Interpretar la ópera y la zarzuela : “Otra mirada sobre los clásicos”

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Adolfo Simón

Y el río de propuestas continúa en esta temporada que empezó con brío y parece que no piensa bajar la guardia en el nivel. Hemos tenido varias opciones con las que deleitarnos musicalmente: The turn of the Screw (Otra vuelta de tuerca), Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa) e Iphigénie en Tauride (Ifigenia en Tauride) en el Teatro Real; El niño judío y El estreno de una Artista en programa doble con Gloria y Peluca en el Teatro de la Zarzuela; Amadeu en Los Teatros del Canal y un ramillete de musicales interesantes con los que nuestros actores afinan la voz en el escenario.


Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa).


The turn of the Screw (Otra vuelta de tuerca).


Iphigénie en Tauride (Ifigenia en Tauride).

The turn of the Screw (Otra vuelta de tuerca) de Benjamin Britten

Ópera en un prólogo y dos actos con libreto de Myfanwy Piper, basado en la novela corta homónima de Henry James. Se presentó en el Teatro Real gracias a la nueva producción procedente del Teatro Mariinski de San Petersburgo.

¿Se ha ahogado la ceremonia de la inocencia? Estos versos de Yeats, citados en el libreto, condensan el sentido de la más perturbadora de las óperas de Britten. The Turn of the Screw, compuesta en 1954 es una interpretación del magistral relato que surgió de la pluma de Henry James, en ella los fantasmas que creó James se convierten en los fantasmas interiores de Britten. La culpa y la ambigüedad frente al secreto cristalizan a través de sus sombrías armonías y la yuxtaposición de melodías infantiles, que presagian obras posteriores. El compositor británico nos introduce en una cruel y despiadada historia de depravación y abusos sexuales en la que sueño y realidad se confunden, porque el mundo de los adultos no puede penetrar la imaginación infantil sin dañarla. La historia de la institutriz que, en su afán por salvar a los niños de los fantasmas que les atormentan los arroja a la destrucción, se mueve en la sinuosa frontera entre el bien y el mal, los papeles intercambiables de víctima y verdugo, y la defensa de la fantasía como refugio frente al dolor.

La dirección de escena corrió a cargo de David McVicar y la musical estuvo en manos de Josep Pons. El equipo artístico estaba compuesto por Tany McCallin, que diseñó vestuario y escenografía y Adam Silverman, que estuvo iluminando la escena. El reparto de lujo estuvo integrado por John Mark Ainsley, Emma Bell, Peter Shafran, Jacon Ramsay-Patel y Nazan Fikret.

Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa) de Richard Strauss

Con libreto de Hugo von Hofmannsthal es una comedia en tres actos que fue estrenada en la Hopofer de Dresde el 26 de enero de 1911. La nueva producción presentada en el Teatro Real procedía del Festival de Salzburgo y la Ópera National de París.

Hugo von Hofmannsthal, uno de los más refinados poetas austriacos, se despide en Der Rosenkavalier de un mundo del que ya sabe que no posee la energía para sobrevivirse a sí mismo. Como la Mariscala al final del primer acto, Hofmannsthal contempla el espejo y se pregunta: “Où sont les neiges d´antan?” (¿Dónde están las nieves de antaño?). Este espíritu es el que alienta la creación de un universo ficticio con un ceremonial propio, como la invención de la rosa de plata. Richard Strauss lo perfila magistralmente al elegir el vals, que no apareció hasta después del Congreso de Viena, para sustituir al minueto.

Como Marcel Proust en En busca del tiempo perdido, Der Rosenkavalier de Hofmannsthal es una metáfora sobre el naufragio de una época e igual que Madame Verdurin ocupará el lugar de la Duquesa de Guermantes, la pequeño burguesa Sophie usurpará el de la Mariscala.

La presentación de esta obra en el Teatro Real quiso rendir también homenaje al aquí tan apreciado director de escena, escenógrafo también en esta ocasión, Herbert Wernicke, quien como nunca antes supo atrapar estas atmósferas en las que predomina la apariencia sobre la esencia en sus imágenes de espejos y pinturas rococó. Y ello con sensibilidad para captar también el sentido humanista de las palabras de Hofmannsthal y plasmarlo en detalles como el del moro que sustituye la rosa de plata por una rosa auténtica. La batuta musical estuvo en las manos de Jeffrey Tate para modular un reparto excepcional entre los que habría que destacar a Anne Schwanewilms, Franz Hawlata, Joyce DiDonato, Laurent Naouri, Ofelia Sala e Ingrid Kaiserfeld.

Iphigénie en Tauride (Ifigenia en Tauride) de Christoph Willibald Gluck

El libreto de Nicolas-François Guillard, basado en las tragedias homónimas de Claude Guymond de La Touche y Eurípides, es una Tragédie lyrique en cuatro actos que ha sido presentada en una nueva producción en el Teatro Real, procedente de la Lyric Opera de Chicago, la Royal Opera House, Covent Garden de Londres y la San Francisco Opera.

Igual que Eurípides, el compositor alemán C. W. Gluck ensalza el valor de la mujer en Alceste e Iphigénie en Tauride, óperas pertenecientes ya a su reforma musical. La mujer del Rococó como objeto de placer se convierte en la heroína libertadora, como la frecuentará después de modo insuperable el siglo XIX. Para traducir esta idea de la Ilustración al lenguaje de la ópera, Gluck busca nuevas vías de expresión musical, que inspirarán luego a Mozart en su viaje a París para crear el personaje de Ilia en Idomeneo.

