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Adolfo Simón

En la recta final de la temporada, un rayo luminoso atraviesa la programación de ópera en nuestra ciudad, un rayo desdoblado en dos segmentos, el clásico actualizado y una visión contemporánea del bel canto, sobre estas dos líneas luminosas va a transcurrir esta crónica.

Rigoletto, de Giuseppe Verdi.

El retorno de Ulises, de Claudio Monteverdi.

Clásicos traducidos a nuestro tiempo

Un tríptico espléndido ha cerrado la temporada del Teatro Real, donde cada vez los espectáculos son más portentosos y al tiempo más coherentes. Lejos quedan aquellos montajes acartonados donde los telones pintados y los cantantes hieráticos no deleitaban los sentidos del público. Hoy en día, acudir a una ópera conocida por todos puede resultar una experiencia nueva gracias a la visión actualizada que el equipo artístico de turno pueda tener; de este modo, cada vez hay más interés por ir al coliseo de la plaza de Oriente, a veces ni siquiera hay que atravesar su monumental entrada porque ya es costumbre que se proyecte en pantalla gigante la ópera programada, una forma más de popularizar este arte.

El retorno de Ulises de Claudio Monteverdi, dramma in musica en tres actos con libreto de Giacomo Badoaro a partir de la Odisea de Homero se presentó en una nueva producción del Teatro Real en coproducción con el Teatro La Fenice de Venecia. Esta ópera se representó por vez primera en el Teatro San Cassiano de Venecia en febrero de 1640 y aunque parezca increíble, 368 años después se estrena en España. Con esta obra, Claudio Monteverdi alcanzó su estilo de madurez, desligándose del lenguaje madrigalesco de L’Orfeo, y que llevaría a su pleno desarrollo con L’incoronazione di Poppea, caracterizado por un claro realismo en el diseño de los personajes y también por un mayor desencanto de la vida, aunque confiere una especial humanidad a la relación amorosa entre el héroe protagonista y su esposa, ejemplo máximo de fidelidad. La ópera, cuyo manuscrito anónimo fue encontrado en la Biblioteca Nacional de Viena en 1881, es la primera que se ha conservado del compositor de Cremona después del paréntesis veneciano al servicio de la catedral de San Marco. En ella pone de manifiesto las novedades estructurales y las condiciones que habían renovado el género al salir de los salones palaciegos y abrirse a un público de pago, con el consiguiente cambio en el gusto de los espectadores y en la práctica del teatro cantado. Al igual que otras partituras del autor, la obra ha fascinado a un buen número de compositores, algunos de los cuales han editado la obra para su representación, entre ellos Vincent d’Indy, Luigi Dallapiccola, Gian Francesco Malipiero o quizá, el más célebre de todos, Hans Werner Henze, en una realización llena de fantasía que fue presentada en el Festival de Salzburgo en 1985. Pier Luigi Pizzi y William Christie prosiguen su indagación del universo monteverdiano con este segundo título de la trilogía, en el que contaron como protagonista excepcional con el tenor Kobie van Rensburg, Idomeneo en la pasada temporada, al frente de un elenco que incluye también nombres tan destacados como Christine Rice, Cyril Auvity, Umberto Chiummo o Marina Rodríguez-Cusí.

La condenación de Fausto de Hector Berlioz, légende dramatique en cuatro partes con libreto del compositor y de Almire Gandonnière, basado en la traducción al francés de Gérard de Nerval del Faust de Johann Wolfgang von Goethe. Ópera en versión de concierto con el espléndido Coro Nacional de España y La Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid). Esta leyenda dramática recrea con absoluta libertad el mito de Fausto, fue estrenada en versión de concierto en la Sala Favart de París el 6 de diciembre de 1846 y no se representó escénicamente hasta 1893 en el Teatro del Casino de Montecarlo. La primera idea de elaborar esta obra data de 1828, en la época de la arrolladora pasión del compositor francés por la actriz inglesa Harriet Smithson. Fue entonces cuando escribió ocho escenas de Fausto dedicadas a Franz Liszt, que constituirían el germen de una de sus partituras más visionarias, a medio camino entre el teatro y la sala de conciertos, llena de momentos geniales e inspirados y en la que siempre prevalece la deslumbrante escritura orquestal y la arrolladora sensibilidad romántica del músico galo. Bajo la batuta del joven y prometedor maestro italiano Nicola Luisotti, que tan excelente impresión causó con su entusiasta dirección de Il trovatore en la temporada 2006-07, se han reunido tres solistas vocales de lujo: la mezzosoprano rusa Olga Borodina, que hizo su debut operístico en Madrid tras su aplaudido concierto en abril de 2007 en el ciclo de Grandes Voces; al igual que el polaco Piotr Beczala, uno de los mejores tenores líricos de la actualidad. A estos dos artistas les acompañó el bajo barítono ruso Ildar Abdrazakov, uno de los cantantes más solicitados de su cuerda, que ya se presentó en el Teatro Real en el papel de Assur de Semiramide en la temporada 2003-04.

