Petra Martínez: “Nos gusta tanto lo que hacemos que lo damos todo. Y eso se nota; se nota que disfrutamos”

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Ada del Moral

Vital, positiva, muy risueña y observadora, Petra Martínez lleva un año de premios y éxitos, fruto de su larga carrera, ejemplo de constancia e independencia. Forma parte de ese grupo de profesionales que dieron alas al primer teatro independiente que se hizo en España.

Actores.- ¿Cómo te asomaste al mundo del teatro donde, por lo general, te has desenvuelto con mayor comodidad?

Petra Martínez.- Con 16 años me fui a Londres a aprender inglés y como me gustaba mucho leer, empecé con novelas en inglés, pero como me costaba mucho, me recomendaron leer teatro, que era mas fácil. Así que me leí todo Chéjov, Ibsen y muchos otros; me gustó tanto que decidí que, al llegar a Madrid, me haría actriz. Pero, una vez en Madrid, no tenía ni idea de por dónde empezar, porque nadie cercano a mí, ni mis amigos ni mis parientes, tenían nada que ver con el medio. Era muy difícil. Un día en la Gran Vía estaban rodando una película, me acerqué al rodaje y le dije a un chico que quería ser actriz de teatro y no sabía adónde ir. El me recomendó el Teatro Estudio de Madrid y hacia allí me fui. Gracias a aquel chico no solo inicié mi vida en el teatro, sino que conocí a Juan Margallo, con el que llevo viviendo desde entonces.

A.- De esa cantera ha salido gente muy buena, interesante y comprometida.

PM.- Muchos, muchos de los mejores actores y directores del momento se iniciaron en el Teatro Estudio de la calle Barquillo. Por allí pasaron e impartieron clases un montón de profesores, pero, quizás, el que mas influencia ha tenido ha sido el Sr. Layton.

A.- Layton fue un gran maestro…

PM.- A su muerte se encontró una carta preciosa donde hablaba de lo feliz que estaba de haber tenido una vida tan plena, creativa e independiente. Al parecer, tenía una enfermedad degenerativa y no quiso ser una carga para nadie. Decidió marcharse sin nada que empañara su final; fue un acto de generosidad muy propio de él. En sus clases siempre te hacía sentir que eras tú el que descubrías las cosas. Era un genio como maestro.

A.- Pocos profesores llegan a tal grandeza…

PM.- No es fácil encontrar a una persona de ese tipo, dispuesta a compartir y a dar tanto.

A.- ¿Cómo empezó tu trabajo en el cine?

PM.- Antes, el director de casting no existía, ni tampoco había demasiados representantes, sólo los de las grandes figuras; yo nunca tuve uno porque siempre trabajé en mi compañía…Tampoco pensaba en trabajar para otra cosa que no fuera teatro, el teatro que yo hago, porque creo que me costaría mucho salirme de mi círculo; estoy acostumbrada a hacer lo que me gusta y de la forma en que me gusta. He hecho poco cine y poca televisión, empecé tarde. Todo comenzó hace unos diez años con un corto llamado Allanamiento de morada (dirigido por Mateo Gil) que tuvo mucho éxito. De todos modos, mi pilar fundamental es el teatro y, en especial, el teatro que hemos hecho Juan y yo… desde “Tábano”.

A.- El grupo “Tábano” marcó una época.

PM.- Se fundó en el sesenta y ocho. Carlos Sánchez y Andrés Cienfuegos fueron fundamentales, con Margallo, para crear el grupo. Era una época en la que el teatro independiente estaba muy marcado por cosas que venían de fuera, pero cuando se hizo Castañuela 70 el impacto fue muy fuerte, porque se hablaba de España y de cosas que pasaban aquí. Después de dos meses con llenos diarios de tarde y noche, se prohibió. Pienso que fue muy importante para todos los grupos que funcionábamos entonces en el país. Aunque, ahora, veo algunas imágenes de la obra y me da vergüenza desde el punto de vista de la interpretación: éramos muy malos, aunque resultó muy oportuno y funcionó muy bien; era como si el público estuviera esperando que se hiciera una obra así. Lo hacíamos con mucho entusiasmo y eso gustaba. Nunca se había hecho un cabaret político de este tipo. Después de que la prohibieran, nos fuimos por Europa representándola para los emigrantes españoles, y eso nos dio la posibilidad de conocer la otra realidad de España. También nos posibilitó ir a América Latina, lo que fue una experiencia impactante para todos nosotros.

