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Ana Romeral

El pasado mes de marzo, y durante más de tres semanas, la Comunidad de Madrid pudo disfrutar de 250 representaciones de lujo en 64 espacios escénicos.

Trippo

El circ de Sara.

Una antígona de papel, un intento por
desarrugar el mito.

El viaje.

Hans Christian, debes ser un ángel.

Con menos presencia internacional que en otras ediciones, ya que la crisis también azota a los festivales, Teatralia ha mantenido la calidad de los espectáculos a la que nos tiene acostumbrados. El balance final del festival ha sido, por tanto, más que positivo.

Entre la creciente avalancha de festivales que inundan nuestros calendarios culturales, surge Teatralia, el festival de artes escénicas para niños, jóvenes y no tan jóvenes, que la Comunidad de Madrid viene desarrollando desde hace trece años.

La idea, que surge en la primera mitad de los años 90, toma cuerpo por primera vez en 1996, bajo la dirección de Carlos Laredo, actual coordinador de “Rompiendo el cascarón”, el ciclo de teatro para bebés que organiza el Ayuntamiento de Madrid.

El fin de Teatralia estuvo claro desde el principio: dotar de un espacio temporal concreto a las artes escénicas para el público más joven. Para ello, la dirección tuvo en cuenta dos criterios de diferenciación bien claros, como son el carácter internacional del Festival y la gran calidad, avalada siempre por la experiencia de los espectáculos que en él se iban a desarrollar.

Efectivamente, si echamos un vistazo a las anteriores ediciones, veremos que más de la mitad de las compañías que han pasado por Teatralia son extranjeras. Sus países de procedencia varían año tras año, aunque muchos de ellos, con una larga tradición en el teatro para niños y jóvenes, repiten. Tal es el caso de Dinamarca, Canadá, Francia o Italia, países que no han dudado en invertir de igual modo en teatro para adultos y en teatro infantil-juvenil, y que por la variedad y calidad de sus espectáculos han servido de modelo a imitar no sólo a compañías nacionales sino también a las mismas organizaciones de festivales de todo el mundo.

Público joven y exigente

En cuanto al criterio de calidad, cada vez resulta más claro que el público más joven es igual de exigente, si no más, que el público adulto. Pero, sobre todo, es más sincero y no duda en expresar su gusto o disgusto frente a lo que está viendo de la manera más clara posible. ¿Cuánto tiempo hace que no se escucha en una sala de teatro un abucheo o un pataleo frente a una mala representación? Son muchos los especialistas del teatro que consideran que una correcta formación teatral (tanto del lenguaje artístico como de la propia experiencia de ver artes escénicas) desde las primeras edades garantizaría la presencia de este público, ya adulto, en estos espectáculos el día de mañana.

Otros muchos, más escépticos que los primeros, consideran que tal vinculación no es estrictamente necesaria y que no hay ningún indicio que asegure que un niño hoy satisfecho frente a lo que ha visto sobre el escenario vaya a ser un asiduo espectador teatral cuando crezca. O al contrario. En lo que todos parecen coincidir es que sólo ofreciendo espectáculos de calidad se puede captar la atención de este público tan exigente –más aún si nos referimos a aquel comprendido entre los 14 y 20 años–, edades en las que se produce un claro desinterés por las artes escénicas.

Para medir estos criterios de calidad, la organización de Teatralia trabaja a lo largo de todo el año buscando y eligiendo las compañías que van a actuar en la próxima edición o, dependiendo del calendario de dichas compañías, en ediciones posteriores. El plazo de búsqueda y de presentación de propuestas está siempre abierto.

Las principales formas de contactar con las compañías son bien a través de las distribuidoras, que envían la información a la organización del festival; bien a través de los distintos festivales nacionales e internacionales que se desarrollan a lo largo de todo el mundo durante todo el año. Para garantizar la verdadera calidad de los espectáculos que se van a programar, todos ellos tienen que ser vistos por la organización antes de ser aprobados y sólo de esta forma pasan a formar parte de la programación final.

La organización, en estrecha colaboración con la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid, es también la encargada de elegir las salas en las que van a representar las compañías seleccionadas. Para ello se tienen en cuenta principalmente las características físicas de dichas salas y su adecuación a las características propias de los espectáculos que allí tendrán lugar. Centros culturales, teatros municipales, salas y teatros privados y públicos de toda la Comunidad garantizan que la programación de Teatralia resulte más cercana a todos.

El público al que va dirigido el festival es amplio, desde los más jóvenes a los más mayores, aunque siempre dejando claro las edades mínimas de adecuación a los diferentes espectáculos.

