Javier Ortiz: El Sol de York quiere reivindicar el oficio del actor

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“El invierno de nuestro descontento da paso al glorioso verano con este sol de York” y da paso a un nuevo parto en las salas del teatro off en Madrid, la Sala El Sol de York. Cerca a la estatua de Quevedo y como antigua aula de conferencias y de muestras de escuelas de teatro, El Sol de York abrió sus puertas el pasado 20 de Diciembre del 2012, aunque la obra de baños, paredes e insonorización, a mano de sus socios, comenzó un año antes. Muchos son los méritos que sus creadores tienen pero uno da sombra al resto: es la única sala alternativa de teatro que cumple con el Convenio de Actores establecido por la Unión de Actores y Actrices. Un equipo multidisciplinar venido de la Arquitectura (como el propietario y mecenas del espacio) y de las Artes Escénicas (como el Gerente y el encargado de la parte Formativa), entre tanta explosión de salas alternativas que nos muestran que la crisis es económica pero no creativa, he tenido la necesidad de conocer a quienes emprenden entre tantas leches por parte de las administraciones y he podido conversar con Javier Ortiz, actor, cuenta-cuentista, fundador de compañías y ahora además, Gerente de la Sala Sol de York. Un tipo profesional, generoso, humilde y sin miedo a tener su propio criterio. Vamos, una joya de chico.
A: Hace un año abristeis la vereda de Sol de York. ¿Qué panorama os encontráis?
Javier Ortiz: Nos encontramos con gente estupenda, como Fernando Sánchez Cabezudo (Kubik Fabrik) o José Martret y Alberto Puraenvidia (La Casa de la Portera) y un montón de gente que había abierto antes de nosotros y fue estupendo encontrar ese caldo de cultivo en salas que están abriendo en un montón de sitios. Aunque no nos vemos nada porque cada uno está metido en su espacio, nos llevamos muy bien. Hay una telaraña entre las salas alternativas, lo que pasa que la Coordinadora de Salas te exige dos años para entrar y hacen muy bien, porque los proyectos tienen que ser viables. Se está trabajando para esta explosión de hace tres y cuatro años. Yo todavía no tengo acceso a esa red que está ahí. Voy conociendo a gente en ferias, con nuevos creadores. Estaría muy bien que los proyectos de teatro off pudieran girar, pero es difícil con el retraso de pagos y los ayuntamientos han decidido apostar por otras cosas, que está muy bien, pero no a costa de la cultura. A pesar de esto, hay un sentimiento de comunidad.
A: Una comunidad donde sólo vosotros os acercáis a la Unión de Actores y Actrices para conocer y cumplir el convenio aquí en Madrid.
J.O: Porque nosotros podemos. Es muy difícil cuando tienes cuarenta localidades pagar el salario a los actores. Esta sala quiere reivindicar el oficio del actor. La cultura en este país tiene muy mala prensa. A nosotros nos gustaría cambiar eso con público teatrero y con público de la calle. Por otra parte, al ser actor, me juré y perjuré que se cobraría el mínimo. Yo lo único que hago es cumplir la ley, porque el convenio de la UA es de obligado cumplimiento en la Comunidad de Madrid. Por ejemplo, en ARTEMAD se votó por esa parcelita para los teatros pequeños, porque las salas pequeñas queríamos ser legales y poder decir, “yo también pago al actor”. No me voy a meter ni con compañeros, ni con el trabajo del sindicato, yo hago una propuesta, que creo tiene que ver con dignificar al actor. Tengo ciento sesenta y seis butacas, ¿Cómo paga un tipo el convenio de la UA cuando tiene menos de cincuenta? Es muy difícil. ¿A qué precio tiene que poner las butacas? Hay muchas salas que aun queriendo, no pueden. Tenemos que conseguir licencias, pagar una serie de gastos muy fuertes. Pero estoy seguro que si tuvieran mis medios harían lo mismo, porque generalmente son actores quienes llevan estas salas y su trabajo es dignificar su propio oficio. Nosotros estamos perdiendo dinero a espuertas porque arriesgamos. No hacemos alarde de cumplir la ley sino que nos gusta que los actores sepan que aquí tienen un salario. Trabajamos con un sesenta por ciento para la compañía y un cuarenta para la sala. Si con ese sesenta no se llega al mínimo, la sala se hacer cargo de llegar al mínimo establecido.
A: Deseo larga vida para El Sol de York. Pero, ¿cómo es posible que se mantenga si como público no diferenciamos aquellas salas que os bombardean de inspecciones y aquellas que no tienen ni salida de emergencia? Los medios de prensa o los de venta de entradas por Internet no hacen distinción, todos estáis en el mismo bombo de Navidad.
