Roberto Berrío: “Tolerancia cero a todas las compañías que explotan a sus trabajadores, a sus actores, actrices y técnicos”

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“Tolerancia cero a todas las compañías que explotan a sus trabajadores, a sus actores, actrices y técnicos”

Naiara Murguialday

Roberto Berrío es fundador de la compañía de teatro La Ratonera. Junto a Gema Martín y originales actores y actrices, lleva más de diez años creando personajes ensoñados y contando historias que embelesan y divierten a los pequeños y a sus acompañantes adultos. Durante esta entrevista conduce de vuelta a Madrid después de realizar la última función de uno de sus montajes. El ambiente en el vehículo es triste y no es para menos. En este país la genialidad y profesionalidad escénica no tienen cabida. Parece que estamos muy lejos de respetar a quienes producen, escriben, dirigen, actúan y crean sus propias canciones con una mano delante y otra detrás. Y lo que es más difícil, sin dejar de soñar.

Actores: He leído en algunos periódicos que el teatro infantil en España goza de muy buena salud.

Roberto Berrio: No goza de buena salud. El negocio del teatro está muriendo y muestra de ello es que cada vez se cierran más redes de teatro, más compañías, y se está dejando de programar en más municipios o en teatros municipales. Las temporadas que se están haciendo en los teatros, en lugar de ser de cuatro o cinco meses, como eran antes, ahora se reducen a una semana. Y un espectáculo que entra al teatro una semana, o incluso para dos o tres funciones, lógicamente llena. Pero eso no significa que goce de buena salud. Significa que en vez de haber setenta funciones hay sólo tres, y esto impide que haya continuidad en el trabajo de los trabajadores del teatro, actores y técnicos. Ahora mismo se están planteando producciones que mueren a las treinta o cuarenta funciones. Esto es un esfuerzo muy grande y un desgaste de energía, de tiempo y de dinero que no compensa. Antes hacías una producción y esperabas tenerla para hacer doscientas funciones. Ahora eso es impensable.

A.: ¿Te refieres tanto para el teatro infantil como para el teatro de adultos?

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R.B.: Sí, para todos igual. Lo que pasa es que en el teatro infantil la situación es más grave. Las compañías que hacen teatro de adultos al ver que no funciona y que no tienen salida para sus espectáculos, se meten en el mercado del teatro infantil porque consideran que es más fácil, más barato y que hay más programación. Y lo que ha ocurrido es que hay una saturación de espectáculos infantiles. Desde asociaciones que empiezan y se inician con el teatro infantil por lo mismo, porque es más “fácil”, hasta compañías que empiezan con el teatro infantil para conseguir financiación para otros proyectos más grandes. Son espectáculos que consideran que son muy baratos, que invierten muy poco dinero y que consiguen una gran rentabilidad en muy poco tiempo. Por lo tanto, es dinero fácil para otro proyecto. Pero no es fácil, ni bueno, porque hay una saturación excesiva detrás. Una saturación que recae en las compañías profesionales de teatro infantil.

A.: El teatro infantil y las autonomías van de la mano. ¿Qué opinas sobre esta relación?

R.B.: El tema de las autonomías es muy complicado. Hay dos grandes espacios de programación, que son Euskadi y Catalunya, en el que las compañías del resto de España no podemos entrar. Hablo a nivel del teatro infantil, porque en el teatro de adultos esto no sucede. El teatro infantil que se está programando en Euskadi y Catalunya es todo en euskera y en catalán. Hay una pequeña cuota de programación que tiene que ser en castellano, pero la aprovechan para hacerla las propias compañías de allí. Las compañías catalanas y vascas tienen versiones en catalán y en euskera, más las versiones en castellano. Una vez que ya están en un teatro, aprovechan y hacen también el pase en castellano y cubren la cuota. Por lo tanto, el resto de compañías que no pertenecemos a ninguna de éstas autonomías, no tenemos acceso a entrar allí. Estamos un poco en desventaja, porque ellos sí que pueden girar por todo el territorio español, pero nosotros estamos vetados. Digo vetados, porque nosotros sí que hemos entrado en las redes; por ejemplo hace unos años en Sarea, que es la red vasca de teatro. Pero cuando han visto que no teníamos versión en euskera, nos han dicho que no iba a servir absolutamente de nada. Hemos salido en el catálogo y nunca nos han solicitado, ni llamado. Luego, hay otro problema, sobre todo para las compañías madrileñas, que estamos peor vistas. Hemos tenido situaciones complicadas en algunos festivales por esta cuestión, porque me han llegado a decir programadores en Catalunya que si no teníamos versión en catalán y éramos madrileños, que ni en sueños íbamos a entrar. Es un poco triste que esto suceda.

A.: ¿Sucede lo mismo en Galicia y en la Comunidad Valenciana?

R.B.: Si ocurre, pero menos. Porque la cuota en castellano es más alta. En Galicia, por ejemplo, antes estaba más cerrada pero ahora está más abierta. Y en la Comunidad Valencia, sobre todo en la provincia de Castellón, sí se hace más teatro en valenciano, pero bueno, aun así, se hace teatro en valenciano pero también en castellano y las compañías del resto del país podemos entrar y no están tan cerrados como en los otros dos casos.

A.: Me gustaría que viajásemos de nuestras comunidades al extranjero. ¿Crees que existen alternativas a día de hoy fuera de nuestro país, que permitan gestionar teatro profesional, leal y eficaz?

R.B.: Sí. Aquí tenemos un problema grave con el tema de las artes escénicas. Tenemos muchos retos pendientes. La profesionalización del sector que no existe, el intrusismo que cada vez es más grande y es terrible el daño que hace porque no hay leyes que regulen y cada vez estamos más desamparados en este sentido. Hay unos vacíos legales que muchas veces nos hacen temblar a quienes nos dedicamos a esto. Hay modelos fuera de España y vemos que funcionan muy bien en otros países. Vemos cómo en muchos países europeos hay una continuidad en el trabajo de los actores y actrices, que tienen los mismos derechos que el resto de trabajadores de otros sectores, tienen sus contratos, sus nóminas, vacaciones pagadas, todos por igual. No funciona como aquí, que, a veces, haces un bolo cobrando, otro sin cobrar, otro que no sabes cuándo lo vas a cobrar, un mes haces dos, al siguiente mes cinco, al siguiente cero y, al final, te tienes que dedicar a otras cosas. Y esto es debido en gran parte, aunque hay muchos responsables y culpables, a los propios actores y actrices, que han permitido todo esto. Hay muchos actores y actrices que trabajan gratis. Hay muchos que dicen: “Bueno, por coger experiencia, por empezar de alguna manera” y se suben a escenarios sin estar dados de alta, sin contrato, sin sueldo, sin ningún tipo de derechos y con todas las obligaciones de cualquier trabajador. Y se hace como algo normal y como una práctica habitual. De hecho, no sé el porcentaje, pero gran parte de la programación en Madrid es de teatro no profesional, de muchos actores y actrices que están trabajando gratis, por amor al arte o por taquilla y que, a final del mes, si hacen ocho funciones, pues se llevan cien euros, si tienen suerte. Esto equivoca y confunde al espectador, y lo que hace es hundir y tirar piedras a su propio tejado. Porque yo como productor puedo decir si este espectáculo es más rentable porque no se pagan ensayos, ni se da de alta a los actores y actrices, pues puedo llegar a plantearme en igualarme, porque estoy en desventaja totalmente con ellos. Tengo una serie de gastos y costes del espectáculo que muchos no tienen. Y claro, al no tener esos gastos de Seguridad Social y sueldos fijos, muchas compañías hacen que su negocio sea mucho más rentable y se estén llenando los bolsillos y que a ellos les salgan los números. Por lo tanto se está fomentando este tipo de teatro, porque las salas lo que están haciendo es recurrir a este tipo de compañías, en vez de recurrir a las compañías profesionales, porque las exigencias son mucho mayores. Claro, si yo tengo que ir con todo mi elenco a un teatro, tengo que exigir también que en ese teatro se cumplan todas las normas. Y que no haya ofrecimientos como los que hay, de trabajar en negro. No sé, hay una economía sumergida que no favorece a nadie y que hace que las artes escénicas sean un sector muy débil y muy flojo. Creo que esto debe de partir de los propios actores y actrices, que luchen por exigir unas mínimas condiciones de trabajo y que no acepten cualquier cosa.

A.: Completamente de acuerdo que actores y actrices jugamos nuestro papel en todo esto. ¿Qué podemos hacer individualmente para cambiar esta situación?

R.B.: Pues directamente no aceptar. Hay unos convenios que están ahí y hay que agarrarse a ellos. En el momento en que ningún actor o actriz se suba a un escenario sin cumplir estos mínimos, la situación cambiará. Pero siempre que haya actores o actrices que acepten cualquier situación, se seguirán haciendo este tipo de espectáculos. Es lo típico que cuando un actor o actriz quiere pedir unos mínimos condiciones de trabajo le dicen: “No. Estas son las condiciones y si no lo haces tú, hay cincuenta detrás que las van a aceptar por ti”. Es cierto, hay gente que lo hace y que está dispuesta a trabajar gratis. Hasta que actores y actrices no digan basta, no se va a arreglar la situación.

A.: ¿Podemos incluir en este círculo de responsables a programadores y ayuntamientos?

R.B.: Por supuesto, ya he dicho que hay muchos responsables. Los ayuntamientos ponen al frente de sus teatros a gente que no son profesionales, gente que se dedican a programar teatros que muchas veces no tienen ni idea de lo que están programando. Ponen a cualquiera y les da igual lo que programan y cómo lo programan. Programan de todo, sin ningún tipo de criterio. Con la única premisa de que sea barato. Quieren espectáculos baratos y el resto da igual. Si cuesta poco, ya está. Les da igual si es bueno o malo, si se cumplen las normas o si son profesionales… les da exactamente igual.

