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“Con la actuación maduras más rápido y te conviertes al mismo tiempo en un niño para toda la vida”

Bernar Caldevilla

Ocho de la mañana en un plató de TV, el día se va desperezando y técnicos, utilleros y asistentes, van preparando todo; entonces emerge, desde el camerino, Luisa con su cafetito y su sonrisa contagiando a todo aquel que se le cruza por el camino. Emana energía a raudales, tranquilidad y seguridad en sí misma.

Actores.- ¿De dónde sacas ese tirón, que contagia al resto de los compañeros, ya desde por la mañana, en los camerinos?
Luisa Martín.- Soy absolutamente diurna, creo que somos muchos más actores diurnos de lo que parece, ahora me ha cambiado la vida con el peque, pero siempre he sido así, tengo mucha energía positiva y buen humor, me parezco muchísimo a mi madre, que es una locomotora. Por las mañanas me levanto antes de que suene el despertador y ya estoy de buen humor; muchas veces ya me he ido a grabar dejando hecha la comida y lo que haga falta, soy capaz de cualquier cosa. Ayer entré en maquillaje de Gran Reserva como siempre alegre y dijeron por los cascos: “Ya ha llegado Luisa… ¡que se calle…!”. Siempre entro con bromas, me disfrazo, porque soy así, seguro que alguno dirá: “Esta tía plasta, que me deje, que estoy dormido…”. En general tengo buena relación con la gente.

A.- ¿Qué es lo que la gente no sabe de Luisa Martín, mujer?
LM.- Creo que lo saben todo, lo único que no saben es donde tengo los lunares, pero creo que es lo único que no merece la pena desvelar (entre risas), soy muy transparente, me han hecho muchas entrevistas, soy además muy bocazas en ese sentido, no me importa hablar de mi vida, no hay nada que esconder, ni ocultar, cuento cosas importantes para mí y si están bien tratadas no son negativas, todo lo contrario, son positivas.

A.- ¿Qué recuerdos tienes de tu primera vez?
LM.- Todos, además yo tengo muchas primeras veces, como todos los actores; la primera vez que te subiste al escenario, la que te vieron tus padres y reconocieron que eso podía ser tu profesión, la primera que te pones delante de una cámara con la repercusión que tiene, la primera vez que alguien te reconoce por la calle, hay muchísimas primeras veces; mira, ésta es mi primera entrevista para la revista de la Unión de Actores, y me emociona. Es muy bonito, porque somos un colectivo en general bastante feliz, aparte de desarrollar esta profesión maravillosa y dura como pocas, que además no entiende mucha gente, y que está llena de primeras experiencias; por ejemplo, la primera vez que trabajaste con alguien que ahora es amigo o cuando después de conocer a alguien muchos años trabajas por vez primera en un mismo proyecto, como me ha sucedido con Ángela Molina, Emilio Gutiérrez Caba o Carlos Hipólito. Es muy bonito; cada vez que llegas a un plató es nuevo, tienes miedo, una angustia de pensar, ¿estaré a la altura?, de lo que soy, de lo que esperan que sea… ¿estaré a la altura de todo eso…? Una cosa que me dijo Echanove hace muchos años y tenía razón fue “cada vez que sales al escenario estás vendiendo la siguiente función”. Y es verdad.

A.- ¿Cuáles han sido tus referencias en la actuación?
LM.- María Jesús Valdés, mi maestra. Mary Carrillo fue también una actriz maravillosa, pero a María Jesús la he conocido más, es una actriz muy moderna a la hora de interpretar, un ser humano absolutamente maravilloso, es nuestra Bette Davis. Me conmueve todo lo que hace. Es mi referente absoluto. También lo es Esperanza Roy, trabajar junto a ella es una lección constante y Vicky Lagos me parece buenísima. Me gustaría seguir por el camino de Concha Velasco, me parece una gran mujer, ha criado a sus hijos, ha sacado adelante su casa, ha trabajado como una bestia, canta, baila y tiene una sonrisa que ilumina todo, con una fuerza tremenda. Pilar Bardem es otra gran mujer, hay gente muy grande en este país que no sólo son referentes interpretativos sino también personales, cosa que también es muy importante.

A.- ¿Dónde buscas y dónde encuentras tus personajes?
LM.- En todas partes, estoy en permanente búsqueda. Si es verdad que Dios está entre las cazuelas y los personajes también, yo no dejo de mirar ni de buscar. Allá donde mire hay personajes que puede que mañana tenga que interpretar. Yo voy mucho en el metro que es una fuente de inspiración constante, entro en las tiendas, me fijo en el público… escaneo todo lo que me rodea. Para un actor nunca hay un minuto que perder y, si no tienes nada a mano, coges a Chéjov. Mi maestro Ángel Gutiérrez ­decía que un actor jamás descansa, tienes que estar continuamente aprendiendo. Y a Tere, la chica de la limpieza del Teatro Calderón de Valladolid, le extrañaba que estuviera nerviosa… y yo respondía: “Tere, que no es una pose, es que es mucha responsabilidad”.

A.- ¿Qué es lo que te ha dado la vida que no te ha dado la actuación?
LM.- La vida me lo ha dado todo, soy una mujer afortunada con una educación maravillosa, porque no habré ido a colegios británicos pero me han educado en la sensibilidad, la honestidad y en el valor de la palabra. Además, creo en la familia.

A.- ¿Y qué te ha dado la actuación que no te ha dado la vida?
LM.- Lo que no me ha dado es la seguridad económica, pero me ha dado muchísimo. La actuación te ayuda a entender la vida; la vida en sí misma. Con la actuación maduras más rápido y te conviertes, al mismo tiempo, en un niño para toda la vida.

A.- ¿A cuál de los personajes que has interpretado le tienes más cariño?
LM.- A todos, no podría renunciar a ninguno, además todos te enseñan mucho, te ayudan a madurar en un sentido u otro. Yo le debo mucho a “la Juani” de Médico de familia, pero no le debo menos a los demás personajes como a “la Chirla” o el que estoy interpretando ahora.

A.- ¿Cuál es tú proyecto más inmediato?
LM.- Estamos con La muerte y la doncella, que en septiembre despegó la gira, éste es un proyecto inmediato que espero dure mucho tiempo. Estoy haciendo además la serie Gran Reserva, donde me lo paso muy bien, es una serie dramática pero mi personaje tiene pinceladas cómicas. Y otras cosas que ya he hecho y se verán pronto, pero esto no quiere decir que tenga la agenda ocupada, no, ¡tengo tiempo! para hacer más personajes, quiero hacer de todo.

Un dolor
El de la cesárea.


Una esperanza
La comprensión.

Un capricho
Ay, tengo tantos… cuando aparezcan los brotes verdes me voy a poner de caprichos hasta arriba.


Una pasión
La pintura.


No soporto
La mentira.


Me gustaría
Que hubiera comprensión.


Virtud a destacar
La lealtad.


Un defecto
La cabezonería.


Una manía o superstición
Que nunca puedo decir “esto nunca me va a pasar”, porque me pasa en menos de 48 horas.


Un miedo
La enfermedad.


Un sueño
La felicidad de mis hijos.


Qué te gustaría añadir
Esperanza, comprensión.

A.- Tiras mucho del carro pero ¿también te dejas llevar?
LM.- No… escucho muchísimo los consejos, las críticas de la gente que me quiere y sé que tiene criterio, me ayuda que me aconsejen; pero no puedo evitarlo, soy locomotora diésel.

A.- ¿Tu frase de guerra?
LM.- Antes de salir al escenario le pido a mi abuela que me ayude. Los actores somos muy maniáticos, antes de empezar la función ya estás nervioso, tienes una responsabilidad, cuando vas a salir dices “un momento que tengo que ir al baño”, pasas por el camerino y ves tus amuletos: el búho, un gatito, ves el spray de la garganta y te lo echas, te santiguas… Afortunadamente, hay gente que no es tan maniática; en el fondo es inseguridad, la función tiene que salir bien por uno mismo, porque yo lo tengo que hacer bien, pero no me quites el búho, ni el gatito que me regaló mi niña… es así.

A.- ¿Crees que hay que autogestionarse la carrera y producir tus propios proyectos, o esperar a que te llamen?
LM.- Creo que tiene más dignidad arruinarse en el teatro que arruinarse en el bingo o en el casino, hay que arriesgar en la vida por lo que uno cree, hay que ir a por ti.

A.- Anécdotas que te hayan ocurrido en el trabajo…
LM.- Muchas, lo que pasa que soy mala para recordarlas, la mejor que he contado ya muchas veces, fue en Soria en el Instituto Machado. Estábamos haciendo Escándalos de un pueblo y un actor saltó en el escenario, que estaba podrido y se fue sótano abajo. Otra vez me caí de un telar en Basauri, por burra y fui a urgencias donde había un cartel que ponía: “Disculpen las molestias pero urgencias abre a las cinco de la tarde”, hora a la que tenía la siguiente función. Así que me enfajé para aguantar y a tirar “pa’lante”.

A.- Un consejo para siempre…
LM.- Que se lean los titulares. Que tengan claro que es una profesión maravillosa y muy dura. Que se preparen para una carrera larga y, sobre todo, que tengan respeto al compañero y al público.

A.- ¿Qué piensas de la formación actoral?
LM.- Es necesaria. Y, aunque la de antes era distinta a la de ahora, tendríamos que quitarnos muchos prejuicios de encima y conseguir un híbrido de lo de ayer y lo de hoy. Ahora hay una formación muy exagerada y lleva al actor a pensar que, terminado el periodo de formación, es Marlon Brando, y no es así. Antes el objetivo era el producto y ahora es la audiencia y por captarla somos capaces de cualquier cosa.

A.- ¿Qué tal se llevan los parones en la actuación?
LM.- Muy mal, se llevan fatal, una angustia que te mueres, además son terriblemente dramáticos pero cómicos, porque te lo tienes que tomar con humor, primero piensas, tengo un descanso, luego tengo vacaciones, porque es más que un descanso, lo siguiente llamas a todo el mundo, entonces andamos en esa dicotomía que supone decir la verdad y lo que puedan pensar los demás.

A.- ¿Qué ves en la tele? ¿Qué echas de menos?
LM.- Veo poco la tele, no tengo tiempo, pero me gustan los documentales. O compartir con mi hijo Bruno Saber y ganar; estoy enganchada a ese tipo de programas como Pasapalabra o Pasword…, me gusta mucho compartirlos con Bruno porque me reta. Si puedo, veo alguna serie o película pero son horas muy malas, ya te dije que soy diurna.

A.- Hay más oferta… ¿pero esto es igual a más calidad?
LM.- La tele cada vez es peor, una auténtica basura. Hay que agradecerle a TVE que esté haciendo una programación digna en medio de esta guerra de cadenas por la audiencia. En cuanto a Internet lo visito poco, para el ordenador no tengo tiempo, tengo miles de cosas que hacer. Pero soy consciente de que es un avance maravilloso y, a la vez peligroso, que a mí, como madre, me preocupa.

A.- Hoy en día, ¿la fama está relacionada con el sacrificio?
LM.- La fama es una cosa tan absurda en sí misma… yo digo que soy popular, que es otra historia. Hago sacrificios por mi responsabilidad como actriz, no por ser famosa; de las cosas más importantes que me enseñó Ángel Gutiérrez es que cuando te subes a un escenario tienes una responsabilidad y cuanto mejor actor seas y mejor lo hagas, la gente más se lo va a creer. Cuando atraviesas la línea de la popularidad la gente no solamente se cree lo que interpretas, sino también todo lo demás, hay que tener mucho cuidado con lo que dices y haces, ésta es una profesión muy seria. Hay compañeros/as que reciben un asedio muy fuerte, no estoy de acuerdo cuando dicen “no sale el que no quiere”, no, te persiguen de igual manera. Hay actrices como Lidia Bosch a la que han machacado y siguen machacando, y quiero decir desde aquí que es una magnífica compañera, mujer estupenda, madre increíble, una buena amiga y no tiene por qué verse agredida constantemente por una prensa del corazón a la que llamo prensa “de casquería”. Hay que reivindicar que se trate con respeto a la gente y que se valore el trabajo que se hace. Desde aquí le mando un beso y todo mi apoyo, es una actriz como la copa de un pino.