J.O: Creo que el teatro off debe repensarse, porque podemos estar corriendo un peligro del que no nos damos cuenta. A lo mejor me equivoco, al estar viviendo aquí en mi zulo, puede que distorsione lo que está pasando, pero creo que existe un exceso de ganas, de sacrificio por parte de los trabajadores. La gente abre salas sin saber si es sostenible. El actor que está trabajando gratis lo hace para algún día dejar de hacerlo, pero el mercado no te asegura que eso vaya a suceder. Hay que evitar las trampas de lo que estamos haciendo, que es maravilloso, la reacción estupenda de la gente que no quiere acabar con la cultura. Pero creo que hay que darle una vuelta y me cago en el FRINGE y en el TALENT. El FRINGE somos nosotros, las alternativas. Es indignante que un teatro público ofrezca las condiciones que ofrecen. Es un teatro público y la gente está actuando por seiscientos euros. Estamos tan desesperados que lo cogemos, porque queremos trabajar.
A: ¿Maldecimos la “externalización” de los teatro públicos?
J.O: Creo que el teatro público tiene que ser de titularidad pública, pero para mí, la gestión privada de los espacios públicos no me parece necesariamente mala. No se debe demonizar la gestión privada de las cosas públicas. Hay un ejemplo como el Plan ACTIVA, dónde están llenando los Centros Culturales de obras increíbles. Lo que no me gustaría es que se lo quedasen los de siempre por tener el dinero y los contactos. Hay un gran peligro que por ejemplo no se traiga a Declan Donnellan o cualquiera de ellos porque no es rentable en términos económicos. Entonces, ¿Quién lo va a traer para que los creadores españoles nos inspiremos sin tener que ir fuera? Creo que la rentabilidad no debe de ser un criterio por la que se rija un teatro público, sino por un servicio público.
A: ¿Podemos apostar hacia otros modelos que llevan otros países?
J.O: Los formatos tienen que ver con la capacidad de riesgo del espectador cuando va a ver una propuesta. En Estados Unidos hay una industria, pero nosotros no somos eso, somos artesanía. Nosotros estamos trabajando por fe, creemos que va a llevar a algún lado, nos lo creemos y nos gusta. El del actor es un oficio y como tal necesita horas en el escenario. Cuantas más horas tengas mejor, porque más conoces los trucos del oficio y esto, los de la vieja escuela lo sabían y lo hacían, con horas y horas de repertorio, que es lo que falta ahora. La gente tiene muy difícil acceso a los espacios, a pesar de haber tantos. Nos están vendiendo que esto es una industria y que nos tenemos que regir por las leyes del mercado y ahí hay una trampa que hay que vigilar. En el modelo anglosajón el teatro está en el modelo educativo de manera esencial y hay un público para eso. El modelo argentino funciona porque hay un público para el teatro. Si las administraciones nos abandonan, como desean hacer, y hacen dejación de sus responsabilidades, es el público quién nos va a salvar. Creo que otros modelos tienen sus virtudes. Le dices a un estadounidense que el noventa por ciento del mercado de la cultura depende de lo público y alucina. Y ellos sí son una industria. La gente sabe lo que va a ver y está más compartimentado. A mí me gusta este lado latino nuestro en el que lo hacemos todo, me gusta que seamos más porosos, que no se prohíba. No es lo mismo que delimitar los trabajos, porque los técnicos, los tramoyistas, entre otros, necesitan también de horas de trabajo. Lo que hay que hacer es regular para que quepamos todos, no para que haya gente que se quede fuera. Todas las propuestas tienen que existir y que tengan un marco legal que las albergue. No es normal que yo tenga que cumplir los requisitos del Madrid Arena. La SGAE, por ejemplo, está haciendo un esfuerzo por añadir a las alternativas. Han cambiado toda la tarifación para que las salas de formato pequeño puedan acceder pagando una cantidad muchísimo menor y puedan ser legales. Hay quienes están haciendo esfuerzo y quiénes no.
A: ¿Qué opinión tienes sobre los medios de Internet que te ofrecen descuentos y de sus majestuosas comisiones?
J.O: Yo tengo mi propia ticketera y estoy muy contento porque la relación con el cliente la llevo yo. Ofrezco otras plataformas de venta de entradas, pero me parece indecente que se lleven el mismo porcentaje o más que el autor. También tienen su mérito, porque todo el mundo va a estos medios, pero prefiero tener mi base de datos a generar un público que no suele venir. Es otras de las cosas que hay que repensarse. Nosotros no les pagamos, si la compañía quiere usarlo lo pagan ellas. Sí entramos en el descuento. Y para la publicidad, nosotros hemos comprado espacios en revistas durante todo el año a porcentaje. Como son espacios donde caben más de una compañía, entre las compañías se apoyan, haciéndonos nosotros responsables del cuarenta por ciento.
Y yo opino que el teatro off tiene que hacer el esfuerzo por salir al gran público, pero sin el apoyo de las administraciones, de las coordinadoras y del sindicato este barco navegará pero dando tumbos cual borracho de bar en bar. Desde la UA debemos inspirar al personal y dejaremos de ser, como muchas voces opinan, el reflejo de los defectos de la profesión. Si quieres conocer esta nueva sala de teatro acércate a la calle Arapiles, 16 (Quevedo) e infórmate en www.elsoldeyork.com. La calidez y el buen teatro están vivo y por mucho tiempo.

Naiara Murguialday

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