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Carlos Bernal

El pasado mes de septiembre, en Lisboa, tuvo lugar la primera edición de “Babel, ou estamos a construir uma casa”, un festival de teatro para la infancia y la juventud. Seis colectivos teatrales de seis países de Europa han estrenado allí sus obras con la metáfora de Babel como motivo de inspiración: el Jaunimo Teatras de Lituania, el Studio Blum de Polonia, Theaterwerkstatt de Alemania, En Verre et Contre Tout de Francia, Carlos Bernal y La Fábrica de Sueños de España y el Teatro da Garagem del Portugal.


Uno de los espectáculos infantiles del proyecto
Babel.

Fueron estos últimos, en su sala, los anfitriones. Niños, adolescentes, profesores y público en general asistieron hasta llenar, todos los días, la sala del citado grupo. A otras horas, los grupos invitados junto a profesionales portugueses participábamos en talleres y mesas redondas sobre diferentes aspectos del quehacer teatral.

Europa

Las obras dieron a los niños y jóvenes la imagen de Europa como la comunidad que los contiene a ellos y, también, a otros muchos mayores y menores de otros países; otras lenguas, otras culturas, otras fantasías, otras músicas, otros cuentos, etc. Los teatreros que habíamos creado los espectáculos y conformábamos el proyecto pudimos ver allí, por un lado, las obras que habían hecho los otros y por otro, qué efecto creaba nuestra función en los niños de otro país. Este doble enriquecimiento era uno de los objetivos iniciales: contrastar y asimilar diferencias y similitudes.

Se habían realizado, antes del festival, tres talleres creativos e intensos en Nancy, Hannover y Vilnius, en los que habíamos participado casi todos los miembros de los diferentes colectivos, para mostrarnos, un poco, en qué sentido estábamos trabajando. Se traducía y se hablaban los idiomas con diferentes acentos: lejos de la perfección semántica, pero casi siempre nos entendimos. Ésa era nuestra voluntad; pienso ahora que los que se pelearon en la construcción de la torre, se pelearon porque no tenían el suficiente ánimo de entenderse, o porque intereses particulares se lo impedían. En todo caso nosotros, actores, directores, autores, técnicos, etc. siempre podíamos echar mano del teatro y sus satélites (la comunicación no verbal o la improvisación, por poner ejemplos) para no repetir la historia bíblica de la torre inconclusa.

Durante esos talleres o en ensayos, algunas veces, me permití observar el rostro de los compañeros ante lo que estaba sucediendo en el escenario; sus ojos reflejaban placer y maravilla. Durante las funciones en Lisboa, observe a los niños: lo mismo. Nada más satisfactorio: los ojos como platos, la boca semiabierta y relajada, la respiración contenida para no perder ningún detalle… Habíamos invadido sus cuerpos, con paz y fantasía teatral, más allá de las fronteras.

Ahora, un puñado amplio de teatreros de muy diferentes nacionalidades, gracias al compromiso individual y al trabajo colectivo, hemos conseguido llevar Babel a buen puerto. Ahora cada una de estas seis compañías tiene una obra nueva… No puedo dejar de desear que, desde estas páginas, vuelen mis mejores deseos, en sus respectivos países, a todos ellos y ellas, y también a las personas que nos apoyaron: por ejemplo, Christel Hoffman, pedagoga y teatrera sabia y popular proveniente del Berliner Ensamble, o a las gentes de la cultura del Instituto Goethe que siempre estuvieron allí, en Nancy, en Lisboa, en Vilnius y en Madrid. Ya lo dijo alguien, el teatro no son los edificios, sino los hombres y las mujeres que lo hacemos.

Europa es cultura, música, mitología; pero también es urbe, barrios, edificios repletos, vecindades, crisol de razas, etc. Aquí en Madrid, ésta fue la materia prima para escribir la función. Pensé que estos factores del imaginario actual, muy ricos teatralmente, debían aprovecharse para crear lazos de cultura y fantasía, puentes para acercar a los artistas y a los niños y los jóvenes en Europa.

Tratándose de una función sobre el mestizaje y lo rico que puede resultar la mezcla afortunada de las culturas, lo que en La Señora Bah y su jardinero Bell hemos hecho es también mezclar diferentes prácticas artísticas y ponerlas al servicio de la dramaturgia teatral: música, danza y vídeo con el propósito de estimular la imaginación, la diversión y el aprendizaje de los futuros ciudadanos, de nuestros “locos bajitos”. Pero, sobre todo, nuestro intento está en despertar curiosidades multicolores, en abrir ventanas para que niños y jóvenes se asomen a mirar lo diferente; a imaginar lo que serán, o ya son, las ciudades del futuro.

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