Rigoletto de Giuseppe Verdi, melodramma en tres actos con libreto de Francesco Maria Piave, basado en Le roi s’amuse de Victor Hugo. Esta espectacular nueva propuesta del Teatro Real en coproducción con el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, basada en una producción original de De Nederlandse Opera, ha sido una de los momentos álgidos de los últimos tiempos, la poética esencial del montaje dio un carácter dramático de una intensidad poco habitual. Primera ópera de la llamada “trilogía popular” del autor, a la que seguirían: La traviata e Il trovatore, Rigoletto desplaza los términos tradicionales del melodrama italiano, puesto que el protagonista no es aquí el señor sino el bufón de la corte, deforme y grotesco, dibujado por el genio de Busseto con una increíble penetración psicológica. Estrenada con éxito clamoroso en La Fenice de Venecia el 11 de marzo de 1851, Giuseppe Verdi se vio obligado a convertir, por razones de censura, al libertino rey de Francia, Francisco I, del drama histórico de Victor Hugo Le roi s’amuse, en el Duque de Mantua. Una ópera implacable, en la que se demuestra que, como en la vida misma, siempre ganan los poderosos. Esta nueva producción se basa en un montaje original de Monique Wagemakers para De Nederlandse Opera, de líneas geométricas y abstractas, que centra toda su fuerza en los personajes, alejados aquí de cualquier tópico, ante la ominosa mirada del coro, convertido en espectador impasible de la tragedia. Bajo la relevante batuta de Roberto Abbado, que hizo su debut operístico en el Teatro Real, se ofrecieron 18 funciones en las que se han reunido tres elencos de primerísimo nivel, encabezados por los barítonos Roberto Frontali, Zelijko Lucic, Anthony Michael-Moore y Leo Nucci, cuya encarnación del bufón se ha convertido ya en todo un clásico; los tenores José Bros, el prometedor tenor italiano Francesco Meli y Fabio Sartori en el papel del duque y tres sopranos tan deliciosas como la italiana Patrizia Ciofi, la española Mariola Cantarero y la albanesa Inva Mula. Un broche de oro para la temporada que alimenta ese rayo que no cesa.

La ópera hoy

Con la apertura de Los Teatros del Canal se ha asentado y ampliado un ciclo que venía creciendo en prestigio: Ópera de hoy, con tres espectáculos contemporáneos de resultados óptimos.

Massacre, de Wolfgang Mitterer y Chistopher Marlowe

Con dirección musical de Peter Rundel y escénica de Ludovic Lagarde, y con libreto del compositor y Stephan Müller, Massacre está basada en la pieza teatral La masacre de París del genial dramaturgo británico Christopher Marlowe. Su trama argumental se centra en las luchas de poder y guerras de religión que asolaron Europa, sobre todo Francia, durante el siglo XVI y toma como núcleo la conocida “Masacre de San Bartolomé”, acontecida el 24 de agosto de 1572 que costó la vida a unos 10.000 hugonotes franceses, en París y alrededores”. Dispuesta en 17 cuadros escénico-musicales, la ópera está escrita para cinco cantantes y un ensemble de nueve instrumentistas y electrónica. Está cantada en el original inglés, excepto en algunos pasajes en los que se canta en alemán. La que aquí se presentó es una nueva producción de T&M-París, Casa da Musica de Oporto, Festival Musica de Estrasburgo y Schauspiel de Frankfurt, realizada al amparo de la Red Europea para la Música Contemporánea Réseau Varèse de la que Óperadhoy forma parte, y que fue estrenada en Oporto en septiembre de 2008. Musicalmente hablando, Massacre es Mitterer en estado puro; un entramado complejo de técnicas instrumentales diversas, esculturas de espacios electrónicos, eclecticismo musical que va de citas de Bach y Tallis a los sonidos pop de la música comercial, samplers y música jazz, acumulaciones de sonidos animales, sirenas y demás presencias del paisaje sonoro contemporáneo, incursiones de órgano distorsionado grabadas por el propio Mitterer. La puesta en escena de Ludovic Lagarde ha puesto el énfasis en la vigencia histórica de la obra.

Sol de invierno, de David del Puerto y Henrik Ibsen.
Con dirección musical de Miquel Bernat y escénica de Antonio Pires.