El festival también reserva unos días de su calendario para la campaña escolar, es decir, unas fechas destinadas exclusivamente para la visita de colegios e institutos. Todos los centros escolares de la Comunidad (públicos, subvencionados o privados) reciben la programación y las salas donde van a tener lugar las representaciones y, por estricto orden de petición, se les reservan las plazas necesarias. La Consejería de Educación exige además al festival que se guarde cierta prioridad a los llamados centros públicos prioritarios, centros que por las características socioeconómicas o socioculturales de su alumnado les resulta más difícil acceder a este tipo de actividades.

Pero Teatralia no es sólo una buena programación de artes escénicas. Existe otra línea del festival, quizá menos conocida pero no por ello menos importante, como son los encuentros de Alcalá de Henares. Estos encuentros, que se vienen celebrando desde la tercera edición, giran en torno a temas concretos vinculados al mundo de las artes escénicas, pero de naturaleza tan variada como pueden ser el mundo de las sombras o la disolución de fronteras entre las distintas artes, presentes en las dos ediciones anteriores. Acompañando a éstos se celebran otras actividades paralelas (también de corte internacional) como son exposiciones de fotografía, talleres, etc.

Así que, por todo lo dicho anteriormente, podemos concluir que Teatralia es mucho más que puro teatro. La creciente afluencia de público año tras año y el reconocimiento nacional e internacional del festival, así parecen avalarlo.

Siempre quedará la duda de si es necesaria la celebración de este tipo de eventos para que la gente vaya a ver teatro, danza, música o circo.

Las opiniones son variadas, pero mientras se busca una respuesta, ¡larga vida a Teatralia!

La decimotercera edición

¿Puede el arte salvar vidas? ¿Tiene la creación el poder de amortiguar el dolor del alma? ¿Contribuye el arte al proceso de alquimia íntima (o social) que convierte una vivencia negativa en un factor de crecimiento y superación? Bajo estas preguntas de Pablo Nogales, actual director del Festival, se articuló este año la decimotercera edición de Teatralia. Para responder a ellas la organización del Festival quiso contar con dos frentes de profesionales expertos en el tema.

El primero de estos frentes –que aportó la teoría– lo compusieron el centenar de expertos en el ámbito de la pedagogía, el arte y la programación, que entre los días 15 y 18 de marzo asistieron a las conferencias y mesas redondas organizadas en la Universidad de Alcalá de Henares bajo el título “El teatro para la infancia en la superación del dolor emocional”.

Como invitado de honor a estas conferencias se encontraba Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra francés especialista en los mecanismos psíquicos de superación de acontecimientos traumáticos y creador del término “resiliencia”, que designa la capacidad que tiene el ser humano para sobreponerse de acontecimientos emocionalmente dolorosos.

En su conferencia del 16 de marzo, “Resiliencia y escritura teatral”, Cyrulnik señaló la importancia que tiene el humor y la creación artística sobre las personas que sufren traumas emocionales. Pero no sólo esto, sino también la de los artistas (novelistas, poetas, dramaturgos, cineastas, artistas plásticos, filósofos, etc.) como personas capaces de comunicar estas experiencias traumáticas a través de su obra o de crear momentos cómicos que ayuden a mitigar el dolor emocional.

32 compañías, 60 espacios escénicos

En el segundo frente, en su parte más práctica, se encontrarían las 32 compañías de profesionales que durante 24 días llenaron de magia los más de 60 espacios escénicos de la Comunidad de Madrid. Procedentes de todos los rincones de España (Andalucía, Cataluña, Castilla y León, Galicia, Madrid, Murcia, País Vasco, Valencia), y del resto del mundo (Australia, Austria, Canadá, Dinamarca, Francia, Italia, Japón, República Checa), estos expertos de las artes escénicas han servido de vivo ejemplo de lo expuesto anteriormente: cómo un espectáculo brillante puede, si no curar estas heridas del alma, si al menos hacerlas más llevaderas durante los minutos que dure el espectáculo.

Los medios de los que se han servido para ello han sido tan variados como variadas son sus procedencias. Así lo muestra Una antígona de papel, un intento por desarrugar el mito, de la compañía francesa Les anges au plafond, una lírica interpretación del mito griego hecha de papel, donde la marioneta se funde con la marionetista, la música de los violonchelos con el sonido del viento y las luces de los farolillos con las sombras chinescas de los soldados que batallan en Tebas.

O Los tres mosqueteros, una divertidísima interpretación del clásico de Dumas acompañada de una trepidante música en vivo, puesta en manos de la varias veces premiada compañía checa de títeres Divadlo Alfa.

