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el gran rastro madrileño del teatro

Antonio Hernández Nieto

Kaspar.


Cia. Meyerhold Theater Center. Natacha’s Dream.

Este año el programa del FOenP 2011 traía clásicos de la modernidad española como la inefable Angélica Liddel o el bailaor Israel Galván, y reservaba para ellos los templos de la modernidad teatral de las Naves del Español en el Matadero de Madrid. Incluso al segundo se le ha organizado una mini gira local a ciudades y pueblos de la región con sus espectáculos anteriores. Angélica confiesa, al fin, que su teatro es infantil, y es que siempre hay mucho culo, caca, pedo y pis en lo que hace. Que eso siga escandalizando y siga dividiendo al público entre los que la odian y los que la aman (aunque, la verdad, es que la mayoría del público, el que es realmente popular, la ignora como a casi todo lo que pasa por el festival) habla más del público entendido que hay en Madrid que de otra cosa. Sin duda no hubo suficientes entradas para verla, ni siquiera para los de la profesión ni para la prensa, pues era uno de los platos fuertes del festival, habida cuenta de que su anterior espectáculo, visto en el último FO que se celebró en otoño, había sido sancionado por el festival teatral por excelencia, el de Avignon. ¿Hace falta recordar el cuento del Traje nuevo del emperador?

Israel Galván es otra cosa. Lo que no ha evitado que haya sido ascendido a los cielos por esas élites que necesitan coartadas culturales para amar géneros populares como el flamenco. Las mismas que adoran a Morente y rechazan a Juanito Valderrama o a La Niña de los Peines.

Los imprescindibles

El otro plato que no deja de repetir y de repetir el FO siempre que hay género en el mercado es el de Peter Brook. Llegó con La flauta mágica de Mozart en versión para piano con su Théâtre des Bouffes du Nord, o el Teatro alimenticio del Norte. Obra que se ha podido ver dentro de la programación del Festival de Otoño de París, el otoño pasado, y que viene a demostrar que Peter Brook mantiene y tiene una de las mejores técnicas teatrales, pero ha perdido el alma y el olfato para seguir las pistas de las obras que elige; esa conexión que colocaba al espectador en otra dimensión de comprensión del mundo en el que viven. Vista y oída esta obra, la pregunta es: ¿para qué? ¿Para qué tanto tiempo y esfuerzo? Seguramente será un trabajo alimenticio que hace honor a la palabra bouffes de la compañía. Como entristecerse y enfadarse no llevan a nada, hay que alegrarse de que él y su trouppe puedan seguir comiendo, sobre todo ahora que con la crisis la inversión en teatro, institucional y de las economías individuales, está disminuyendo. Y los profesionales se habrán alegrado de ver en escena muy buenos ejemplos desde el punto de vista técnico que esperemos que ellos sí acaben colocando con éxito en sus obras. Es decir, para contar algo más que un chiste, una anécdota.

Y repitieron, también, como en otros años y como productos de interés en un mercado cultural, Laurie Anderson en otra velada de pequeñas grandes historias acompañadas de música; Phillip Glass y su, se supone, minimalista concierto tanto en la forma como en el contenido; Jan Fabré, otro clásico festivalero de prestigio; y Timbre 4 que con Claudio Tolcachir al frente, trae la obra que cierra la trilogía que comenzó con La omisión de la familia Coleman.

Y una vez señalados los highlights de este festival de teatro, quedan las propuestas que parecen elegidas más por ser espectáculos disponibles en el mercado teatral que porque el festival tenga y mantenga un discurso; ya fuera sobre lo teatral, ya fuera sobre el mundo. Así se programó de nuevo Thibaud, al que el espectador corriente y moliente acude porque se parte de la risa y el actor y la actriz profesional deberían acudir para ver cómo se construyen momentos divertidos con humanidad, si se ha de hacer caso a la crítica. También se programó Propeller, por si alguien dudaba de que las compañías inglesas supiesen y continuasen sabiendo hacer shakespeares. Y se añadió Luc Bondy y su montaje de Les chaises de Ionescu, aunque en sus otras visitas madrileñas el público saliera diciendo que no volvía al teatro.

