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Adolfo Simón

Hay temporadas líricas que tienen momentos de gloria. En el corazón del transcurso de la presente, entre enero y marzo de 2009, la ciudad de Madrid ha tenido una carta de menú excepcional, platos para todos los gustos y sensibilidades. Y para ir preparando el paladar, una sesión de spa para el alma, así arrancó el año operístico, con un bálsamo para el espíritu.

Representación de Faus-bal, de Leonardo
Balada, con libreto de Fernando Arrabal.

Katia Kabanová, de Leos Janácek.

Tannhäuser, de Richard Wagner.

Representación del drama bufo Don
Pascuale.

El agua que nos envuelve

De esta manera surgía la primera ópera programada en el Coliseo Operístico de Madrid, desde la calma del agua, Katia Kabanová, la obra maestra de Leos Janácek sobre la soledad e insatisfacción de la protagonista, cuya frustración amorosa la hace comparable a otras figuras femeninas míticas de la literatura como Emma Bovary o Anna Karenina, y que, al igual que éstas, asumirá un destino trágico al no querer someterse a las normas de una sociedad burguesa y castradora, es, junto a Jenufa, la ópera más conmovedora del compositor moravo y una de las fundamentales de su autor, que sólo se ha representado una vez en Madrid, en el Teatro de la Zarzuela, en 1975, con el Teatro Nacional de Praga.

El estreno en el Teatro Real ha supuesto un acontecimiento, que prosigue así con su interés por la obra de Janácek tras La zorrita astuta, Osud-El destino, Desde la casa de los muertos y El caso Makropulos. Katia Kabanová, ópera en tres actos cuyo libreto es también del compositor, basado en La tormenta, de Alexander Nikolálevich Ostrovski, fue producida por la Vlaamse Ópera de Amberes. La sugerente puesta en escena creada por Robert Carsen –al que todavía recordamos por su espléndido trabajo en Diálogo de Carmelitas de Poulenc–, demostró la maestría de este director para crear un auténtico teatro musical y reflejar los más sinceros sentimientos humanos en una propuesta muy poética, con una presencia permanente del agua que convierte el movimiento en una especie de ritual, consiguiendo una gran eficacia con la máxima economía de medios y una iluminación que crea una atmósfera irreal, como de ensueño.

En el papel titular debutó en el Teatro Real una de las más prestigiosas sopranos actuales, la finlandesa Karita Mattila, al frente de un reparto que incluyó a otros destacados nombres como Miroslav Dvorsky, Julia Juon o Guy De Mey. En el foso estuvo una de las batutas más idiomáticas para este lenguaje, el checo Jiri Belohlavek, habitual en coliseos como el Metropolitan neoyorkino o el Covent Garden de Londres.

Un aperitivo ácido

Para ir abriendo el apetito, conviene un momento de acidez, y este correspondería al siguiente plato que nos sirvieron en el Real, La carrera del Libertino-The Rake’s Progress de Igor Stravinski que fue creada a partir del estímulo que recibió el compositor por el encargo de la prestigiosa Bienal de Venecia, al contemplar en la Tate Gallery de Londres una serie de grabados de William Hogarth, en los que el artista inglés del siglo XVIII representa las peripecias del libertino Tom Rakewell con una moralidad bastante desinhibida. Con ayuda de la experiencia teatral de Chester Kallmann, el poeta W. H. Auden supo traducir estas imágenes en un texto refinado mediante el empleo de bien disimulados arcaísmos.

The Rake’s Progress se estrenó en el Teatro La Fenice el 11 de septiembre de 1951 bajo la dirección del propio compositor y por un reparto encabezado por la soprano Elisabeth Schwarzkopf, no tardaría en convertirse en uno de los iconos del teatro musical del siglo XX y una de las partituras más sorprendentes de un autor genial e inclasificable. En esta ocasión ha supuesto su estreno en el Teatro Real que la ha coproducido con el Théâtre de Bruselas, la Ópera de Lyon, la San Francisco Opera Hause, Covent Garden de Londres y la colaboración de Ex Machina.

