La actual inseguridad jurídica de las enseñanzas artísticas

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teinteresa_educacionAntecedentes legislativos de las enseñanzas artísticas

Las enseñanzas artísticas se integraron por primera vez en el sistema educativo español con la promulgación de la LOGSE, de 3 de octubre de 1990, es decir, los estudios superiores de Música, Danza y Arte Dramático obtuvieron la consideración de equivalentes, a todos los efectos, a Licenciatura; y en los casos de Artes plásticas y de Diseño y Conservación y Restauración de bienes culturales a Diplomatura universitaria. Recordemos somerante la presencia de las enseñanzas Artísticas Superiores, en lo que siempre se ha considerado la primera regulación educativa española, la Ley Moyano, de 9 de septiembre 1857, e incluso en la Ley General de Educación de 4 de agosto de 1970 de Villar Palasí, que prefigura el carácter de educación superior de estas enseñanzas y supuso el nacimiento de las Facultades de Bellas Artes.

Posteriormente, la LOE, de 3 de agosto de 2006, regula junto con el resto de enseñanzas no universitarias, las enseñanzas artísticas, estableciendo el encuadramiento de las enseñanzas superiores en el marco europeo de enseñanza superior, en su artículo 3.5: “La enseñanza universitaria, las enseñanzas artísticas superiores, la formación profesional de grado superior, las enseñanzas profesionales de artes plásticas y diseño de grado superior y las enseñanzas deportivas de grado superior constituyen la educación superior”. Se trata de una categoría de nueva creación en la Ley, superadora de la tradicional reducción de la educación superior a la enseñanza universitaria y, con ello, recoge la posibilidad de ofertar estudios de postgrado en centros de enseñanzas artísticas superiores conducentes a títulos equivalentes, a todos los efectos, a títulos de postgrado; ordenación cíclica de la que carecía la LOGSE, pasando a denominarse título superior de la correspondiente especialidad, equivalente a todos los efectos al título universitario de Licenciado o de Grado equivalente.

Estos antecedentes propiciaron un leve reconocimiento social de la profesión artística y su visibilidad, tras muchos años de abandono legislativo, cuya situación denunciada por sus sindicatos resulta aún hoy más inexcusable, si consideramos que la actividad artística es un bien cultural, cuya protección es irrenunciable en cuanto se identifica con la cultura nacional que abandera su reconocimiento internacional. Pero esta categoría de enseñanzas artísticas sigue sufriendo un alto grado de confusión dentro del sistema educativo, por ejemplo, la Enmienda núm. 1.044 al Proyecto de LOE proponía la condición de Enseñanzas Artísticas Superiores para los estudios superiores de cine y audiovisual, aunque la redacción definitiva del texto no recogió dicha propuesta.

En este sentido, la LOE no estableció la denominación de los títulos para las enseñanzas artísticas superiores con referencia al “Grado”, este “olvido” del legislador fue, tal vez, propiciado por la anticipación de la ley ante la modificación de la LOU, por Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril, que modificó la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades, con una apuesta dirigida a la armonización de los sistemas educativos superiores en el marco del Espacio Europeo de Educación Superior y reforma de la estructura y organización de las enseñanzas basadas en tres ciclos: Grado, Máster y Doctorado.

Sin embargo, sí propició que en el desarrollo posterior de la LOE por el Real Decreto 1614/2009, de 26 de octubre, en materia de enseñanzas artísticas superiores se recogiera la denominación de graduado y graduada para todas las enseñanzas artísticas. Esta ordenación resulta de la unificación impulsada por el Espacio Europeo de Educación Superior, unificando los niveles de titulación en un título único de grado. Por ello, una vez que el sistema de grados y postgrados estuvo totalmente trasladado a las enseñanzas superiores fue el momento de precisar el nombre de los distintos títulos que conducen las enseñanzas artísticas superiores.

