un vestido… Te da una rabia, para una vez que te pasa eso en la vida, ir con ese vestido tan feo. Y otra, cuando era chica, mi padre estaba haciendo teatro en el Lara con José Luis Pellicena, al que yo tenía pánico, pues interpretaba a Drácula. Por eso siempre daba la vuelta a todo el teatro para no pasar por la puerta de su camerino, que era la primera… Y a Esperanza Roy, vistiéndose para salir a escena; recuerdo que yo le escondía lo que tenía que utilizar en los cambios… “¡Lola! ¿Dónde está el bigote?” (recuerda entre risas), se volvía loca, pobrecita.

A.- ¿Cómo ha sido trabajar con una persona con síndrome de Down como Pablo Pineda? ¿Qué has aprendido?

LD.- Ha sido muy fácil trabajar con él porque trabaja desde la verdad: Pablo no sabe mentir, no tiene ego. Ha sido un compañero alucinante, nos ayudábamos todo el tiempo, si me veía mal venía a por mí, tenía una intuición… Hemos estado muy pendientes el uno del otro, toda la preparación y el rodaje ha sido un mano a mano. Y luego me ha encantado que alguien vea el cine por primera vez, la parte técnica que no conocía, ser yo la espectadora de él, viendo el cine, cómo se hace, cómo se rueda, su curiosidad, Pablo es divino.

A.- ¿Te absorben mucho tus personajes?

LD.- Me obsesiono, pero sobre todo me divierten, no me los puedo quitar de la cabeza. Pero cuando empiezo a rodar… me quito la ropa, me pongo la mía y ya está… el personaje se va hasta que me lo vuelvo a vestir.

A.- ¿Tienen límites tus personajes?

LD.- Los que ponga el guión y el director. Yo siempre propongo y peleo, pero en el fondo soy muy obediente. Por ejemplo, con Ramón Salazar en Piedras, le propuse cortarme el pelo a cachos mientras veía la tele… después cortábamos y nos partíamos de risa; por eso Daniela estaba llena de trasquilones y el niño que hacía de mi hermano me tenía auténtico pánico, yo le regalaba tebeos y él ni se acercaba, pensaba que yo era así.

A.- ¿Lo mismo para ti que Pellicena haciendo de Drácula?

LD.- Pues sí, mira, es lo mismo, no lo había pensado.

A.- Es mejor actor el que convence al director de su propuesta?

LD.- El mejor actor es el que tiene la suerte de que le ofrezcan personajes bonitos, todo lo bueno que puede ser un actor depende mucho de los personajes que le den. Yo no he elegido nada, me ha venido; todo el mundo elegiría trabajar con Amenábar, con Almodóvar o hacer una película como Y yo también.

A.- ¿Qué te gusta como espectadora?

LD.- Veo mucho teatro, cine español, cine francés, cuando encuentro un director que me gusta me lo compro todo de él. También me he enganchado a un programa de la televisión francesa que se llama Question maison, donde cada dos semanas, cambian la casa de una familia. Estoy enganchadísima porque me encanta la decoración. Veo poco cine americano moderno, me da mucha pereza y me encanta ver actores trabajando, disfruto mucho.

A.- ¿Qué es lo que te ha dado la vida que no te ha dado la actuación?

LD.- Los amigos. La mayor parte de mis amigos me los dio el colegio y no el trabajo.

A.- ¿Qué te ha dado la actuación que no te ha dado la vida?

LD.- Uf, un montón de cosas, saber que existes para algo… yo no hubiese hecho nada si no hubiese sido actriz, y soy muchísimo más feliz como actriz, ya que, personalmente, se me da mucho peor el amor; si no curro, me pierdo mucho, así que he tenido suerte por trabajar tanto, porque si no, hubiera sido muy desgraciada. Debería pararme un día y hacer caso de la parte personal, que es la mitad, aunque yo la tengo en una décima parte. La actuación me ha dado enormes alegrías y también grandes amigos.

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