La escena expuesta : Vitín Cortezo: el trazo que no cesa

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Adolfo Simón

Tal vez, gracias a las nuevas tecnologías, la memoria del teatro no sea flor de un día. Es triste que exista tan poco conocimiento en las nuevas generaciones acerca de profesionales de la escena. Gracias a la exposición de Vitín Cortezo en el Centro Dramático Nacional redescubrimos el enorme talento de este creador, sus múltiples facetas y la gran cantidad de proyectos donde participó. Sus diseños fueron esenciales para dar forma a muchas historias, trazos de líneas, que por suerte se recuperan para el lienzo de la escena de hoy. Además de producir y exhibir espectáculos, el Centro Dramático Nacional contempla llevar a cabo a lo largo de la temporada otras actividades relacionadas con el hecho teatral. La exposición sobre Víctor María Cortezo, uno de los más brillantes creadores escénicos del siglo pasado y obligado punto de referencia en el arte del figurinismo teatral, es un ejemplo. Nadie como Vitín para simbolizar la deslumbrante expresividad del vestuario acorde con las premisas de una determinada puesta en escena, la desbordante imaginación creadora siempre al servicio de las necesidades del actor.

Nostalgia escénica trascendidaEl teatro es un arte efímero hecho a base de la interrelación de diferentes disciplinas que, sin embargo, no invalida la autonomía expresiva de cada una de ellas. Muy por el contrario, de la misma manera que un texto dramático puede ser disfrutado de forma exenta a un determinado montaje teatral, la obra de cualquier creador escénico puede contener una insólita elocuencia una vez despojada de la funcionalidad que determinó su concepción. Tal es el caso de la muestra que se presentó en la sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán, del 11 de mayo al 16 de junio de 2012.

Salva Bolta fue responsable del diseño de la exposición, en una callada y detenida puesta en escena, que contó con la inapreciable colaboración del Museo del Teatro de Almagro y con el rebosante caudal de entusiasmo y conocimiento de su director Andrés Peláez, comisario de la muestra. Víctor María Cortezo nació en Madrid en 1908 y murió en la misma ciudad en 1978. Fue pintor, ilustrador, figurinista y escenógrafo. Vitín, como se le conocía cariñosamente en el medio teatral, estuvo siempre seducido por los ilustradores tardomodernistas y los dibujantes de Vogue, Harper’s Bazaar o Vanity Fair. De manera autodidacta comenzó a dedicarse a la pintura y el dibujo, junto a su amigo Luis López Escoriaza. En 1931 expuso sus primeras obras en la sala de El Heraldo de Madrid. Allí conoció a Federico García Lorca, Adolfo Salazar, Luis Escobar y Carlos Morla. Poco después viajó por toda Europa y conoció las otras vanguardias europeas, desde el surrealismo francés hasta el expresionismo alemán.

En París vivió el ambiente decadente y bohemio de los primeros años treinta, estudió con Paul Collin y conoció a numerosos artistas, como a su amigo y protector Bob Gesinus, discípulo de Kokoschka, a Jean Cocteau, Nicolás Evreinov y a Natalia Gontscharowa. Después visitó la Selva Negra, Florencia, Roma, Düsseldorf y Holanda, viajes que le alimentaron para futuras creaciones.

En 1936 regresó a España, expuso sus pinturas en la Biblioteca Nacional de Madrid y publicó un libro de dibujos y poemas: El tímido, cuya edición dirigió Luis Cernuda. Su primera incursión en el mundo teatral fue Mariana Pineda de Federico García Lorca, dirigida por Manuel Altolaguirre para el II Congreso de Intelectuales y Escritores Antifascistas, celebrado en Valencia en 1937. A partir de este momento, su actividad como escenógrafo y figurinista fue intensa e ininterrumpida. Participó como escenógrafo y figurinista en más de 170 montajes, de los cuales unos 155 fueron obras de teatro; el resto se repartirían entre óperas, zarzuelas, espectáculos de revista o de baile. En los años cincuenta colaboró con José Tamayo en obras como El pleito matrimonial del Alma y el Cuerpo, de Calderón; Seis personajes en busca de autor, de Pirandello; Tyestes, de Séneca; Las brujas de Salem, de Miller; Gigi, de Colette; y El baile de los ladrones, de Anouilh. También realizó diseños para José Luis Alonso, Miguel Narros, Cayetano Luca de Tena, Gustavo Pérez Puig, José Osuna y Ángel Fernández Montesinos en los años sesenta y setenta. El jardín de los cerezos, de Chéjov; Anatol, de Schnitzler; La loca de Chaillot, de Giraudoux; Peter Pan, de Barrie; La feria del come y calla, de Mañas; Madre Coraje y sus hijos, de Brecht; Las mujeres sabias, de Moliere; o La detonación, de Buero Vallejo.

Víctor María Cortezo es, sin ninguna duda, el escenógrafo y figurinista que más veces ha colaborado en el Teatro María Guerrero y en el Teatro Español. Sus trabajos fueron siempre elogiados por la crítica teatral, que resaltó su buen gusto, elegancia y genialidad. De él ha dicho Francisco Nieva: “El teatro fue su vida y no su estrategia para vivir y se rió de quienes solo veían en él al figurinista. Casi no se sabía ni quería saberse que muchas noches de teatro le debían todo su prestigio visual, ya que habían sido imaginadas por él en su totalidad”.

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