Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Adolfo Simón

En la primera crónica de este año, he de escribir sobre los grandes títulos programados con héroes peculiares sobre la escena, de las óperas-concierto que cada vez tienen más adeptos, de los planes pedagógicos del Teatro Real para preparar, cada vez más, al público adulto e infantil que paladeará mejor lo que a corto y largo plazo se les muestre en nuestros escenarios operísticos.


Jenufa, de Leos Janácek


El holandés errante, de Richard Wagner.


Representación de Carmen, de Georges Bizet, en el

Teatro Madrid.

No he comentado hasta ahora que siempre precede a la presentación de cada ópera programada en el Real, una conferencia sobre dicha obra, a modo de introducción, para que los profesionales y público habituales puedan disfrutar de manera más documentada de lo que verán y escucharán en el teatro. El espectáculo que cerró el año en el Coliseo operístico, creado a partir de Jenufa, tuvo una presentación de lujo a cargo de Miguel Ángel González Barrio y de la Asociación de Amigos de la Ópera de Madrid. Estos encuentros siempre se desarrollan en la Sala Gayarre.

Jenufa, de Leos Janácek (1854-1928)

Ópera en tres actos con libreto del compositor, basado en La hijastra, de Gabriela Preisová en una nueva producción del Teatro Real coproducida con el Teatro de la Scala de Milán. Leos Janácek convirtió a las gentes de su Moravia natal en protagonistas de este drama popular estrenado en el Teatro Nacional de Brno el 21 de enero de 1904. Jenufa supuso su consolidación como autor dramático, después de algunos intentos más o menos afortunados. La obra está basada en una tragedia rural de Gabriela Preissova que dedicó a la memoria de su hija Kamilla, en quien está inspirado el personaje protagonista. Ésta es una mujer frágil que afrontó la vida después de haber pasado por la atroz muerte de su pequeño hijo a manos de su madre adoptiva, la rígida Sacristana. Esta terrible trama contiene, sin embargo, un trasfondo de profunda humanidad y dio origen a toda una serie de figuras femeninas en la producción de su autor, como la intensa Katia Kabanova, la enigmática Emilia Marty o la descarada zorrita Bystrouska. Por la modernidad de su escritura, sus ritmos salvajes y su ausencia de todo artificio melodramático en busca de un depurado realismo, Jenufa fue rechazada por la dirección del Teatro Nacional de Praga en 1903 por su ìFalta de unidad estilística, forzada novedad, extremado primitivismo y sobrepasado atavismoî. La obra constituye, sin embargo, un punto y aparte en la historia de la ópera centroeuropea y finalmente convenció a todos cuantos acusaban a su autor de abandonar el wagnerismo para dirigirse al mundo eslavo.

Después de haber presentado La zorrita astuta, Osud (El destino), Desde la casa de los muertos, El caso Makropulos y Katia Kabanova, el Teatro Real sigue interesado por la obra escénica de Leos Janácek, uno de los más originales renovadores del teatro musical del siglo XX. El francés Stéphane Braunschweig, de quien ya pudo verse en Madrid su producción de Fidelio traída por la Staatsoper de Berlín, planteó un montaje sórdido y oscuro, que reflejaba todo el hermetismo de la sociedad campesina. La actriz-cantante inglesa Amanda Roocroft, en alternancia con la soprano eslovaca Andrea Dankova, se enfrentaron a dos grandes sopranos dramáticas: la estadounidense Deborah Polaski, por primera vez en el Teatro Real y la alemana Anja Silja, quienes, sin duda imprimieron todo su fuerte carácter a la implacable y severa Sacristana. También sobresalieron en el elenco los tenores Miroslav Dvorsky que ha intervenido recientemente como Boris en Katia Kabanova, Jorma Silvasti y dos de los cantantes emergentes de hoy, Nikolai Shukoff y Gordon Gietz.

Otro de los atractivos de esta coproducción que venía de la Scala fue la presencia del maestro británico Ivor Bolton, una de las batutas más solicitadas de la actualidad en los principales escenarios internacionales, que nos brindó una faceta muy diferente de su arte en su regreso al Teatro Real después de su presentación con la Leonore de Beethoven.

El holandés errante, de Richard Wagner (1813-1883)

Romantische Oper en tres actos con libreto del compositor basado en las Memorias del señor Von Schnabelewopski, de Heinrich Heine. Una nueva producción del Teatro Real en coproducción con el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. En el verano de 1839, el velero que transportaba a Wagner desde Königsberg hasta Londres fue sorprendido por una violenta tempestad y arrojado contra las costas escandinavas. La fuerza de los truenos y los rugidos del mar hicieron evocar al compositor el espectro del marino condenado en desesperada búsqueda de salvación. La fábula del holandés errante era ya tradicional desde el siglo XV entre los marineros del Norte, aunque posiblemente su origen se remonte a tiempos muy anteriores al nacimiento de Cristo. Heinrich Heine la incluyó en sus Memorias del señor de Schnabelewopski. Esta versión fue, indudablemente, la que inspiró la ópera de Wagner, ya que en ella se añade un elemento fundamental, puesto que él puede bajar a tierra una vez cada siete años, para encontrar a una mujer cuyo amor pueda redimirlo. Sin embargo, el poeta alemán termina su relato con una irónica apostilla sobre la infidelidad femenina que está ausente en la ópera.