A.: ¿Y en el teatro infantil se ve exageradamente más esta dejadez por la calidad, ya que va dirigido a un público con “menos exigencias” según ellos?

R.B.: Sí. Yo siempre he dicho que el teatro infantil es el patito feo de la familia. De hecho hasta hace poco se decía que “el que vale, vale y el que no, para infantil”. Es un error gravísimo. El niño espectador es tan importante o más que el espectador adulto y merece el mismo respeto. Las compañías están haciendo producciones baratas, mal hechas, con pocos recursos, sin ningún tipo de talento ni de interés, solamente para ganar dinero. Y es así. Hablando con productores de otros espectáculos me dicen: “Esto tiene que ser rentable, que vaya menos gente, yo no me voy a gastar tanto dinero en el vestuario, me gasto la mitad”. Y llega un momento en que le vas quitando cosas y, al final, lo que queda es un espectáculo pobre, aburrido y únicamente con el objetivo que es recaudar, recaudar y recaudar.

A.: Y aun así, tampoco se está logrando esa recaudación, ¿no?

R.B.: Las recaudaciones son pequeñas. Pero cuantos menos costes tienes, más te luce. Hay gente que consigue rentabilidad. Claro, a costa del esfuerzo del trabajo de la gente. Hay producciones que conozco que están pagando un veinticinco por ciento de lo que marca el convenio a sus trabajadores. Pagan unas cantidades ridículas y la gente sigue aceptándolas. Y lo más grave es que se está empezando a asentar la idea de que el trabajo del actor y actriz es así. No deberíamos quedarnos con esta historia. Yo creo que actores y actrices deberían luchar por una continuidad, por dignificar su trabajo. Es imprescindible que comiencen a andar en esa dirección y en ese camino. Igual que desde otra parte, técnicos, programadores, productores, todos, tienen que andar en esa dirección: profesionalizar y dignificar el trabajo que hacemos. No aceptar cualquier cosa y no pasar por el aro. No todo tiene que valer. Tenemos que empezar a exigir unos mínimos, ya que es bueno para todos. Es bueno para el público y para los profesionales de nuestro sector.

A.: Me gustaría aterrizar en el presente. ¿Qué opinas sobre la subida del IVA en nuestro sector, del 8 al 21%?

R.B.: La subida del IVA es una locura, un suicidio. Nos están empujando al cierre a todas las compañías. El modelo de trabajo que un poco se está moviendo en el sector, ya que las giras han muerto y cada vez son más pobres, el modelo que se pretende o pretendía seguir era el modelo de Broadway y el modelo londinense, que es el de las compañías estables en los teatros donde hay una programación estable. Esto, con la subida que vamos a tener de IVA lo hace imposible. Ya no podemos intentar ir por ese camino, porque repercute o sobre los ingresos para la compañía que ya está bajo mínimos, o bien, sobre el bolsillo del espectador, que también está tiritando. Entonces, no ayuda absolutamente en nada, salvo a que caigan más compañías y más puestos de trabajo. Es un empujón más hacia abajo por parte del gobierno a las artes escénicas. No sé qué pretensión o idea tienen, pero desde luego la de hacer resurgir a las artes escénicas no está en su cabeza. Lo que están haciendo es dificultar nuestra labor y callar al Teatro. Es una barbaridad. Además, hace ya algunos años que mucho talento artístico en España se está escapando a otros países y ahora con todas estas medidas suicidas se acentúa mucho más. Tanto actores y actrices como productores y distribuidores están saliendo fuera. No es fácil llevar una producción en este país y aunque desconozca dónde están estas oportunidades, conozco compañías que están saliendo fuera para irse a otros lugares a trabajar.

A.: Y tú que no dejas de soñar, ¿crees que hay esperanza para el cambio y que podamos transformar ésta realidad?

R.B.: Sí. Creo que la situación es mala pero el mensaje positivo tiene que estar precisamente ahí. Es el momento de parar y pensar, de crear un nuevo sector mucho más fuerte y mucho más competitivo. Creo que tenemos en nuestra mano la oportunidad de hacerlo, de aprovechar este tiempo que nos ha tocado vivir para mejorar nuestras condiciones de trabajo y mejorar las condiciones de nuestras producciones para mejorar el sector de las artes escénicas. Pero va a depender sólo y exclusivamente de nosotros que, desde dentro del sector, se quiera o no hacer. Desde luego si nos cruzamos de brazos a esperar que otros lo hagan, no va a pasar nada. En el día a día fijamos nuestros derechos, que son nuestros derechos como trabajadores. Y, desde luego, tolerancia cero a quien vaya en contra de todo esto. Tolerancia cero a los trabajadores que hagan su labor gratis. Hay que parar los pies a este tipo de trabajadores y a las salas que dan condiciones malas de trabajo, que no cumplen con la ley. Tolerancia cero a todas las compañías que explotan a sus trabajadores, a sus actores, actrices y técnicos. Creo que hasta que no paremos esto, nada mejorará. Creo que solo depende de nosotros. Que nosotros queramos transformar esta situación.

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