Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

“Hay que ser muy buen actor para que la cámara no capte ni un gesto de inseguridad”

Sara Ferrater Mora

Pilar Velázquez, una mujer inteligente y bella, siempre se ha considerado capaz de conseguir sus metas a través del esfuerzo. Confía en la suerte pero también en la necesidad de aprovechar las oportunidades que brinda la vida, y sobre todo luchar por ellas. Cuenta con una formación que no tiene precio, ya que ha bebido de las fuentes de los grandes profesionales del Teatro Español. Su carácter de saber escuchar, comprender y empatizar con el mundo que la rodea, ha hecho de ella una actriz con una gran versatilidad a lo largo de su carrera profesional.

La noche de la iguana, versión de Tomás Gayo, basada en la obra de Tennessee Williams, es la representación en la que trabaja actualmente. Tras una gira por España y el Festival de Otoño de Madrid, se conoce que es bien recibida por el público, ya que las funciones continúan hasta diciembre. Por su éxito, podemos asegurar que estamos en temporada alta de teatro, lo cual es estupendo.

Actores.- ¿En qué momento sentiste la vocación de ser actriz?

Pilar Velásquez.- Desde muy joven sentía pasión por esta profesión, admiraba la danza; me habría encantado apuntarme a una escuela de baile de la calle Monteleón por la que pasaba a diario, y le pedía a mi abuela que me pagase unas clases, pero para ella esto era impensable, mal visto y fuera de lo común. Mientras, estudiaba oposiciones para Telefónica, tomaba algunas clases de mecanografía y estudiaba inglés. Al salir de la academia, iba al cine y al teatro con mi amiga Alicia San Miguel prácticamente todos los días, donde crecía mi sentimiento vocacional. Cuando no había suficiente dinero, sisábamos algo de dinerillo en casa para darnos esa pequeña gran satisfacción.

A.- ¿Cómo empezaron tus estudios de interpretación?

PV.- Gracias a casualidades de la vida, yo conocía y tenía muy buena relación con la familia Rabal, y un buen día Damián me puso al corriente de que necesitaban meritorios, dado que comenzaba la nueva temporada en el Teatro Español. Me presenté a las pruebas y me ofrecieron el puesto, que por supuesto acepte pletórica. Rápidamente comuniqué en casa mi buena noticia, que no fue muy bien recibida, pero reivindiqué con firmeza que era mi pasión, y a lo que me quería dedicar profesionalmente. Al ver que estaba tan segura de esta decisión, no tardaron en aceptarlo.

Al poco tiempo dejé mi puesto en Telefónica, dónde estuve trabajando un periodo muy corto de tiempo, tan corto que no llegaron a ser cinco días, para dedicarme plenamente a la interpretación.

En el Teatro Español entré como meritoria durante seis meses, y allí comenzó mi escuela.

Tuve un gran aprendizaje gracias a los directores con los que comencé a trabajar y a todas las obras que ensayábamos. Trabajábamos duro a nivel profesional, hasta elaborar los personajes que el director quería sacar de nosotros, trabajando con aspectos de expresión corporal, vocalización, dirección de voz, etc.

A.- ¿Qué papeles representabas en tus comienzos?

PV.- Recuerdo que nos llamaban los malditos, ya que a veces no teníamos siquiera una frase.

La primera persona que me concedió una fue el director Miguel Narros y aunque ésta era muy corta, yo estaba emocionada pensando que alguien me vería y me contratarían para seguir progresando. Me otorgaban papeles de dama joven, que es como llamaban a los papeles de los actores que nos iniciábamos en la compañía; nos daban unas cinco frases como mucho, en obras como el El hilo rojo, de Henry Denker, donde interpretaba el papel de la hermana de Freud y en Caminos de Damasco, donde compartía escenario con Andrés Mejuto y José Luis Pellicena.

A.- ¿Qué recuerdos tienes de entonces? ¿Qué profesionales te inspiraban?

PV.- Comencé en la profesión con mucha ilusión y recuerdo con gran cariño el trabajo con Rafael Miralles, Guillermo Marín, Carlos Ballesteros, Alfredo Alcón, Elvira Noriega, Francisco Casares y Concha Velasco, que era de las más jóvenes del grupo.

Yo admiraba su capacidad de desarrollar el personaje desde las primeras lecturas del texto hasta conseguir una figura llena de vida.

A.- ¿Cómo reciben a uno cuando empieza?

PV.- Desde el primer momento y siempre me he sentido arropada en el mundo del cine y del teatro. Es un trabajo grupal, en el que normalmente hay mucha comunicación y nos ayudamos los unos a los otros; incluso el director tenía muy en cuenta las pequeñas dificultades, dado que estaba aprendiendo. Aunque era joven, me esforzaba muchísimo para quedarme con todo.

A.- ¿Cómo consigues tu versatilidad y elaboras el personaje?

PV.- Principalmente tengo que leer, analizar y entender la historia para memorizar el texto; más tarde, en los ensayos perfilamos la puesta en escena de nuestro personaje con las pautas marcadas por el director; así te vas acercando más y más al personaje.