Wagner escribió el libreto de Der fliegende Holländer en París en 1841 y compuso la música en seis semanas en Meudon. En su ópera, que se estrenaría el dos de enero de mil ochocientos cuarenta y tres en Dresde con la famosa soprano Wilhelmine Schroeder-Devrient, están presentes los grandes temas de su concepción del arte y la vida: La maldición, la redención y el anhelo de muerte. También aparece aquí por primera vez el leitmotiv que individualiza a un personaje o define una idea o un sentimiento. Las formas cerradas, aunque conservadas a la manera de arias, dúos o baladas, muestran ya esa exigencia de fusión que se llevará a cabo en las óperas de madurez del artista, que se inician con esta obra.

En esta coproducción del Gran Teatre del Liceu de Barcelona que se estrenó en abril de 2007, dirigida por Àlex Rigola, uno de los nombres más sugerentes del teatro catalán de los últimos años, la acción está situada en una moderna fábrica de conservas de la costa de Noruega, con una presencia constante del mar. Jesús López Cobos volvió a poner de manifiesto su magnífico conocimiento del universo wagneriano.

El sólido reparto contó en el papel de Senta con la soprano alemana Anja Kampe, que acaba de obtener sonados triunfos con esta misma ópera en Múnich y Londres; en Madrid, es conocida por sus recientes Ariadne auf Naxos y Leonore en Fidelio y el regreso al Teatro Real de la cada vez más afianzada soprano portuguesa Elisabete Matos. Dos poderosos bajos-barítonos, el danés Johan Reuter, que ha encarnado recientemente a Nick Shadow en The Rake´s Progress y el letón Egils Silins, muy afirmado internacionalmente en el firmamento wagneriano dieron vida al holandés. Dos tenores habituales del Festival de Bayreuth, Stephen Gould que fue Florestán en la Leonore beethoveniana y Endrik Wottrich personificaron a Erik, el prometido de la protagonista y el excelente bajo alemán Hans-Peter König fue Daland, el ávido padre de la joven, en alternancia con Eric Halfvarson, que ya lo interpretó en el Liceu barcelonés. La conferencia previa a esta ópera fue, en esta ocasión, dictada por Andrés Ruiz Tarazona.

Agrippina, de Georg Friedrich Händel (1685-1759)

Dramma per musica en tres actos con libreto de Vincenzo Grimani fue una de las óperas-concierto que, en algún momento, se intercalan con las escenificaciones y que despiertan cada vez mayor interés. La madre del futuro emperador Nerón no dudó en emplear todas sus argucias contra el emperador Claudio para que su hijo ascendiese al trono de Roma. Esta conspiración serviría de base a Georg Friedrich Händel para crear una de sus óperas más ìteatralesî, estrenada hace trescientos años en el Teatro San Giovanni Crisostomo de Venecia, el 26 de diciembre de 1709. La quinta ópera de su periodo italiano, con libreto del cardenal Vincenzo Grimani, empresario además del teatro y virrey de Nápoles, posee todos los ingredientes para atraer al públicoÖ Intrigas, engaños y seducción.

La obra estaba compuesta en parte a partir de material extraído de obras anteriores ñno sólo de Händel sino también de Keiserñ y se mantuvo en cartel durante 27 representaciones consecutivas. Un bajo cómico interpretó al emperador Claudio; el único castrado que intervenía representó el papel del Nerón adolescente; en el papel protagonista intervino la célebre Margarita Durastante quien se turnaba en noches alternas con Elena Croce.

El éxito inmediato de Agrippina se debió a la frescura de invención melódica y al modo, deliberadamente juguetón, en que el autor se apoderó de ideas convencionales dándoles un tratamiento muy imaginativo. Después del gran éxito con su versión de concierto de Tolomeo, re di Egitto, el musicólogo y director de orquesta norteamericano Alan Curtis, que es, además, uno de los mayores expertos en música barroca, regresó con su excelente conjunto de instrumentos antiguos, Il Complesso Barocco, para dar a conocer esta rica partitura del compositor de Halle, cuya producción dramática está siendo justamente revalorizada a pasos agigantados en los principales teatros de todo el mundo y a los que, Madrid, también se ha sumado en los últimos años. La mezzosoprano Anne Hallenberg, que se ha afirmado como una de las mejores especialistas en música antigua dio vida a la ambiciosa protagonista junto a otros cantantes muy versados en este repertorio como Svetlana Doneva, Klara Ek, Iestyn Davies, Umberto Chiummo, Raffaele Costantini o Antonio Giovannini.

Más propuestas

Otra iniciativa interesante propuesta por el Teatro Real dentro de sus programas pedagógicos ha sido Action Painting, en la que se realizó una performace plástica a cargo del pintor Gabriele Amadori acompañado al piano por Chano Domínguez, un interesante encuentro entre música y pintura.

Por último, destacar el interés, también, por formar a público en el conocimiento de la ópera con el Curso de Inicio de Historia y Apreciación de la Ópera, impartido por Gabriel Menéndez-Torrellas, doctor en Estética y Filosofía, licenciado en Musicología por la Universidad Albert-Ludwig de Freiburg de Alemania (que viene desarrollándose de octubre a junio) y el seminario dirigido a profesionales del bell canto Curso sobre el Arte del Canto impartido por Arturo Reverter, crítico musical, estudioso de la voz y director del programa Ars canendi de Radio Clásica.

No puedo terminar esta crónica sin comentar que el único lugar con programación privada que tiene interés en incluir propuestas de zarzuela y ópera de gran formato es el Teatro Madrid, espacio que hay que tener en cuenta por sus propuestas variadas y sugerentes.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn