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Adolfo Simón

El inolvidable Fernando Fernán Gómez tituló unas de sus mejores obras Las bicicletas son para el verano. No sé si la zarzuela y la ópera son una manifestación teatral propia del verano, aunque tal vez es el momento en el que el público veraniego, está más dispuesto para este tipo de espectáculos. Lo que sí hubo en este tórrido estío, a diferencia de otros años, es una mayor presencia zarzuelera en la cartelera madrileña; incluso se repitieron títulos casi al tiempo, en diferentes teatros. Más allá de esa macedonia de zarzuela que se mostró, hubo tres perlas operísticas antes y durante el verano.


Simon Boccanegra, de Giuseppe Verdi.


La ciudad muerta, de Erich Wolfgag Korngold.

La ciudad muerta de Erich Wolfgag Korngold, dirigida escénicamente por Willy Decker y producida por el Festival de Salzburgo en coproducción con la Staatsoper de Viena, fue el penúltimo montaje presentado en la temporada 2009-2010 del Teatro Real. Esta ópera es una fusión entre Puccini y Richard Strauss, aunque también hay influencias de Mahler y Zemlinsky, que fue profesor de Korngold y del mundo expresionista de Alban Berg. Melodías como la canción de Marie o La balada de Pierrot se han hecho enormemente populares y constituyen una nostálgica evocación de esa antigua Europa que desaparecería definitivamente con la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el compositor se exilió a los Estados Unidos, donde llegaría a ser una de las máximas figuras de la música para cine, obteniendo incluso algún Oscar en Hollywood y así, en dichas músicas, siempre resalta su exaltado romanticismo. La ciudad muerta es la obra maestra operística de su autor, que cuenta con otros títulos asimismo valiosos como Violanta o Das Wunder der Heliane-El milagro de Heliana, dotados siempre de una mórbida belleza.

Simon Boccanegra de Giuseppe Verdi dirigida escénicamente por Giancarlo del Mónaco y con Jesús López Cobos al frente de su última dirección musical en el Real, ha sido el broche de oro de una etapa que muchos aficionados recordarán. Y para cerrar este ciclo, no podía estar sobre el escenario más que una figura de la talla de Plácido Domingo interpretando el rol principal. Simon Boccanegra es la ópera verdiana de mayor madurez revisada por su autor. El drama, estrenado en 1857, fue considerado avanzado para su época, en especial desde el punto de vista de la caracterización de los personajes. Hay una preponderancia de las voces masculinas graves, frente a un único personaje femenino y esta inusual constelación vocal otorga a toda la partitura unos colores oscuros y sombríos que la hacen particularmente atractiva.

Tosca de Giacomo Puccini. Cuando el autor estrenó Tosca en 1900 en Roma, una falsa amenaza de bomba en el teatro Constanzi retrasó unos minutos la representación. Comenzaba así la leyenda de Tosca, la historia que sobrepasa la escena para perderse por las calles de la ciudad eterna. El 22 y el 24 de julio de 2010, la Roma convulsa del XIX se materializó en San Lorenzo de El Escorial, dentro del Festival de Verano, en una producción del Teatro Nacional Badense de Karlsruhe. En el foso, la Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid bajo la dirección de Miguel Ángel Gómez y John Dew en la dirección de escena, en una nueva propuesta para que el tenor Aquiles Machado se estrenase en el papel del pintor Cavaradossi. Puccini se encargó personalmente de que la Roma de Tosca fuera un calco de la real. Los tres escenarios de cada uno de los actos de la ópera siguen en pie hoy día, la iglesia de Sant´Andrea della Valle, el palacio Farnese y la terraza del Castel Sant´Angelo. Es una ópera sacada a la calle. Incluso las campanas que suenan en la obra de Puccini están afinadas en mi bemol, el mismo tono que las de San Pedro. Por eso para el tenor Aquiles Machado, quien se puso por primera vez en la piel del pintor Mario Cavaradossi, Tosca es una obra cercana al público…A pesar de lo distante que la gente piensa que es la ópera, Tosca toca nuestra parte sensible. En las óperas de Puccini todo es humano…Se besa, se toca y se abraza. Y a su lado, en el papel de la cantante Flavia Tosca, la soprano portuguesa Elisabete Matos, que ha interpretado en repetidas ocasiones el papel de la amada de Cavaradossi, una de las últimas en Sevilla en 2007, dentro de una fastuosa producción del teatro de La Scala de Milán.

Y en los Jardines de Sabatini y otras plazas de la ciudad…¡Zarzuela!

Los Jardines de Sabatini se convirtieron en la última edición de Los Veranos de la Villa, en uno de los escenarios principales del Festival, al albergar a la compañía Ópera Cómica, con Francisco Matilla al frente, quien, como no podía ser de otra manera en este año del centenario, puso en escena La Gran Vía de Chueca, entre el 1 de julio y el 16 de agosto. Posteriormente, entre el 24 de julio y el 4 de agosto, fue el turno de la compañía Tiempo Lírico, bajo la dirección de Carlos Fernández de Castro, quien presentó La del manojo de Rosas, del maestro Sorozábal.

Al igual que en la pasada edición, el Teatro Fernán Gómez dedicó el mes de julio a la Zarzuela, recuperando El barbero de Sevilla, con libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacio, y música de Jerónimo Giménez, a cargo de la compañía Dolores Font, entre el 15 de julio y el 1 de agosto.

Y hubo más espacios que dedicaron parte de su programación al mal llamado género chico. En el Teatro Compac Gran Vía se presentó una Antología de la Zarzuela en homenaje a José Tamayo; en dicho programa se incluyó Antología Madrileña, Prólogo Madrileño, La verbena de la Paloma y La Revoltosa. Dentro también de Los Veranos de la Villa se presentó una Temporada Lírica dirigida por José Luis Moreno. Y en el Teatro de Madrid, una pequeña temporada con dos programas dobles, La Revoltosa y El bateo, a las que siguió Agua, azucarillos y aguardiente y el Tambor de Granaderos. Un verano con aperitivos operísticos de altura y con zarzuela a granel. A ver qué nos depara el otoño.

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