Al mismo tiempo, hace su entrada en la ópera la sensibilidad burguesa, tal como podemos observarla en las pinturas de Greuze y de Chardin. Su correspondiente musical lo podemos descubrir en la figura de una famosa melodía que más tarde desarrollará Beethoven, hasta llevarla al culmen en el primer movimiento de su sonata Claro de luna. La manifestación de este sentimiento, que más adelante desembocará en el Romanticismo, está ya presente en el aria “Ô, malheureuse Iphigénie” de la ópera de Gluck.

Hoy, la Iphigénie, salvada por Diana del incesto paterno y del sacrificio pero condenada al papel de sacerdotisa de sacrificios humanos, recuerda también a la multitud de mujeres del siglo XX que, a pesar de las guerras mundiales y civiles, mantuvieron la fe y la esperanza en la vida, como Margarita Xirgu, la amiga de García Lorca y mensajera de sus obras en Hispanoamérica.

Robert Carsen crea de nuevo una puesta en escena e iluminación espectrales, fascinantes, construidas sobre la inquietante coreografía de Philippe Giraudeau, a la que se sumó el espacio y vestuario conceptual de Tobias Hoheisel. La orquesta estuvo dirigida por Thomas Hengelbrock y el reparto tuvo la presencia generosa de Plácido Domingo, Lucas Meachem, Susan Graham, María Riccarda Wesseling, Franxk Ferrari, Paul Groves, Yann Beuron y Maite Alberola. En el apartado de Zarzuela, El Niño Judío estuvo en cartel durante la mitad de diciembre hasta mediados de enero. La historia de un modesto librero de viejo que resulta ser hijo y heredero de un poderoso rajá es la excusa para que hagamos un viaje al Oriente más fantástico sin perder las raíces españolas. La música compuesta por Pablo Luna se sumó al libreto de Enrique García Álvarez y Antonio Paso para que fuese una realidad en su estreno en el Teatro de Apolo de Madrid el 5 de febrero de 1918. La producción del Teatro de la Zarzuela que ahora se estrenó tuvo como director de escena a Jesús Castejón y dos batutas en la dirección musical: Miguel Roa y Luis Remartínez. Este espectáculo fue vestido y ubicado en el espacio por Ana Garay y coreografiado por Goyo Montero. Con un reparto de lujo para la ocasión: Ornili Azulay, Jesús Castejón, Rafa Castejón, Eduardo Gómez, Mulie Jarju, Beatriz Lanza, Pedro Mª Martínez, Berta Ojea, Miguel Sola y Juan Viadas, entre otros. En el mismo teatro, cumpliendo lo previsto en la programación, se estrenó a continuación: El Estreno de una Artista junto a Gloria y Peluca, en programa doble. La primera tuvo como compositor musical a Joaquín Gaztambide y libreto de Ventura de la Vega en su estreno original en el Teatro del Circo de Madrid el 5 de junio de 1852. La segunda zarzuela en este programa doble fue compuesta por Francisco Asenjo Barbieri a partir del libreto de José de la Villa del Valle y fue estrenada en el Teatro Variedades de Madrid el 9 de marzo de 1850. Para esta ocasión se contó con José Miguel Pérez-Sierra y Santiago Serrate en la dirección musical e Ignacio García en la dirección de escena. Juan Sanz y Miguel Ángel Coso realizaron la escenografía y el vestuario fue obra de Javier Artiñano. Para esta ocasión el reparto también ha sido espléndido: Fernando Latorre, Marisa Martins, Marco Moncloa, José Manuel Montero y Sonia de Munck entre otros. Pero no terminaron aquí las propuestas del mal llamado género chico. En Los Teatros del Canal se estrenó, Amadeu de Albert Boadella para rendir homenaje al genial compositor. La acción fue situada en el momento en que un periódico de Barcelona encarga a un joven periodista aficionado al rock duro un artículo sobre el gran compositor de zarzuelas, Amadeo Vives. La investigación sobre el famoso músico catalán, del que no conocía ni su existencia, lleva al joven periodista a imaginarse de manera real la vida y la obra de Vives. A través de un argumento entre dramático y humorístico van apareciendo pasajes de zarzuelas como Doña Francisquita, Bohemios, Maruxa o La Generala, así como las canciones y coplas eróticas creadas en la juventud del compositor. A medida que aumenta su fantaseada relación con Vives, el joven periodista tan aficionado antes a la música heavy, va cambiando sus conceptos sobre el arte, la vida y la política.

Amadeo Vives o Amadeu Vives i Roig nació en Collbató, provincia de Barcelona, el 18 de noviembre de 1871, compositor y autor, también creó numerosas canciones originales, como L’emigrant o La balanguera, y transcripciones de música popular.

Albert Boadella firma la dirección de escena y la dramaturgia, mientras la dirección musical fue encomendada a Miguel Roa y Manuel Coves. Ramón Oller coreografió la puesta en escena y la escenografía fue realizada por Ricardo Sánchez-Cuerda, así como Rafael Garrigós diseñó el vestuario. En el reparto se contó para esta ocasión con Antoni Comas, Raúl Fernández, Chema Ruiz, Yolanda Marín, Auxiliadora Toledano, Lola Casariego, Joana Thome, Israel Lozano y Francisco Corujo.

Y no olvidemos que hay más vida musical lejos de lo lírico, otras propuestas en la cartelera a tener en cuenta son: Mundo y Final de Ron Lalá en el Teatro Alcázar; Glorius!, la peor cantante del mundo de Peter Quilter producida por la compañía Yllana con Llum Barrera y Ángel Ruíz; Ruddigore o la estirpe maldita de la compañía Egosteatro en la Sala II del Centro de Arte Fernán Gómez y Al final del arco iris de Peter Quilter con Natalia Dicenta y Miguel Rellán, en el Teatro Marquina.

No dudéis en acudir a cualquiera de estas propuestas, son garantía de espectáculos completos.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn