Hablemos de… subvenciones, con Robert Muro, Ernesto Caballero e Iñaki Guevara

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Desempleo, corrupción política y sindical, contaminación en la capital, aborto ilegal y, de postre, los turistas con la cara quemada. ¡Buenos días, Spain! ¡Good morning, España! Sin embargo, echo de menos una noticia para desperezarme cada mañana. ¡Subvenciones, dónde estáis!

¿Es que estamos todos tan metidos en el ajo que nadie va a opinar sobre nuestra sociedad subvencionada? Paso la patata caliente a tres personas y tras escuchar sus opiniones, aprendo (y mucho) que las subvenciones no son los personajes maléficos, pero que hay mucho traidor e inmoral que está jugando sucio y desde este “nuestro querido país”, se van de rositas. Para mi tranquilidad, hay alternativas complementarias que pueden regenerar el tejido creativo que están (y estamos) destruyendo. Gracias Robert Muro, Ernesto Caballero e Iñaki Guevara. ¡Por fin sensatez!

NAIARA MURGUIALDAY – ¿Considera que son necesarias las subvenciones públicas para que la industria de las artes escénicas se desarrolle?

ROBERT MURO: La responsabilidad del Estado y de los gobiernos en la promoción de la Cultura está recogida en la Constitución, por lo tanto, siempre tendrán obligaciones en el impulso económico a las artes escénicas, particularmente a aquellas expresiones que más lo necesiten, ya por los públicos minoritarios a que van destinadas, ya por su contenido o formato innovador. Pero las ayudas no son muletas con las que TODAS las expresiones del arte deban caminar SIEMPRE. Las ayudas deben impulsar la autonomía y la sostenibilidad de las organizaciones creativas y de producción. La sociedad –empresas, instituciones privadas y públicos- también tiene su papel decisivo en el sostenimiento económico de las artes, a través del patrocinio y la compra de entradas.

ERNESTO CABALLERO: Sí. Las instituciones públicas deben cuidar el patrimonio cultural con numerosas medidas que regulen la actividad y faciliten el desarrollo profesional de las artes escénicas, las subvenciones no son el elemento más determinante pero, sin duda, resulta oportuno.

IÑAKI GUEVARA: La Cultura tiene una consideración de rentabilidad económica y así, en este país, producía el 4% del PIB. Por cada euro público invertido en cultura se devolvía a la administración 1 euro y se generan 4 euros en tejido cultural. Pero, además, la cultura tiene un valor añadido invisible, como formadora de ciudadanos y pueblos reflexivos y críticos.

N.M – ¿Cree que el sistema actual de subvenciones al Teatro es el adecuado o debiera establecerse un sistema de subvenciones que reconozca el éxito y la aceptación por parte del público (taquilla)?

R.M: El sistema actual es inadecuado, probablemente arbitrario, probablemente estéril al objetivo que antes proponía de impulsar la sostenibilidad de las organizaciones. Pero no creo que el éxito sea el único ni siquiera el principal criterio para otorgar ayudas públicas. Ese criterio eludiría la tarea de garantizar que los ciudadanos tienen una oferta diversa, en la que caben éxitos grandes, éxitos pequeños e incluso fracasos creativos. A veces, los fracasos son semillas de éxitos y aprendizaje inevitable. En cualquier caso, en los equipos que toman decisiones debe haber expertos en gestión, en diseño y desarrollo de proyectos, en elaboración y control presupuestario, en financiación y patrocinio, en planes de viabilidad, contenidos todos ellos –y otros muchos- que deberían ser exigibles en cualquier solicitud de ayuda y para evaluarla.

E.C: No creo que el sistema de subvenciones deba tener en cuenta exclusivamente los resultados de la taquilla; debe buscar y exigir rentabilidad cultural; el éxito en este sentido puede ser de varios tipos: social, económico o sencillamente artístico… Desgraciadamente, la taquilla está tan devaluada que es difícil cubrir gastos aun llenando los teatros (de ahí surge el Plan Platea, una nueva fórmula de subvención). En mi trayectoria como hombre de compañía, las subvenciones me han ayudado a sacar adelante algunos proyectos, el problema estriba en que nuestra industria no se ha fortalecido y quizás ha llegado el momento de replantear algunos criterios referidos a la viabilidad de los proyectos, ya que los problemas de compañías y productoras no se resuelven sólo con puntuales e inciertas subvenciones. Qué duda cabe que la mejor ayuda es aquella que favorece el mantenimiento o la creación de iniciativas artísticas con voluntad de estabilidad; esto exige una legislación adecuada que contemple la especificidad de estas peculiares pymes dedicadas a las artes escénicas, la instauración de un fondo de créditos blandos, la coordinación de las redes de exhibición del Estado, etc. Es decir, una regulación integral de la actividad pendiente en nuestro país desde Moratín. Ahora bien, un proyecto de esta naturaleza en España requiere antes de nada tener claro y definido un proyecto común de España. No es fácil.

I.G: Hay que diferenciar Teatro Público de Teatro privado. El privado mira la rentabilidad y el público, la sostenibilidad. Ofrecer al público lo culturalmente necesario aunque no sea rentable. Más que cualquier criterio para la subvención, es el control de la transparencia y un plan estratégico de cómo realmente crear tejido teatral: municipal, autonómico y estatal.

N.M – ¿Considera que el volumen actual de subvenciones es suficiente para alcanzar los objetivos de desarrollo de la industria del teatro, de acuerdo con lo que una sociedad como la nuestra requiere?

R.M: En absoluto. Ni cuantitativa ni cualitativamente. En mi opinión, deben incrementarse notablemente los presupuestos de promoción cultural y, en particular, los de ayudas a la creación. La política de recortes constantes, alimentada con el argumento de que el patrocinio debe implicarse en la financiación de las artes, conduce a un deterioro progresivo del tejido creativo: es destrucción de tejido creativo hoy, es hambre de calidad para mañana. Ahora bien, hay que diversificar también el modelo de ayudas a las artes, implicando a otras áreas de gobierno –Trabajo, Economía, Industria…- que tienen una enorme responsabilidad en el desarrollo del tejido profesional y económico de las artes escénicas. Son imprescindibles otros tipos de ayudas, directas e indirectas: a la formación de empresas, nuevos modelos de empresas por proyecto más sencillas y baratas, nuevos modelos reducidos de pagos a la seguridad social en empresas creativas, desaparición del IVA y otros impuestos a pequeñas empresas en sus primeros años o a proyectos de pequeño formato…

E.C: No tengo muy claro lo que nuestra sociedad requiere, si fuera por la atención que prestan a la Cultura la totalidad de las fuerzas políticas, la conclusión sería muy desalentadora; sin embargo, la creciente concurrencia y demanda del público hacia las manifestaciones artísticas me hace pensar que una vez más la distancia entre la ciudadanía y la clase política es considerable. Insisto en que el sistema de subvenciones sólo es un aspecto más de un plan global de desarrollo de las artes escénicas por parte del Estado, cuyas competencias deben afectar no sólo al Ministerio de Educación y Cultura, sino a muchos otros agentes, organismos e instituciones. Pero claro, esto supone asumir un nuevo y radical paradigma político en el que la actividad cultural (unida a la Educación y a la investigación científica) lejos de ser un adorno superfluo –y, en ocasiones, incómodo- está considerada como la mejor inversión para la reactivación moral, social (y también económica) de nuestro país. Puestos a soñar, me gustaría que unos gobernantes ilustrados y con altura de miras promovieran un gran pacto por la Educación, la Ciencia y la Cultura en España. Pero esto, como es bien sabido, resulta al día de hoy una quimera. (Baste como botón de muestra la ausencia absoluta de referencias al mundo de la Cultura por parte de todos los grupos políticos en el último debate sobre el estado de la Nación.)

I.G: El volumen actual de subvencione es una vergüenza. Y vemos como hay productoras que capitalizan esas pocas ayudas.

N.M – ¿Pueden o deben existir alternativas a las subvenciones públicas para el fomento y desarrollo de la industria cultural, como el mecenazgo, deducciones fiscales, rebajas impositivas, etc.?

R.M: Obvio. No tanto alternativas, sino complementarias. En cualquier caso, como decía en el punto anterior, la clave fundamental, en mi opinión, es implementar medidas que favorezcan el desarrollo y la sostenibilidad de las organizaciones creativas. Las artes escénicas deben pasar de guiarse por el simple impulso artístico a generarse como proyectos organizativos con futuro, sean empresariales o sin ánimo de lucro.

E.C: Si queremos una sociedad que valore su patrimonio y que considere la Cultura como una inversión social de primer orden, naturalmente deben existir deducciones fiscales, porcentaje cultural en adjudicación de contratos públicos, normativas tendentes a garantizar una programación estable de las artes escénicas en las grandes ciudades, una ley de mecenazgo favorable, etcétera… Pero insisto, es la ciudadanía la que se debe pronunciar. Personalmente, desearía que las artes escénicas tuvieran en España la misma consideración legal que el deporte, esto es “actividad de utilidad pública” porque indudablemente lo es; lo cual supondría innumerables ventajas y facilidades de diversa índole (como las que gozan las asociaciones deportivas y religiosas). Pero, ya digo, da igual lo que yo piense, lo importante es que nos pongamos de acuerdo en qué país queremos vivir, quiénes queremos que nos representen, qué lugar ocupa la Cultura para todos nosotros y si estamos dispuestos a pasar de lo mío a lo nuestro.

I.G: En eso estamos inmersos, en la promesa de una ley de mecenazgo y de desgravaciones fiscales, pero después de más de dos años de legislatura, este gobierno no se ha manifestado. Solo ha consumado la gran venganza de la derecha a la Cultura, el IVA A al 21%.

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