A.- ¿Qué diferencia encuentras en la dirección de actores en el teatro y en el cine?

PV.- El tiempo que se emplea en el teatro, en dirección de actores y ensayos, es un periodo amplio del que no se disponía en el cine que yo hacía. Quizá por cuestión de presupuesto, en estas películas siempre había una charla acerca de cómo debía entenderse la historia y cómo era el personaje, pero directamente en los ensayos generales previos al rodaje, en los que estaba presente todo el equipo de iluminación, sonido, cámara y actores. Por eso había un contacto más cercano con el director, que corregía ciertos detalles de la interpretación y posiciones de la escena atendiendo las necesidades de cada plano.

A.- ¿Cómo has vivido la preparación del último papel que representas en La noche de la iguana?

PV.- El verano pasado, antes de estrenar la obra hice un gran esfuerzo individual buscando mi personaje y aprendiendo los textos de Tennessee Williams, que comprenden cierta dificultad. María Ruiz, la directora de esta obra, ha hecho una labor muy interesante con todos los actores, pero sobre todo conmigo y con el papel de Maxime Faulk que represento. Hemos trabajado juntas en naturalizar un personaje con un mundo complicado de entender. Se trata de una mujer con muchos registros: divertida, con mucho encanto y sensualidad, pasional, desenfadada; una mujer que soluciona sus problemas tomando un ron y al mismo tiempo es desgarradora, descarada; se ríe de todos los hombres y es adicta al sexo.

El hecho de engarzar todos estos matices y organizarlos fue un reto agradable y realmente efectivo con la ayuda de María; pero también hemos tenido la suerte de aprovechar los ensayos, donde con gran concentración escuchábamos los diálogos, observábamos el comportamiento y reacciones del resto de actores, estudiábamos las situaciones y procurábamos no salirnos del personaje en ningún momento, conteniendo esa gran carga y emotividad. Ha sido un trabajo que ha requerido una gran tensión pero que ha merecido la pena. Ahora siento que el personaje es más mío, está más asentado. Cada vez estoy más segura de mí misma en el escenario con este papel, con lo cual éste personaje se enriquece a medida que pasa el tiempo y es más agradecido a estímulos.

A.- ¿Qué te ofrece el cine que no lo haga el teatro y viceversa?

PV.- Son dos artes que te aportan sensaciones y satisfacciones muy distintas. En el cine hay que tener una capacidad de atención y de imaginación a la hora de falsear posiciones en las que tienes que mirar al eje de la cámara, es una industria en la que cada minuto vale dinero; por eso hay que hacerlo rápido y bien o quedará plasmado igualmente. Hay que cuidar mucho los movimientos cuando se trata de primeros planos o campos de luz, por tanto entraña una dificultad excitante. Hay que ser muy buen actor para que la cámara no capte un gesto de inseguridad o cualquier expresión que, por leve que sea, pueda alterar el significado de una secuencia.

En cuanto al teatro, la sensación de salir al escenario con un público, es muy intensa. En las giras por España encuentras en cada ciudad un público con un carácter y una personalidad distinta, que tiene una manera de reaccionar y expresarse de forma diversa. Hay públicos mas contenidos y otros mas extrovertidos; no es lo mismo representar una obra en Galicia que en Castilla o en el sur; eso da a los actores una pauta y una libertad para llevar la misma escena de un modo diferente en cada ciudad, porque el público te lo pide y esa experiencia es única.

A.- ¿Qué planes de futuro tienes?

PV.- La noche de la iguana no ha terminado, aun hay funciones hasta diciembre, aunque no puedo concretar las ciudades.

Pero hay una película, de la que me hablan desde hace un tiempo y que me encantaría hacer. Estaría dirigida por Antonio Cuadri, un director con el que trabajé en televisión en la serie coral de Al salir de clase, y la película La buena voz, que rodamos en 2006. Con él tengo muy buena relación, nos entendemos perfectamente, y además es un apasionado del cine; además, el guión es de Claudio Crespo, que es un gran guionista y somos amigos desde la infancia.

A.- ¿Crees que en algún momento Claudio se ha inspirado en ti como actriz, a la hora de escribir un guión?

PV.- Hemos trabajado juntos varias veces y gracias a la afinidad y empatía que tenemos, tengo la certeza de que efectivamente, enriqueció con bastantes matices el personaje de Rosa, en La buena voz, pensando en mi forma de interpretar. Por parte de la producción hubo ideas dispares, en cuanto a mi elección para ese papel, pero Antonio luchó por que yo obtuviera el personaje ya que había sido escrito de ese modo para mí, lo cual me llena de satisfacción. José Luis Gómez, el día del estreno el Bilbao, al finalizar la película me felicitó diciéndome: “Efectivamente, el personaje de Rosa sólo podías hacerlo tú”.

A.- ¿Tuvo éxito esta película?

