FAEE Federación de Artistas del Estado Español : Caza de brujas en la Escuela de Arte Dramático de Valladolid

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90-Escuela de Arte Dramático de ValladolidMada Alejo

Tras más de 25 años de existencia, con una actividad docente necesaria para el panorama teatral de la ciudad e incluso de la región, se cierra esta escuela. Una auténtica tragedia, hiriente para el sector actoral y dolorosa para la cultura.

Cerrar una escuela de teatro es cerrar las puertas a la educación y a la libertad, es morir un poco más. La EAD ha estado ubicada en varios espacios de Valladolid, pisos, centros cívicos, etc. Más tarde, con la creación del Consorcio de Enseñanzas Artísticas, se trasladó al antiguo Hospital Provincial, y por último su sede actual, la llamada Casa Cuna de Valladolid.

Mediocridad política

La EAD se adaptó desde el primer día a los planes oficiales de estudio: su enseñanza ha sido reglada en todos los cursos. Los miembros del profesorado, todos ellos personal laboral, son licenciados. Pero de puertas hacia fuera, se ha tenido que luchar con una incomprensión: no de la ciudad, pero sí de la clase política. La clase política siempre pensó que allí solo asistían cuatro locos para dar saltos, pero los resultados profesionales de esta escuela ya no les han permitido decir eso. Aún así han conseguido acabar con ella.

La Junta de Castilla y León tenía la obligación con el primer estatuto, el que acaba de cambiar, de asumir los conservatorios, los museos y las escuelas que hubiera. Lo que debería haber conformado unas enseñanzas de arte dramático, como ya tenían otras comunidades, nunca se ha dado en Castilla y León porque la mediocridad política es palpable.

Se han promovido preguntas en las Cortes, en el Ayuntamiento de Valladolid, juicios ganados por los trabajadores o comunicaciones en prensa. Se dio la opción de tener un funcionamiento como escuela municipal, como existe en la ciudad una escuela de música aparte del conservatorio, pero nada. El ayuntamiento y la diputación tienen museos, bibliotecas, archivos… sin embargo, el personal de la EAD con titulaciones superiores (historia, historia del arte, filología) no encuentra ubicación. Esto ha sido una caza de brujas absolutamente.

La mayoría del profesorado ha sido despedido según los cursos terminaban su ciclo y el resto de los trabajadores recibieron la carta de despido el 1 de septiembre; este despido objetivo supone poco dinero de indemnización; además, los profesionales tienen edades complicadas para encontrar un puesto laboral en otro lugar.

En la actualidad, con la ESADCyL (Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León) se empieza una nueva etapa en las enseñanzas artísticas de la región. Una escuela respaldada por la fundación ARCYL, con fondos cien por cien públicos pero con un derecho privado ilógico y un funcionamiento muy cuestionable.

El presente y el futuro se construyen así desde el oprobio, la falacia y la hipocresía institucional y política. Sólo el silencio, la mirada a otro lado y la espalda vuelta han acompañado institucionalmente a estos profesionales, que tras 25 años han sembrado cultura teatral, oficio y amor a las artes escénicas. Otras tantas promociones, con una media de quince alumnos por cada una, andamos por el mundo fomentando este arte, a veces ingrato pero siempre necesario. Orgullosos de haber estudiado en una escuela que nos enseñó el respeto y la inquietud vital que el teatro tiene que levantar en una sociedad.

Cualquier sociedad despierta debe valorar sus enseñanzas, el respeto por crear un campo de cultivo como el arte donde el ser humano puede desarrollar sus capacidades más básicas tales como la tolerancia, el respeto, la autoestima. Pero todos estos valores para los políticos son sólo palabras difíciles de entender. La sociedad debería exigir respuestas a las preguntas que a menudo nos formulamos sobre el mal funcionamiento de nuestras instituciones y no callar ante la torpeza de los que gobiernan.

Parafraseando a una profesora de la EAD: “La historia pone las cosas siempre en su sito”, esperemos que el tiempo tenga la última palabra ante la injusticia.

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