El Plan Bolonia preveía la ordenación de la educación superior en tres ciclos (grado, máster y doctorado) pero este sistema aún no se había concretado en la legislación española, circunstancias, todas ellas, que exigían la extensión de la Declaración de Bolonia a tales estudios, aunque en España no se impartieran en la Universidad como ocurría en otros países europeos (Alemania, Austria…). Por fin, un texto legal, conseguía la deseada equiparación con las enseñanzas superiores y el ámbito universitario, pero sin el respaldo literal de la LOE al estar publicada con anterioridad a las actuales denominaciones recogidas en la LOU.

“El Tribunal Supremo anula la denominación grado que se emplea en el Real Decreto para referirse al título de las enseñanzas artísticas superiores, dejando en indefensión las expectativas de numerosos alumnos matriculados en estas enseñanzas bajo esta denominación”

Promociones de futuros artistas se matricularon en unas enseñanzas que en el curso 2010-2011, empezaron sus estudios en igualdad de nomenclatura con la Universidad, desapareciendo por fin el término “equivalentes a”. Sin embargo, esta situación duró muy poco tiempo, ante la impugnación reglamentaria del Real Decreto 1614/2009, de 26 de octubre, interpuesta por diversas Universidades (Granada, Sevilla, Politécnica de Valencia, de Vigo, de Málaga, etc.), a instancias de las propias Facultades de Bellas Artes, que finalizó con las sentencias estimatorias parciales del Tribunal Supremo anulando los artículos 7.1, 8, 11, 12 y la Disposición Adicional Séptima del Real Decreto impugnado, por entender que la LOE no ampara la denominación nominal de Grado para estas enseñanzas, siendo la denominación reconocida la de Título Superior “equivalente” a todos los efectos, al Grado (sentencias 299/2012, 320/2012, 321/2012 y 348/2012 del Tribunal Supremo). Nuevamente, se produce una regresión en la precaria ordenación académica de este colectivo.

A criterio del Tribunal Supremo, el artículo 8 del Real Decreto 1614/2009 debe anularse porque la LOE no organiza las Enseñanzas Artísticas Superiores para la obtención de un Título de Grado, sino para la consecución de los denominados Títulos Superiores de las correspondientes enseñanzas, cuya distinción para con los Títulos de Grado universitario está justificada porque lo que pretende la Ley es reconocer esa diferencia, sin renunciar a que los Títulos Superiores de Enseñanzas Artísticas se sitúen en el Espacio Europeo de Educación Superior. Desde el Consejo de Universidades se defiende que la denominación de “Grado” está ligada a unos niveles de excelencia competenciales y de docencia que no se cumplen en los centros superiores de enseñanzas artísticas, pese a que en la tramitación de la norma impugnada se informó por este organismo favorablemente sobre la denominación de “Grado”.

Debe entenderse como excepcional este punto y vacío de contenido cuando no se impugnan otros aspectos del Real Decreto que afectan a las enseñanzas artísticas de máster ni a los estudios de doctorado, ambos ligados a la terminología de excelencia universitaria. No podemos olvidar que la obtención de los títulos superiores de enseñanzas artísticas constituye el primer ciclo o grado que se exige en el espacio europeo común de educación superior y que conduce a los estudios de postgrado. El Tribunal Supremo no se opone a las previsiones del artículo 14 del Real Decreto, relativo al diseño de los planes de estudios del Título de Máster en Enseñanzas Artísticas Superiores, pese a la solicitud de anulación de los demandantes, y que serán elaborados por las Administraciones Educativas e inscritos en el Registro Central de Títulos.

Sin estar en total desacuerdo con ciertas críticas de organización académica realizadas a los centros de enseñanzas artísticas superiores en la actualidad, y reconociendo la lesión del derecho de autonomía universitaria de la Disposición Adicional Séptima del Real Decreto impugnado, debemos preguntarnos a qué se debió este cambio de criterio, y la respuesta es fácil de encontrar: las Universidades líderes de este ataque a nuestros estudios fueron aquéllas cuya oferta formativa se solapaba con la realizada por los Centros Superiores, en este sentido, por ejemplo, la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada, a partir del curso 2010/2011 imparte el Grado en Conservación y Restauración de Bienes Culturales.