La ópera se presentó en programa triple con Les guetteurs de Sons de Georges Aperghis y A. Edmund Campion a cargo del Drumming Grupo de Percussão de Oporto.Sol de invierno fue un encargo del Drumming a David del Puerto y fue estrenada en el ciclo Musicadhoy 2002. Es una ópera para dos cantantes y grupo de percusión en la escena y los instrumentos que la sirven: dos vibráfonos, dos marimbas bajas y dos juegos de steel drums. “Con Sol de invierno –comenta David del Puerto– pretendo contar algo a través de la música y las palabras. Narrar la historia de un drama humano bien definido, lejos de la fragmentación y la pérdida de sentido de las cosas que caracteriza básicamente a nuestra sociedad, y lejos de la claudicación ante la posibilidad de comunicar algo. Centré el tema en un único aspecto del drama de Ibsen, concretamente en lo que hoy hemos venido a llamar ‘derecho a una muerte digna’, pensemos en qué época plantea Ibsen semejante idea. A la hora de abordar este tema francamente terrible, me sedujo enormemente la idea de establecer un fuerte contraste de color entre la tragedia humana que ocurre”.

Niebla, de Elena Mendoza y Miguel de Unamuno.

Con dirección musical de Titus Engel y escénica de Matthias Rebstock, Niebla es una obra de teatro musical para un actor, tres cantantes y ensemble. Estrenada en septiembre de 2007 en Festspielhaus de Hellerau (Dresde), se presentó revisada y en una nueva producción de Óperadhoy y Konzerthaus de Berlín, con el elenco original. La obra se gestó actuando conjuntamente todos los creadores implicados, en lugar de por separado y escalonadamente. “Niebla –comenta Elena Mendoza– es una novela filosófica, en la que Unamuno cuestiona la realidad mediante una narración literaria, la historia de Augusto Pérez. Ésta está estructurada en forma de un sencillo y clásico triángulo amoroso. Sin embargo, subyaciendo a la narración hay una reflexión sobre la existencia humana que poco a poco nos va conduciendo a ese asombroso final. Unamuno hace filosofía mediante la literatura, y literatura mediante la filosofía. Para él, el arte, en toda su complejidad, es el canal idóneo para la especulación metafísica. Es ésta una concepción de la creación que compartimos: el arte como medio de indagar en el otro lado de las cosas, de cuestionar la realidad visible. Nuestra Niebla, en la forma narrativa músico teatral que hemos desarrollado, es totalmente distinta de la de Unamuno, y sin embargo, comparte las mismas figuras, el mismo lenguaje, la misma trama y el mismo trasfondo filosófico”.

Y una pieza de ópera de cámara

No suele ser habitual que en nuestros escenarios se representen óperas de cámara, gracias a ORCAM XXI y a los Teatros del Canal, hemos podido disfrutar de 2 Deliros (variaciones sobre Shakespeare) a partir de los textos: Próspero Scena y Julieta en la cripta, escritos por José Sanchís Sinísterra y con música de Alfredo Aracil, bajo la dirección de escena de Natalia Menéndez y la batuta musical de José Ramón Encinar.

¡Una noche de Zarzuela…! a partir de piezas musicales de F. Alonso, E. Arrieta, F. Asenjo Barbieri, T. Bretón, R. Chapí, F. Chueca, M. Fernández Caballero, G. Giménez, J. Guerrero, P. Luna, V. Lleó, P. M. Marqués, F. Moreno Torroba, M. Nieto, M. Penella, P. Sorozábal, A. Vives y libreto de Luis Olmos y Bernardo Sánchez. Con un reparto espléndido entre los que cabría destacar a Carlos Bergasa, Susana Cordón, Francisco Corujo, Manuel de Diego, Vicente Díez, J. Luis Esteban, Eduardo Fernández, Ismael Fritschi, Ana Ibarra, Yolanda Marín, Julio Morales, Juan Jesús Rodríguez, Esperanza Roy, Carmen Serrano, José Luis Sola, Juan Carlos Talavera y Alex Vicens.

Durante 1941, en la posguerra española, una compañía de zarzuela liderada por Úrsula Caravia, aúna esfuerzos para sacar adelante un espectáculo de género lírico; una antología de números populares, donde se dan cita célebres piezas musicales de los más relevantes compositores españoles… De cómo salga la hazaña y de si resulta del gusto de un reputado mecenas, dependerá, no sólo la subsistencia de cada uno de los componentes de la numerosa compañía, sino también el futuro del teatro donde ensayan, amenazado de cierre por un grupo de acreedores. Un planteamiento nada complaciente para lo que nos podemos encontrar habitualmente en la programación del Teatro de la Zarzuela, una ocasión para reflexionar sobre el arte y la sociedad.

Y Katiuska, cuya música compuso el maestro Pablo Sorozábal con libreto de Emilio González del Castillo y Manuel Martialonso, en una espléndida puesta en escena de Emilio Sagi, empeñado en darle el nivel que se merece al mal llamado género chico. Este montaje presentado en el Teatro Español bajo la batuta de Pascual Osa nos dejó un buen paladar a los aficionados a este arte musical típicamente español.

 

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