X Festival de Cine Alemán

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José María Ruiz

Negro sobre blanco disparan metros de celuloide que la cinematografía alemana canaliza hacia derroteros de género negro para poner los pies sobre una jungla
de asfalto propia de Jim Thompson trasladado a los días actuales. Generar cine negro conlleva un análisis que disecciona sin tapujos una sociedad; he aquí cómo aspira una realidad digna de tener continuidad en las distancias cinematografías europeas.

Un primer esbozo se descubre en el corto Bruder, Bruder, de Lars Kreyssing, donde la grabación a través de un móvil germina la violencia entre hermanos, la materialidad del sentimiento. Los niños no dejan de ser protagonistas en el ámbito del largometraje, así El otro, de Volker Einrauch, retoma el tema del “bullying”, donde no se plantea el fin educativo sino que surge la tragedia en el término más clásico, es el lado oscuro del ser humano. Siguiendo con la temática infantil surge la estupenda Beautiful Bitch, de Martin Theo Krieger, con las redes mafiosas de tráfico de personas (niños) de la Europa del Este en un tono dickensiano donde Katharina Derr da toda una lección de interpretación.

El cine negro más clásico se muestra en Duelo en la noche, donde surgen el inspector y la “femme fatale”. Mas la vuelta de tuerca la trae Chico, de Ozgür Yildirim, las malas calles y las bandas callejeras se hacen sitio en un mundo de droga y de amistades imposibles, la cruda violencia no es baladí. Por cierto, el festival se cerró con la proyección de Metrópolis (1925), de Fritz Lang, una lectura negra a la sociedad contemporánea.

Recuperar el aire, entrar en contacto con la naturaleza virgen, vislumbrar un cielo azul es lo que propone Al límite, un documental de Pepe Danquart, una naturaleza hechizante que nos plantea el reto de saber conquistarla respetándola. La comedia tampoco ha faltado: en Un conejo sin orejas, de Til Schweiger, un éxito de taquilla alemana con más de seis millones de espectadores, funciona la frescura de Nora Tschirner y la intrascendencia (mal que se diga) del guión. Algo más original resulta Escolta especial, de Maggie Peren (que ya ha recibido ofertas para hacer un “remake” en USA), resulta ser un “Full Monty” con variación hacia el mundo gigoló donde los normalitos hombres descubren su lado femenino.

Imposible dar término sin alabar que el 25% de espectadores alemanes ven cine autóctono, todo un logro, que puede mimetizarse por ser un cine que refleja una sociedad.

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