O Cyrano, de la compañía vasca Teatro Gorakada, que una vez más repite en el festival con una asombrosa adaptación de la obra Edmond Rostand, y que con la máxima fluidez de su texto consigue sobrepasar la dificultad inicial que podría suponer una obra en verso para niños.

Los amantes del circo, como en años anteriores, también han encontrado su espacio en esta edición , con espectáculos de tan alta calidad como el propuesto por la compañía catalana Ateneu Popular 9 barris y su espectáculo El circ de Sara, una excusa circense para contar mucho más de lo que a simple vista pudiera parecer; o Trippo, de la compañía franco-finlandesa Circo Aereo, una apuesta por las técnicas circenses tradicionales mezcladas con la magia de los objetos.

En esta misma línea de “objetos mágicos” se encontraría el espectáculo Hans Christian, debes ser un ángel de la compañía danesa Gruppe 38. En ella todos estamos invitados a la fiesta de cumpleaños del cuentista danés Hans Christian Andersen. Pero pronto nos damos cuenta de que no estamos solos, sino que la mesa del festín oculta algo más que platos y servilletas…

También con objetos y una historia maravillosa nos sorprende El intrépido viaje de un hombre y un pez, de la compañía murciano-madrileña Onírica mecánica. En esta ocasión el público no sólo participa como observador de la historia de Eco, sino que juega un papel esencial en la suerte de su protagonista.

Contando historias, teatralmente o a forma de cuentacuentos, se encontraría también Historias ínfimas de la compañía leonesa Achiperre coop. Teatro o La trágica historia del niño queso, de la compañía australiana Slingsby, un espectáculo único para un público algo más mayor.

Y finalmente la danza, presente como acompañante o protagonista en algunos de los espectáculos, como en el caso de Callejón sin salida, una visión innovadora de la ciudad en clave de break-dance o El viaje, obra única de la compañía japonesa Kijimuna Dance and Music Troupe que por medio de la música y la danza tradicionales de Okinawa nos acercan una cultura alejada en el espacio pero que, sin duda, tiene su cabida en la nuestra.

Como novedad de esta edición es destacable la aplicación en algunos espectáculos de traducción simultánea en el lenguaje de los signos para personas con discapacidades auditivas, iniciativa que, por el éxito obtenido, tiene intención de seguir aplicándose en futuras ediciones.

El festival infantil, también en progresivo aumento


En los últimos 25 años hemos asistido a un más que significativo aumento de los eventos multitudinarios de corte cultural en todo el mundo, bien sea bajo el nombre de festivales, ferias, bienales, etc.

El terreno de las artes escénicas no iba a ser una excepción a esta multiplicación, y así lo demuestran los más de 70 festivales de teatro que, sólo en España, se desarrollan a lo largo de todo el año.

En el caso de los festivales infantiles, tal proliferación parece responder no sólo a la inercia general hacia el festival en sí, sino a un creciente desarrollo de las técnicas de representación adaptadas al público infantil y juvenil y, claro está, a la aceptación que éstas tienen dentro de dicho público. Galicia, por poner un buen ejemplo, es una de las comunidades autónomas que en los últimos años más interés ha mostrado en la creación de montajes y espectáculos de calidad para el público más joven, llegando a ocupar un porcentaje bastante alto dentro de la producción teatral general, como se indicó el pasado 17 de marzo en las III Jornadas de Circuitos Escénicos Autonómicos. Pero no sólo Galicia, también Madrid, Cataluña, País Vasco, etc.

En España, son ya doce los festivales dedicados a títeres y marionetas, algunos de ellos de gran repercusión internacional, como el segoviano Titirimundi, que hoy se cuenta como uno de los festivales internacionales más importantes de España y uno de los más destacados del mundo dentro de su especialidad.

Fuera de nuestro país, el festival infantil ha vivido también este continuo crecimiento. Así lo demuestran festivales de tanta importancia y renombre como el Children’s Theatre Festival de Viborg (Dinamarca) o el Festival Méditerranéen du Théâtre pour Enfants de Ben Arous (Túnez), por poner dos ejemplos.

Pero ya no sólo festivales de teatro para niños, sino festivales de teatro de niños, como por ejemplo el Festival mundial de teatro de niños de Lingen (Alemania) o el Festival International de Théâtre d’Enfants et de Théâtre Jeunes de Toulouse (Francia).

Muchos de estos eventos están regulados por la por la ASSITEJ (International Association of Theatre for Children and Young People), asociación con sede principal en Suecia que surge en 1965 para velar por la práctica de las artes escénicas para el público infantil y juvenil, y que en la actualidad tiene representación en 75 países, España uno de ellos.

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