La escena expuesta Dalí-Drácula

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Gary Oldman caracterizado de Conde Inmortal en la película de Coppola

Gary Oldman caracterizado de
Conde Inmortal en la película de Coppola

Hay personajes reales que terminan pareciendo seres de ficción, como ocurrió con Dalí. Su excéntrica personalidad, a veces, hizo sombra o compitió con su genial obra surrealista. Si alguien supo hacer uso mediático de sus performances públicas para aparecer en los medios de comunicación, difundiendo así sus creaciones como pintor, ese fue Salvador Dalí. Y si hay personajes inventados que, a fuerza de instalarse en el imaginario y en nuestras pesadillas, terminan convirtiéndose en parte de nuestro mundo real, sin duda, uno de los más famosos e inquietantes a lo largo de la historia de la literatura ha sido Drácula.

Dalí, todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas

En la planta tercera del edificio Sabatini, podremos disfrutar hasta el 2 de septiembre de la exposición Dalí, todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas, exposición que se propone revalorizar al Salvador Dalí pensador, escritor y creador de una particular visión del mundo. Tomando como punto de partida su método paranoico-crítico, la muestra supone un recorrido por su trayectoria que se proyecta hacia el pasado y el futuro. A través de una selección de más de doscientas obras (pinturas, esculturas, dibujos…) que se presentan organizadas en once secciones y siguiendo un cierto orden cronológico, esta exposición propone repensar el lugar que ocupa Salvador Dalí en la historia del arte del siglo XX, planteando que la importancia de su figura y de su legado va más allá de su papel de artífice del movimiento surrealista. La muestra, cuyo subtítulo está extraído de su artículo San Sebastián de 1927, que representó su primer manifiesto artístico, da cuenta de cómo este artista controvertido y singular, prolífico e imaginativo, fue capaz de generar un arte perturbador que apela directamente a los espectadores. Un arte que, haciéndose eco de los descubrimientos científicos de su época, explora y expande los límites de la conciencia y de la experiencia sensorial y cognitiva.

Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas nos presenta a Dalí como un artista omnívoro y visionario que se utilizó a sí mismo como objeto de estudio y cuyas acciones en la esfera pública, ya fueran calculadas o improvisadas, le sitúan como una figura de referencia en el ámbito de la representación contemporánea. El núcleo de la exposición lo constituye su periodo surrealista y en él se presta especial atención a su método paranoico-crítico, que el artista catalán concibió como un mecanismo de transformación y subversión de la realidad, posibilitando que la interpretación final de una obra dependiera totalmente de la voluntad del espectador. Fue en sus trabajos en torno al cuadro El Ángelus, creado entre 1857 y 1859 por Jean-François Millet y al que llegó a describir como “La obra pictórica más rica en pensamientos inconscientes que jamás ha existido”, donde este método alcanza su máxima expresión. La muestra, que comienza con una selección de las obras que Dalí realizó en los inicios de su carrera y durante su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid, incluyendo algunos de sus primeros autorretratos o los dibujos de su serie Putrefactos, también se detiene en su etapa mística y nuclear, en la que prevalece la temática religiosa y científica, así como en sus trabajos de carácter escenográfico, sus colaboraciones con cineastas como Buñuel, Hitchcock o Walt Disney y sus diseños de decorados para ballets y obras de teatro. A su vez, examina críticamente su faceta de agitador de masas y showman mediático, le dedica un apartado específico a su libro autobiográfico La vida secreta de Salvador Dalí, eficaz simbiosis entre el Dalí dibujante y el Dalí literato o muestra cómo, a partir de los años sesenta y hasta el final de su carrera, su fascinación por la ciencia y la tecnología le llevó a explorar nuevos lenguajes como la estereoscopia o la holografía.

Y…

Drácula, un monstruo sin reflejo

Hasta el 8 de septiembre, en la Casa del Lector de Matadero Madrid, podremos visitar la exposición Drácula, un monstruo sin reflejo. Cien años después de la muerte de Bram Stoker, creador del conde vampiro, pese a haber crecido entre las tinieblas del sepulcro, su criatura goza de estupenda salud. El cine, el cómic y la literatura se han encargado de convertir a Drácula en un mito pop, constantemente releído por creadores de todos los géneros artísticos. Esta exposición rinde homenaje a Stoker un siglo después de su muerte, recogiendo parte de la tradición vampírica en la que se inspiró, pero sobre todo, repasando su biografía: su amistad con Walt Whitman o Mark Twain y su relación con otros contemporáneos victorianos como Oscar Wilde, Arthur Conan Doyle, H. G. Wells y Rudyard Kipling. Se aportan documentos que arrojan luz sobre el proceso creativo de Drácula hasta la publicación en 1897 de la primera edición de la novela. Y se ofrece una antología gráfica de los cineastas e ilustradores que se han acercado al conde vampiro desde que en 1922, Murnau pusiera cara al monstruo en su película Nosferatu, hasta nuestros días, con las últimas aproximaciones al mito de ilustradores como Ana Juan, Fernando Vicente, Miguel Ángel Martín o Toño Benavides.

En Madrid, y en verano, hay muchas horas muertas entre la siesta y la noche para perderse por los laberintos del surrealismo y de los seres que no se reflejan en los espejos.

Autor: Adolfo Simón

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