Internacional : Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana

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‘Cine y audiovisual en Iberoamérica’ (México, del 1 al 5 de octubre de 2008)

Jorge Bosso

El Congreso se inauguró la mañana del 1 de octubre con la presencia del presidente de México y de los Príncipes de Asturias, en el Teatro de las Artes, dentro del inmenso complejo CENART (Centro Nacional de las Artes de Ciudad de México), que ocupa parte de los predios de los históricos Estudios Churubusco.

Los Príncipes de Asturias asistieron al congreso

Además de las autoridades mencionadas asistieron el ministro de Cultura español y representantes de casi todos los ministerios de los países integrados, en este territorio que incluye desde la Península Ibérica hasta el Cono Sur, con un total de 22 países representados. Se extendía, pues, por el escenario una presencia colectiva de la cultura a través de las lenguas española y portuguesa. A ambos extremos de la mesa presidencial ocupaban sus sitios tres cineastas emblemáticos, el portugués Manoel de Oliveira, a punto de cumplir cien años, nuestro Carlos Saura y el mexicano Arturo Ripstein. Estos tres directores iberoamericanos homenajeados por su obra dedicaron gran parte de sus discursos a Luis Buñuel. En el escenario, pues, las más altas representaciones estatales y de la cultura de los países congregados, junto a tres maestros del arte cinematográfico. Entre el público, reconocidos actores, directores, guionistas y productores del cine del mundo iberoamericano extendían las candilejas entre las filas de butacas. El primer Congreso de la Cultura Iberoamericana comenzaba por todo lo alto.

Después del acto inaugural, en otro recinto del mismo Centro de las Artes, en la galería central, que además señalaba el acceso a las escuelas de cine y a la de teatro de este complejo, las más altas autoridades asistentes abrían al público la exposición “Buñuel. Entre dos mundos”. Un ejemplo modélico de una exposición documental y audiovisual realizada con concisión y excelente diseño, que informa y educa no sólo sobre el cine de Buñuel, sino también sobre la época que le tocó vivir a ambos lados del Atlántico.

De izda. a dcha.: César Antonio Molina,
Carlos Saura, Manoel de Oliveira y Sergio Vela

Luego, comenzaron los coloquios, conferencias, mesas redondas, específicamente del cine y el audiovisual. Se abrió fuego con un “Encuentro con actores de la cinematografía iberoamericana” en que teníamos grandes esperanzas contando con el atractivo estelar de Antonio Banderas en nuestra delegación. Su propuesta de establecer canales de distribución del cine iberoamericano a través de los canales de televisión de nuestro ámbito, en su mayoría de titularidad pública, fue no sólo inteligente sino también original para realmente abrir el debate sobre el cine que no se distribuye comercialmente por todos nuestros países. Un camino que ha sido probado con el éxito de las series de televisión que llegan hasta los hogares de nuestro mundo.

Sin embargo, las intervenciones que siguieron plantearon otras fórmulas quiméricas de producción o propuestas basadas en opiniones o experiencias personales que apartaron el tema de nuestra problemática sectorial, sea artística o laboral. Hasta que el actor uruguayo Hugo Guido hizo suyo el tema de los discursos inaugurales de que el cine era el espejo de los pueblos y su cultura, formulando la pregunta ¿Entonces, en qué espejo nos queremos mirar los actores? Eso sí daba para el debate. Cuando nos tocó intervenir intentamos incluir temas sobre la formación profesional, en el aspecto colectivo como trabajadores del sector. El análisis de ese delicado y difícil equilibrio del actor y su creación en un sector que es cultura y es industria. Aprovechamos entonces para invitar a los actores iberoamericanos y a sus portavoces sindicales a participar en un debate como éste en el Primer Congreso de Actores de Habla Hispana que celebraríamos en Madrid, en noviembre de este año. Es ahí donde podemos debatir para mirarnos en nuestro propio espejo personal y colectivo.

El Congreso de la Cultura Iberoamericana de México sirvió para abrir boca en un ambicioso temario en cantidad de debates y coloquios que abarcaron desde la creación visual, literaria y musical, la contribución iberoamericana al cine universal, la producción, hasta la aportación como patrimonio y memoria étnica de un espacio multilinguístico, y la influencia del cine en el desarrollo social y económico de Iberoamérica, la coproducción, la comercialización y los regímenes jurídicos, el futuro de los nuevos medios, la formación de públicos, la política de apoyo de la cinematografía nacional en los diferentes países y la crítica especializada, etc. en un programa de cuatro días con muchas de estas actividades simultáneas, lo que hizo prácticamente imposible participar en todo.

Las conclusiones finales intentaron recoger las buenas intenciones de las autoridades para asumir medidas que de las propuestas formuladas por profesionales del sector puedan desarrollar una cinematografía iberoamericana en el empeño de establecer líneas de fomento de las industrias culturales. Mas allá de la retórica de conclusiones como éstas que deben ser aprobadas en consenso, tal vez lo más importante es que las mismas se presenten a la consideración de la cumbre de presidentes de gobierno iberoamericanos a realizarse a fines de octubre en El Salvador. Que la cultura figure en la agenda de jefes de estado de Iberoamérica ya constituye un verdadero éxito de este Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana, que como dijimos, partió desde lo más alto. Esperamos pueda seguir volando alto en la conciencia de nuestros gobiernos para que aterrice con éxito en la aplicación de políticas culturales que creen un territorio común que nos es propio, y que hasta ahora ha sido un mercado cautivo para la gran industria de cine norteamericana. El segundo Congreso de la Cultura Iberoamericana tendrá lugar en Brasil, en el 2009, y estará dedicado a la proyección social de la cultura.

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