Con muchas tablas

Desde su paso por el Teatro Estudio, Petra Martínez no ha parado de trabajar como actriz, escritora e impulsora de compañías teatrales.


Teatro


Como actriz ha intervenido en decenas de obras de autores como Alfonso Sastre, García-Lorca, Jordi Teixidor, Valle-Inclán, Buero Vallejo o Darío Fo. También ha interpretado obras escritas por Juan Margallo y por ella misma.


Ha sido miembro fundador de los grupos Tábano, Gayo Vallecano, Topo y Uroc.


Es autora de las siguientes obras: Para-lelos 92, Reservado el derecho de admisión, Clasyclos, La mujer burbuja y Adosados.


Cine


A lo largo de su carrera ha trabajado con los siguientes directores: Adolfo Marsillach, José Luis García, Manuel Gutiérrez Aragón, Mateo Gil, Achero Mañas, Javier Balaguer, Pedro Almodóvar y Jaime Rosales, entre otros.


Televisión


En los últimos años también ha intervenido en varias series como Periodistas, Policías, Condenadas a entenderse, Ana y los siete, Hospital Central, Código Fuego y Herederos.

A.- La última muestra de vuestro teatro es la exitosa pieza Ados@dos…

PM.- Es muy especial para nosotros, nos lo pasamos muy bien, nos reímos muchísimo. A veces nos reímos tanto, el público y nosotros, que tenemos que parar la función.

A.- Hay mucha química entre Juan y tú…

PM.- Sí, y a lo largo de 42 años… es muy divertido. Nos preguntan, a veces, si improvisamos toda la obra. Imagínate… improvisamos, pero poquito.

A.- Habéis conseguido un público…

PM.- Tenemos público, no hemos conseguido que sean multitudes, pero tenemos público. Nos gusta tanto lo que hacemos, que lo damos todo. Y eso se nota. Se nota que disfrutamos. Y la gente disfruta… Así que nosotros volvemos a disfrutar de que el público disfrute.

A.- Para lograr esa exitosa continuidad tiene que darse una conjunción entre suerte y habilidad…

PM.- Y tener un núcleo adecuado. El grupo base somos Juan y yo, y luego nuestra hija, que tiene su propio grupo, en el que se dedican desde hace diez años al teatro infantil. La suerte es tener amigos, gente que te acompaña y lucha contigo. La verdad es que estamos muy contentos. Este montaje de Ados@dos es peculiar, lo que te sume en la incertidumbre y la emoción. Haces un Chéjov y sabes que tienes una posibilidad de venderlo, pero en nuestro caso siempre hay más incógnitas; con un Ados@dos la cosa es más complicada porque no somos autores conocidos. La receta del éxito, de todas formas, no existe.

A.- Háblanos de cómo empezó La soledad, la película de Jaime Rosales gracias a la cual te alzaste con el premio de la Unión…

PM.- Una cosa que me gusta mucho de la película es su gran naturalidad y que retrata la vida real. Muestra personajes con los que puedes identificarte. Personas normales que no tienen por qué ser vulgares. Además, me maravilló el texto; siempre que leo algo así me gustaría haberlo escrito yo. Todo comenzó cuando me llamó Sara Bilbatúa para hacer una prueba. Ese día tenía, por la noche, el estreno de una obra de teatro en el Galileo: La mujer sola. No me gustan las pruebas y tuve la intención de no presentarme, pero al final fui y me encontré con que Jaime Rosales hizo una prueba muy agradable, donde improvisó conmigo de la manera más relajada. Y tuve la suerte de que me diera el papel. Ensayamos mucho, el texto me emocionó y poco a poco fui conociendo a Nuria Mencía, María Bazán y Miriam Correa, que eran las actrices que serían mis hijas, que me dieron mucha seguridad; también me ayudó saber que Jesús Gracio sería mi compañero. La película gustó mucho en Cannes, se estrenó en Madrid y pasó sin más, hasta que le dieron tres Goyas y la gente, entonces, sí fue a verla. Cuando me nominaron en la Unión de Actores como mejor actriz de cine me quedé sorprendidísima y, luego, cuando me nominaron como mejor actriz de reparto de televisión por mi papel en Herederos, no salía de mi asombro. Bueno, y cuando me entregaron los premios, que te voy a contar, casi me desmayo.