Y, dado que ninguna norma establece la exclusividad del término “Grado”, no se puede apoyar una denominación de los títulos que afecte a la consideración social de estas enseñanzas, ni defraude las expectativas de un alumnado que desconoce en la actualidad, la denominación final de su título. Resulta manifiesta la confianza del legislador depositada en los Reales Decretos de desarrollo de las distintas enseñanzas artísticas en los centros superiores, cuyo objeto es el establecimiento del contenido básico de los planes de estudios conducentes a la obtención de los Títulos de Graduado o Graduada (Reales Decretos 630/2010, 631/2010, 632/2010, 633/2010, 634/2010 y 635/2010).

No es ésta una cuestión baladí. En efecto, el reconocimiento de una denominación acorde con lo establecido en el Espacio Europeo de Educación Superior permitirá una correcta movilidad de las artes: la mayoría de países firmantes de la Declaración de Bolonia ha adoptado Bachelor Degree. Ninguno de los países firmantes, excepto España, tiene dos denominaciones diferentes para títulos de igual nivel.

De lege ferenda, el legislador debe abordar una modificación de la LOE que incorpore el “grado en enseñanzas artísticas”, concretamente en los artículos 54-57. Cierto es que se encuentran importantes reticencias desde la Administración y, sobre todo, desde las Universidades, a que estas enseñanzas se integren plenamente, e incluso a que se impartan sus contenidos por profesionales de las mismas, como ocurre con los contenidos de danza que se imparten en Facultades de Ciencias del Deporte y Magisterio. Por otra parte, hay posiciones dispares en cuanto al modelo de integración de las enseñanzas artísticas superiores en la Universidad: adscripción a la Universidad, la creación de Universidades de las Artes o la autonomía efectiva de los centros a través de Institutos Superiores de las Artes conllevan a un siempre inacabado debate y a la necesidad de movilización real del colectivo afectado para paliar una histórica desconsideración social de estas enseñanzas.

No concluiremos, sin olvidar que las sentencias del Tribunal Supremo sólo entran a conocer en la forma: “lo que pretende la Ley es diferenciar de ese modo el título de grado universitario del equivalente título superior de las enseñanzas artísticas para evitar presumible confusión entre ambos”. Al margen de esta vacilante ordenación, las Escuelas de Enseñanzas Artísticas Superiores siguen produciendo un tejido profesional de alto nivel, dirigido al dominio de la pericia de su oficio, frente a los actuales Grados implantados en la Universidad, en donde la formación se encuentra encorsetada entre ratios superiores, excesiva temporalización y diversidad de currículos, que sólo el tiempo demostrará sí bajo dichos cánones se puede alcanzar el nivel competencial de las actuales Escuelas Superiores. La futura regulación de la LOMCE, si no es sensible a esta realidad, puede propiciar una inseguridad jurídica a más de 17.000 ciudadanos, que no puede tener cabida dentro de un Estado de Derecho, en donde, el conocimiento es en consecuencia un activo cultural vital.

Antes de finalizar, se debe destacar la práctica inexistencia de legislación sobre artes escénicas. Esta ausencia es más grave si se considera la realidad sociológica que subyace en la mayoría de los casos en la actividad artística, tal vez hoy incomprensibles en otros sectores económicos de actividad: un potencial humano, que realiza su labor con un alto espíritu vocacional, y que acepta como algo inherente a su trabajo, al menos en sus inicios, la imposibilidad de vivir de él, si no acepta las condiciones de un mercado que dicta sus propias normas, y que, antes o después, lo vetará si no acepta sus condiciones. Así, aceptar un mercado fraudulento en donde el artista profesional se encuentra desprotegido, se convierte en una situación consustancial a su propia actividad. La LOMCE puede iniciar el camino de cambio de esta situación desde la base del reconocimiento social de nuestras enseñanzas artísticas, no dejemos pasar esta oportunidad.

Autor: Sonia Murcia Molina

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