Esta nueva producción constituye uno de los más aplaudidos trabajos del artista canadiense Robert Lepage, máximo exponente de la dirección de escena actual, que ha dado a la obra una rabiosa modernidad al utilizar un ritmo cinematográfico, convirtiendo el escenario en un gran plató donde se desarrolla una cruel parábola en torno a las aspiraciones y realidades del sueño americano. Contó en el foso con un especialista tanto en el barroco como en el siglo XX, el maestro inglés Christopher Hogwood, en una obra llena de referencias neoclásicas. El papel titular lo defendió el tenor inglés Toby Spence, habitual de cometidos mozartianos, mientras que María Bayo enriqueció con un nuevo papel su ya considerable repertorio. Por su parte, Johann Reuter, que se presentó en Madrid en la ópera de Janácek, La casa de los muertos y un año después en el Wozzeck de Gurlitt, encarnó por primera vez al maléfico Nick Shadow.

La ensalada salvaje

Así podríamos considerar Faust-bal, ópera en dos partes de Leonardo Balada con libreto de Fernando Arrabal, estreno absoluto producido por encargo del Teatro Real. En esta versión de Faust-bal, es la mujer quién reencarna, en el tercer milenio, al doctor Faustroll de Alfred Jarry, un Doctor Fausto que pide a Dios las palabras y oraciones para fusionar amor y caridad. Nada puede calmar el huracán de su curiosidad científica, ni saciar la tempestad de sus deseos. Superdotada, bellísima y enriquecida por transfiguraciones y trascendencias, ama tórridamente a su Amazona. Salta entre galaxias en la guerra del fin de las civilizaciones y se mueve en el espacio a velocidad supersónica. Frente a ella, Margarito, jefe supremo de las fuerzas armadas, se ciñe los correajes de la represión brutal y la electrónica. Está locamente enamorado de Faust-bal bajo las faldas del cielo. Trata de poseerla con el torrente de su torre, sirviéndose para ello del mismo Mefistófeles.

El barcelonés Leonardo Balada es uno de los compositores españoles que cuentan con una consolidada trayectoria dedicada a la escena, con títulos como María Sabina, Cristóbal Colón o la reciente El pueblo de la avaricia. Su última ópera, Faust-bal, ha sido escrita especialmente para el Teatro Real, que prosigue así su política de encargos y ha contado con un libreto del corrosivo e inclasificable Fernando Arrabal. Jesús López Cobos, director musical del Teatro Real, estuvo al frente de este estreno mundial, que contará con dos destacadas sopranos españolas, Ana Ibarra y María Rodríguez, en el papel protagonista. La mezzosoprano Cecilia Díaz fue la Amazona, los tenores Gerhard Siegel y Eduardo Santamaría los dos Margaritos, el bajo Stefano Palatchi encarnó a Dios y los barítonos Tomas Tomasson y Lauri Vasar a Mefistófeles, en esta nueva producción encomendada a la imaginación de Joan Font del grupo Comediants.
El gran plato afrodisíaco

Tannhäuser, de Richard Wagner, la gran ópera romántica en tres actos que produjo Los Ángeles Opera en 2007, ha sido sin duda el momento polémico por excelencia de estos últimos meses, su contraste escénico basado en colores primarios y la duda dramática entre el placer y el decoro, ha hecho que este montaje estuviera en boca de todos. Wagner se inspiró para su Tannhäuser en la historia real de un caballero cantor alemán nacido hacia 1205 que, arrepentido de su pasado, se traslada a Roma para obtener el perdón del Papa y recibe su condena, unida al certamen poético del Wartburg, en el que participaron los más famosos Minnesänger de la Edad Media, como Walter von der Vogelweide o Wolfram von Eschenbach, el autor de Parsifal. Todo ello asociado a la leyenda de Santa Isabel de Hungría y al mito del Venusberg como presencia de un mito germánico pagano anterior a la evangelización de Alemania, para afirmar el tema del conflicto entre los sentidos y el espíritu. Venus no es sólo la diosa del pecado, sino también la fuente de la belleza eterna, mientras que Elisabeth encarna el amor puro y espiritual que lleva a la redención por medio del sacrificio y la muerte.