Lo que más ilusión me hace es que a mis compañeros les llegara mi trabajo. Y pensar que si no me llega a insistir Juan no voy…

A.- Hay un refrán que dice que el actor de carácter se disfraza para que no se le vea…

PM.- Los personajes no tienen por qué tener un físico determinado. Me gusta trabajar más la personalidad que el aspecto. Con mi aspecto podría ser cualquiera. Cuando tengo entre mis manos un personaje, me centro en su forma de andar, en sus gestos, en como puede mover las manos; observo a la gente por si puedo utilizar algo de alguien, estudio sus frases, por qué las dicen, qué objetivo tienen diciéndolas y me leo y releo el texto mil veces para desentrañarlo bien y al mismo tiempo, me lo aprendo de memoria para no tener que preocuparme de él en absoluto. Hay actores que siempre interpretan el mismo papel; la verdad es que hay muchos que lo hacen de maravilla y otros que se transforman completamente. Son dos tipos de actores y de ambos los hay buenos, malos y regulares.

A.- Empollad los textos y seréis libres para actuar, más o menos…

PM.- Una vez que lo tienes aprendido es como andar. Y procuro llevarlo aprendido como el padrenuestro porque la seguridad de tenerlo muy machacado te da la libertad para dar lo mejor de ti e improvisar sin limitaciones. Tampoco estoy a favor de cambiar las frases, porque si el autor lo escribió así fue por algo y merece un respeto. Los cambios son para casos muy concretos y tras pensarlo mucho. Por eso está bien ser autor. Nuestro método es sencillo: escribimos el texto y luego tenemos nuestra vida cotidiana para profundizar en ello y cuando vemos el texto redondo, ya no lo cambiamos. Bueno, hasta que nos da la gana.

A.- ¿Cómo ves el panorama actual?

PM.- Me da rabia que existan actores y actrices maravillosos que no han tenido suerte, a pesar de haber hecho buenos trabajos, que por circunstancias no se han visto. Gente que sabe comunicar y que no se ve, que no encuentran o no se les da la oportunidad. Y no me refiero a famosos o no. Me refiero a que no tienen trabajo.

Me parece que ahora todo está excesivamente organizado. Y eso es un cuchillo de doble filo. Por un lado es muy difícil que se pueda hacer una película con actores desconocidos, historias comprometidas y arriesgadas; el cine cuesta mucho y tienes que tener una distribuidora antes de empezar la película. En teatro pasa igual. Tienes que entrar en la red de teatro de las distintas autonomías, y eso también te hace pensarlo todo mucho y, a veces, no haces realmente lo que como artista querrías hacer. La parte positiva es que ahora hay más compañías que viven y funcionan en todo el país y, por supuesto, se hacen mas películas. La gente joven lo tiene más difícil, por eso me gustan los cortos; dan oportunidades y están llenos de ideas nuevas y originales.

El teatro no desaparecerá. Y aunque las salas de cine lo hagan, no significa que se vea menos cine, sino que la gente prefiere verlo en casa. El mundo cambia, es la vida, y tienes que adaptarte a tu tiempo para sacarle el jugo y disfrutar.

En el teatro necesitamos una ley de las artes escénicas, por la que llevamos luchando años y no acaba de concretarse, para que haya criterios objetivos, para la concesión de ayudas, el funcionamiento del teatro público, la racionalización de las redes, de locales, el teatro en la enseñanza, etc.

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