Gracias a esa propuesta de gran bazar teatral, en el que todo cabe, se abren las puertas a nuevos descubrimientos. En esta categoría estuvieron sin duda El Baile de Máscaras del State Theater Evgueny Wakthangov dirigido por Rimas Tuminas, representante del poco teatro que llega de las extintas ex-repúblicas soviéticas y de su opulenta tradición teatral. O Amnesia, de Familia Productions y Fadhel Jaïbi, que ha llegado de ese Túnez revolucionado para contar en Occidente las raíces de lo que ha pasado y que con un poco de suerte habrá descubierto algo que cualquier lector de periódicos no supiera ya. O Sans Object de la Compagnie 111 dirigido por Aurélien Bory, donde lo tecnológico, como en nuestra sociedad, es lo que estructura su discurso.

Y, como en todos los bazares y, también, en el Rastro Madrileño, hay posibilidades de encontrarse gangas y chollos. Espectáculos baratos de producir, pero que son un auténtico lujo para las personas que los ven y los disfrutan, sean profesionales o no del teatro. Como Natasha’s Dream de The Meyerhold Centre, directamente llegado de la actual movida moscovita, movida de la que se tiene poca o ninguna información por estos pagos, desconocimiento que el año Rusia-España parece que no va a conseguir cambiar ni mandándoles Comedia y Sueño, el Lorca de Corazza, también visto y oído en este festival. O Algo de ruido hace dirigido por Lautaro Perotti, director procedente de Timbre 4. O Al menos dos caras de Projects in Movement y Sharon Fridman que ha venido cosechando maravillas. Y no olvidemos, tal vez por ser de planteamiento más tradicional y clásico, la obra Las más fuertes de Eusebio Lázaro, responsable de traer de nuevo a las tablas a Ana Marzoa. O los dos espectáculos que se habrán escondido y refugiado en las acogedoras salas de la Abadía, Estado de ira y Kaspar.

Tanta oferta trae consigo que se olviden espectáculos, sin apenas público y sin apenas crítica, y que no deberían haber quedado en el tintero, como el Circo Rinaldo y Circa, que llenó la pista del Price y que han recordado que entre el grandioso Cirque du Soleil y los circos de nuestra infancia, que también ponemos en la infancia de nuestros hijos, existen un conjunto de profesionales que aúnan costumbre y tradición para hacer algo nuevo. Es una pena que los espectáculos de danza difíciles de encuadrar quedaran un poco relegados, lo que ha vuelto a demostrar su orfandad de público, que no de afición ni de interés.

Ha sido tal la abundancia de este festival que es probable que uno se haya perdido cosas con interés real, que después de ver On the concept of the face, regarding the Son of God de Castellucci y Socìetas Raffaello Sanzio no se entiende que se programase para el segundo día del mismo, relegando a otras propuestas para las últimas jornadas. Jornadas estas que encuentran al público y a los profesionales agotados y bloqueados con la bacanal a la que han sido convocados en un solo mes. Es de esperar que no haya sido la necesidad de añadir un nombre de prestigio al festival, uno más. Y, si ha sido así, que esto no se haya convertido en el driver de la programación de 2011, aunque pueda haberlo parecido por el acumulo de nombres. Pues el futuro del teatro y de un festival de teatro depende más de las personas que de las personalidades, aunque esta crónica, que se basa en los posibles itinerarios que se han podido seguir por el FOenP 2011 de pie a pensar todo lo contrario, debido al rosario de nombres desplegados para justificar que desde el 11 de mayo al 5 de junio hayan acudido espectadores al teatro, a sentarse todos juntos, a escuchar historias, y a satisfacer esa necesidad de cuentos que ofrecía el mercado, este bazar, este rastro que es el FOenP 2011. Mientras en la calle se producía el movimiento del 15-M y los políticos intentaban convencer a la ciudadanía para que fueran a votar en vez de que fueran al teatro o en vez de que fueran a la Puerta del Sol a hacer su propia performance, su propia acción, anónima aunque colectiva. Personas que nadie conocía, pero que supieron atraer a la audiencia con la fuerza de los argumentos y la tecnología, aunque la obra no estuviese programada en este FOenP 2011

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