Festivales : Teatralia, que los cumplas feliz

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Carlos Bernal

Doce añitos acaba de cumplir en la presente edición este festival para público infantil y juvenil, que goza de buena salud y que realiza paralelamente los encuentros de Alcalá.

Grande Finale, de Teatergruppen Batida

En esta cita anual muchos aspectos de las obras, los debates o las conversaciones –ya sean diurnas o nocturnas– cuestionan o confirman lo “ya sabido” en nuestro quehacer teatral para los públicos de menores. Teatralia es un espacio para la celebración y el encuentro pero también para la reflexión. Exigencia número uno del evento: calidad y respeto al público, máxime cuando de jóvenes y niños se trata.

El tema propuesto por los organizadores del festival y motivo de inspiración para las obras era la fusión, la mezcla. Allí se fundían orgánicamente la vanguardia y la tradición, los distintos géneros artísticos, lo universal y lo cotidiano, el arte y la técnica, la diversidad y la integración; la interculturalidad como una realidad, hoy por hoy, tangible en las ciudades y en los colegios.

Niños y teatreros vimos en Alcalá obras de Italia, Argentina, Croacia, Canadá, Brasil, Francia, Dinamarca, Italia, Japón y España. Tres continentes. Nos contaminaron deliciosamente con sus realidades y sus fantasías. Las artes y las gentes nos dejábamos contagiar: la música del teatro, el teatro de la danza, la danza del texto, los títeres de los actores, el circo de las artes digitales, etc. Estos cruces de lenguajes y prácticas artísticas favorecen al teatro y a sus adeptos. No sobra decir que hace falta trabajo para que esto llegue, en tanto que espectáculo a divertir y emocionar; al placer inmenso que produce la unión afortunada y armónica de lo diferente.

El menú de la casa

Senzacoda, de Quelli di Grock

Mostraron sus trabajos ScrapArtsMusic (Phonk!), Carte Blanche (Caleidoscopio), Alex Marionettes (Alex Barti), Dani Pannullo Dancetheatre Co (Desordenances2), Cambaleo Teatro (Salvador, El niño, La montaña y El mango), Grupo Sobrevento (O copo de leite), Jako-Bole Teatret (The Dream), Sphota (Antigone Orchesta), Najib Guerfi Cie (Les Damnés), El Retal (El enamorado y la muerte), Teatro del Gaganti (La Historia de Iqbal), Tsubame-Ya (Triángulo para cuatro estaciones), Quelli di Grock (Senzacoda), Achiperre Teatro (La silla), Teatergruppen Batida (Grande Finale), Teatro Gorakada (La ciudad inventada), Theatre Mal Scena (Paracaidistas o sobre el arte de caer), Dynamo Théâtre (Había una vez tres veces) y Albadulake (Majaretas).

Tratándose de un festival internacional, temas universales como el arte, el amor, la infancia, la adolescencia, la vida e incluso la muerte se podían ver tratados con distintas ópticas y distintos estilos por compañías de diferentes países y en la platea, a veces mezclados, seguíamos las peripecias de los personajes, niños, jóvenes, adultos, profesores, padres, profesionales, público desprevenido, etc. La ética y la estética de las espectáculos, el festival –y las mujeres y los hombres que lo hacían posible– realizaban el cruce; tendían puentes entre gente tan dispar y los niños los cruzaban sin miedo.

Esta crónica pretende inquietar la curiosidad de los lectores sobre como realizan estos teatreros “utópicos” sus trabajos y que tipo de relación establecen con el escenario y con su público, esos “locos bajitos”. Puede que resulte un festín de imágenes y sonidos, puede que nos encontremos allí con esa vieja razón, ya casi olvidada, por la que (hace ya tantos años) escogimos este oficio: la magia, la fantasía, la alquimia del tiempo y del espacio: el juego teatral.

Ejemplos de esto hubo varios. Por motivos de espacio citaré solo tres grupos que, a mi parecer, lo conseguían con creces: los italianos de Quelli Di Grock, con su versión libre, divertida y emocionante, de La sirenita de Andersen; los daneses del Teatergruppen Batida que hacían una mezcla hilarante y desquiciada de música y teatro y los japoneses del Tsubame-Ya empleándose impecables con los cuerpos, el piano y los objetos hasta conseguir “violar” la ley de la gravedad. Si se los ponen a tiro y usted puede, no se los pierda. Sobre todo si trabaja los mimbres del teatro. En estas tres obras para jóvenes no es requisito indispensable ser joven; solo hace falta usar la imaginación y echar el alma a volar. Mírelas, que no hay fronteras. Hay caminos, y las obras buenas son posadas.

Triángulo para cuatro estaciones, de Tsubame-Ya

La fantasía, la emoción y un tema cercano

Eran casi siempre componentes de los espectáculos más conseguidos. La certeza de que desear algo firmemente da poder y que la fuerza de la imaginación ayuda a vivir y a trabajar son dos premisas que me llevo del festival. Que es eminente el salto para hacerse mayor y que el crecer conlleva dificultad, también se antojaban argumentos recurrentes.

¿Dónde viven los niños que todavía no han nacido? ¿Por qué las letras salen al revés en el espejo? ¿Dónde se mira cuando se cierran los ojos? ¿Se puede hacer una obra a partir de un beso? (el de las buenas noches que dan las madres). ¿Qué pasa con los adornos y los objetos en el salón cuando se estropea la tele? ¿Qué sucede en la imaginación de una mujer mientras ordena la habitación de su hijo? ¿Puede alguien vivir sentado para siempre, si tiene una silla cómoda, un árbol de manzanas y un grifo de agua cerca? Tal vez estas y otras respuestas se consigan en las obras de Lavi e Bel, de Titiritrán, o de Albadulake, o Sobrevento, o Achiperre si uno está entre el público y mira a la cara del niño que sentado a su lado aplaude feliz desde el centro de la ilusión. Si lo mira mejor verá que le recuerda a alguien… hasta es posible que sea usted.

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