A.- Si no fueras actriz, ¿qué te gustaría ser?
LM.- Actriz… ya lo he dicho muchas veces. De pequeña he sido muy guerrera, me decían “es abogada de pleitos pobres”, lo discutía todo, siempre. Creo que hubiese sido lo que soy, actriz, es que no creo otra cosa.

A.- ¿Cómo es la Luisa de andar por casa?
LM.- Pues como la otra, igual, así tal cual, tú ya me conoces… soy muy casera, eso sí.

A.- Los personajes, ¿te los traes a casa?
LM.- Un tiempo sí, sobre todo en el periodo de ensayos, me poseen, me convierto en el personaje y además lo sufren en casa. No lo puedo evitar, si es en teatro, es en el periodo de ensayos que me posee, y si es cine, es en el tiempo de las primeras sesiones, luego hay algunos que duran un poco más.

A.- Has entrado en muchos hogares españoles, con diferentes personajes muy entrañables, ¿con cuáles la gente te recuerda más?
LM.- Pues con los de la tele, ahora por ejemplo me para mucho la gente con Desaparecida y con El Caso Wanincoff. La gente se acuerda mucho del último personaje que te ha visto interpretar.

A.- ¿Un momento de felicidad?
LM.- Este verano me he levantado varios días a las siete de la mañana para hacer el pan a mi familia para desayunar. La felicidad es ver cómo mi hijo, mi marido, todos los miembros de mi familia se levantan y huelen a pan recién hecho, aunque luego me arrepiento por el madrugón y porque me tiro hasta las dos en la cocina y pienso: ¿por qué lo hago? Pero ese momento es lo más, incluso hasta le ponen nombre al pan… y al día siguiente lo vuelvo a hacer. Soy una mujer llena de contradicciones.

A.- Cuando hablábamos antes de la mujer superhéroe… ¿qué cambiarías del mundo?
LM.- Algunas cabezas: las de algunos políticos las pondría en otros cuerpos. Y haría mutaciones: pondría cabezas de hombres en cuerpos de mujeres sin pechos, muy delgaditas, esos pechos que a ellos no les apetece tocar, pues yo se los pondría y cabezas de algún presidente de gobierno que pondría en un cuerpo de una afgana con burka. Y a más de un enrollado le pondría en el cuerpo de algún sargento que esté cumpliendo en Afganistán. Hay cabezas de presentadoras “listas” de televisión que las pondría en el cuerpo de algún político, y bueno, muchas cabezas de comentaristas del corazón las colocaría en cuerpos de rana o de hipopótamo.

A.- ¿Qué nos puedes contar de tu experiencia con Médicos sin Fronteras?
LM.- Ha sido vital, absolutamente definitiva. Llevo trabajando con ellos desde 1986 como voluntaria y me ha reubicado el orden de prioridades, porque me terminó de dejar claras cosas que intuía. En definitiva, me ha dado media vida, la mía y la de mi pareja.

A.- ¿Qué es lo que no te pierdes por nada del mundo?
LM.- Hay una lista larga, no me perderé hacer un chocolate tradicional para mis amigos este invierno, no me quiero perder el Museo del Prado, desayunar y despertar a mi hijo, el amor de mi pareja, el dolor de los que quiero, envejecer en el teatro, ni mirarme un día al espejo y verme con el pelo completamente blanco como mi madre y decir: “Aquí estoy”.

A.- Una despedida…
LM.- Lo que más debe de preocuparnos como seres humanos es cómo está el mundo. Deberíamos alentar la compresión hacia la situación e intentar comprender cómo vive la gente en otros países y en diferentes situaciones. Eso nos llevaría a no agredir tanto. No te queda más remedio que tirar para delante, lo que pasa es que eso no te puede impedir ver la podredumbre que hay y eso tampoco te puede quitar las ganas de seguir luchando, creo que es mejor enfadarse que deprimirse.

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