La obra fue calurosamente acogida en la Ópera de la Corte de Dresde el 19 de octubre de 1845 y causó un escándalo cuando se presentó en la Ópera de París el 13 de marzo de 1861 al incluir la bacanal en el primer acto. En este montaje de Los Ángeles Opera, el inglés Ian Judge ha situado la acción en un salón del siglo XIX para representar el conflicto entre la libertad del artista frente a una sociedad opresiva y convencional, en la que irrumpe de repente y de manera realmente provocadora el mundo sensual del Venusberg, gracias al espectacular decorado giratorio de Gottfried Pilz el tránsito del placer a la redención se realiza de forma mágica. Jesús López Cobos prosigue con su dedicación wagneriana después de Lohengrin y Tristan und Isolde, para lo que contó con dos de los más experimentados Tannhäuser de hoy, Peter Seiffert y Robert Gambill, junto a otros nombres de relieve como Petra Maria Schnitzer, Edith Haller, Lioba Braun, Christian Gerhaher, que hizo así su presentación en el Teatro Real o Roman Trekel, que ha cantado el papel de Wolfram en los principales escenarios operísticos.

La risa al postre

¿Hay mejor manera para disfrutar del postre que con una sesión de risa placentera?, creo que no, pues dentro de esta carta de las maravillas que nos han estado brindando, hubo ese momento que correspondió al disparate enloquecido de Rossiniana, alta en calorías espectáculo gastronómico-lírico para seis cantantes y un piano, ideado en su totalidad por Enrique Viana y producido por el Teatro Real.

Menú pequeño

No hay restaurante que no tenga un menú juvenil si quiere estar al día. Pues este gran catálogo gastronómico de placeres que es la programación del Real, tiene una opción para niños y jóvenes, una manera de ir creando nuevos degustadores de lo lírico. Para ellos iba especialmente dirigida la nueva producción de Don Pasquale, dramma buffo en tres actos con libreto de Giovanni Ruffini y Gaetano Donizetti, con composición musical de este último, en el interesante proyecto creado de ópera-estudio con jóvenes cantantes.

Don Pasquale está considerada la última de las grandes óperas bufas italianas. Su autor, Gaetano Donizetti, sólo necesitó once días para escribir esta auténtica obra maestra, de una ternura a veces agridulce pero radiante, que constituye un auténtico canto a la vida. La historia del viejo y rico solterón que quiere contraer matrimonio pero se opone a la boda de su sobrino, por lo que resultará víctima de un cruel engaño, está basada en el libreto de la ópera Ser Marc’Antonio, que Angelo Anelli había escrito para el compositor Stefano Pavesi. Su estreno en el Théâtre des Italiens de París el 3 de enero de 1843 fue un rotundo éxito.

En el marco del Proyecto Pedagógico del Teatro Real, en la pasada temporada se puso en marcha un taller de ópera, con Il barbiere de Siviglia de Gioachino Rossini, destinado a jóvenes cantantes internacionales. Para la segunda edición de este proyecto de ópera-estudio, se ha escogido uno de los títulos más populares del repertorio belcantista, Don Pasquale, de Gaetano Donizetti. El taller lo dirigió, en la parte vocal, el tenor Ernesto Palacio, gran conocedor de este repertorio. La dirección de escena se le encomendó a Tomás Muñoz, tras su reciente éxito cosechado con el estreno de El casamiento de Modest Musorgski en la Sala Gayarre del Teatro Real. La Orquesta Escuela de la Sinfónica de Madrid fue dirigida por uno de los jóvenes valores más acreditados de la actualidad, Álvaro Albiach.

Café y puro

Una buena comida no puede terminar sin café y puro… El café ya nos lo tomamos con el jolgorio que se montó en el Teatro de la Zarzuela con La Gran Vía esquina a Chueca, a partir de la música de Federico Chueca y Joaquín Valverde y con el libreto recreado por Paco Mir a partir del texto original de Felipe Pérez y González, con un reparto espléndido encabezado por Loles León, Enrique Ruiz del Portal, Milagros Martín, Karmele Aranburu, Carlos Heredia, Pepín Tre, Sabina Puértolas/María Rey-Joly, Marco Moncloa, Toni González, Noelia Pérez y Antonio Torres, entre otros.

El puro tendrá que esperar a la producción que se avecina, ¡Una noche de Zarzuela…! con música de F. Alonso, E. Arrieta, F. Asenjo Barbieri, T. Bretón, R. Chapí, F. Chueca, M. Fernández Caballero, G. Giménez, J. Guerrero, P. Luna, V. Lleó, P. M. Marqués, F. Moreno Torroba, M. Nieto, M. Penella, P. Sorozábal y A. Vives y libreto de Luis Olmos y Bernardo Sánchez.

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