Interpretar la ópera y la zarzuela : ¡Hagan juego, señores!

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Adolfo Simón

Para cerrar la temporada y adentrarnos en esa época cálida, en que disminuyen las propuestas de zarzuela y ópera en la ciudad de Madrid, pudimos disfrutar de opciones para todos los gustos que se podrían diferenciar en dos grupos, por un lado, aquellas en las que había “juego” y otras en las que había “técnica”. Ya sabemos que el juego es la esencia de la interpretación, así que allí estaba el placer para el público; en las restantes no hubo gran entusiasmo por lo presentado.

El Bateo/De Madrid a París

El Bateo/De Madrid a París, en el Teatro de la
Zarzuela

El caso Makropulos, en el Teatro Real

El espectáculo que encabezaría este artículo, conectado con esta idea del juego como esencia de trabajo, es sin duda El Bateo/De Madrid a París, programa doble estrenado en El Teatro de la Zarzuela con una propuesta escénica muy sugerente que dirigió Andrés Lima acompañado musicalmente por Miguel Roa alternándose con Luis Remartínez. Andrés Lima optó por una gran baza, apoyarse en actores con los que tiene mucha complicidad en el trabajo y con cantantes dispuestos a entrar en su manera de entender la escena. Con el disparate y atrevimiento que se permiten los actores y que él admite, consigue momentos fantásticos y frescos en la función. Sin duda, ante nuestros ojos se abría un espacio en el que alguien había gritado entre cajas: “¡Hagan juego señores!”.

El Gran Género Chico

Con este título se brindó tiempo atrás un homenaje a Federico Chueca en el centenario de su muerte. Durante el mes de junio se representó en el Teatro Fernán Gómez este puzzle atractivo y divertido compuesto por el responsable también de la dirección, Ángel Fernández Montesinos; su buen hacer y larga trayectoria avalaban el éxito de esta obra, por mucho que tuviera como razón de ser un homenaje al compositor. Cada año se celebran múltiples recuerdos de infinidad de artistas, pero rara vez cumplen su función o tienen el tempo y la calidad que el espectáculo requiere. Aquí Montesinos consigue un espacio elegante y sugerente en el que los actores-cantantes y bailarines se entregan con entusiasmo a la propuesta, dejando al respetable con un gran placer en el paladar musical.

A nivel operístico no hubo tanta suerte: pocas opciones, dos clásicas y dos contemporáneas consiguieron crear algo de juego desde la escena.

Madame Butterfly

Hasta el III Festival Lírico Internacional de San Lorenzo de El Escorial acudió una propuesta que también conmemoraba el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Puccini: Madame Butterfly, que sirvió también como homenaje póstumo a su director, Anthony Minghella. La historia y música de esta obra es conocida por todos, pero la dramaturgia escénica y el delicado trabajo que había realizado Minghella con los cantantes-actores convertía esta propuesta en algo novedoso y emocionante. Una experiencia inolvidable para todos los que tuvimos ocasión de disfrutarla.

El caso Makropulos

El caso Makropulos fue estrenada en el Teatro Nacional de Brno el 18 de diciembre de 1926. Es uno de los títulos más sorprendentes y originales de toda la producción de Leoš Janácek. La obra, elaborada sobre un libreto propio, a partir de la comedia homónima de Karel Capek, fue definida por su autor como una “ópera histórica moderna”. Gira en torno al personaje de Emilia Marty, una enigmática mujer de más de 350 años a la que un alquimista de la corte del emperador José II de Praga le confió el secreto de la inmortalidad y en ella incluyó algunos de los rasgos principales de su amor de los últimos años de su vida, Kamila Stosslova. La historia es muy sugerente y así también lo pretendía ser el montaje, pero por momentos pecaba de pretenciosidad.

Casandra

Esta ópera contemporánea del autor suizo Michael Jarrell aparece en su original como monodrama y así fue presentada en Madrid, dentro del ciclo “Ópera de hoy” que presenta cada año el Teatro Albéniz. La propuesta dirigida por el prestigioso Georges Lavaudant era de una sobriedad sublime en la que todo giraba alrededor de la actriz Astris Bas, espléndida intérprete que recitaba de manera escalofriante la historia de esta heroína, envuelta en la inquietante música dirigida por Luca Paff. Rara vez la ópera contemporánea deja satisfecho a un público masivo, pero aquí todos fueron unánimes en sus elogios.

Yo lo vi

Y hubo muchos más homenajes, se estrenó el libreto y música de Tomás Marco sobre el bicentenario del 2 de Mayo que fue titulado Yo lo vi (el 2 de Mayo de Goya). Un viaje a los hechos históricos a través de la mirada del pintor aragonés. Las pinturas del genio como fondo escenográfico audiovisual y una serie de intérpretes construían en la escena el mapa de aquellos acontecimientos, dirigido musicalmente por Miguel Romea y escénicamente por Guillermo Heras.

Las experiencias de zarzuela y ópera que menos juego dieron en este tiempo fueron las presentadas en los Veranos de la Villa e Idomeneo, en el Teatro Real. Al final tampoco resultaron tan desequilibradas las opciones que tuvimos a nuestro alcance, pero fue más constante el juego y la diversión.

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