Interpretar la ópera y la zarzuela : Arte y ensayo en el bel canto

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Adolfo Simón

Durante el primer trimestre del año hubo en la cartelera operística madrileña una oferta muy peculiar. Los espectáculos presentados no brillaron por su aparatosidad, sino por su intensidad y sobriedad escénica, dejando constancia de que este tipo de obras también pueden tener un formato minimalista.

En el Teatro Real hemos podido disfrutar de Fidelio, de Ludwig van Beethoven, una ópera en dos actos con libreto de Josef Sonnleithner, Stephan von Breuning y Georg Friedrich Treitschke, inspirado en Léonore ou L’amour conjugal de Jean-Nicholas Bouilly. Un proyecto coproducido por el Teatro Real, los Teatros de Reggio Emilia, Comunale de Módena y Ferrara y el Festival de Baden-Baden que contó también con la aportación artística del Coro Arnold Schönberg, el Coro de la Comunidad de Madrid y la Mahler Chamber Orcherstra. Este espectáculo ha formado parte del Ciclo Beethoven. El estreno de esta obra tuvo lugar el 23 de mayo de 1814 en el Kärntnertortheater, con una excelente acogida y, desde entonces, la obra se ha considerado un himno a la libertad, al amor y la fraternidad universal y es, a pesar de sus debilidades y su diversidad estilística, una composición única dentro de la historia de la ópera. Tanto Wagner como Berlioz resaltarían las más altas intuiciones musicales en las partes puramente sinfónicas o, en su defecto, no sujetas a las leyes de la escena, que queda de relieve sobre todo en esta tercera y definitiva versión de la ópera, en la que las exigencias de la trama fueron ampliamente sacrificadas para destacar el significado profundo del drama y la visión ética del músico, que vio en el heroísmo de Leonora la tensión hacia los más altos ideales de la humanidad.

Para esta nueva producción se ha contado con Claudio Abbado, que dirige esta ópera por primera vez, en una de sus rarísimas apariciones operísticas. Un conjunto de primeras figuras liderado por el tenor Clifton Forbis, y la soprano Anja Kampe, recordada protagonista de Ariadne auf Naxos en la pasada temporada, junto a nombres tan sólidos como Albert Dohmen, Giorgio Surjan, Julia Kleiter o Jörg Schneider. El director de escena ha sido Chris Kraus y, apoyaron su trabajo, el escenógrafo Maurizio Balò y la figurinista Anne Marie Heinreich.

Un intérprete de excepción

Tamerlano de Georg Friedrich Händel tuvo un intérprete de excepción en alguna de las funciones, Plácido Domingo; el espléndido cantante abordó por primera vez el rol principal de este dramma per musica en tres actos cuyo libreto fue escrito por Nicola Haym y que se presentaba en la programación del Coliseo madrileño en una producción del Maggio Musicale Fiorentino. La música fue interpretada por La Orquesta titular del Teatro Real y La Orquesta Sinfónica de Madrid.

Tamerlano es la ópera número dieciocho de Georg Friedrich Händel, y fue estrenada el 31 de octubre de 1724 en el King’s Theatre de Londres. Al igual que la mayor parte de sus obras, fue compuesta en un periodo de tiempo bastante corto, en tan sólo tres semanas. En un momento en que Händel debía someterse a la fuerte competencia de otros compositores, acudió a menudo a héroes de la Antigüedad Clásica o de Oriente que podían añadir un interés histórico o legendario, además de servir a un espíritu ilustrado para establecer interesantes relaciones entre los buenos monarcas y quienes utilizan su poder para cometer abusos. En esta ocasión se inspiró en Timurlenk “El débil”, sucesor de Gengis Khan, que amenazó durante un tiempo a la civilización europea y llegó hacia 1400 a la capital del emir turco Bajazet, haciendo prisionero a éste y cortejando a su hija Asteria. En su tercera producción en el Teatro Real, tras Rigoletto y Lucia di Lammermoor, el director de escena inglés Graham Vick brindó esta producción del Maggio Musicale Fiorentino; ganadora del Premio Abbiati y tuvo al frente de la batuta musical a uno de los máximos especialistas en música antigua, el británico Paul McCreesh, quien inició así un importante proyecto händeliano que continuará a lo largo de las próximas temporadas al frente de la orquesta titular del Teatro Real. El reparto lo completaba Bruce Ford que se alternaba con Plácido Domingo y otros nombres de absoluto reconocimiento en este repertorio como Monica Bacelli, Ann Hallenberg, Isabel Rey, Sara Mingardo o Patricia Bardon.

El melodrama italiano

La Gioconda, de Amilcare Ponchielli, Dramma en cuatro actos con libreto de Arrigo Boito bajo el pseudónimo de “Tobía Gorrio” ha sido otra nueva producción del Teatro Real en coproducción con el Gran Teatre del Liceu de Barcelona y el Festival de la Arena de Verona. Esta ópera, basada en un truculento libreto de Gorrio, inspirado a su vez en el drama de Angelo, tyran de Padoue, de Victor Hugo, constituye el ejemplo perfecto de gran melodrama italiano, con sus fuertes tintes pasionales y melódicos. Estrenada en La Scala de Milán el 8 de abril de 1876 por el tenor navarro Julián Gayarre, que convirtió en un éxito inmediato el aria de Enzo Grimaldo “Cielo e mar”, constituye la única ópera de Ponchielli que ha permanecido en el repertorio y sigue ejerciendo una enorme atracción sobre el público, gracias a números tan populares como el “Suicidio” de la protagonista o la “Danza de las horas” protagonizada aquí por Ángel Corella y Letizia Giuliani; este baile ha dado lugar al lucimiento de las más grandes estrellas del ballet en las distintas producciones que se han realizado con anterioridad.

La Gioconda ha sido una de las óperas más representadas en la historia del antiguo Teatro Real, aunque, sorprendentemente, no se representaba en la capital desde 1970. En esta producción, Pier Luigi Pizzi en su puesta en escena ha huido de cualquier tópico e ideado una elegante Venecia en la que predominan los tonos rojos y grises. Esta ocasión ha servido de presentación en el foso madrileño a uno de los directores de ópera italiana más solicitados del momento, Evelino Pidò. Tras su clamoroso triunfo como Santuzza en Cavalleria rusticana, la soprano lituana Violeta Urmana vuelve a nuestro templo del bel canto para encarnar otro de los personajes más exigentes del repertorio como es el de la cantante callejera que da título a la obra. Otras intérpretes femeninas de prestigio como Luciana D’Intino y Elena Zaremba así como el reconocido tenor estadounidense Carl Tanner como Enzo Grimaldi y el barítono georgiano Lado Ataneli como el siniestro Barnaba completaron el reparto.

Brundibar de Hans Krása, ópera para niños en dos actos con libreto de Adolf Hoffmeister y versión de Terezín, en una nueva producción del Teatro Real en coproducción con el Gobierno de Navarra, la Fundación de la Ópera de Oviedo, la ABAO de Bilbao y en colaboración con la Ópera de Cámara de Madrid, cubrió la oferta que, desde el Teatro Real, se viene desarrollando para crear futuros públicos.

La Generala, opereta en dos actos de Amadeo Vives con libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios fue estrenada en el Gran Teatro de Madrid el 14 de Junio de 1912; en esta nueva versión del Teatro de La Zarzuela se ha contado con la dirección musical de José Fabra y Cristóbal Soler, mientras que de la puesta en escena se ha encargado el siempre eficiente Emilio Sagi, que ha contado para la ocasión con un reparto interesante en el que destacaban Luis Álvarez, Beatriz Díaz, Enrique Ferrer, José Luis Gago, Carmen González, Ismael Jordi, Itxaro Mentxaka, David Rubiera, María José Suárez y Enrique Viana. La Orquesta de la Comunidad de Madrid y El Coro del Teatro de la Zarzuela fueron la columna vertebral de este espectáculo.

La vida de La Cuzzoni, vieja gloria arruinada descubierta por Händel, llegó al Teatro Albéniz de Madrid en dos únicas funciones, el 5 y 6 de abril, bajo la dirección de Alfonso Romero. Esta producción operística de la Staatstheater Darmstadt de Alemania en colaboración con la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid contó con música contemporánea del compositor catalán Agustí Charles y libreto de Marc Rosich, dirigida musicalmente por Tobias Engeli. “La Cuzzoni, esperpento de una voz” como ha sido subtitulada, narra la vida de esta artista, a quien Händel incorporó a la Royal Academy of Music. Su talento y su carácter la convirtieron en una diva legendaria cuya fama llegó a Europa en 1727, cuando en el transcurso de una función en el King’s Theatre de Londres, se peleó con Faustina Bordoni. El estilo de vida lujoso de Francesca Cuzzoni la endeudó hasta el punto de acabar en la cárcel en dos ocasiones. Esta ópera contemporánea interpretada por el contratenor Gerson Luiz Sales, la soprano Sonja Gerlach y el barítono Werner Volker muestra “una historia que emociona al público” según Agustí Charles, autor de la misma, quien debuta en el género operístico con este trabajo que ha recibido ya el aplauso del público alemán. El director de escena Alfonso Romero construye una propuesta en el escenario en la que lo importante son los cantantes, sobre los que ha trabajado especialmente a nivel actoral.

Como dije en la introducción, un ramillete de trabajos operísticos de gran calado y para el que, sin escatimar medios, se ha hecho gran hincapié en lo concerniente a los temas tratados y en el tratamiento espectacular de los mismos.

Fotos:

Una escena de Fidelio,  de Beethoven
Claudio Abbado dirigió Fidelio en el Teatro Real
La vida de la Cuzzoni, de Händel
La ópera para niños Brundibar, de Hans Krása
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