PV.- El problema de esta película y de la mayoría de las producciones españolas es que no existe suficiente promoción y publicidad; a pesar de eso, tuvo muy buenas críticas y gracias al “boca a boca” se mantuvo en el cine Luchana durante casi dos meses y todavía se estrena en otros países, como actualmente en Cuba.

A.- ¿Qué tipo de cine te gusta? ¿Qué opinas acerca del doblaje?

PV.- Como espectadora me gusta todo tipo de géneros cinematográficos de cualquier nacionalidad, el cine es un lenguaje universal que transmite emociones a través de historias y disfruto de ellas.

Suelo ver las películas en versión original, porque es estupendo oír a las voces de los actores, como por ejemplo a Kenneth Branagh, que es un actor maravilloso de teatro, de la escuela inglesa que yo tanto admiro. Hace poco le he visto de nuevo en la gran pantalla, y he comprobado lo bien que trabaja en la última película de Richard Curtis Radio encubierta, cómo proyecta la voz con el diafragma a una velocidad espeluznante sin trabarse. Pero también admiro la calidad de doblaje de nuestro país y me quito el sombrero ante muchos actores que son unos grandes profesionales del doblaje, que interpretan y sincronizan a la perfección la escena; es una profesión que da de comer a muchos actores. Siempre que veo una buena película en versión original, luego me gusta verla doblada, para observar más los personajes, ver su expresión corporal y facial, ver cómo se desenvuelven.

Como actriz, he hecho todo tipo de géneros desde comedias, western, dramas y he participado en coproducciones italo-españolas, y producciones italianas en las que tenía que interpretar en italiano; al traerlas a España se doblaban, yo hice el doblaje de muchas de ellas, pero en alguna ocasión que pude hacerlo, me doblaba otra persona; entonces me resultaba difícil reconocerme, pero normalmente las voces que se escogen se asemejan bastante al actor y entonan dando la intención más parecida posible. Y mi posición es que soy española, por tanto estoy acostumbrada al cine doblado, lo acepto y lo reconozco como un trabajo de mucha enjundia, responsable, dificultoso y digno de admiración.

A.- ¿Cómo han repercutido las películas catalogadas ‘S’ en las que trabajaste, en tu carrera profesional?

PV.- De ningún modo negativamente; más bien marcaron una pauta de algo nuevo: era el turno del “destape” España, al igual que ya existía en otros países de Europa. Pero fue una decisión mía y nadie me impuso nada; todo el equipo era muy profesional y a las actrices nos trataban con mucho respeto. Estas escenas eran pocas y bastante recatadas. Es cierto que no existía la naturalidad que hay ahora en cuanto a mostrar el cuerpo. Ahora, si veo alguna antigua película de este tipo, me hace gracia la forma en que se trataba el tema, ciertamente infantil. Tampoco se podían catalogar de películas eróticas, pero los guiones no eran de extrema calidad y la gente las veía por ver los desnudos. Pero hay que reconocer que este tipo de cine era reclamado por el público en España y de hecho cuando iban a Andorra, dónde estaba permitido ver este tipo de cine, no dejaban pasar la oportunidad.

A.- ¿Qué opinas de la televisión?

PV.- La televisión es un medio de comunicación muy popular. Al mismo tiempo su programación es efímera, pero gracias a ésta hay actores que han sido muy reconocidos y recordados por ciertas series de televisión. A mi me aportó mucho cuando yo empezaba, con la retransmisión de obras de teatro como Vanina Vanini de Stendhal, Tío Vania de Antón Chèjov, fue muy interesante.

Más recientemente, he trabajado a lo largo de casi un año en la serie Al salir de clase, junto a Antonio Cuadri como realizador; ha sido una experiencia estupenda. Pero echo de menos que se emita teatro en televisión como se solía hacer y volver a ensayar en el Paseo de la Habana en Casa Pepe.

Es un medio en el que puedes elegir y hay programación para todos los gustos, y disfruto muchísimo cuando trabajo en ella.

A.- También actuaste en algún cabaret televisivo y fotonovelas de Corín Tellado …

PV.- La verdad es que me atrevía con todo, si me lo ofrecían confiaba en la capacidad de poder hacerlo.

Me propusieron bailar y cantar en un programa de televisión de mucho éxito, y aunque no sabía bailar, siempre había gimnasia y barra, por lo que una ligera idea podía tener; también me sentía capaz de cantar y como era muy osada acepté.

Cuando me propusieron hacer la fotonovela de Corín Tellado trabajaba en cine, y entre un rodaje y otro, aprovechando la oferta en un momento de parón, aceptamos. Trabajé con Manuel Summers, José Luis Coll y Chumi Chúmez, y lo recuerdo como una grata experiencia, muy divertida. Fue sólo una vez, y no recuerdo muy bien el guión, ya que no conservo el ejemplar, pero tengo recuerdos muy vivos de cómo iba vestida, cómo nos hacían fotos y nos indicaban pronunciar ciertos gestos, nos lo tomamos con mucha seriedad y rigor.

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn