Festivales : Encuentros Te-Veo, Los ecos de la infancia

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Carlos Bernal

“Lo que Juanito no aprende, no lo sabrá nunca Juan”. Este refrán alemán podría ser una de las consignas que durante diez años de existencia Te-Veo ha ido configurando y defendiendo a golpe de montajes, exposiciones, charlas, talleres y sobre todo manteniendo una relación constante, creativa y nada paternalista con los públicos de menores.

El cronista comparte ampliamente la “consigna” de Juanito. Debe, entonces, pensar bien qué tipo de adjetivos y verbos utilizar para no parecer lo que es: un cómplice de la gente que hace teatro para niños y jóvenes, como los grupos de Te-Veo, por sus posturas y su periplo. Piensa, el que escribe, que la fantasía que se siembra en los menores se convierte en acciones de mayores.

Las compañías tienen todas las primaveras, en Zamora, el tiempo y los espacios para compartir experiencias teatrales y debatir sobre el presente y el futuro de su trabajo. Este festival sirve para acercar a los niños al teatro y para que nosotros aprendamos de su sensibilidad, sus emociones y sus maneras de divertirse. Ellos, por su parte, en la mayoría de los casos, gozan de nuestras obras, se embarcan en los viajes que les

proponemos y crecen allí sentados, se aventuran a soñar con el futuro y los cómicos les damos herramientas para que cuando crezcan puedan enfrentarse al miedo, la soledad y el egoísmo armados de sentimientos tan contundentes como la amistad, la fantasía, la generosidad, o si se me permite, la solidaridad y el juego de compartir.

Las realidades, la ilusión y los sueños de los niños y los jóvenes son el caldo de cultivo de donde estos “cómicos del siglo XXI” beben sus esencias, sus pócimas y sus potingues.

Divertir y emocionar

Muchas de las obras divertían y emocionaban a los niños. Creo que en estos dos verbos está la clave y la salud del teatro. O sea, en esta manera de relacionarse con el público, sea de la edad que sea.

Lo fundamental eran los actores. Los demás elementos, técnicos o artísticos, que integran los espectáculos, estaban para ayudar a contar la historia que los comediantes, con su cuerpo y con su voz, habían escogido para contarnos. La presencia de un señor o una señora, disfrazado y simpático, tan cerca de los niños, es lo que crea en ellos esa sensación ambigua de misterio y complicidad: la magia que los hace volar y les pone los ojos como platos.

Fueron 26 compañías nacionales e internacionales que hicieron 47 actuaciones, pero no se puede omitir que en la fiesta del décimo cumpleaños del festival (de noche, claro) el P.T.V. Clowns de Valencia, cumplió también allí, delante de nosotros, treinta años de “teatro y carretera” y nos regaló un sketch pleno de su imaginación y de su factura característica. Un privilegio verlos. Demostraron que “no solo de tele vive el hombre (de teatro)”.

Los valencianos, son los “decanos”, pero había más grupos que les siguen de cerca en veteranía y que comparten con ellos ese elevado y fresco nivel de buen hacer teatral. También estuvieron, por ejemplo: La Tartana, Teloncillo, Achiperre (los de Zamora, el grupo de valientes que, capitaneados por Cándido de Castro, sacan adelante el festival), Paraíso, Arbolé, La Machina, Karlik-Leoni Danza Teatro, Cambaleo, Laví e Bel, Panta Rhei Producciones, etc.

Niños y mestizaje

En el apartado “Mirando a…” que todos los años presenta grupos de algún país de otras latitudes, este año, de allende los mares, desembarcó una vital y joven delegación de teatreros argentinos. Tres grupos: El Redondel, Chon-Chon Teatro de Muñecos y el Grupo de Teatro de Buenos Aires, Serios y divertidos, buenos y muy diferentes entre sí. Teatro de ida y vuelta.

En todo caso, Te-Veo es un festival joven, que crece y que tiene el futuro por delante. Déjenme decirles que además de los obras, también impresionaron a mí alma y mis retinas, las imágenes de dos de las actrices de los grupos, las dos embarazadas, muy distintas: rubia la francesa y morenita la de Bilbao. Las dos se preparaban diligentes e ilusionadas para hacer sus funciones y para ser futuras madres.

Fotos:
Sol y luna, de la compañía Laví e Bel
Salvador, el niño, la montaña y el mango, por Cambaleo Teatro
Actores de Achiperre Teatro en La silla

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